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![]() Cyber-shot DSC-F828Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3264 x 2448 p. Objetivo (35 mm): 28,0-200,0mm Zoom: 7,1x (óptico) / 2x (digital) En dos palabras Una completa máquina para el usuario avanzado que, no obstante, exhibe fallos imperdonables en un modelo de su categoría Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sony Cyber-shot DSC-F828 con nuestras 17 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
miércoles, 03 de marzo de 2004 Con ella, llegó el escándaloHace no demasiados meses parecía una cámara utópica. Ahora es, de la mano de Sony, una realidad. 8 megapíxeles, objetivo Carl-Zeiss de alta luminosidad, rango de sensibilidades desde 64 a 800 ISO, doble zócalo para tarjetas CompactFlash y MemoryStick, zapata para flash externo... Éstas eran algunas de las características que aparecían cuando alguien preguntaba: ¿Cuál es tu cámara ideal? Y estas son, precisamente, las credenciales de la Cyber-shot DSC-F828. Su anuncio en los medios especializados movilizó a los sumisos de la alta tecnología y generó decenas de comentarios en los círculos fotográficos. ¡8 megapíxeles! ¡No tiene fallos! Otros, por el contrario, se preguntaron: ¿En un sensor tan pequeño...? Y dieron en el clavo, porque es ahí donde está el fallo. Aunque recuerda vagamente a su predecesora, la célebre Sony DSC-F717, el nuevo modelo F828 va un paso más allá. Su diseño se ha replanteado. Luce muchas más protuberancias y nos hace olvidar el formato "tubería" de los modelos anteriores. Este nuevo cuerpo -negro, en vez del tradicional color plateado- está repleto de instrumentos, por lo que no queda lugar en él para las florituras.De hecho, el rótulo con el nombre de la cámara apenas si aparece. Sin ir más lejos, la máquina de Sony cuenta con la nada desdeñable cifra de 24 mandos y botones -sin contar los resortes de apertura de las portezuelas de las tarjetas. Una cifra que, ella sola, se basta para lanzar un primer aviso: novatos, tened precaución. Agárrame con garbo Dicen que las primeras impresiones son las acertadas. En el caso de la F828, la primera impresión es la de "tiene que se buena, por narices". Sin embargo, en el mundo de las cámaras digitales, las primeras impresiones duran unos diez segundos, lo que tardamos en coger los más de 900 gramos que pesa la cámara y encenderla. El primer fallo -menor, pero no por ello inexistente- lo tenemos en su diseño: a una persona con manos mayores que las de un liliputiense le faltará empuñadura. De hecho, a los orgullosos poseedores de manos de proporciones razonables, el dedo meñique les resbalará fuera de la zona de agarre, quedándose justo en la base; una posición, sin duda, bastante incómoda. Prosiguiendo con el estudio de su orografía, cabe decir que la nueva viuda negra de Sony presenta algunos puntos más a tener en cuenta. Los mandos de la zona superior, entre los que hay los de encendido y obturación y el dial de modos, son bastante accesibles sin tener que despegar el ojo del visor. Y lo mismo sucede con los botones de la parte superior del panel trasero: acceso al menú, bloqueado de la exposición, joystick de selección y dial secundario. Acceder al resto de mandos es -salvo en el caso del anillo del zoom y del enfoque- misión imposible, si pretendemos no dejar de mirar por el visor. Por fortuna, los mandos del panel trasero no son excesivamente relevantes, por lo que el impacto negativo en nuestras fotos si prescindimos de ellos será mínimo. Sin embargo, el resto de botones y selectores alojados en la parte izquierda del barrilete sí tiene un peso específico en el éxito de la toma. Estos botones son incómodos de accionar, ya que obligan a inclinar la cámara unos 45 grados, tanto hacia delante como hacia la derecha. En el mejor de los casos, al recurrir a ellos tendremos que optar por abandonar provisionalmente el control del zoom y del enfoque manual. La estructura física de la F828 sigue el esquema de los modelos anteriores. Esto es, un cuerpo -llamémosle- principal, y un objetivo basculante: hasta 70 grados hacia arriba y otros 30 hacia abajo. Incluye, además, un flash del tipo pop-up capaz de sincronizar con velocidades lentas. Por desgracia, este flash no está todo lo elevado que sería deseable, y al emplearlo junto a focales cortas la sombra del barrilete queda reflejada en la fotografía. 8 megapíxeles: me sobran 3 De todas las cualidades que presenta la F828, es sin duda su sensor de 8 megapíxeles el que más revuelo ha causado. Demasiados puntos en un sensor de 2/3 de pulgada. Si en el modelo F717, de 5 megapíxeles, los fotodiodos ya estaban demasiado apiñados, todo hacía pensar que el dicho "donde comen dos, comen tres" no podría extrapolarse con éxito a "donde caben cinco millones, caben ocho". Y así ha sido. El sensor de la nueva Sony es, a la vez, la punta de lanza de su ejército de prestaciones y su talón de Aquiles. Veamos. 3264 x 2448 píxeles es una resolución considerable; esto es indiscutible. El nivel de detalle obtenido gracias a las excelentes lentes Carl Zeiss T* es sensacional. Colores reales y fidelidad de alto nivel. Pero a baja sensibilidad. Y es que sobrepasar el valor de 200 ISO, en esta máquina, es una temeridad. Ya decíamos más arriba que tantos píxeles en tan poco espacio es garantía de riesgo. Sony apostó por los 8 megapíxeles y perdió. Con una buena luz -esto es, en exteriores y a plena luz del sol- la imagen es pasable. Pero sólo hace falta hacer una foto en condiciones poco favorables -interiores o zonas de sombra, por ejemplo- para comprobar que la F828 tiene un gravísimo problema con el ruido. Un problema que, aun siendo más que predecible, no ha sido solucionado por Sony. Por desgracia, este abundante y considerablemente molesto ruido no es el único problema óptico que presenta la nueva compacta de visor electrónico de Sony. En el capítulo de defectos ópticos, hay un nuevo epígrafe: aberración cromática. Quizás éste no sea un defecto tan criticado por el público menos experto, pero es que en la F828, más que un problema es una catástrofe. En todas las zonas de contraste, ahí donde un rayo de luz incide con un poco más de fuerza que el resto, justo ahí aparece un velo violeta. Es una auténtica lastima que una cámara llamada a marcar una época, como es la F828, la primera compacta del mercado en alcanzar los 8 megapíxeles, padezca dos defectos tan garrafales. Otra de las innovaciones que la F828 se ha traído bajo el brazo, es el nuevo filtro RGB+E. Esta invención de Sony ofrece los típicos filtros de color rojo, azul y verde, pero añade además un nuevo filtro esmeralda -de ahí la "E" de su denominación. Sony garantiza que este aditamento brinda una mayor fidelidad en la captación del color. En nuestras pruebas, valga decirlo, esta mejora ha pasado un poco inadvertida. La cara amable Pero del mismo modo que criticamos sus defectos, es de justicia ensalzar sus virtudes. Unas virtudes que no son, en absoluto, atributos menores. Para empezar, la F828 destaca por su poderoso objetivo equivalente a 28-200 mm, en paso universal, con unas máximas aberturas de f2-2.8, compuesto por lentes de alta calidad firmadas por la reputada Carl Zeiss. Como ya hemos destacado, la combinación del sensor y de estos nuevos cristales arroja una calidad y una definición excelentes. El zoom óptico se acciona suavemente mediante el tradicional anillo de las réflex de toda la vida, y se encuentra situado junto al anillo de enfoque manual. El zoom digital, por cierto, se activa mediante la pulsación de otro botón. La efectividad del zoom digital es netamente superior al de otras cámaras, y ofrece una doble modalidad de funcionamiento. En primer lugar, puede optarse por el zoom digital inteligente, o "smart zoom", un sistema que sólo funciona en resoluciones inferiores a la máxima, ya que utiliza la parte sobrante del CCD para magnificar la imagen. El zoom de precisión digital, por su parte, es tan solo un zoom digital estándar. En el barril del zoom se encuentra el flash de tipo pop-up, que ofrece -además de las típicas funciones- la modalidad de disparo con sincronización lenta. Justo tras él se encuentra una zapata para conectar un flash externo. El visor, tras la zapata, es de tipo electrónico y refleja exactamente las mismas indicaciones que la pantalla TFT. Ofrece una alta calidad de imagen, con una velocidad de refresco en tiempo real, si bien sigue presentado unas molestas bandas de luz con iluminación cenital. Entre las funciones a las que se puede acceder mediante los menús de la pantalla TFT -o del visor electrónico- se encuentran las siguientes: control de la sensibilidad, de 64 a 800 ISO y automática, y selección del formato de grabación, a escoger entre JPEG, RAW y TIFF. El control del balance de blancos y la compensación de exposición, de hasta 2 EV hacia arriba o hacia abajo, se realizan mediante un par de botones independientes. En el capítulo de los mandos, la F828 incorpora el clásico dial de selección del modo de exposición. En este sentido, la cámara dispone de varias modalidades: desde la totalmente automática a una de manual, pasando por las prioridades a la obturación y a la abertura o las escenas preseleccionadas. Hay también la posibilidad de grabar películas con sonido en formato MPEG, con el único límite del espacio disponible en la tarjeta de memoria. Como colofón, la F828 hace ostentación de un par de reclamos para terminar de convencer a los indecisos: un modo de enfoque y captura nocturna, más curioso que efectivo, y un modo de disparo con enfoque macro de hasta 2 centímetros. El sistema de almacenamiento de la F828 es realmente curioso, máxime tratándose de una marca tan particular, en este sentido, como Sony. A la tradicional ranura para tarjetas MemoryStick, idiosincrásica de las cámaras Sony, a la F828 se le ha añadido otro zócalo para tarjetas CompactFlash del Tipo I y II, compatible al mismo tiempo con el formato Microdrive. El buffer de la cámara permite disparar ráfagas de hasta 7 fotogramas, a razón de 2,5 por segundo, con una velocidad de escritura destacable. Tan ingente cantidad de información se descarga al ordenador mediante un puerto USB 2.0, situado bajo el visor electrónico. En pocas palabras La Sony F828 llegó como una máquina rompedora dispuesta a comerse el mundo. Según parece, no obstante, ha terminado siendo el mundo el que se la ha comido a ella. Se mueve en un terreno demasiado espinoso. Dicho de otro modo, es demasiado cara y aparatosa para ser una compacta, con demasiadas limitaciones -sobre todo en el apartado de la sensibilidad- para competir con las nuevas réflex digitales. Pocos novatos estarán dispuestos a gastarse los más de mil euros que cuesta para no saber usar ni la mitad de sus funciones, del mismo modo que los usuarios avanzados no estarán dispuestos a invertir su dinero en una cámara que, a todas luces, no satisfará sus requisitos de calidad. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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