Aunque
pueda parecer mentira, no todas las fuentes luminosas producen la misma luz. Es
obvio que una fuente luminosa con un filtro de color cambia las propiedades del
haz de luz resultante, pero aunque no pongamos ese filtro, dos fuentes lumínicas
de naturaleza diferente que, aparentemente, emiten luz blanca, producirían
colores diferentes al implacable ojo fotográfico de una cámara digital.
En otras palabras, tienen diferente temperatura de color. Otras veces, sin embargo,
estas diferencias se verán a simple vista. Observemos, sin ir mas lejos,
las farolas típicas de carretera, que proyectan una más que antiestética
luz anaranjada sobre el asfalto. La conclusión es que si queremos obtener
una imagen con colores reales, algo tendremos que tocar en la cámara, y
ese algo se llama balance de blancos.
El principal problema que planteaba la temperatura de color en los negativos
era que la cámara no podía distinguir si la luz presente era blanca
pura o no. Los carretes se calibraban, generalmente, para la luz del día
–cuya temperatura de color es idéntica a la luz de flash- y para
luz de lámparas de tungsteno –las que suelen existir en los estudios
fotográficos. Las fotos que obteníamos con las pequeñas
compactas que empleábamos antes apenas sí adolecían de
problemas de temperatura de color, ya que los carretes empleados eran, en el
99% de los casos, para luz diurna. Nuestras fotos las hacíamos precisamente
con esta luz en los exteriores. Del mismo modo, si tirábamos en interiores,
nos servíamos de la luz del flash, que –como se ha indicado- es
del mismo color que la del Sol.
El mundo ha cambiado
La llegada de las cámaras digitales cambió el concepto de temperatura
de color para el usuario. Ahora es mucho mas fácil tomar fotografías
utilizando velocidades lentas y altas sensibilidades ya que no necesitamos gastarnos
dinero en un carrete de alta sensibilidad para experimentar, y además
las nuevas máquinas cuentan con la posibilidad de seleccionar velocidades
de obturación lentas, es decir, parámetros que nos permiten obtener
fotografías aceptables en interiores sin necesidad de emplear el flash.
Esto, que en principio es una ventaja, trae consigo el problema de la temperatura
de color. Por fortuna, el remedio ha evolucionado a la par que las cámaras
y si antes la corrección de temperatura requería un filtro especifico,
ahora lo hace la cámara, bien sea automáticamente o bien mediante
un modo prefijado. Hasta el propio usuario puede calibrarlo de forma totalmente
manual.
Olympus E-20, f2,
1/60 s, ISO 160, WB automático 
 El
modo automático de balance de blancos de las cámaras digitales
funciona de forma variable dependiendo de la cámara. Algunos nos
sacaran de más de un apuro, mientras que otros sólo servirán
para estropear una imagen. Por esto, se recomienda usar este sistema con
mesura y sólo cuando se conozcan bien sus resultados. |
Aunque pueda parecer mentira, la cámara no sabe distinguir colores,
sino que genera las diferentes tonalidades a partir de un “único
color”, el blanco. Así, la cámara necesita saber qué
es blanco para, a partir de los datos recogidos, identificar el resto de tonalidades.
Por este motivo, el balance de blancos –indicarle a la cámara qué
es blanco- se efectúa encuadrando una superficie blanca que ocupe toda
la escena –generalmente un folio-, con la iluminación existente
a la hora de tomar la foto. Bastará entonces con pulsar un botón
y el balance ya habrá culminado.
Más allá del blanco
Aunque lo que se busca normalmente a la hora de utilizar el balance de blancos
es obtener unos colores lo más reales posible, un buen ojo fotográfico
aprenderá rápidamente a apreciar situaciones en que una tonalidad
diferente de la real puede aportar a la escena un aura distinta, ya sea más
fría o más calida.
Olympus E-20, f2.2,
1/20 s, ISO 80, WB tungsteno 

Un ajuste para tungsteno con luz diurna produce
una fuerte dominante azul. Usado con acierto, podremos obtener una iluminación
fría, típica de “luz de luna”, a pleno sol. |
Es cierto que todos estos ajustes pueden efectuarse a posteriori con diversos
programas de retoque fotográfico, pero lo que muchas veces necesitaremos
es obtener resultados directamente con la cámara. Para lograrlos, nada
más adecuado que experimentar con los diferentes modos de blancos que
nos ofrece la cámara o con la misma opción manual, ya sea por
cuestiones de tiempo o por escasos conocimientos de retoque.
1.
Olympus E-20, 1/30 s, f2, ISO 80, WB luz diurna  |
 |
2.
Olympus E-20, 1/30 s, f2, ISO 80, con flash, WB luz diurna  |
1.
Empleando un balance de blancos para luz diurna con iluminación
de tungsteno obtenemos un ambiente cálido y sosegado que reforzará
la composición.
2.
Un balance blancos optimizado (que en este caso se ajustó para
la luz del flash que se empleó en la toma) puede dar realismo a
la imagen, pero la foto obtenida no pasará de ser una típica
toma de catalogo. |
Las diferentes combinaciones que se generan entre una fuente de luz determinada
y una temperatura de color que no se corresponde con ella origina distintas
tonalidades que pueden variar desde el naranja hasta el verde, pasando por azules
o rosas.
Eduardo Parra (Nividhia)
Fotoperiodista
* Ojo de pez: dícese del
objetivo que puede llegar a cubrir más de 150 grados, con una profundidad
de campo casi infinita.