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A350

Características
Punt. usuarios: 4,89230769230769 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 14,20 MP
Tam. sensor: 23,60 x 15,80mm
Máx. res.: 4592 x 3056 p.
Factor: 1,50x
Pantalla: TFT de 2,70 pulgadas
En dos palabras
Un cuadro de especificaciones muy completo y un eficiente sistema de enfoque por Live View hacen de la A350 una interesante opción
Precios
Mejor precio: 525 €Ver precios
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Muestras
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sony A350 con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 15 de abril de 2008

Visión reforzada

Consolidada como una de las novedades más potentes en lo que va de año, la Sony A350 ha supuesto un pequeño vuelco en el segmento de las réflex digitales para aficionados. Aun estando un paso por debajo de la A700 en aspiraciones, sus 14 megapíxeles, la aparición -por fin- de la tecnología de previsualización y el nuevo mecanismo de enfoque por pantalla suponen un soplo de aire fresco para la todavía joven familia Alpha. Bien nutrida de prestaciones y armada con un atractivo LCD abatible, el exceso de plástico y alguna que otra carencia en el visor y la velocidad de disparo rebajan la nota de esta SLR.

Menos de dos años ha necesitado Sony para colarse en el selecto mercado de las réflex digitales con una oferta que, por lo menos en número, no hace sospechar su relativa juventud.

De hecho, con la llegada de las recientes A300 y A350, la multinacional ahora mismo mantiene nada menos que cuatro réflex digitales en su escaparate y promete un modelo de gama profesional que debería llegar antes de fin de año.

Pero, más allá de esta potente estrategia de asentamiento en el mercado y en las retinas de los consumidores, ¿qué aporta de nuevo esta A350 y cómo se sitúa ante la numerosa competencia?

Interruptores

El diseño, que ya no era el punto fuerte de la Sony A100 primogénita ni de su reciente sustituta, la A200, sigue sin ser uno de los aspectos más mimados en la A350. Y es que, si bien el agarre de la cámara no admite objeciones, el exceso de plástico en la construcción de su cuerpo le descubre una fragilidad que inspira poca confianza.

Aun así, no hay que olvidar que tanto por precio como por segmento no cabe esperar aleaciones de magnesio ni materiales resistentes a todo tipo de inclemencias. Tan sólo la renovada Pentax K200D podría marcar un punto y aparte a este respecto sin tener que aumentar el desembolso.

En la A350 echamos de menos lo mismo que en tantos otros modelos de este segmento. Haciendo una rápida enumeración, una segunda rueda de control, una luz de ayuda al enfoque y una compuerta un poco más decente para la tarjeta CompactFlash mejorarían notablemente su valoración en cuestión de ergonomía.

Además, Sony sigue empeñada en usar unas líneas de diseño un tanto rígidas y multiplicar la presencia de los interruptores a lo largo y ancho del cuerpo. Ahora ya no sólo se encargan de encender y apagar la cámara y el estabilizador, sino también de seleccionar el modo de previsualización de la imagen, a través del visor réflex o del monitor LCD.

Pantalla fina y móvil

Pero no todo son inconvenientes por lo que se refiere al diseño. La rueda de modos de generoso tamaño y cubierta rugosa y los accesos directos para la sensibilidad y las principales funciones a través de mandos independientes son bien acogidos.

Nos gusten más o menos la estética y distribución de sus menús, lo que es indiscutible es la extrema sencillez que ofrece la A350. Por medio tan sólo del menú de acceso rápido de la pantalla podemos controlar casi todos los parámetros de la exposición: balance de blancos, rango dinámico, medición, tipo de enfoque...

Únicamente se escapan de esta rápida y sencilla operación el estabilizador, que dispone de su propio mando en la parte posterior, y la selección del tamaño y formato de la imagen, escondidos -cómo no- en el ramaje del menú principal de la pantalla. Sin duda, hubiera sido mucho más práctico ubicarlos también en el menú de acceso rápido.

Pero la joya de esta A350 es obviamente su pantalla. Modesta en tamaño (2,7 pulgadas) y resolución (230.000 puntos; nada que ver con la A700), su abatibilidad es un órdago a la competencia. Cierto que la Panasonic Lumix DMC-L10 y la Olympus E-3 lucen pantallas con una mayor movilidad, pero su precio también está bastante por encima.

Sorprende gratamente la delgadez de este monitor. Y es que resulta imposible no comparar la A350 con aquella Olympus E-330 que en su día también apostó por una pantalla similar pero notablemente más gruesa.

Nos preguntamos, eso sí, si el cable plano de conexión entre el cuerpo y la pantalla, que queda a la vista al moverla, será capaz de soportar un trato no muy cuidadoso. Por ahora, habrá que quedarse con la duda.

Juego de espejos

La pantalla integrada en las A350 y A300 -de hecho, en ambos modelos es idéntica excepto en la resolución- no es una concesión gratuita al diseño ni un intento de distinción respecto a la competencia. Muy al contrario, supone la guinda para el nuevo sistema de previsualización propuesto por Sony y denominado Quick AF Live View.

Cierto que la firma japonesa no ha sido muy ágil a la hora de subirse al tren del Live View, dejando ahora la A700 en una posición no muy cómoda. Aun así, lo que está claro es que se ha sacado de la manga el mecanismo más práctico y cómodo para encuadrar y enfocar a través de la pantalla.

Ni movimiento de espejo ni enfoque por contraste. Tras haber probado las propuestas de otros fabricantes en ambas modalidades, nos quedamos con el enfoque a través del Live View de Sony.

La idea es bastante sencilla, y de hecho ya fue en parte aplicada por la citada E-330 de Olympus. Un segundo sensor de pequeño tamaño y escasa resolución se encarga de alimentar la previsualización y evita en todo momento que ésta afecte los mecanismos normales de enfoque y disparo del espejo réflex y del CCD principal.

OVF o Live View

Para cambiar del visor tradicional (OVF) al Live View basta un simple -aunque ruidoso- movimiento del espejo situado en la zona superior de la cámara, que desvía la luz del visor hacia el sensor secundario.

Las ventajas son evidentes, tanto por la comodidad a la hora de enfocar a través de la pantalla como por la posibilidad de aprovechar la agilidad de disparo que consigue así la cámara, siempre resentida como es sabido en los sistemas en los que el espejo réflex está levantado para permitir la previsualización.

Consciente de que este sistema es uno de los argumentos más rupturistas de la cámara, Sony se permite incluso dedicar un botón exclusivamente a activar el zoom sobre la imagen que estamos encuadrando en la pantalla.

¿Útil? Sí, pero esta exclusividad resulta un tanto excesiva, teniendo en cuenta que este mismo botón podría dedicarse perfectamente a otras tareas -acceso directo al tipo de archivo, por ejemplo- cuando no se esté utilizando el Live View.

Otra consecuencia de este mecanismo de enfoque es que, a diferencia del resto de las marcas, que han mudado a la tecnología CMOS para poder disponer de Live View (a día de hoy, son los únicos sensores capaces de ofrecer previsualización en directo), Sony ha podido seguir fiel a los captores de tipo CCD.

Algo de lo que, a la vista de los resultados ofrecidos por la A350 al emplear sensibilidades altas y comparándolos con los de la A700, no estamos del todo convencidos sea una buena noticia.

Sin embargo, no todo son aplausos para el ingenioso Live View de la A350 y su hermana pequeña, la A300. Como decíamos, el uso de un pequeño sensor secundario es la clave del sistema, pero también el responsable de dos de sus principales limitaciones cuando trabajamos en ambientes sin suficiente luz: la lentitud del refresco de la imagen y la aparición de abundante ruido en pantalla.

Si decidimos ignorar el LCD y apostar por el encuadre tradicional, nos encontramos con un visor demasiado pequeño y poco luminoso. Cierto que se trata de una cámara relativamente asequible y sencilla, pero la marca debería cuidar más este tipo de prestaciones para no relegar sus nuevas SLR a un puesto secundario.

Con una cobertura del 95%, en línea con lo que suele verse en este sector, lo que más nos preocupa del enfoque es que esta cifra se reduzca hasta el 90% si se encuadra a través de la pantalla.

Hay que reconocer que el sensor situado debajo del visor, que sirve para desconectar la pantalla -también utilizada como menú de funciones- y sobre todo para activar el enfoque automático nada más acercar el ojo, nos sigue pareciendo una brillante idea.

Atención, eso sí, si llevamos la cámara colgada: el movimiento puede ir activando insistentemente el autofoco, con el consiguiente gasto de batería.

14 megapíxeles

La resolución es otro de los apartados en los que esta SLR de Sony pretende marcar distancias. De hecho, gracias a su CCD de 14 megapíxeles, se convierte en la única en ir más allá de los 10 ó 12 que ofrecen la mayoría de los modelos de precio similar. Habría que ir a buscar una Pentax K20D para alcanzar a día de hoy estos 14 millones de puntos.

El aumento de la resolución, sin embargo, no llega acompañado de ningún cambio en las dimensiones del CCD. Sony se mantiene fiel al tamaño APS-C y al correspondiente factor de multiplicación de 1,5x.

No sale fuera de lo previsto afirmar que la calidad de imagen que ofrece esta cámara es muy buena, pese a que el ruido aparece a partir de 800 ISO con una intensidad mayor que el de la A700. El procesamiento y el sistema de reducción de ruido también atacan el detalle y la nitidez de la imagen si nos atrevemos con 1600 y 3200 ISO.

Como se puede apreciar en las muestras publicadas, la nitidez está un poco por debajo de lo deseable en algunas situaciones, incluso sin abusar de la sensibilidad. Un aspecto en el que el objetivo Sony SAL 18-70 mm f3.5-5.6 DT que forma kit con la cámara -y que hemos utilizado para esta prueba- tiene mucho que ver.

Y es que esos 14 megapíxeles parecen quedar un tanto constreñidos por las limitaciones de una óptica sencilla que, no obstante, había demostrado mayor soltura al lidiar con los 10 megapíxeles de la A100 e incluso los 12 de la A700.

¿Soluciones? Que el usuario aumente su inversión haciéndose con una buena óptica (aun cuando es poco probable que el comprador de una A350 vaya a gastarse más en un objetivo Carl Zeiss que en el propio cuerpo de la cámara), que Sony se plantee ofrecer con esta cámara un objetivo de gama superior o bien cuestionarse simplemente si son necesarios esos 14 millones de puntos en lugar de los 10 que ofrece la A300, idéntica a ella por lo demás.

Enfoque y estabilización

La A350 cuenta con un sistema de enfoque de 9 puntos que, aun estando por debajo de los 11 que ofrece la A700, se sitúa a la altura de modelos como la Canon EOS 450D y por encima de los 3 puntos que ofrece -por ejemplo- la reciente Olympus E-420.

La velocidad de enfoque no es uno de los aspectos fuertes de la cámara, máxime si empleamos el citado zoom de 18-70 milímetros. Aun así, el rendimiento del sistema no desentona con la media del segmento, y en cualquier caso se ve compensado por el excelente enfoque a través del Live View que ya hemos comentado.

Destinada al fotógrafo aficionado, los 2,5 fotogramas por segundo de la A350 son suficientes para la mayoría de los usuarios, pero se quedan un poco cortos en comparación con otros modelos de precio similar, más aún si tenemos en cuenta que esta cadencia se reduce a sólo 2 fotogramas por segundo al trabajar con Live View.

Si bien es verdad que en JPEG el disparo en ráfaga no tiene otra limitación que la capacidad de la tarjeta (6 imágenes consecutivas es el límite en RAW y 3 si se dispara simultáneamente en JPEG y RAW), esta velocidad de disparo, unida al sonido un tanto quejumbroso del espejo, no acaba de convencernos.

Las buenas noticias llegan como siempre de la mano de la estabilización mecánica Super SteadyShot. Según las pruebas realizadas, es posible obtener imágenes libres de trepidación unos 3 pasos por debajo de la velocidad de disparo habitual. Y, por supuesto, la estabilización es aplicable a todos los objetivos.

Tampoco faltan prestaciones ya comunes a todas las réflex de Sony, como el sistema de limpieza automática del sensor y la optimización del rango dinámico (DRO). A la vista de los resultados, la verdad es que seguimos teniendo nuestras dudas sobre la utilidad real de esta función en la inmensa mayoría de las situaciones.

El rendimiento del balance de blancos no escapa a la monotonía imperante: perfecto con luces naturales, y con carencias evidentes al afrontar los automatismos para luces fluorescentes y de tungsteno.

Respecto a la autonomía, abusando de la previsualización Live View y con el estabilizador activado en todo momento, ha sido posible prolongar la vida de la batería hasta más allá de los 400 disparos.

El tiempo de reciclaje del pequeño flash del cuerpo, eso sí, resulta un tanto excesivo, pero hay que decir a su favor que permite controlar de forma inalámbrica otras unidades externas.

¿A350 o A300?

Pese a las carencias mencionadas, no cabe ninguna duda de que la Sony A350 cumple todos los requisitos para ser una herramienta excepcional para el usuario aficionado. Además de una hoja de prestaciones muy completa, la pantalla basculante y el nuevo sistema de enfoque a través de la previsualización -el mejor de su clase, por el momento- la convierten en una apetecible rareza en el escaparate actual.

Ni su construcción ni su velocidad ni su gestión del ruido con altas sensibilidades son las mejores del segmento. En cambio, ofrece una extraordinaria facilidad de manejo gracias a su nuevo Quick AF Live View.

Tampoco hay que pasar por alto que el cuerpo de la A350 puede adquirirse por unos interesantes 700 euros. Aun así, hay que reconocer que compite en un sector en que la guerra de precios puede dejar en un segundo orden sus completas prestaciones.

Por un coste similar, es posible hacerse -sin ir más lejos- con una Pentax K200D, cuya construcción es mucho mejor, o apostar por la Canon EOS 450D, que ya apunta a convertirse en el próximo éxito de ventas de esta firma.

O incluso si estamos dispuestos a renunciar a las últimas virguerías introducidas por Sony en este modelo, la Olympus E-510 luce ahora mismo un precio muy tentador.

Es, como siempre, una cuestión de preferencias. Puede que sus 14 megapíxeles sean un acicate para algunos usuarios, pero hay que tener en cuenta que para sacarles todo el partido es necesario invertir más allá de la sencilla óptica de serie.

Precisamente por eso, la mejor pregunta que el futuro comprador convendría que se formulara es si no sería mejor conformarse con los 10 megapíxeles de la A300: idénticas prestaciones y unos 100 euros de ahorro para invertir en un objetivo o una buena bolsa de transporte.

TEXTO: Eduardo Parra e Iker Morán
FOTOS: Álvaro Méndez

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