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Cyber-shot DSC-T7

Características
Punt. usuarios: 3,66349206349206 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: SuperHAD CCD de 5,10 MP
Máx. res.: 2595 x 1728 p.
Objetivo (35 mm): 38,0-114,0mm
Zoom: 3x (óptico)
En dos palabras
La excesiva miniaturización pasa factura a esta compacta de 5 megapíxeles, cuyo diseño es su principal capital
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sony Cyber-shot DSC-T7 con nuestras 28 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 07 de junio de 2005

Exceso de miniaturización

Más megapíxeles no dan más calidad. Esa parece ser la idea que tienen en mente las marcas que apuntan al diseño como piedra de toque para convencer al público. Una cámara que sigue esta premisa es la Cyber-shot DSC-T7, heredera de la primigenia T1, con 5 megapíxeles y un zoom óptico de 38-114 mm, y dotada de un cuerpo -con una inmensa pantalla y casi 1 centímetro de grosor- que ya quisieran muchas. Los dietistas de Sony, de todas formas, puede que se hayan pasado con la dieta.

Dicen que la primera impresión es la que queda. En el caso de la Cyber-shot DSC-T7, las primeras impresiones, sin excepción, han sido de sorpresa, casi de veneración. No cabe duda de que esta cámara entra por los ojos antes de que los ojos miren a través de ella.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Ya que hemos hablado de primeras impresiones, quien redacta este análisis tuvo una primera intuición: una cámara tan "mona" no puede ser una buena cámara. Unos cuantos días de traqueteo para arriba y para abajo confirmaron que detrás de esa monería se esconden ciertas bondades, pero también algunos fallos de diseño que no por inevitables dejan de ser graves.

Demasiado pequeña

El cuerpo, muy similar al del resto de cámaras de la serie T, es del tamaño de una tarjeta PCMCIA o de un móvil de última generación y su grosor ronda el centímetro. A diferencia de otras ultracompactas, como la Cyber-shot DSC-T3, la T7 vuelve por los fueros de la tapa deslizante que protege la lente y hace las veces de interruptor. Eso sí, sigue presumiendo de una carcasa metálica de aspecto envidiable -aunque se raya con mirarla.

La T7 no cuenta con toma USB ni de corriente, ni tampoco de salida de vídeo. A cambio, incorpora un zócalo al cual se le acopla un accesorio -de serie- que sí lleva estos puertos.

Ese centímetro de grosor -un total de 9,8 milímetros, para ser precisos- pasa factura. Desde nuestro punto de vista, Sony se ha pasado con la miniaturización. Viéndolo de otra forma, puede decirse que ha pretendido hacer algo que la tecnología de hoy día no permite, optando por una solución que puede que fuera la única, pero que -desde luego- no es la más deseable.

Para empezar, la T7 es una de las escasísimas máquinas compactas que obliga a trabajar con las dos manos. El diseño vertical de la óptica ha obligado a situar la pantalla al lado derecho de la parte trasera y los mandos al izquierdo, impidiendo de todas todas que el pulgar derecho alcance a los botones más importantes mientras se dispara.

Además, el mínimo tamaño de la T7 ha llevado a los diseñadores a colocar un soporte adicional al lado derecho para que el pulgar tenga un punto de apoyo. Pues bien, dicho soporte -bastante poco estético, por cierto- no impide que el pulgar invada la pantalla (quien la ha probado no puede presumir de un pulgar grande, todo sea dicho), tapando parte del encuadre y privándonos de ver ciertos datos vitales, como el número de fotos restantes o la sensibilidad.

En cualquier caso, no hay que restar méritos a la gigantesca pantalla que equipa la T7 (recordemos que este modelo carece de visor óptico). Se trata de un monitor TFT de 2,5 pulgadas y 230.000 puntos, con un excelente refresco en tiempo real y una calidad soberbia tanto durante el encuadre como en la posterior visualización.

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Si bien es cierto que la pantalla no se libra de las características bandas que surgen cuando se visualiza a contraluz, visto su buen comportamiento dejaremos este inconveniente en el cajón de los errores menores.

Mucho cuerpo, pero…

Más allá de la estética, la T7 monta un sensor de 5 megapíxeles que toma fotografías a una resolución máxima de 2592 x 1944 puntos. El captador, por desgracia, ofrece unas imágenes un poco pobres en cuanto a nitidez se refiere -se puede minimizar este defecto subiendo el valor de nitidez a través de los menús de la cámara-, aunque bastante ricas en colores y con un más que aceptable rango dinámico.

En el capítulo de sensibilidades, la T7 ofrece un abanico de 64 a 400 ISO. Como es lógico, las sensibilidades bajas no ofrecen problema alguno. Sin embargo, a partir de 200 ISO, el ruido se hace visible -o más visible.

Además, el sistema de atenuación de ruido es quizás demasiado agresivo, puesto que la nitidez de la imagen, ya de por sí cuestionable, sufre con las altas sensibilidades.

El balance de blancos, por su parte, tiene un funcionamiento dispar. Mientras que con las luces fluorescentes no se lleva bien del todo, las de tungsteno las controla muy bien en el modo prefijado pero no tanto en automático. Pensamos que este aspecto -especialmente el automático- debería mejorarse en futuras versiones.

El zoom vertical

El objetivo, por otro lado, es una óptica Carl Zeiss equivalente a 38-114 mm, con unas aberturas de f3.5 4.4, del que huelga decir nada sobre su escasa luminosidad.

A diferencia de la gran mayoría de cámaras, el zoom y el enfoque tienen su juego principal en un habitáculo vertical situado en el interior del cuerpo, logrando que el tamaño de la máquina permanezca invariable sea cual sea la disposición focal elegida.

El enfoque es preciso, aunque extremadamente lento en cuanto la luz baja un poco. En estos casos, se ayuda de una lámpara que proyecta un haz de luz naranja que, ciertamente, no es agradable de mirar cuando uno es retratado.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Del zoom óptico de 3x, por otra parte, debe destacarse su absoluta suavidad y precisión, así como el ruido -ninguno- que genera su mecanismo.

En el apartado de aberraciones, una de cal y otra de arena. Sí se detectan aberraciones geométricas -un ligero efecto de cojín en tele y de barril en angular- pero en ningún caso cromáticas. Todo ello sin olvidarnos del modo de enfoque supermacro, que permite acercarnos a 1 centímetro del objeto de la fotografía.

Apta para novatos

Los modos de trabajo de esta cámara confirman su destinatario: el usuario aficionado. El esquema es el típico de Sony: menús desplegables para las opciones fotográficas y otros más rebuscados para los ítems más técnicos.

Sin duda, una solución fácil para un profano y sencillísima para los usuarios habituales de máquinas Sony. Dentro de estos menús encontramos un modo automático y otro programado -el único que permite un mínimo control manual-, amén de varios modos de escena prefijados.

Aunque los controles manuales o de prioridad de disparo -como hemos dicho- brillan por su ausencia, no está de más hacer hincapié en las otras opciones que la T7 pone a nuestra disposición.

Es el caso de la compensación de exposición, los tres modos de medición o la opción de modificar la saturación, el contraste o la nitidez de la imagen. Cabe colocar también en el listado los efectos especiales, el bracketing de la exposición y los tres modos de enfoque: puntual, central y multipunto.

En el apartado del vídeo, la T7 ofrece tres opciones: 160 x 80 píxeles -de ínfima calidad-, una aceptable modalidad de 640 x 480 y un excepcional modo de 640 x 480 de calidad "Fine", disponible sólo cuando se usan tarjetas MemoryStick Duo Pro. Sinceramente, la primera de las opciones está de más.

Si esta cámara puede presumir de tener un cuerpo extremadamente delgado, también puede hacerlo de comer poco. Su pequeña batería incluida de ión de litio -de infolitio, tal como la denomina Sony- da carga suficiente para 90 minutos de actividad constante. Esto, para una cámara con semejante pantalla y sin visor óptico es todo un punto a favor. Y por si fuera poco, la recarga es rapidísima.

No es un Ferrari

La Sony Cyber-shot DSC-T7 es una pequeña joya de esas que decimos que se usan más para presumir que para fotografiar. Es -si se me permite el símil- como ponerle el chasis de un Ferrari F40 a un Seat 600.

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Muy bonita por fuera, sí. Podremos presumir mucho ante amigos y extraños, sí. Disfrutaremos de una gran pantalla, sí. A la hora de la verdad, sin embargo, nos daremos cuenta que buena parte del mérito se lo lleva su cascarón.

TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra

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