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![]() Cyber-shot DSC-T50Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3072 x 2304 p. Objetivo (35 mm): 38,0-114,0mm Zoom: 3x (óptico) En dos palabras La pantalla táctil llega a la serie Cyber-shot DSC-T con una compacta de buena calidad y agradable diseño, aunque un tanto continuista Precios No hay precios disponibles Análisis
martes, 24 de abril de 2007 Diseño, calidad… y una pantalla táctil de 3 pulgadasConsolidadas las pantallas de control táctil como una de las modas con más futuro en el catálogo de cámaras compactas, Sony sigue extendiendo esta prestación por toda su gama. La Cyber-shot DSC-T50 ha sido la encargada de convertir la popular saga de la marca nipona en el siguiente paso de un camino que no ha hecho más que empezar. Diseño cuidado, pantalla de 3 pulgadas, estabilizador y una calidad de imagen con buenas credenciales a sus espaldas conviven con ciertas deficiencias que -muy probablemente- apenas advertirá el fotógrafo aficionado al que va dirigida esta compacta. La pantalla táctil de 3 pulgadas y 230.000 píxeles ha sido la baza que Sony ha empleado para sumar un punto más a su consolidada familia Cyber-shot DSC-T de cámaras ultrafinas. El resultado es una T50 que revalida la apuesta emprendida por las Cyber-shot DSC-N y da por buenos la mayoría de argumentos de la precedente T30.Primeras impresiones Como era de esperar, el primer contacto con una cámara como la T50 es agradable. Algo más gruesa que el resto de modelos de la serie T -especialmente los de más reciente factura-, esta compacta sigue manteniendo el tipo en este apartado. Podría parecer que Sony ha tomado un camino intermedio, sacrificando algo de grosor a costa de introducir el nuevo monitor. El diseño, en realidad, no ha cambiado mucho. A decir verdad, tanto la serie N -con pantalla táctil como principal rasgo de identidad- como la T -cuya idiosincrasia reside en el reducido grosor de la carcasa- tienen una apariencia externa similar. Es por ello que la T50, aun siendo una evolución de la T30, no resulta muy distinta a la N1 o la N2. Siguiendo la filosofía de Sony -o mejor dicho, la filosofía que ya se ha extendido por todos los catálogos-, la T50 es una cámara coqueta, delgada, bastante plana y con un acabado muy trabajado. De constitución metálica, la parte frontal rememora la serie T más clásica, con una tapa deslizante que protege al objetivo y al flash, y que contribuye a ofrecer una estética más atractiva. Control a dos manos La sujeción y el manejo son cómodos. Afortunadamente, Sony no ha abusado de la miniaturización, y la T50 deja sitio para que el pulgar de la mano derecha no invada la pantalla táctil, como sucedía con otras máquinas de la serie T. Así, la T50 se puede controlar prácticamente con una sola mano en el momento de disparar, aunque para modificar los parámetros -por aquello de estar los botones virtuales a lo largo y ancho de la pantalla- sea necesario usar en casi todos los casos ambas manos. El puntero incluido de serie nos sigue pareciendo algo tosco, y no estaría nada mal implantar en próximos modelos un lápiz más delgado, como el de los ordenadores de bolsillo, con un alojamiento incluido en el cuerpo. Los menús, en efecto, son calcados a los de la N2. Así, en la pantalla aparecen una serie de botones que dan acceso a subcarpetas con las opciones disponibles. Sin ser excesivamente complejo, el gran tamaño de los pulsadores en la pantalla obliga a navegar bastante hasta dar con un ajuste concreto. Respecto a calidad de reproducción y velocidad de refresco, la pantalla de la T50 no puede quejarse. Así, el refresco de la imagen durante el encuadre es sensacional y funciona muy acertadamente, incluso cuando hay poca luz. La calidad de imagen, por otro lado, es de nota alta, con una muy buena nitidez y una fidelidad cromática tremendamente elevada. Precisamente buenos colores son también los que se desprenden de las fotos tomadas con la T50, nacidas de un sensor CCD de 7,2 megapíxeles que genera archivos JPEG de hasta 3072 x 2304 puntos. A pesar de ello, la nitidez es en esta cámara algo mejorable, aunque a ojos de un aficionado este detalle -nunca mejor dicho- no supondrá un problema grave. Más allá del marketing El abanico de sensibilidades se extiende de 80 a 1000 ISO. La maquinaria de marketing de Sony utiliza precisamente este último dato para hablar de la captura de imágenes con una velocidad de obturación más rápida y, por tanto, con menos riesgo de trepidación. Por otro lado, el conocido sistema de estabilización Super SteadyShot de Sony añade un punto más de fiabilidad a la hora de disparar en entornos pobremente iluminados. Vibraciones al margen, el comportamiento de esta T50 al utilizar altas sensibilidades es moderadamente aceptable, teniendo en cuenta que es una de esas compactas de campo y playa -con un toque sibarita, es cierto- destinada al público más aficionado. En condiciones normales -esto es, con luz aceptable- la T50 rinde de forma adecuada hasta 200 ISO, comenzando a sufrir interferencias -léase ruido electrónico- a partir de 400 ISO. Lo peor de la T50 En lo que a balances de blancos se refiere, esta compacta no presume de una gran eficacia en ningún caso. De hecho, es éste el punto más flojo de la T50, con dominantes demasiado fuertes al utilizar los modos automáticos o los configurados previamente de fábrica. Especialmente mejorable es el funcionamiento con luces de tungsteno. En cualquier caso, el rendimiento cromático de la cámara trabajando con luz blanca es más que aceptable y ofrece unos colores muy fidedignos -aunque un tanto apagados. Nos preguntamos si en manos de un aficionado, que es el público objetivo al que va dirigida la T50, no hubieran sido preferibles unos colores algo más vivos y saturados, aunque fueran menos reales. En cualquier caso, trabajando con sensibilidades bajas la T50 ofrece unos resultados muy acertados. La experiencia de Sony en la fabricación de sensores vuelve a ser una baza con altas probabilidades de éxito. Ópticamente limitada Del objetivo -aparentemente el mismo que incorpora la T30- poco hay que decir. Con unas focales típicas de 38-114 milímetros y una abertura de f3.5-4.3, cumple con su función de forma adecuada, aunque huelga decir que estos últimos parámetros son algo menos espectaculares de lo que sería deseable. Sin destacar en ningún sentido -salvo su enfoque macro de 1 centímetro-, el objetivo no es especialmente rápido enfocando y produce aberraciones cromáticas fácilmente visibles. Aun así, el funcionamiento del grupo óptico es adecuado. A nivel de autonomía, la batería de ión de litio dotada de tecnología Stamina permite disfrutar -asegura Sony- de sesiones de 400 disparos, cifra que corroboramos y que deja a la T50 en buen lugar. El primero de muchos pasos Vista como una evolución de la T30, la T50 no merecería demasiados piropos por su claro enfoque continuista. No obstante, tratándose de la primera cámara con pantalla táctil del catálogo más ultracompacto de Sony, el enfoque varía. Es en este minoritario segmento donde la Cyber-shot DSC-T50 se hace fuerte y se erige como otro pequeño paso en la particular evolución digital de Sony. Las deficiencias en el balance de blancos y en otros aspectos puntuales no emborronan la notable calidad general, el cuidado diseño -con el acicate de la pantalla táctil- y el precio más o menos aceptable de la T50. ¿Qué más puede pedir el fotógrafo aficionado? TEXTO: Eduardo Parra |
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