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![]() Cyber-shot DSC-R1Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3888 x 2592 p. Objetivo (35 mm): 24,0-120,0mm Zoom: 5x (óptico) / 2x (digital) En dos palabras Única en su especie, la R1 se erige como la cámara digital de objetivo incorporado -y qué objetivo- más potente del momento Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sony Cyber-shot DSC-R1 con nuestras 38 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
viernes, 09 de diciembre de 2005 Entre dos mundosUna compacta con prestaciones, cuerpo y aspiraciones de réflex. O una SLR con óptica fija. Aunque la teoría no permita hacer estas conjeturas y deje bien claro que la Sony Cyber-shot DSC-R1 es una cámara digital compacta, todo parece indicar que se trata de una de las apuestas fotográficas más revolucionarias de los últimos tiempos. El sensor CMOS de dimensiones APS-C (el primero de este tamaño en una cámara de óptica integrada) marca el punto de inflexión y abre la puerta a nuevas posibilidades en cuanto a calidad y control del ruido. Los resultados parecen confirmar estos buenos augurios. La frontera entre los dos grandes tipos de cámaras digitales -compactas y réflex- ha estado siempre perfectamente definida. Si la posibilidad de intercambiar los objetivos no era suficiente argumento, las tremendas diferencias en el tamaño de sensor entre unas y otras cámaras y sus correspondientes efectos en la imagen se han encargado de mantener las distancias.La nueva R1 de Sony llega para echar por tierra este razonamiento y deja en la fusión perpetua entre el cuerpo y la lente la principal diferencia con las réflex digitales. El pilar de este revolucionario cambio llega sustentado por el nuevo CMOS de 10 megapíxeles. Más allá de estas dos cuestiones, lo más destacado es el salto al formato APS-C, que sitúa a la R1 a años luz de lo que hasta ahora se había visto en una cámara compacta. Casi 1 kilo Sea o no la sucesora de la Cyber-shot DSC-F828, lo que parece claro es que la R1 ha tomado de ésta no sólo el puesto como buque insignia del catálogo fotográfico de Sony, sino que ha heredado también algunas de sus líneas de diseño. Llama la atención lo contundente de las dimensiones de la cámara, mucho más próximas a una SLR que a un modelo compacto. Con casi 1 kilogramo de peso, gran parte de la responsabilidad de estas dimensiones recae en el objetivo empleado. No hay que olvidar que uno de los precios a pagar cuando se usa un sensor mayor es que también el objetivo tiene que crecer proporcionalmente, de modo que el círculo de imagen creado por la lente coincida con el área del captor digital. Pero, como decíamos, la estructura recuerda a la empleada por la F828: un módulo central presidido por un potente objetivo y una empuñadura lateral que -en este caso- también sirve de soporte para la zapata externa del flash. Queda claro, por tanto, que en el terreno visual la R1 no desmerece de ninguna de las réflex de gama baja que pueden plantearse como sus competidoras más directas. Un diseño, eso sí, evidentemente más rompedor con las líneas clásicas, pero que podrá calar sin dificultades entre los adeptos a la fotografía digital. Ergonomía reinventada Si se trataba de crear un nuevo segmento -un puente entre las compactas y las SLR-, la localización de los mandos también aporta su grano de arena en esta innovación. Así, nos encontramos con muchas características comunes a las Cyber-shot -los menús de pantalla y el acceso a unas cuantas opciones, por ejemplo-, mientras que en otros aspectos aparecen interesantes novedades. Cabe destacar, en primer lugar, la buena sensación que transmite la cuidada ergonomía a la hora de disparar. El usuario puede manejar sin ningún problema los controles más básicos, sin necesidad de perderse entre menús y opciones. El mando para seleccionar la sensibilidad, por ejemplo, se encuentra al lado del disparador y puede controlarse sin ningún problema con la ayuda de la rueda trasera, pensada para utilizarse con el pulgar. Lo mismo ocurre con los mandos para gestionar el balance de blancos y la medición, ambos localizados en un lateral del objetivo. No sucede lo mismo, curiosamente, con los formatos y resoluciones de la imagen. Una opción, esta última, que en algunas compactas de la marca -la serie T para aficionados, por ejemplo- está disponible, mientras que en la R1 requiere adentrarse en el menú principal. Espectacular autonomía La rueda principal de control -con los modos de disparo y las escenas- abandona su posición natural y opta por un discreto lateral trasero, que podría resultar útil para el pulgar izquierdo, si su giro fuera algo más sencillo. Otro punto que merece la pena destacar -tal y como ya hicimos en una primera toma de contacto con este modelo- es el botón de previsualización de las imágenes. Aunque cuesta encontrarlo -está ubicado a la derecha del visor electrónico-, la verdad es que ésta es una posición muy natural para un mando de semejantes características. La combinación con el dial trasero -para ampliar las imágenes- y el botón de borrado permite que la revisión sea tremendamente ágil. En uno de los laterales del cuerpo se sitúa la ranura para tarjetas. La R1 acepta tanto el formato universal CompactFlash de Tipo II como las MemoryStick Pro de la compañía. Un interruptor en el exterior permite seleccionar en cada momento cuál de las dos se va a emplear. La batería también merece un punto y aparte. Localizada en la base de la empuñadura, su tamaño la inscribe en el amplio listado de reminiscencias propias de las réflex digitales. Pero lo que más gratamente nos ha sorprendido ha sido la dilatada autonomía de la cámara, sobre todo si tenemos en cuenta el gasto extra que supone el uso de la pantalla LCD como visor. En el terreno de las críticas, tan sólo una: la conseguida ergonomía a la que nos hemos referido reiteradamente pierde toda su esencia y equilibrio a la hora de intentar realizar tomas verticales. Pantalla de cintura La localización de la pantalla LCD de la R1, en la zona superior, es sin duda uno de los detalles más curiosos de esta nueva cámara. Esta singular posición y la forma de sujeción y disparo que conlleva recuerdan irremediablemente a los visores de muchas cámaras de medio formato. Las 2 pulgadas del monitor se aprovechan al máximo gracias al sistema de rotación de 270 grados en horizontal y algo más de 90 en vertical. Una solución que resulta muy práctica para mejorar la visibilidad del monitor en situaciones de luz intensa. La verdad es que no resulta difícil acostumbrarse a ese punto de vista más bajo y -también- mucho más discreto que el de la clásica posición de disparo. Aunque se trate de un aspecto menos novedoso, la cámara también permite esconder el monitor y trabajar exclusivamente con el visor electrónico, potenciando aún más su apariencia de máquina réflex. Para seleccionar entre el LCD o el visor -acompañado de un abultado ocular-, el usuario cuenta con un interruptor en el que tampoco falta la opción "auto", que cambia automáticamente entre ambas modalidades al acercar el ojo al visor electrónico. En ambos casos, y pese a la abundante información proporcionada -incluido el ISO-, se echan de menos dos clásicos: el balance de blancos y el tamaño de imagen seleccionado. 24 milímetros de angular Si de lo que se trata es de enumerar los pilares más consistentes de esta R1, la imponente óptica de 5 aumentos merece un puesto de honor. El objetivo llega con una espectacular carta de presentación -firmada por Carl Zeiss y con la denominación T*, reservada a la gama más alta de estas lentes-, en la que cabe incluir tanto las focales de 24 a 120 milímetros como la excelente luminosidad de f2.8-4.8. Es éste un poderoso argumento visual que, sin embargo, puede no satisfacer a todos los fotógrafos cuando la focal del teleobjetivo se traduce al equivalente en paso universal: 120 milímetros. Poco hay que objetar -y mucho que aplaudir- a esos estupendos 24 milímetros que, por el momento, resultan algo inusuales entre las cámaras sin óptica intercambiable. El precio a pagar por esta focal es una ligera distorsión de barrilete en las tomas más angulares. Un fallo, no obstante, que en ningún momento se sale de lo que podríamos considerar aceptable. El paso de una a otra focal corre a cargo de un anillo mecánico de zoom, otra de las piezas importantes de esta cámara que, poco a poco, se van haciendo un hueco entre las denominadas compactas de tipo SLR. En el caso de la R1, el tacto, el funcionamiento y la eficacia de este anillo poco -o nada- tienen que envidiar a los de las ópticas intercambiables. A la hora de hablar del teleobjetivo, el tema se complica. Y es que pese a los buenos resultados brindados por la lente, esos 120 milímetros pueden saber a poco a unos cuantos usuarios. Más aún si se tienen en cuenta las elevadas aspiraciones de este modelo. Como posible solución para aquellos que lo consideren un problema, Sony ofrece -además del zoom digital- un aparatoso conversor que multiplica por 1,7 la focal más larga de la R1, dando como resultado algo más de 200 milímetros de teleobjetivo. Sony, igualmente, dispone de un conversor angular que reduce los 24 milímetros originales a menos de 20. En cualquier caso, no hay que olvidar las consecuencias que, en estas decisiones, tiene el mayor tamaño del sensor. Implementar una óptica de, por ejemplo, 24-200 milímetros -unas focales probablemente más deseables- hubiera significado incrementar aún más las dimensiones de la cámara. Aberraciones y autofoco El rendimiento de la óptica firmada por Carl Zeiss depara pocas sorpresas y muestra un comportamiento general mucho más que aceptable. Más aún si nos adentramos en el terreno de las comparaciones respecto a los objetivos de serie que montan la mayoría de cámaras réflex con las que la R1 se supone que competirá. En las pruebas que hemos realizado, no hemos detectado la incidencia de aberraciones cromáticas, ni siquiera en las condiciones de iluminación más extremas. A falta de los clásicos halos púrpuras, sí hemos notado la presencia de un ligero contorno verdoso -en algunas de las imágenes de muestra para este análisis se puede apreciar- en los bordes de ciertas zonas de la fotografía. No obstante, la apariencia de este efecto parece estar más relacionada con el fuerte procesado que sufren los archivos que con una limitación propia de las lentes. Respecto al autofoco, la sensación final tiene ciertos toques agridulces. Su funcionamiento es excepcional, hasta tal punto que el usuario no echará de menos ninguna de las funciones de un sistema de enfoque automático de una óptica intercambiable. Las posibilidades que ofrece, la localización de los mandos, la precisión y la rapidez son realmente incuestionables. Incluso en el modo manual -donde suelen flojear las cámaras digitales-, el control mediante un anillo propio resulta relativamente sencillo y práctico en comparación con lo que hemos visto hasta ahora. Además, incluso cuando se trabaja en el modo de enfoque manual, el mando de selección -situado en el lateral del objetivo- cuenta con un botón que pone en funcionamiento el autofoco. Sin duda, una opción muy práctica. Sin embargo, también hay que reconocer que cuando las condiciones de iluminación de la escena empeoran -en interiores y sin demasiada luz, por ejemplo- el enfoque puede llegar a complicarse más de lo que cabría esperar. En estas circunstancias, a la R1 le cuesta mucho encontrar un punto de foco, sea cual sea el modo o la zona seleccionada, y la única opción acaba siendo disparar sin tener una confirmación efectiva en la pantalla LCD o en el visor electrónico. CMOS de tamaño APS-C Si hay una cámara en la que -echando mano del chiste fácil- el tamaño importa, ésa es la R1. Incluso los más de 10 megapíxeles tienen que pasar obligatoriamente al subtítulo ante un dato tan contundente, que condiciona las características y el puesto que le corresponde a esta cámara. Efectivamente, hablamos de esos 21,5 x 14,4 milímetros de sensor, es decir, de un tamaño APS-C, similar al que emplean muchas cámaras réflex digitales en la actualidad. El sensor, más concretamente, es de tecnología CMOS. La teoría dice que un sensor más grande, con fotodiodos de mayor tamaño y, por tanto, una zona sensible a la luz -la comparación entre el paso universal y el medio formato es un buen ejemplo- ofrece como consecuencia unas imágenes de mayor calidad. Se trata de los mismos 10 millones de píxeles que puede generar un sensor más pequeño, pero creados a partir de una mayor cantidad de información captada en el momento de la toma. Las muestras que hemos tenido oportunidad de captar parecen demostrar esta teoría. La R1 se sitúa, en este sentido, más próxima a las réflex que a las cámaras compactas que hasta ahora pueblan el mercado digital. Imágenes con una excelente resolución, detalle y nitidez. Tal y como comentábamos al hablar de la óptica, sólo se les puede criticar el procesado tal vez excesivo al que son sometidas y la apariencia que esto les confiere. Un detalle que sí podría ser incluido en el listado de prestaciones mejorables sería el tema de la velocidad. Aunque la cámara no padece ningún tipo de retardo en el disparador, sus posibilidades de disparo en ráfaga son realmente limitadas -tan sólo 3 disparos consecutivos-, si se comparan con las que ofrece cualquier réflex de gama baja. ¿Ruido? Si la relación entre sensibilidad y ruido es siempre uno de los puntos más interesantes al analizar una cámara, en el caso de la R1 este asunto se convierte en primordial. De hecho, y como ya venimos diciendo, el tamaño del sensor empleado en esta peculiar compacta debería repercutir en unas imágenes de mayor calidad y menor ruido. En este sentido, la R1 no decepciona. Hasta 800 ISO, los resultados obtenidos no muestran ningún problema. Recurriendo a la misma comparación empleada hasta ahora, se puede afirmar que su comportamiento no difiere de los que podríamos obtener con una réflex. Incluso más allá, a 1600 ISO o -por qué no- a 3200 ISO, si la iluminación de la escena no es complicada, las fotografías obtenidas pueden ser perfectamente utilizables. Otra cuestión interesante es comprobar si el calor de un sensor en continuo funcionamiento -gracias a ello se puede disponer de una previsualización de la imagen en el LCD- afectaría al ruido de la imagen. En este sentido, el sistema de reducción de ruido de la cámara parece que hace un buen trabajo, porque no hemos podido distinguir los efectos del tiempo de funcionamiento del sensor sobre los niveles de ruido de las imágenes. Competencia sin complejos Desgranada la excelente calidad general que luce la cámara en cuanto a construcción, óptica y resultados se refiere, y exceptuando esos pequeños detalles como el autofoco con poca luz o el tele demasiado corto, parece que queda aclarada la pregunta que nos hacíamos. Efectivamente, la R1 puede competir con muchos de los actuales modelos SLR, y analizando la relación calidad-precio que ofrece el conjunto lo puede hacer sin ningún tipo de complejo. Como siempre, será el usuario final quien se decante por una u otra opción, valiéndose posiblemente de criterios muchos más personales que la simple calidad -más que contrastable- de la cámara. TEXTO Y FOTOS: Iker Morán |
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