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![]() A200Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 23,60 x 15,80 mm Máx. res.: 3872 x 2592 p. Factor: 1,50x Pantalla: TFT de 2,70 pulgadas En dos palabras Sencilla pero muy completa, la A200 es la vía más asequible para dar el salto al mundo de las réflex digitales Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sony A200 con nuestras 42 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 09 de septiembre de 2008 Fotografía réflex a precio de saldoCon una lista de novedades respecto a su predecesora bastante escueta, la A200 de Sony es uno de los ejemplos más evidentes de que el presupuesto es una excusa cada vez menos válida para dejar de atreverse a dar el salto al mundo de las réflex. 10 megapíxeles, estabilizador integrado en el cuerpo y una lista de prestaciones muy completa hacen de la más pequeña de las Alpha una de las opciones más asequibles e interesantes de este segmento. Sólo la sencillísima óptica incluida de serie, la falta de Live View o la dura competencia en este campo -incluidas sus hermanas mayores, que por unos pocos euros más suman nuevas funciones- pueden generar alguna duda al ver la A200 al otro lado del escaparate. Descubrir que el cuerpo de la Sony A200 puede conseguirse -en el momento de escribir estas líneas- por apenas 400 euros con el sencillo zoom de 18-70 milímetros obliga a replantear en gran medida el acercamiento tradicional a una réflex digital, que sitúa el factor económico en un primer plano.Así, si la siempre controvertida relación calidad-precio es un elemento fundamental a la hora de dar el salto a una SLR, esta Sony parte con una decisiva ventaja frente a la numerosa competencia. Cuestiones económicas al margen, la verdad es que la Sony A200 aporta escasas novedades a lo visto en la primogénita A100. Con el mismo CCD de 10 megapíxeles utilizado en su momento, los sutiles cambios estéticos llegan acompañados de un sistema de enfoque teóricamente mejorado, de una nueva pantalla y de unos menús remozados. A falta de novedades espectaculares en el cuerpo de la cámara, hemos aprovechado las semanas de convivencia con la A200 para ir un paso más allá de la óptica estándar (el sencillo Sony SAL 18-70 mm f3.5-5.6 DT) y probar el polivalente zoom de 16-105 milímetros. Una opción que, como veremos, obliga a elevar notablemente el presupuesto, pero puede convertirse en una interesante receta para quienes busquen un equipo válido para casi todos los registros que afronta el usuario aficionado. Plástico Sin variar mucho el diseño de su predecesora, la A200 luce unas dimensiones bastante comedidas y equilibradas, aunque algo grandes si se comparan con las de otros cuerpos que se han sumado a la moda de las réflex diminutas y extremadamente ligeras. Su totalmente plástica construcción no parece suponer -entre las manos- un problema para su consistencia. Con todo, su acabado liso y su textura no acaban de convencernos, ya que transmiten cierta sensación de cámara de juguete. Lo mismo le ocurre con los mandos a esta A200, que como sus hermanas mayores, sigue teniendo en este punto una de sus asignaturas pendientes. Así, el interruptor de encendido resulta demasiado tosco, al igual que el mando encargado de activar la estabilización. Mejor se plantean las cosas en el dial posterior, aunque puestos a repasar los mandos, la ausencia de una segunda rueda de control -casi nadie la ofrece en este segmento, es cierto-, y sobre todo el diminuto tamaño de la única disponible, hacen que la botonería no sea el más logrado de los argumentos de esta cámara. A través del visor A falta de previsualización Live View, es una agradable sorpresa descubrir que, con una cobertura del 95%, el tamaño del LCD es más que aceptable para esta categoría de cámaras. Resulta interesante y cómodo -como siempre- el sensor que se encarga de desactivar la pantalla, y si así lo deseamos, de activar el enfoque automático. Atención en este último caso, puesto que al llevar la cámara colgada, cualquier movimiento puede hacer que el enfoque automático esté continuamente activado, con el consiguiente gasto de batería. La información disponible en pantalla no es, por otro lado, muy deslumbrante, puesto que se siguen echando en falta los datos del balance de blancos y la sensibilidad, que sólo aparecen cuando se está cambiando el ajuste. La falta de previsualización en pantalla, que a priori constituye una de las principales carencias de la cámara, obliga a alzar un poco la vista y contemplar el catálogo de Sony en su totalidad. La segmentación que la firma ha introducido permite que por menos de 100 euros sea posible dar el salto a la A300 y sumar a las funciones de la A200 el Live View y una interesante pantalla abatible. Así que, pasando por alto la estéril discusión sobre si esta función es o no imprescindible, queda en manos del usuario decidir si la necesita o no y si merece la pena estirar un poco el presupuesto. Tal vez una óptica un poco mejor que la que conforma el kit sea, para muchos, una mejor idea. Saltos al margen, la pantalla de la A200 se encarga de gestionar la mayoría de los ajustes de la cámara a través de un nuevo sistema de menús idéntico a los vistos en las A300 y A350. Bastante sencillos e intuitivos -tras el lógico periodo de adaptación-, la tecla "Fn" permite acceder rápidamente a los controles más habituales, de los que incomprensiblemente se ha excluido el tamaño y formato de la imagen. Enfoque estabilizado Además del precio, otro de los grandes alicientes de la A200 es su sistema de estabilización integrado en el cuerpo, compatible con todas las ópticas acoplables a la montura de la cámara. Según las pruebas realizadas, su rendimiento otorga al usuario una ventaja de entre 2 y 3 pasos respecto a la velocidad de disparo habitual. Lejos, en consecuencia, del funcionamiento visto en algunos sistemas de estabilización ópticos, pero indudablemente una prestación insólita en esta franja de precios (la Olympus E-520 sería lo más cercano) y que ya estrenó su predecesora, la A100. El enfoque de 9 puntos también se sitúa por encima de lo habitual en este segmento, en el que abundan los sistemas automáticos muy básicos de sólo 3 puntos y en el que despuntan -por ejemplo- los 7 de la nueva EOS 1000D de Canon. Su funcionamiento también ha notado una cierta mejoría en lo que respecta a la velocidad y precisión. Con todo, tal y como ya se comentó al hablar de la A100, los problemas de enfoque se pueden achacar en la mayoría de las situaciones antes a la sencilla óptica Sony SAL 18-70 mm f3-5-5.6 DT con que forma el kit más económico que al propio sistema de la cámara. Mejor con el Sony de 16-105 milímetros Como colocar en el cuerpo de la cámara uno de los flamantes Carl Zeiss compatibles con el sistema Alpha y cuyo precio triplica el de esta A200 no parecía muy acorde con la realidad, decidimos apostar por una óptica más comedida pero igualmente interesante como alternativa a este sencillo zoom de 18-70 milímetros. Cierto que el reciente Sony SAL 16-105 mm f3.5-5.6 DT también se sale un poco de los presupuestos más austeros, pero como veremos, su equilibrio entre cobertura, rendimiento y precio puede suponer una opción interesante. Sobre todo para aquellos usuarios que quieran hacerse con un objetivo para todo -o casi todo- y que estén dispuestos a seguir ese sabio consejo que da tanta o más importancia a la óptica que al cuerpo de la cámara. Entre las manos, este 16-105 milímetros deja clara su superioridad frente al objetivo estándar. Robusto y bien construido, tanto el anillo del zoom como el del enfoque se muestran suaves y precisos en todo momento. La bayoneta metálica también es un detalle a tener en cuenta. Además de propiciar un enfoque algo más rápido y silencioso que el de 18-70 milímetros, también la calidad de imagen sale ganando. Como ocurre con este tipo de zooms tan amplios, adolece de algo de pérdida de nitidez y luz en los bordes de la imagen -sobre todo al forzar el angular- y padece alguna que otra aberración cromática en las focales extremas. Aun así, tanto en nitidez como en resolución y distorsión geométrica, este Sony de 16-105 milímetros no tiene ningún problema para dar un buen repaso al citado objetivo ofrecido de serie con esta réflex y situarse como una interesantísima opción para quienes busquen completar su A200 con un todoterreno de calidad. 10 megapíxeles sin cambios Sin cambios aparentes en el sensor CCD de 10 megapíxeles y tamaño APS-C, no cabe esperar muchas sorpresas de la A200 respecto al modelo anterior en lo que a calidad de imagen se refiere. También está presente, como en el resto de la gama SLR de Sony, un modesto sistema de limpieza que, tras varias semanas de uso, se ha mostrado bastante práctico, aunque no totalmente infalible para evitar o eliminar la suciedad del sensor. El conocido sistema DRO de optimización del rango dinámico también puede ser de ayuda para recabar algo más de información simultáneamente en luces y sombras. Como siempre, son estas últimas las que más salen ganando. Pero hay que reconocerle a la A200 unos buenos resultados en lo que respecta al control de las luces altas gracias a un correcto sistema de medición y a esta tecnología DRO. Su rendimiento admite, por tanto, pocas objeciones en líneas generales, y sólo cuando la iluminación se empieza a complicar o elevamos la sensibilidad, la A200 muestra algunas de sus debilidades frente a la competencia. Si bien el ruido está perfectamente controlado hasta 800 ISO e incluso 1600 ISO, si se combina con una iluminación más pobre aparecen rastros de crominancia y luminancia con más fuerza que lo visto, por ejemplo, en la EOS 1000D de Canon o la D60 de Nikon. Como suele ocurrir, activar el sistema de reducción de ruido no aporta demasiado, puesto que ésta se consigue a costa de eliminar parte del detalle y la nitidez de la imagen. Balance de blancos, asignatura pendiente La velocidad de disparo de 3 fotogramas por segundo se sitúa en la media de este segmento, pero lo cierto es que la A200 no es especialmente ágil ni en su puesta en marcha ni, sobre todo, a la hora de revisar las tomas tras haber realizado un disparo. En cualquier caso, más criticable es el pobre rendimiento del balance de blancos automático con luces artificiales de fluorescente y tungsteno. Si bien recurrir a los modos prefijados es la sencilla solución, convendría que estas cuestiones se cuidaran más en una cámara dirigida a los usuarios más noveles y probablemente más enganchados a los automatismos. El flash tampoco está entre los mejores argumentos de esta Sony. Su escasa elevación respecto al cuerpo produce, lógicamente, sombras si se usa un parasol o si se trabaja con focales angulares. Además, la ausencia de una luz de ayuda al enfoque obliga a este pequeño flash a ejercer esta función, con las consabidas molestias que ocasiona. Para acabar con un buen sabor de boca, nada mejor que comentar la excelente autonomía de la batería de la cámara, así como el práctico sistema Infolithium, que en todo momento nos permite conocer el porcentaje de batería restante. Competencia endogámica Llegados a este punto, siempre nos preguntamos si merece la pena la inversión en ésta u otra cámara. En el caso de la Sony A200, sin embargo, la duda casi ofende. Por menos de 400 euros es posible hacerse con un cuerpo réflex que, con algunas lógicas limitaciones pero con unas prestaciones y un rendimiento más que aceptables, ya hubieran querido para sí algunos profesionales hace no mucho tiempo. Y es que la relación calidad-precio es lo que, por ahora, convierte la A200 en una pequeña joya en su segmento, capaz de enfrentarse a la amplia competencia con el siempre potente argumento del precio. Cierto que hay modelos que se acercan, pero sin ir más lejos, el estabilizador integrado relega la D60 de Nikon y la E-420 de Olympus a un segundo lugar. El entusiasmo económico no oculta, sin embargo, una apariencia no demasiado lograda -plástico que parece plástico-, un rendimiento mejorable con altas sensibilidades o un balance de blancos bastante lamentable, entre otras insuficiencias. Aun así, si la A200 tiene un rival claro, éste reside en su mismo catálogo. Y es que el único motivo para pensárselo dos veces antes de decidirse por este modelo es comprobar que por apenas 100 euros más podemos conseguir una A300, que con su pantalla abatible y la previsualización en pantalla, completa los pocos huecos que la A200 ha dejado. TEXTO: Iker Morán FOTOS: Álvaro Méndez |
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