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Cyber-shot DSC-T70

Características
Punt. usuarios: 3,77647058823529 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD SuperHAD de 8,00 MP
Máx. res.: 3264 x 2448 p.
Objetivo (35 mm): 38,0-114,0mm
Zoom: 3x (óptico)
En dos palabras
La falta de nitidez ensucia el expediente de una cámara que entra por los ojos y cuya función de detección de sonrisas sorprende
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sony Cyber-shot DSC-T70 con nuestras 45 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 10 de diciembre de 2007

¡Sonríe!

Un obturador con demasiado retardo o un enfoque más lento de la cuenta pueden echar por tierra un retrato en el que se pretenda inmortalizar rostros sonrientes. La Cyber-shot DSC-T70 trata de facilitar esta tarea con una prestación fotográfica inédita hasta mediados de 2007: la detección automática de sonrisas. Una herramienta que -sea divertida, curiosa o simplemente anecdótica- funciona. Sonrisas aparte, la T70 es una de las compactas más estilizadas de 8 megapíxeles, gracias -en parte- a su gran pantalla de 3 pulgadas y control táctil. Sólo la falta de nitidez de las imágenes afea una cámara que se hace querer.

Mira a la cámara. Sonríe. Espera, que está enfocando. Ya está: ya ha disparado. ¿Cuantas veces no hemos pasado por esta secuencia de avisos para conseguir un retrato más o menos presentable? Aunque para los usuarios más experimentados este proceso resulte trivial, para los aficionados más noveles puede llegar a ser un suplicio.

Cuando la cámara enfoca, la persona retratada no sonríe, y viceversa. Pero que no cunda el pánico: la Sony Cyber-shot DSC-T70 ha llegado.

Sus argumentos son variopintos, y no quedan restringidos -afortunadamente- a ese nuevo modo escénico bautizado como detección automática de sonrisas. Sin embargo, la novedad -que hoy por hoy sólo presentan algunas cámaras de Olympus y la propia Sony- bien merece una atención especial.

Amor a primera vista

La T70 llama la atención. En nuestras pruebas, es más o menos habitual que mostremos la cámara a diversos fotógrafos profesionales para que nos den una rápida primera impresión, y lo cierto es que la joven Cyber-shot despertó el interés de más de uno y una.

Encuadrada en el segmento de las cámaras de diseño, la T70 ofrece en 20,7 milímetros de grosor un monitor de control táctil y 3 pulgadas de diagonal, un sensor de 8 megapíxeles de resolución y un discreto zoom óptico de 3 aumentos. De revolucionara, en principio, nada de nada.

¿Cuál es, entonces, el secreto de la T70? Pese a las reticencias de algunos compañeros sobre la eficacia o utilidad de esta función, hay que reconocer que el sistema de disparo automático por detección de sonrisas tal vez logre convencer a más de uno.

Sin ahondar en grandes detalles, esta tecnología analiza la fisonomía de la cara y detecta los rasgos fundamentales: la línea de los ojos, la de la boca y la de la nariz.

Así, el mismo sistema que en su día sirvió de base para la detección facial, se ha perfeccionado y añade una nueva variable: si se detecta una curvatura en la línea de la boca, el software de la cámara activa el obturador. Simple, pero efectivo.

Como dato anecdótico, en nuestras pruebas se nos ocurrió simular la forma de la boca colocando dos dedos sobre ella, y efectivamente, al curvarlos, la T70 entraba en acción.

Cabe destacar, eso sí, que la función de detección de sonrisas cuenta con un acceso bastante enrevesado en la T70. Es necesario adentrarse en los menús escénicos de la cámara para dar con ella y pulsar el botón de disparo para activarla.

Dispone, además, de tres grados de sensibilidad que permiten condicionar el disparo a la detección de una leve mueca o esperar -si lo prefiriéramos- a una carcajada. Funcionalidad aparte, y pese a estar totalmente convencidos de que se trata -sobre todo- de un nuevo argumento de marketing, el invento es bastante ingenioso.

Evolución discreta

Más allá del juego con las sonrisas, la T70 llega provista de escasas novedades en el plano meramente fotográfico. Ligeros cambios en el diseño y un sensor de 8 megapíxeles la separan de su predecesora, la T50. Del mismo modo, el monitor de 3 pulgadas distingue a la T70 de su compañera, la T200, pertrechada con una inmensa pantalla de 3,5 pulgadas de diagonal.

A falta de novedades, nunca está de más examinar los recursos más mediáticos de un modelo claramente pensado para aquellos aficionados que buscan una compacta atractiva y repleta de prestaciones curiosas.

El enfoque basado en la detección facial -por ejemplo- ya no sorprende, aunque se agradecen la precisión y rapidez de las que hace gala. Si hasta hace bien poco nos topábamos con una tecnología de detección facial que aún tenía que madurar, tras probar la T70 comprobamos el avance.

La cámara es capaz de reconocer múltiples rostros en una escena de forma más que correcta. Su velocidad, incluso cuando se está siguiendo el rostro de una persona, resultará suficientemente efectiva para el usuario arquetípico de la T70.

Por otro lado, los propietarios de un televisor de alta definición están de enhorabuena. Y es que la T70, como el resto de cámaras de la última hornada de la firma nipona, incorpora una salida de alta definición que, mediante un cable opcional, permite visualizar las imágenes a una resolución de 1080p.

Interesante prestación, aunque una salida estándar HDMI, en vez de la conexión "made in" Sony, hubiera sido mucho más útil.

Tocar

Como adelantábamos, la T70 apuesta por un monitor LCD de 3 pulgadas y 230.000 píxeles. Colores y nitidez están dentro de la media, y aunque no es ninguna maravilla ni se aprecian cambios respecto a la pantalla de la T50, sí son evidentes las mejoras sufridas por las pantallas de control táctil desde aquella Cyber-Shot DSC-N2.

La forma de uso de la T70 es la clásica (si se permite utilizar el término para describir una cámara de estas características).

Los menús de la pantalla son asequibles, y los botones virtuales, de tamaño más que suficiente, brindan casi siempre una navegación cómoda, sin que sea necesario utilizar el puntero que se incluye de serie y se aloja en la correa.

Aun así, los menús que Sony ha diseñado para su más joven generación de cámaras Cyber-shot siguen sin acabar de convencernos. Si bien pasadas las primeras horas su manejo no depara demasiados secretos, la duplicidad de algunas opciones de ajuste puede desorientar en un primer momento.

Basándose precisamente en este manejo táctil, la T70 permite controlar el enfoque a través de la pantalla mediante la denominada función "Touch-it". Utilizada desde hace tiempo por las videocámaras de la marca, basta con pulsar una zona de la imagen en la pantalla para que el enfoque automático entre en acción sobre esa zona.

Aunque se trata de un sistema relativamente novedoso y potencialmente atractivo, su utilidad no acaba de convencernos respecto al método de enfoque de toda la vida.

Zoom estabilizado

El discreto zoom óptico de 3 aumentos que incorpora la T70 no da mucho juego. Con unas focales equivalentes a 38-114 milímetros y una luminosidad máxima de f3.5-4.3, la verdad es que resulta algo escaso en casi todos sus parámetros. No tiene ni mucho angular ni mucho tele, ni tampoco la suficiente abertura de diafragma como para destacar.

Aun así, hay que reconocer los méritos de la velocidad y precisión del enfoque, y cómo no, de la eficacia del archiconocido sistema de estabilización Super SteadyShot que incorporan todas las cámaras de la compañía.

Con tan limitadas focales, el mecanismo no resulta tan imprescindible como en otros modelos, pero lo cierto es que su presencia siempre se agradece.

La carga de distorsiones es bastante limitada. Un dato a tener en cuenta para un objetivo embutido -literalmente- en poco más de 2 centímetros, justo el doble de la distancia mínima de enfoque macro (1 centímetro, efectivamente) que luce esta compacta.

Calidad, la justa

El sensor CCD de 8 megapíxeles ofrece, con la ayuda del procesador de imagen Bionz, archivos de hasta 3264 x 2176 puntos de resolución. Su calidad es un poco justa, debido sobre todo a la nitidez algo escasa de buena parte de las imágenes.

Limitada de por sí, la nitidez de las capturas se resiente sobre todo al elevar el ajuste de este valor y forzar la actuación del procesador sobre el detalle. Los colores, por su parte, aguantan el tipo con un intenso brillo y contraste pensados para gustar a la mayoría de usuarios.

Precisamente la nitidez de las fotografías y el rendimiento de la cámara al emplear sensibilidades elevadas obligan a templar el sonriente entusiasmo que la T70 pueda llegar a suscitar.

Con un atrevido rango de sensibilidades de 80 a 3200 ISO, esta Cyber-shot puede tomar fotos con un nivel de ruido aceptable hasta 400 ISO. A partir de este punto, el ruido y la pérdida de detalle y nitidez son abrumadoras, debido a un procesamiento incluso más agresivo que el visto en anteriores modelos de la familia Cyber-shot DSC-T.

Tampoco es de gran ayuda -excepto para ampliar la capacidad de las tarjetas de memoria- la fuerte compresión a la que la T70 somete los archivos JPEG. Un ajuste que, además, el usuario no puede alterar.

Mejores noticias en cuanto al balance de blancos: todos los modos prefijados funcionan bastante bien en la inmensa mayoría de las situaciones, con dominantes bien controladas, incluso cuando nos enfrentamos a delicadas combinaciones de luz. Cabe destacar, por cierto, la incorporación de hasta tres modos destinados a luces fluorescentes.

En las pruebas realizadas, la pequeña batería alojada en el cuerpo de la esbelta T70 ha soportado unos 200 disparos antes de tener que pasar por el cargador.

Aunque no se trata de unas cifras de autonomía -ni mucho menos- astronómicas, hay que recodar que tanto el tamaño de la pantalla como su sistema de control táctil -que obliga indefectiblemente a tenerla activada mucho tiempo- suponen mermas importantes para la duración de la batería.

El mismo compartimento de la batería alberga la tarjeta de memoria. Ni que decir tiene que, tratándose de una compacta de Sony, las tarjetas MemoryStick Pro Duo son las elegidas para almacenar las imágenes y los vídeos.

El principio del fin del botón de disparo

La T70 es una de esas compactas que tiende puentes entre la fotografía y el mundo de los "gadgets". Y es que sus prestaciones fotográficas quedan necesariamente relegadas a un segundo plano por características como el diseño, la inmensa pantalla de control táctil o el nuevo sistema de detección de sonrisas.

Desde este punto de vista, puede que la Sony Cyber-shot DSC-T70 (junto a su compañera de catálogo, la T200) sea algún día recordada como la primera cámara en incorporar esta prestación. Y quién sabe si modelos como éste han comenzado a escribir el epitafio del botón de disparo tal y como lo hemos conocido hasta hoy.

Tal y como dijimos en su día al hablar del sistema de reconocimiento facial -o como posiblemente se dijo en tiempos remotos de los primeros sistemas de enfoque automático-, la idea es buena e incluso ingeniosa, pero su ejecución es claramente mejorable.

Estamos convencidos, eso sí, de que esta función se extenderá rápidamente por los modelos de otras marcas, más allá del catálogo de quienes pueden atribuirse su estreno casi simultáneo: Sony y Olympus.

Futurología aparte, lo que está claro es que la belleza y las prestaciones originales no tienen por qué estar reñidas con la calidad fotográfica. Y es en este punto donde Sony ha bajado la guardia en exceso.

La falta de nitidez y el exceso de ruido y procesamiento de las imágenes capturadas por la T70, lejos de suponer un paso adelante respecto a modelos anteriores, puede que sea un retroceso.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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