A estas alturas, ya sabemos que el obturador es el dispositivo mecánico
que determina el tiempo de exposición de la película o el CCD -en
el caso de las cámaras digitales-, a la luz. Este tiempo viene dado por
la relación entre la velocidad de obturación, el diafragma y la
sensibilidad de la película o el CCD. Dado que la cantidad de luz para
una misma sensibilidad es siempre igual, una abertura del diafragma mayor implicará
una velocidad de obturación más rápida, y viceversa.
Puede ser una verdad de Perogrullo, pero no es lo mismo una foto movida que
una con movimiento. En poco tiempo descubriremos que éste es otro de
los pilares de la fotografía. Lo más normal para los advenedizos
es alucinar con las máximas velocidades de obturación y olvidar
que antes de 1/125 segundos hay también una gran gama de velocidades. El modo
de prioridad a la abertura permite a la cámara, como sabemos, seleccionar
un diafragma automáticamente para una velocidad que nosotros determinamos.
Es el que vamos a usar.
Vamos a partir de la base que a cada situación le corresponde una velocidad;
es decir, que la velocidad rápida para una cosa puede ser lenta para
otra (comparemos, si no, una bala con un balón). Teniendo esto presente, no
podemos generalizar los conceptos de velocidades lentas y rápidas, aunque para
entendernos podemos decir que las velocidades menores de 1/100 segundos empiezan a considerarse
lentas, y las mayores, rápidas.
El movimiento congelado se obtiene, evidentemente, con altas velocidades de
obturación. Esta técnica es tan sencilla como apuntar y disparar,
pero lo que sí requiere es un poco de ojo fotográfico para saber
emplearla. De poco nos servirá usar 1/4000 segundos para fotografiar la torre
de Pisa porque -así lo esperamos- no tiene por que moverse mientras tomamos
la imagen. Esta modalidad de disparo la reservaremos para capturar momentos
especiales, que pasan desapercibidos al ojo humano por su extrema velocidad,
como puede ser un pájaro que vuela o un globo que explota.
Si usásemos una velocidad inadecuadamente baja, sólo obtendríamos
un borrón más o menos acusado y carente de detalle. Es importante
asegurarnos una buena iluminación, ya que al forzar la velocidad de la
cámara necesitaremos diafragmas muy abiertos. Ello puede derivar en dos
problemas: que nuestro diafragma más abierto sea aún demasiado
cerrado (y sacaremos una imagen oscura), o que al contar con poca profundidad
de campo -debido al diafragma- para fotografiar un objeto que se mueve velozmente
obtengamos una toma desenfocada.
Olympus E-20, f2.2, 1/1600
s, ISO 320


Imagen congelada correctamente. Si hubiésemos
elegido una velocidad lenta, en este caso no tendríamos más
que una mancha blanca en la pantalla. En una secuencia tan rápida
como es una montaña rusa, las altas velocidades son esenciales
para capturar el movimiento. Si le añadimos agua a la escena, las
velocidades se hacen imprescindibles. Aun así, no nos engañemos:
el simple hecho de usar una velocidad rápida no soluciona la toma;
será necesario tener buen ojo para disparar y capturar ese instante
irrepetible que sólo va a durar una pequeñísima fracción
de segundo. Y cuidado con el lag o retardo de las cámaras, que
aquí juega en nuestra contra. |
Muévete, pero muévete con ritmo
Las velocidades más bajas de la cámara, aun siendo las más
impopulares, son las que más posibilidades creativas ofrecen. Será
muy recomendable contar con un trípode o monopié para no padecer
trepidaciones; en otras palabras, una imagen a la que comúnmente consideraríamos
movida.
Una de las imágenes que podemos captar a baja velocidad es la que coloquialmente
llamamos estela. Son muy útiles cuando queremos plasmar el movimiento
de un objeto en una imagen fija. Si nos limitamos a congelar el movimiento,
es muy posible caer en la típica imagen en la que el sujeto parece quieto
e irreal, y perderemos toda la magia.
Olympus E-20, f3.6, 1/400
s


Imagen congelada incorrectamente. ¿Sube?
¿Baja? ¿Está inmóvil? Aquí, la magia
de la fotografía brilla por su ausencia. Hemos convertido una magnífica
instantánea cubierta de velocidad frenética en una postal
plana que no acaba de representar la realidad. En estas situaciones en
las que queremos inmortalizar lo que se mueve a gran velocidad, congelar
su movimiento no es hacer justicia a la realidad. |
En este tipo de imágenes hay dos opciones. La primera es aquella en
la que no nos interesa el sujeto que se mueve, sino su movimiento. Es
útil, por ejemplo, para fotografiar el pelotón de la vuelta ciclista
a su paso por un punto característico, olvidándonos de los sujetos
individuales.
1.
Olympus E-20, f4.5, 1/25 s, ISO 80
 |
 |
2.
Olympus E-20, f8, 1/100 s, ISO 80
 |
1.
Buena captura del movimiento. ¿Tendrá valor el policía
o no le queda más remedio? La esencia de la realidad es aquí totalmente
palpable: un hombre solo esquivando decenas de coches que pasan
junto a él a toda velocidad. Aquí no hay duda: los coches
van a toda pastilla.
2.
Mala captura del movimiento. Aquí los coches circulan a toda
pastilla por mitad de la ciudad... Pero nadie se enterará si no
se lo contamos. El fondo sería la referencia perfecta para plasmar
en la imagen la locura de la carretera. Aquí, por desgracia, en
lugar de la ajetreada vida madrileña tan sólo vemos un coche
que, ¿quién sabe?, puede estar detenido en un semáforo...
|
La segunda opción es la de captar un objeto que tiene un movimiento
propio, pero que al mismo tiempo permanece estático. Es el caso, por
ejemplo, de una fuente -elemento estático-, con el agua fluyendo. Cuando
usemos este método necesitaremos un punto fijo de referencia, que generalmente
será el fondo, inmóvil, pero que puede ser cualquier otra cosa:
una persona, un edificio, o incluso una parte del propio sujeto. Además,
será necesario, como se ha dicho, utilizar un soporte y emplear un disparador
a distancia -o el temporizador- para evitar movimientos de la cámara.
| 1.
Casio QV-2300 UX, f2.8, 1/100 s, ISO 80 |
 |
2.
Casio QV-2300 UX, f5.6, 1/2 s (con un filtro de Densidad Neutra de
4 diafragmas), ISO 80 |
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|
 |
1.
Captura errónea del movimiento en un sujeto estático.
Lo que vemos en este ejemplo es el resultado de abusar de las altas velocidades.
Tenemos un gran detalle y vemos el sujeto en todo su esplendor... Pero
algo nos falla. ¿Estaba apagado o roto? ¿O simplemente
nos equivocamos al tirar la foto?
2.
Captura adecuada del mismo movimiento. Ahora todo cambia. El sujeto
está igualmente capturado con todos sus detalles, pero en esta
toma podemos ver qué funciona y cómo lo hace. Hemos ganado fuerza
en la toma y una riqueza compositiva que antes no existía.
|
El barrido es el último uso de la velocidad de obturación que
vamos a tocar. Como su nombre indica, se trata de barrer una porción
de realidad con la cámara, captando un ángulo mayor que el del
objetivo empleado. Este modo de trabajo es muy útil cuando queremos dar
una sensación de movimiento pero necesitamos capturar los detalles del
sujeto que se mueve. Es algo así como invertir la realidad, dejando fijo
en la foto lo que en la realidad está en movimiento y mover lo que está
quieto. El proceso, esta vez, sí que requiere un pelín de pericia
y más de una foto mal hecha. En realidad, el barrido no es más
que seguir con la cámara el sujeto que se mueve ante nosotros dejando
el obturador abierto. También es recomendable el uso de un trípode,
aunque es cierto que con un poco de práctica podremos prescindir de él,
ya que, aunque el tiempo sea bajo, hay un movimiento en arco de la cámara
que ocultará un poco las trepidaciones. Lo mejor para dominar esta técnica
-como casi siempre- es practicar mucho, sobre todo en el mundo digital, donde
el lag (retardo en el disparo) de las cámaras es amplio y se hace necesario conocer muy bien la máquina de cada uno para saber con certeza cuándo
hay que apretar el botón.
El proceso es el siguiente: el sujeto debe pasar perpendicularmente a nuestra
mirada; de no ser así, habría problemas de tamaño y la
imagen posiblemente se falsearía. Cuando esté acercándose
al punto donde pretendemos disparar, empezamos a girar la cámara sin
perder el sujeto del visor. Llegado éste al punto deseado, disparamos
y seguidamente acompañamos con la cámara su movimiento. Es importantísimo
realizar este seguimiento un par de segundos después de cerrarse
el obturador, para asegurarnos que hemos atrapado todo el movimiento del sujeto
y no nos hemos quedado a medias. Con todo esto, lo que habremos conseguido -esperemos-
será un sujeto inmóvil con el resto de la imagen movida.
1.
Olympus E-20, f1.1, 1/30 s (con +1 punto de compensación de
la exposición), ISO 80
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2.
Olympus E-20, f1.1, 1/30 s (con +1 punto de compensación de
la exposición), ISO 80
 |
1.
Barrido correcto. En esta ocasión, sí que hemos
dado de lleno. La velocidad se ajusta perfectamente a nuestro movimiento,
logrando una captura casi perfecta. El disparo, además, se ha efectuado
justo cuando la moto pasaba por delante de la cámara, logrando
captar el sujeto en todo su detalle. Es necesario tener en cuenta el fondo,
pues debido a nuestro movimiento podemos pasar de una zona pobremente
iluminada a una con mucha luz. Eso sí, corriendo el riesgo de quemar
los demás planos.
2.
Barrido incorrecto.. Una mala elección de la velocidad
o el hecho de dejarse llevar por la precipitación pueden dar lugar a errores
sin remedio. En este ejemplo la velocidad del sujeto resulta demasiado
alta en relación a nuestro movimiento, pero además se ha
iniciado el disparo demasiado pronto. El sujeto no aparece perpendicular
a nuestro objetivo, sino en ángulo, lo que dificulta aún
más el poder lograr una captura nítida de su movimiento,
propiciando un alto riesgo de pérdida de foco. |
Eduardo Parra
Fotoperiodista
* Ojo de pez: dícese del objetivo
que puede llegar a cubrir más de 150 grados, con una profundidad de campo
casi infinita.