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viernes, 18 de marzo de 2005
Limpiar el sensor de una SLR: más fácil de lo que parece
La peor pesadilla para todo propietario de una réflex digital es el polvo. A excepción de Olympus, ninguna marca ha puesto sobre la mesa una solución efectiva de limpieza automática de la suciedad en el sensor. La mayoría de fotógrafos recurren a los servicios técnicos autorizados, con un coste de unos 50 euros por sesión y un mínimo de 24 horas de espera. En QUESABESDE.COM vamos a ver que limpiarlo en casa no es tan difícil ni arriesgado… ni tampoco tan caro. Por Eduardo Parra

Lo más común al comprar una réflex digital es que a los pocos días de su uso comencemos a ver pequeñas manchas grises en las fotos: es el polvo que se ha ido colando en el sensor.

La forma más fácil de detectar cuánto polvo tiene nuestro sensor es disparando una foto al cielo y comprobar luego el resultado. Las motas se ven mejor cuanto más cerrado esté el diafragma y más claro sea el fondo, por lo que el cielo resulta una referencia excelente.

Ante todo, debe puntualizarse un detalle que a menudo queda diluido. En realidad, la superficie sobre la que se acumula el polvo (y, por tanto, la que hay que limpiar) no es el propio sensor, sino los filtros infrarrojo y "low pass" que en la mayoría de modelos se colocan delante del captor.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM


Una superficie uniforme, como el fondo de esta imagen, sirve de referencia para detectar suciedad en el sensor

No obstante, aunque en ningún momento se llegue a tocar el sensor, la limpieza es una tarea que requiere precisión y paciencia. Y precaución -mucha precaución- para evitar cualquier daño en la cámara que, teniendo en cuenta la zona tratada, podría ser muy grave. Por ello, antes de comenzar, el usuario debe asumir toda la responsabilidad de esta operación.

Acceder al sensor

El primer paso es acceder a la superficie donde se encuentra la suciedad. Algunas máquinas, las más modernas, tienen una opción que levanta el espejo y retira las cortinillas, de forma que podamos proceder a limpiar el sensor sin cargarlo de electricidad estática.

Otras, como la Nikon D100 o la Canon EOS D60 no ofrecen esta posibilidad, y la limpieza ha de hacerse mediante la activación del modo de exposición bulb.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM
Para acceder al sensor, algunos modelos de cámaras disponen de una función específica en su menú. En caso contrario, habrá que recurrir a largas exposiciones en modo bulb.

Es importante evitar exposiciones largas no controladas. Aunque 30 ó 60 segundos nos parezca mucho tiempo, nunca se sabe lo que vamos a tardar. Y si las cortinillas caen mientras estamos limpiando, el destrozo puede ser enorme.

También por este motivo, es indispensable que las baterías estén totalmente cargadas o, mejor aún, que la cámara esté conectada a la corriente. De hecho, algunos modelos inhabilitan la opción de limpieza si no se cumplen alguna de estas dos condiciones.

La primera opción

Una vez esté accesible la zona a tratar, es momento de comenzar la limpieza. Si las motas están bien asentadas en la superficie, la opción de eliminarlas con la ayuda de aire será insuficiente. En todo caso, siempre es recomendable recurrir en primer lugar a esta solución, pues puede que tan sólo se trate de polvo. Evitaremos, de este modo, operaciones más complejas.

En cualquier caso, el aire debe aplicarse con una pera. Nunca limpiaremos el sensor con aire comprimido, pues no sabemos si éste puede contener partículas de suciedad o incluso de agua. Lo más adecuado es tener la cámara colocada boca abajo para que el polvo caiga y no se esparza por el interior de la cámara.

Si esta operación no ofrece los resultados esperados y en la foto de comprobación se siguen observando manchas en el sensor, habrá que pasar al siguiente método.

Gamuza en mano

El procedimiento que vamos a seguir es el más usado en los servicios técnicos oficiales. Consiste, básicamente, en pasar por el sensor una suerte de gamuza empleada a modo de cepillo. La gamuza se llevará pegadas las motas, barriéndolas del sensor.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM
Si el aire no consigue eliminar las motas de polvo, hay que recurrir a la limpieza directa del sensor mediante una gamuza.

Varias marcas comercializan aplicadores específicos, es decir, pequeñas palas ya preparadas para la anchura del sensor a tratar, de forma que pueda limpiarse toda su superficie en una sola pasada. Cuestan unos 9 euros la unidad y sólo sirven para una única aplicación. Es importante, además, adquirirlos en un envase que garantice su total asepsia.

Para su uso, la gamuza nunca debe estar seca porque podría rayar la superficie. Es imprescindible, así pues, que esté impregnada de un líquido específico para la limpieza de sensores No vale cualquier sustancia: ni agua, ni alcohol, ni nada por el estilo.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM
El aplicador debe estar siempre impregnado de una solución líquida específica para la limpieza de sensores.

Uno de los productos más empleados es la solución "Eclipse". Se vende en tiendas especializadas por un precio cercano a los 30 euros el bote para unas 60 aplicaciones.

El proceso es sencillo. Lo primero es asegurar la cámara en un trípode o en cualquier otra superficie firme, de forma que podamos colocarla en una posición que nos evite posturas incómodas. Acto seguido, retiramos la tapa de la bayoneta y liberamos el sensor tal y como se ha explicado.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM
Con la cámara situada en una posición cómoda, llevamos el aplicador hasta el extremo de la superficie y lo deslizamos suavemente hacia abajo.

Llegados a este punto, comienza la verdadera limpieza. Sobre todo, calma. Quien escribe estas líneas necesitó de varios minutos para que la mano le dejara de temblar la primera vez que realizó semejante operación. Así que pulso firme, porque el tembleque no ayuda en absoluto.

Impregnamos el aplicador con dos o tres gotas de líquido en el filo, que rápidamente se absorbe y evapora para que no quede ningún residuo. A continuación llevamos el aplicador hasta el extremo superior, buscamos el contacto con la superficie y lo deslizamos suavemente hacia abajo.

Esta operación -la más delicada- ha de hacerse sin prisa pero sin pausa, de una sola vez y con suavidad. Seguidamente repetimos el proceso en sentido inverso, de abajo a arriba. Para hacerlo más sencillo podemos dar la vuelta a la cámara para que la parte de abajo del sensor quede ahora arriba.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM
Repetimos el proceso en sentido inverso, de abajo a arriba. Para hacerlo más sencillo, podemos dar la vuelta a la cámara para que la parte de abajo del sensor quede ahora arriba.

Repetimos el proceso: gotas al aplicador, evaporación rápida, contacto con el sensor y deslizamiento suave. Listo. Soltamos el espejo y colocamos el objetivo.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM

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Terminado el proceso, una foto de referencia nos permitirá comprobar el resultado de la limpieza. Si aún queda suciedad, se puede repetir el proceso.

Repetimos entonces la foto de referencia y comprobamos el resultado. Si la primera limpieza no ha sido suficiente, podemos repetirla dos o tres veces con el mismo aplicador. Después lo tiramos, y listo.

¿A que no es tan difícil?

Eduardo Parra
Fotoperiodista

 
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