Una
tendencia humana de ciertos fotógrafos -sobre todo de los amantes del
orden y la perfección- es centrar todos los motivos y buscar una simetría
total en la toma. Esto, que parece estar dentro de la lógica, suele convertirse
en un grave error fotográfico. La percepción humana no es lógica;
se rige por una serie de fundamentos entre los cuales la afirmación “cuanto
más centrado mejor” no tiene un hueco especialmente importante.
Aunque hay múltiples normas que orientan la composición de una
imagen, la regla de los tercios es de las más importantes. Hace unos
cuantos cientos de años, los antiguos artistas y matemáticos descubrieron
la sección áurea, dividiendo un todo en dos partes, de forma y
manera que la parte menor es a la mayor como la mayor lo es al todo. Sobre el
papel, y ciñéndonos al campo fotográfico –aunque
también es aplicable a la pintura o al cine-, este postulado consiste
en dividir los lados de la fotografía en tres partes iguales. Partiendo
de estas divisiones, se trazan rectas paralelas a la base y a la altura. Los
puntos en los que estas rectas se cruzan son los vértices de un rectángulo
central en la toma, denominado zona áurea.
Nikon D-100, f5.6, 1/125 s,
ISO 400 
 Centrando
a un sujeto en la fotografía, sólo conseguiremos que la composición
carezca de encanto, volviéndose estática y aburrida. |
Otra dimensión
En esta nueva dimensión, que es la zona áurea, situaremos nuestros
principales motivos fotográficos, pues serán los puntos en los
que se encuentran los núcleos de atención. Hay que tener cuidado,
no obstante, de no saturar los cuatro puntos de la zona áurea, pues si
fuese éste el caso, tendríamos cuatro focos de fuerte interés,
con lo que existiría una abultada confusión compositiva.
La teoría marca que en la zona áurea debe colocarse un solo elemento
principal, mientras que en el ángulo contrario colocaríamos un
motivo de interés secundario, de tal forma que tendríamos una
línea diagonal que aún reforzaría más a ambos elementos.
La ubicación de estos objetos principales de la imagen en dos vértices
contrarios de la zona áurea atraen la visión del espectador. Así,
la huida de la simetría en la imagen crea una armonía compositiva
mucho más interesante para el ojo humano.
Nikon D-100, f5.6, 1/80
s, ISO 400


Colocando los dos motivos principales en puntos
fuertes opuestos -la persona y el rótulo con la palabra "cine"-,
logramos un equilibrio compositivo que dota de una gran riqueza comunicativa
el resultado final. |
Uno más uno, más uno
La regla de los tercios será un poderoso aliado cuando tengamos un fondo
con líneas horizontales –véanse, por ejemplo, los paisajes.
En estos casos, utilizaremos la división en tercios para disponer la
línea del horizonte en el encuadre. Si aceptásemos el colocar
el horizonte en el centro geométrico, lo que obtendríamos sería
una composición plana y sin expresividad. Si, por el contrario, nuestros
motivos de referencia fuesen líneas verticales, usaremos los márgenes
de la zona áurea como zona de referencia para los motivos principales.
Nikon D-100, f8, 1/125 s,
ISO 400


Situando al sujeto -línea vertical- en el
margen izquierdo de la zona áurea, logramos dar fuerza a la composición;
algo que, de haberlo centrado, no sería posible. |
En otro tipo de tomas con múltiples objetos, como pueden ser los bodegones,
utilizaremos los puntos de la zona áurea para colocar un elemento principal,
mientras en el vértice opuesto -como ya hemos indicado- situaremos otro
motivo de relevancia inferior al primero, de forma que se trace una línea
diagonal que rompa con la monotonía compositiva. No obstante, hay que
tener presente que una toma con multitud de elementos no puede ceñirse
a la regla de los tercios al cien por cien.
Los retratos también son un pasto fácil para la regla de los
tercios. En este caso, el secreto está en colocar la mirada en la línea
que marca el tercio superior; sin embargo, el hecho de romper la simetría
puede resultar en estos casos algo complicado, aunque, si lo logramos, el resultado
será muchísimo mejor que si utilizásemos una simple simetría
lineal.
Nikon D-100, f13, 1/180 s,
ISO 800
Aunque los retratos no son el mejor ejemplo de rotura
de la simetría, es aconsejable no dejarse llevar por las soluciones
fáciles y tratar de buscar una ubicación de la mirada cerca
de algún punto de la zona áurea. |
Aunque la regla de los tercios, como muchos muy acertadamente indican, no es
una ley, sí que es una referencia compositiva de peso. Sin embargo, no
debemos tomárnosla al pie de la letra. Habrá casos -por ejemplo,
una fotografía macro de una flor- en los que este regla no tiene cabida.
Sin embargo, encontraremos otra multitud de situaciones en las que esta regla
será casi de obligado cumplimiento.
Eduardo Parra (Nividhia)
Fotoperiodista
* Ojo de pez: dícese del
objetivo que puede llegar a cubrir más de 150 grados, con una profundidad
de campo casi infinita.