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Cyber-shot DSC-N2

Características
Punt. usuarios: 4,21739130434783 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD SuperHAD de 10,10 MP
Máx. res.: 3648 x 2736 p.
Objetivo (35 mm): 38,0-114,0mm
Zoom: 3x (óptico) / 2x (digital)
En dos palabras
Aunque aporta poco a su predecesora, la N2 sigue encandilando con su pantalla táctil de 3 pulgadas y su buen desempeño
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Análisis
martes, 06 de febrero de 2007

Renovación para un modelo innovador

Si las cámaras digitales de corte tradicional se renuevan cada poco tiempo, las más transgresoras están en su mismo derecho. Esta argumentación podría justificar la decisión de Sony de presentar la Cyber-shot N2, que toma el relevo de la N1, su primera cámara fotográfica con pantalla táctil. Los atributos han cambiado, pero el aspecto externo es exacto al del modelo precedente. 10 megapíxeles y hasta 1600 ISO de sensibilidad son sus nuevas armas; la enorme pantalla y el control táctil, sus principales -y ya conocidos- atractivos.

Sea porque la Cyber-shot DSC-N1 funcionó bien en los escaparates o porque el calendario de renovaciones así lo marcaba. El caso es que Sony se ha prestado a actualizarla con la N2, una remozada cámara que viene precedida por la buena reputación de su antecesora, la primera Cyber-shot equipada con un monitor TFT de control táctil.

Tan sólo hay que releer el análisis que publicamos en estas páginas para recordar que, en su día, tildamos la novedad de la pantalla táctil como una frivolidad y una prestación innecesaria.

A día de hoy, aunque está claro que esta función es perfectamente prescindible, la verdad es que entran ganas de desdecirse. Y es que el tiempo que hemos pasado con ella nos ha malacostumbrado, hasta el punto de añorarla incluso al manejar una cámara réflex.

También en otros aspectos nuestro criterio ha cambiado ligeramente. Por ejemplo: ya no vemos los menús de pantalla tan incómodos como antes. ¿Cosas de la edad?

Tener una pantalla enorme, de calidad, que ocupa casi toda la parte posterior y que no sacrifica ni prestaciones ni comodidad de uso por un quítame-aquí-un-botón o ponme-allá-un-soporte (que se lo digan a la Cyber-shot DSC-T7, por ejemplo) es todo un lujo. Un lujo del que, esperemos, tomen nota otros fabricantes.

Pacto de mínimos

No hay, ciertamente, muchas diferencias entre la N2 y la N1. Nos preguntamos, como siempre, si realmente merecía la pena esta renovación.

El más llamativo de los cambios es, sin duda, el aumento de la resolución en 2 megapíxeles, alcanzando el captor CCD SuperHAD de Sony los 10 millones de puntos. El abanico de sensibilidades es otro de los elementos afectados por la actualización, pasando de 64-800 ISO a 100-1600 ISO.

Aunque sean éstas cuestiones menores al hablar de una compacta, la ráfaga (15 fotogramas consecutivos, respecto a los 8 originales, a 0,9 imágenes por segundo) y la velocidad de obturación (1/2000 segundos) también han salido ganando.

Más significativa es, probablemente, la evolución del consumo energético. Según Sony, con la N2 pueden capturarse hasta 300 imágenes con una sola carga.

Amor a primera vista

Manteniendo el agradable, bien definido y muy cuidado aspecto de la N1, la N2 se ofrece cual paquete de tabaco ligeramente adelgazado. La carcasa continúa siendo metálica, y tanto los adornos como la disposición de los elementos ópticos y de trabajo -luz de ayuda al autofoco, flash, etcétera- son idénticos a los de la Cyber-shot original.

Por tanto, sigue siendo totalmente válida la descripción que en su día utilizamos para el modelo anterior y que hablaba de un frontal parco en adminículos. De hecho, el objetivo retráctil -¿no sería mejor, ya puestos, una óptica que no sobresaliera?- sólo está acompañado por el flash, la citada luz de ayuda y una inscripción con el nombre de la cámara y su resolución.

La parte superior de la N2 se rige por este mismo criterio minimalista y sólo da cabida al botón de encendido y al del disparador.

En uno de los costados, a la derecha de la pantalla, se encuentra el compartimento destinado a la batería y las tarjetas MemoryStick Duo y Pro Duo (la cámara presenta, además, 25 MB de memoria interna). En este mismo lateral está situado el mando que permite elegir entre los modos de captura de fotos y vídeo o la revisión de archivos.

La conexión para el ordenador se encuentra en la base de la cámara, que prescinde -como hacía la N1- del típico puerto USB.

El gusto del tacto

El continuismo respecto al modelo predecesor se repite en la parte trasera. Así, el protagonismo casi total de la pantalla y la escasez de botones son las dos notas dominantes. Persisten, del mismo modo, los problemas que ya atribuíamos al pequeño mando encargado de controlar el zoom: su tamaño hace que en muchas ocasiones resulte incómodo de pulsar.

En cualquier caso, le siguen acompañando otros dos botones: uno para activar el menú táctil y otro para elegir la cantidad de información reproducida en la pantalla.

Idéntica en tamaño y resolución, la pantalla de la N2 sigue siendo el auténtico corazón de esta cámara. Todo un balcón al mundo de 3 pulgadas y 230.000 puntos de resolución, que sigue la estela de modelos anteriores. Ofrece grandes expectativas, y las cumple. No podía ser de otra forma.

Aunque el carácter táctil y la ausencia de un protector podrían hacer temer por su integridad, la verdad es que las huellas de los dedos al presionarla -el puntero que se incluye resulta un poco incómodo- son la única preocupación. Tras unas semanas de pruebas, la N2 ha salido de nuestras manos sin sufrir ni padecer en absoluto los rigores de su transporte en un bolsillo.

La respuesta a los toques, sean vía digital -léase con los dedos- o con el puntero, es rápida y precisa. Los botones virtuales son lo suficientemente grandes como para no provocar dobles pulsaciones y para que navegar por los menús no suponga ningún problema.

El refresco sigue siendo excelente en todas las situaciones -incluso con poca luz- y la calidad de reproducción no deja de sorprendernos. Se agradece, asimismo, el buen trabajo realizado a la hora de favorecer la visibilidad de la pantalla, incluso en las condiciones más complicadas.

Al igual que otros modelos con pantalla táctil, la N2 incorpora una herramienta de edición para realizar unos mínimos retoques en las imágenes tomadas. Pequeñas perlas para almibarar una máquina que, ya por sí sola, se deja querer.

Como dos gotas de agua

El objetivo incorporado, de factura Carl Zeiss, presenta unas focales de 38-114 milímetros y una luminosidad de f2.8-5.4. Idéntico, por tanto, al de la N1, merece la misma crítica que en su día ya hicimos: la escasa luminosidad en la focal más larga es un mal que debería haber sido corregido en esta nueva versión.

El nivel de aberraciones geométricas es moderado, mientras que la carga cromática es relativamente baja. Respecto al detalle de las imágenes, se puede decir que está dentro de los límites que podrían considerarse normales.

El enfoque es bastante rápido y puede presumir de una elevada precisión. Además, cuenta con el apoyo de una lámpara anaranjada, que ayuda al automatismo en situaciones comprometidas.

El zoom, por su parte, sigue sin gozar de un desplazamiento ágil de una focal a otra, con una transición a saltos entre ellas. Otra oportunidad perdida para solventar pequeños inconvenientes.

Cambios, los justos

El sensor empleado por la N2 es un CCD de 10 megapíxeles, lo que se traduce en capturas de hasta 3648 x 2735 puntos que pueden almacenarse en formato JPEG.

Ni qué decir tiene que, como en la inmensa mayoría de casos, sobran unos cuantos millones de estos píxeles. Aunque tal vez no sea este modelo tan "fashion" el más indicado para empezar a hacer frente a las modas del mercado.

Con colores vivos -aunque reales- la N2 ofrece nitidez contundente y buena calidad. Sin duda, una combinación más que suficiente para cualquier fotógrafo aficionado.

El funcionamiento del balance de blancos, por su parte, sigue presentando el mismo extraño comportamiento que el de su predecesora: en la mayoría de condiciones rinde mejor el ajuste automático que el predefinido para esa iluminación.

La sensibilidad -una de las evoluciones más notables de este modelo y gran reclamo publicitario- abarca desde 100 hasta 1600 ISO, duplicando el valor ISO más elevado del modelo anterior.

Tal y como nos temíamos, a 1600 ISO la presencia de ruido electrónico es excesiva. Por fortuna, a 800 ISO el nivel de interferencia es -a diferencia de lo visto en la N1- moderadamente aceptable.

La N2 experimenta, por otro lado, mejoras en el rendimiento de la batería. Si en el modelo anterior criticábamos la autonomía, en el caso de la N2 no podemos decir lo mismo. Según hemos comprobado, es posible alargar la autonomía hasta más de dos centenares de disparos. Punto positivo para Sony.

Un cambio a medias, aunque prometedor

Además de seguir el ritmo marcado por los escaparates, la renovación de un modelo también tendría que ir encaminada a limar defectos. Y en este sentido, la Sony Cyber-shot DSC-N2 es un trabajo a medio hacer.

Pese al consabido incremento de la resolución, las interesantes novedades relativas a la sensibilidad y la necesaria mejora de la autonomía, las pegas detectadas en la N1 se repiten con clónica insistencia. Da la sensación, por tanto, de que podía haberse ido más allá.

En cualquier caso, sea ésta o no una actualización desaprovechada, Sony ha vuelto a demostrar que la pantalla táctil no sólo es una buena idea, sino que es el futuro. Un futuro cercano en el que tendremos, por fin, el poder en la punta del dedo.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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