Ciertamente,
es más que difícil encontrar a un aficionado a la fotografía
al que no le apasionen las fotos en macro. Igualmente cierto es que, antes de
la foto digital, era mucho más difícil encontrar un fotógrafo
“de andar por casa” con fotos macro de su propiedad. En efecto, antes
de la revolución digital el macro quedaba reservado para un puñado
de elegidos con equipo especifico para ello. Y es que no debemos olvidar que,
virtualmente, ninguna cámara compacta de las de antes –con película-
contaba con opción macro de ninguna clase.
La fotografía macro propiamente dicha es aquella –entendemos-
que nos permite obtener imágenes que, partiendo de una escala 1:1, aumentan
la realidad hasta diez veces. Mas allá de esta relación de aumento,
entramos en el mundo de la fotomicrografía, o fotografía con microscopio.
Casio QV 2300UX, f2.8,
1/60 s, ISO 100 

El modo macro en las cámaras digitales se
suele catalogar empleando la distancia mínima de enfoque. Debido
al extenso abanico de marcas y modelos, el modo macro puede oscilar entre
50 y un centímetro. |
Un poco más lejos para estar un poco más
cerca
Aunque la impresión que tenemos a la hora de hacer una foto en macro
es que no cambia nada respecto a una foto “normal”, internamente
la cámara sufre una serie de variaciones. Hacer clic en el botón
macro de la cámara modifica la disposición de las lentes en el
objetivo –las lentes se alejan del CCD-, el diafragma y la velocidad de
obturación, e incluso puede afectar a otras variables tan dispares como
el ISO o el flash si la máquina es totalmente automática. Tan
extraño es este modo como parece, pero es también muy agradecido.
En la practica, la fotografía macro impone una serie de restricciones
que pueden poner en jaque unos buenos resultados. Lo normal es que las cámaras
digitales, en su afán de restar trabajo al fotógrafo, corrijan
automáticamente todos los parámetros necesarios, pero hay que
saber que algunas cosas no funcionan del mismo modo en modo auto que en macro.
Así, las propiedades de perspectiva de las diferentes distancias focales
pueden no presentarse tal como esperábamos, la velocidad de obturación
puede tornarse bastante elevada y la profundidad de campo se reduce drásticamente.
Con la cámara en la mano
Repetimos hasta la saciedad –y aquí volvemos a hacerlo- que cada
acción tiene un efecto secundario en este mundo fotográfico. En
el modo macro, los efectos son variados, algunos leves y otros tremendamente
importantes, tanto que si no tenemos cuidado podemos tirar por tierra todo nuestro
trabajo antes de empezar.
El primer punto que tenemos que tener en cuenta es que el macro reduce la profundidad
de campo hasta límites extremos. El minúsculo tamaño de
los CCD que montan las cámaras digitales compactas nos permite –como
sabemos- aumentar la profundidad de campo, y si para los retratos este aspecto
era un duro adversario –no podíamos desenfocar el fondo- para las
tomas macro se convierte en un poderoso aliado.
Olympus E-20, f2.4,
1/80 s, ISO 80 

Los pequeños CCD montados en las cámaras
digitales ofrecen una gran profundidad de campo en las fotos macro. Aun
así, hay que vigilar con extremo cuidado la zona de enfoque para
asegurar la toma. |
Tendremos en consideración, también, que el hecho de poder fotografiar
los detalles más bonitos de algunos objetos, lleva implícito el
que saquemos también los defectos de los mismos, aumentados de tamaño
y haciéndose mucho mas sensibles que en una toma normal. Igualmente,
si no tenemos cuidado, un fondo que normalmente usaríamos para nuestros
bodegones, como puede ser una cartulina, puede convertirse en una nefasta superficie
porosa si no la desenfocamos lo suficiente.
Kodak LS443, f4.8,
1/90 s, ISO 100 

Uno de los peores enemigos del modo macro son las
imperfecciones del motivo. Todo mínimo defecto se verá aumentado
y magnificado en la imagen final. |
Cuando usemos luz ambiente, hemos de tener cuidado a la hora de colocar la
cámara -y a nosotros mismos. Al modificar la posición relativa
de la óptica con respecto al CCD, la velocidad de obturación se
prolonga, por lo que es posible que necesitemos un trípode para evitar
las vibraciones. Además, la cercanía de la cámara al motivo
fotografiado puede arrojar antiestéticas sombras sobre el mismo que arruinarían
por completo la composición de la toma.
Kodak LS443, f4.8,
1/15 s, ISO 100 

La mínima distancia existente entre la cámara
y el motivo a fotografiar no sólo dificulta el uso del flash; cuando
prescindimos de él es fácil que nuestro propio cuerpo genere
molestas sombras en la composición. |
Para concluir, nos fijaremos en el uso del flash en este tipo de tomas. Salvo
los flashes específicos para macro, los que van montados en el cuerpo
de cámara compacta no están preparados para hacer destellos a
distancias tan cortas, por lo que podemos encontrarnos zonas muy subexpuestas
–en las que no llega el destello- y otras terriblemente quemadas.
Eduardo Parra (Nividhia)
Fotoperiodista
* Ojo de pez: dícese del
objetivo que puede llegar a cubrir más de 150 grados, con una profundidad
de campo casi infinita.