Si algo funciona es mejor no tocarlo y quien no arriesga, no gana. Son las dos lecturas que se pueden hacer del HTC Wildfire S con el refranero en la mano. Cierto es que mejora la resolución de la pantalla de 3,2 pulgadas de su predecesor (y lo que podemos ver en ella), pero la austeridad de hardware inevitable en todo smartphone de menos de 300 euros se disimularía mejor en un diseño más atrevido. Con todo, vuelve a ser una opción muy resultona para llevar cómodamente en el bolsillo la última versión estable de Android (2.3 o Gingerbread), sobre todo para los amantes de la interfaz Sense. Ver artículo completo