Para ejecutar con acierto la fotografía meteorológica es necesario conocer al dedillo los fenómenos que estudia esta ciencia. Un fotógrafo de a pie mira al cielo y ve cielo. Como mucho, quizás vea nubes, y es posible que algún pájaro. Pero poco más. Para practicar con acierto la fotografía meteorológica es necesario conocer el antes y, sobre todo, el después. A hacerse videntes tocan.
Los procesos meteorológicos no son fruto de la casualidad, sino que siguen un esquema de comportamiento. Por esta razón, la mejor forma de hacer fotografía meteorológica es anticipándose a lo que va a ocurrir. Si queremos hacer fotos de tormenta, hemos de saber qué tipo de nubes se forman antes de la tormenta, y así estar prevenidos. Si una instantánea no es espectacular, quizás una secuencia de diez instantáneas realizadas en el intervalo de un minuto sí lo es.
Praktica MTL 5B. Imagen cedida por Alberto Lunas
Conocer la teoría del origen y el desenlace de un acontecimiento atmosférico nos permitirá anticiparnos a los hechos. Esta atractiva postal probablemente acabó en tormenta.
Fotografiando el cielo
En la fotografía que nos ocupa quizás lo menos relevante sea el encuadre. Es evidente que una foto perfectamente encuadrada y compuesta entra por los ojos mucho mejor que una foto que tiene en primer término una farola. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la intención aquí no es la de hacer arte -al menos, no lo va a ser habitualmente. Lo que pretendemos es plasmar en una fotografía un comportamiento atmosférico, poco común o no, y si entre un rayo y nosotros se interpone un poste de teléfonos, pues bienvenido sea.
Praktica MTL 5B. Imagen cedida por Alberto Lunas
En fotografía meteorológica los obstáculos son secundarios. Lo esencial es capturar el fenómeno atmosférico y al precio que sea -o casi.
Por regla general, no vamos a necesitar altas sensibilidades. Salvo que caiga el sol o estemos fotografiando tormentas, la luz diurna tiene intensidad suficiente como para permitirnos trabajar sin problemas de velocidad de obturación. En cualquier caso, y puesto que va a ser el cielo el principal motivo de nuestras fotografías, recurrir a una generosa profundidad de campo será imprescindible. Por este motivo, lo primero que debemos sacrificar son los diafragmas abiertos.
El enfoque merece otra mención. Los cielos despejados o las nubes "celestialmente" blancas se caracterizan porque no ofrecen zonas de contraste, por lo que el autoenfoque de nuestra cámara puede volverse loco (recordemos que usa el contraste de la escena para enfocar). La solución más sencilla pasa por ignorar el enfoque y fijarlo directamente al infinito. Ahorraremos tiempo y baterías y nos quitaremos otra preocupación de la cabeza.
Olympus Camedia C-750 UZ. Imagen cedida por Alberto Lunas
La omisión del enfoque es la forma más sencilla de evitar problemas. Foco al infinito, y listo.
El balance de blancos también tiene su importancia en la fotografía meteorológica. La temperatura de color del cielo nublado no es la misma que para un sol radiante, y suele arrojar una dominante rojiza bastante molesta. Si la cámara no dispone de un balance específico para este tipo de iluminación o de un modo de balance manual, la mejor opción será utilizar el modo automático y prescindir del clásico modo prefijado para la luz de día.
Kodak EasyShare CX4200. Imagen cedida por Alberto Lunas
En días muy nublados el balance de blancos puede ofrecer un mal rendimiento. Si la máquina no dispone de un modo específico para nubes, lo mejor es recurrir al modo automático.
Midiendo el sol
Hablemos, por último, del aspecto más importante -quizás- de la fotografía meteorológica: la medición. Medir un cielo despejado puede ser fácil. El problema surge cuando la luz no es uniforme. Los cielos tormentosos ofrecen bruscos contrastes, las nubes pueden ocultar tras de sí al sol, y éste puede aparecer en un claro cuando menos se le espera.
Teóricamente, no hay una medición ideal para la fotografía meteorológica. La medición matricial es fácilmente equívoca y la medición puntual no tiene en cuenta todos los contrastes. En este caso, se impone un uso adecuado de las opciones manuales, si disponemos de ellas, y de una medición de varias zonas de la imagen de forma puntual. La gran ventaja de la fotografía meteorológica es que disponemos de un tiempo para hacer pruebas, pero no nos engañemos: las nubes se mueven -¡y cómo!-, y aunque que parezca que estén quietas no significa que lo estén.
Praktica MTL 5B. Imagen cedida por Alberto Lunas
El sistema de medición de la cámara puede confundirse con facilidad. Un contraste o un contraluz mal avenido puede echar por tierra la toma... o no.
Eduardo Parra
Fotoperiodista
* Ojo de pez: dícese del objetivo que puede llegar a cubrir más de 150 grados, con una profundidad de campo casi infinita.