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Cyber-shot DSC-L1

Características
Punt. usuarios: 3,85 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: CCD de 4,10 MP
Máx. res.: 2304 x 1728 p.
Objetivo (35 mm): 32,0-96,0mm
Zoom: 3x (óptico) /
En dos palabras
De aspecto realmente atractivo, la Cyber-shot DSC-L1 rehuye el tópico del "quiero y no puedo" con un rendimiento satisfactorio
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Análisis
lunes, 07 de marzo de 2005

Debería venderse en joyerías

Joyería, complementos y cámaras digitales en la planta siete. Esta indicación puede que no tarde en verse en algunos centros comerciales si cámaras como la Cyber-shot DSC-L1 siguen proliferando. Y es que la pequeña Sony es una máquina muy particular, ideada para el segmento aficionado y consciente de sus limitaciones.

La Cyber-shot DSC-L1 es, permítasenos el símil, como algunas (o algunos) modelos: todo el mundo quiere verlas (verlos) y tocarlas (tocarlos), pero cuando ya llevamos un rato con ellas (ellos), solemos damos cuenta de que -en general- no hay mucho más de lo que veíamos por fuera.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Que no se confunda el lector: la DSC-L1 no nos ha parecido, ni mucho menos, una mala cámara. Precisamente esa frase con la que emprendíamos el texto -que esta Sony es muy consciente de sus limitaciones- es la clave.

Ya hemos visto en numerosas ocasiones que muchas máquinas hacen bueno el refrán: quieren abarcar mucho y aprietan poco. Mucho 800 ISO, pero inutilizable; mucho zoom largo, pero de pésima calidad, y otros aspectos similares.

La DSC-L1 no cae en esa trampa. Es pequeñita y agradable a la vista, y sus funciones internas van a la par: un sensor de 4 megapíxeles y un zoom equivalente a 32-96 mm que no pretenden apuntar muy alto y que son todo un acierto.

Pocas curvas, pero bien colocadas

La DSC-L1 es una cámara muy coqueta, y a la vista está que sabe explotar sus encantos. Cuerpo metálico y brillante (la cámara que hemos probado es de color azul oscuro), muy bien rematado. Sin duda, los responsables de Sony han apurado al máximo sus habilidades para dotar a la DSC-L1 de unos acabados que rayan el sobresaliente.

Prueba de que la marca nipona no se ha dejado ni un detalle en el cajón es el acabado de las partes de plástico, que también las hay. Su aspecto metálico resulta encandilador, y a menos que las toquemos no caeremos en la cuenta de su naturaleza plástica. Puestos a poner un "pero", he aquí uno menor: tras un par de semanas de uso, la inscripción "Cyber-shot" que la máquina tiene en el frontal perdió parte de la "C" por el constante roce con los dedos.

Aunque la distribución de su peso no es ninguna maravilla -el centro de gravedad está ligeramente escorado al lado del botón de disparo-, la cámara se ase estupendamente. Y ello se debe, en buena parte, a sus reducidas dimensiones y peso, de apenas 120 gramos. Con sólo mover el pulgar podremos controlar cualquiera de los botones de su parte trasera.

No obstante, el pequeño joystick que permite navegar por los menús y elegir unas u otras funciones está colocado demasiado abajo, lo que obliga a realizar un gesto incómodo si queremos accionarlo con el pulgar -con otro dedo es casi imposible.

Una pequeña ventana

La pantalla, de 1,5 pulgadas, no se libra de las críticas por la recurrente excusa de las reducidas dimensiones de la cámara. Pulgada y media y 78.000 píxeles de resolución es hoy día poco para la pantalla LCD de una compacta digital.

Además, aunque goza de un refresco simplemente perfecto, la imagen reproducida padece un ligero desfase respecto a la realidad. Por ello, DSC-L1 resulta poco compatible con la fotografía de acción -si es que alguien pensaba darle esa utilidad.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Precisamente la pantalla es la única forma de encuadrar la imagen, pues este modelo no dispone de visor directo. Su uso se extiende también a la navegación por los menús virtuales, sencillos e intuitivos (al más puro estilo Sony), y que permiten definir fácilmente algunas de las opciones de disparo -pocas- que ofrece la cámara.

Apuntar y disparar

La DSC-L1 es netamente automática. Sus opciones de disparo se reducen al control de parámetros como la nitidez, el contraste, la saturación, la sensibilidad, el balance de blancos y… poca cosa más.

De hecho, la medición, aunque podemos elegirla a voluntad, sólo cuenta con dos opciones: puntual o matricial. Prioridades y modos de exposición manual son un lujo del que la DSC-L1, por el público al que va dirigida, no dispone.

El objetivo, un 32-96 mm (en paso universal) provisto de una relación de diafragmas de f2.8-5.1, aguarda retraído en el cuerpo y protegido por una tapa deslizante. Al activarse la cámara -no es especialmente rápida en esta labor, por cierto-, el objetivo se proyecta hacia fuera algo más de medio centímetro. Su tímida cabezada sugiere que -al menos en apariencia- esta lente no es ningún cañón.

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El enfoque, además, no es precisamente rápido y tiende a advertir que no está a foco cuando en realidad sí lo está. La luz de ayuda al autofoco, por cierto, es de las peores que hemos visto.

A pesar de todo ello, es a la hora de calificar la calidad de imagen que brinda la DSC-L1 cuando nos reafirmamos en la sentencia del principio.

Muy probablemente, si se hubiera intentado forzar más la distancia focal (léase zoom) o el diafragma, no estaría esta cámara tan exenta como está de aberraciones cromáticas y geométricas. Dos defectos que no resultaría nada extraño detectar en un objetivo que puede taparse con el dedo meñique.

Limitaciones inteligentes

El sensor CCD que utiliza la DSC-L1 es un captador de 4 megapíxeles con un discreto tamaño de 1/2,7 pulgadas, acorde a las dimensiones de la cámara.

Cabe resaltar, en primer lugar, el hecho de limitar a esos 4 millones de puntos la resolución del sensor, pues un CCD tan pequeño con más píxeles a buen seguro habría sufrido severos problemas de ruido y calidad.

La cámara genera fotografías de hasta 2304 x 1728 píxeles, que almacena en formato JPEG. La calidad de imagen es más que suficiente para una cámara de este segmento, compuesto por modelos de bolsillo con aires de piezas de orfebrería.

Los colores, reales; la nitidez, aceptable (aunque el algoritmo de reducción de ruido es fácilmente visible), y el contraste y la saturación, adecuados. En suma, la DSC-L1 no nos privará de tomar capturas de buena calidad,

La sensibilidad del captador de la DSC-L1 es otro de sus puntos a favor. Como ya hemos comentado, el algoritmo de reducción de ruido resulta un tanto contraproducente, pero aun así bien podemos dedicar otra ovación al rendimiento de esta compacta en este sentido.

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Primero, por arrancar desde 100 ISO y quedarse a 400 ISO. Bien podría decirse que 400 ISO es una limitación, es cierto, pero en este caso consideramos un acierto por parte de Sony no haber forzado las posibilidades de la máquina dejando la cámara con un nivel de ruido muy aceptable en todas las sensibilidades.

El balance de blancos, por su parte, es correcto. El modo automático, eso sí, cojea un poco si se utiliza con fuentes de luz fluorescentes, pero en conjunto podemos afirmar que la DSC-L1 disfruta de un buen sistema de balance de blancos.

La modalidad de grabación de vídeo, por otro lado, no pasará a la historia. Cierto es que graba clips de 640 x 480 píxeles y a 30 fps, limitados únicamente por la capacidad de la tarjeta, pero su calidad es cuestionable. La calidad del audio registrado, ello no obstante, resulta digna de mención.

Una cámara "a dieta"

La batería de infolitio de la DSC-L1 se comporta sensacionalmente. Del tamaño de una tarjeta CompactFlash, en nuestras pruebas ha ofrecido un rendimiento reseñable, siendo necesarias únicamente dos o tres cargas durante dos semanas de uso frecuente.

Además, el habitáculo de la batería está colocado junto al zócalo de la tarjeta MemoryStick Duo, pero con un sistema de bloqueo que permite cambiar de soporte sin necesidad de desconectar la cámara. Un detalle que debería ser evidente, pero que algunos fabricantes pasan por alto.

Una máquina honesta

La Cybershot DSC-L1 es una cámara sencilla y con no demasiadas pretensiones. Esta vez, Sony ha preferido no forzar los límites y crear una máquina que sacrifica un voluptuoso dossier de especificaciones en pro de un nivel de calidad más que holgado para el usuario aficionado. Toda una rareza en el actual panorama fotográfico digital.

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TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra

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