Retratos los hay de muchos tipos. Pero es evidente que no es lo mismo un retrato
en estudio con una top model y varios miles de euros en equipo que el retrato
del hijo recién nacido en la cuna del hospital o el del aldeano tailandés
de nuestro último viaje. La diferencia técnica entre uno y otro
puede ser abismal y, sin embargo, también es posible que el retrato de
estudio sea mucho menos llamativo que los otros dos. Esto es así porque
los elementos que intervienen en un retrato están hilvanados entre sí,
compensándose mutuamente. Así, una carencia de iluminación,
por ejemplo, puede subsanarse con una buena composición; del mismo modo,
un buen atrezzo no puede competir con las carantoñas de un bebé.
Nikon D-100, f5.6, 1/60 s,
ISO 400 

Un buen feeling entre modelo y fotógrafo
es -en ocasiones- más que suficiente para lograr que una carencia
de medios no suponga un grave handicap para el resultado final. En esta
ocasión, sólo se disponía del flash integrado para
la toma. |
Lo que en estas líneas vamos a tratar podemos llamarlo el retrato sencillo.
Ciertamente, no es un nombre muy técnico, pero concuerda bastante con
la realidad. A la mayoría de nosotros ya nos cuesta mucho adquirir una
cámara digital aceptable para nuestras necesidades, por lo que pedir
un estudio y flashes es algo poco menos que imposible. El retrato sencillo es
el que hacemos en casa o en la calle, con un cierto nivel de improvisación
y sin los medios idóneos. Sin embargo, no por eso vamos a obtener peores
resultados. No sería la primera vez que decimos que lo que perdemos de
un lado lo ganamos de otro. Y en esta ocasión no huelga decir que lo
importante de la fotografía es el fotógrafo.
La esencia del retrato
Hoy vamos a concebir el retrato como la fotografía de un sujeto que
abarca desde su rostro hasta la mitad del pecho, hasta aproximadamente un palmo
sobre el ombligo. Evidentemente, esto no es una verdad absoluta -una fotografía
de las manos también puede considerarse un retrato-, pero es un buen
punto de referencia para iniciarnos.
Antes de empezar, tenemos que meternos, a modo de dogma, un principio entre
ceja y ceja: los retratos, o bien son preparados, o bien son espontáneos
-aunque todos aceptan un grado de improvisación. Si pretendemos hacer
un retrato serio –por así llamarlo- necesitaremos un mínimo
de preparación. En este sentido, será necesario asegurarse que
el modelo tenga un semblante que se adecue a la óptica con la que queramos
enfocar –en un sentido metafórico- nuestra composición.
Con ello no pretendemos sugerir que sea necesariamente guapo, sino que venga
predispuesto a pasarse -cuanto menos- unos minutos frente a la cámara.
El fotógrafo, por su parte, deberá de tener previamente elegidos
los puntos de vista; conocer el escenario, las poses que se van a pedir y el
material necesario, etc. De nada sirve lamentarse por no disponer de un reflector
plateado o quejarnos porque nuestro sujeto lleva una chupa de cuero para un
recordatorio de comunión, si no podemos remediarlo.
El sujeto: centro de interés
El principio de un retrato suele consistir en ubicar el sujeto. Es conveniente
emplear fondos no demasiado llamativos ni recargados que puedan distraer la
atención -el sujeto es lo más importante- y, si es posible, situarlos
fuera de enfoque.
Olympus E-20, f2.2, 1/80
s, ISO 80  
Los fondos neutros son excelentes compañeros
de viaje de los retratos. Sin embargo, un fondo demasiado oscuro puede
confundirse con el cabello y crear un poco deseado efecto óptico
en la toma. |
Si hacemos la toma en exteriores es conveniente situar al sujeto de forma
que la luz del sol no incida directamente en su cara. Un ángulo de unos
45 grados entre el sol y el modelo puede contribuir a generar unas sombras agradables
en su rostro. Una iluminación muy picada, sin embargo, puede dar lugar
a alargadas y antiestéticas sombras bajo los ojos y la barbilla. Resulta
un ejercicio también interesante colocar el sujeto ante el sol, quedando
así iluminados los bordes de la silueta a modo de halo de luz. Es imprescindible,
entonces, rellenar la sombra de su rostro con un flash, dedicando, eso sí,
una especial atención a las sombras creadas por atuendos como gafas o
sombreros.
Nikon D-100, f4, 1/100 s,
ISO 400 

Gorras, gafas, cigarros y otros complementos representan
un peligro para los retratos iluminados con luz de flash. La mejor forma
de sortear esta dificultad es servirse de una luz rebotada -como es el
caso- o de reflectores. |
En este tipo de fotos es también relevante la elección de la
hora. Resulta recomendable realizarlas al comienzo o al final del día,
cuando la luz solar incide muy angulada con respecto al suelo y no genera sombras
fuertes. Por otro lado, es especialmente recomendable elegir días parcialmente
nublados, pues así podremos aprovechar un tipo de luz más homogéneo
y blando.
La posición de las manos, los brazos y el tronco del sujeto fotografiado
son otros de los elementos preponderantes en un retrato. Del mismo modo que
el punto de vista frontal no es el mejor para capturar un rostro, un cuerpo
erguido dista de ser la mejor postura para quedar inmortalizado. De hecho, muchas
personas se esfuerzan por adoptar una pose atractiva, logrando generalmente
un resultado opuesto al deseado. Para obtener una composición estéticamente
agradable, es bastante útil sugerir al modelo que sujete algún
objeto o que se apoye en algún lugar, pudiendo adoptar así distintas
posturas que no resulten incómodas o forzadas. Sin embargo, hay que tener
cuidado de que estos elementos no interfieran en el resultado final de la toma.
Olympus E-20, f3.2, 1/50
s, ISO 80 

Para evitar poses complejas, antinaturales y antiestéticas
es recuso común y efectivo permitir que el sujeto se apoye en algún
objeto. Hay que tener cuidado, sin embargo, que dicho objeto, cuanto menos,
no perjudique la composición global. |
La principal parte del retrato se encuentra -en la mayoría de ocasiones-
en el rostro del sujeto, ya que en él se concentran una parte sustancial
de las expresiones corporales. Así pues, debemos tener en cuenta que
la cámara y los ojos del sujeto han estar, para lograr un retrato estándar,
a la misma altura. Cualquier punto de vista diferente podría implicar
posturas forzadas que, en un principio, es preferible evitar.
Además, tenemos que prestar atención al enfoque. Aunque lo normal
es no tener problemas de profundidad de campo -máxime si empleamos pequeñas
compactas digitales-, es posible aunque poco probable que el enfoque pueda perderse
ligeramente, sobre todo si utilizamos focales largas. Para evitar que la profundidad
de campo se convierta en un error, lo mejor es mantener el punto de enfoque
en los ojos del sujeto o, si no está de frente, en el ojo más
cercano a nuestro objetivo.
Olympus E-20, f2.4, 1/80
s, ISO 80 

El enfoque en los retratos es vital. En este caso,
el punto de nitidez está en las gafas, no en los ojos –como
hemos sugerido-, convirtiéndolas así en un elemento de distracción
y restándole fuerza a la fotografía. |
Eduardo Parra (Nividhia)
Fotoperiodista
* Ojo de pez: dícese del
objetivo que puede llegar a cubrir más de 150 grados, con una profundidad
de campo casi infinita.