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A100

Características
Punt. usuarios: 4,50491803278689 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 10,20 MP
Tam. sensor: 23,60 x 15,80mm
Máx. res.: 3872 x 2592 p.
Factor: 1,50x
Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas
En dos palabras
La primera réflex de Sony deja un muy buen sabor de boca, con interesantes prestaciones y un notable rendimiento
Precios
Mejor precio: 379 €Ver precios
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Muestras
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sony A100 con nuestras 42 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 23 de octubre de 2006

Un primer paso por la puerta grande

La verdad es que Sony lo tenía fácil. Siendo como es el principal fabricante de sensores y tras haber heredado una notable tecnología fotográfica de Konica Minolta, cabía esperar que su primera réflex fuera cuando menos interesante. Y la Alpha A100 lo es. 10 megapíxeles, 1600 ISO, cuerpo estabilizado, sistema de limpieza integrada, buena calidad de imagen, poco peso… ¿Qué más se puede pedir? ¿Quizás un precio ajustado? Pues también lo tiene.

Ha estallado una nueva batalla en el mercado fotográfico digital. Cuando aún retumban los ecos de la guerra en torno a las cámaras compactas, los supervivientes se enzarzan ahora en una nueva contienda por el sector de las SLR de gama no profesional. Los primeros comandos de los nuevos aspirantes al podium del mercado empiezan a dejarse ver. Y entre ellos, se encuentra la Alpha A100.

La nueva réflex de Sony no sorprenderá por su aspecto. Como casi todas las SLR –con permiso de Olympus- el diseño está bastante trillado, y las innovaciones estéticas más o menos útiles se cuentan con los dedos de media mano.

La A100 no se sale del guión y se presenta como una máquina de estilo clásico, quizás con la parte de la bayoneta algo más prominente, muy ligera –ligerísima- y cómoda de usar. Eso sí, como en casi todas las réflex de este segmento, se echa de menos una empuñadura vertical.

Ergonómicamente, por tanto, no hay mucho que comentar. Con un agarre –aparte del manido problema del dedo meñique- bastante cómodo, la estructura de la A100 brinda un uso confortable, ajustándose a lo que podría denominarse convencional en una SLR. Fácil de sujetar y encarar, se hace necesario emplear ambas manos para utilizar algunos botones.

Un anillo para controlarlo todo

Una rueda, situada al lado izquierdo del pentaprisma, es la encargada de alojar casi todas las funciones de la cámara y hacer tangible el clásico menú de opciones.

Así, este mando permite seleccionar diversas variables, como el balance de blancos, la medición o el modo de enfoque. Basta hacer un giro y confirmar la selección con el botón encastrado en ella para que las opciones disponibles aparezcan en la pantalla. Al típico botón de acceso a los menús le quedan reservadas las opciones de configuración técnica de la cámara.

Aunque la opinión sobre la conveniencia o no de este mando es muy discutible, quizás la mayoría crean que el modo tradicional de navegar por los menús de la pantalla es más cómodo y sencillo. Ciertamente, el uso de la rueda implica más tiempo y es menos ágil que el uso de un botón y un pequeño joystick.

Como ocurre con otros modelos, en la A100 la pantalla no cumple únicamente la función de alojar los menús o reproducir las fotos capturadas. Al tratarse del único monitor disponible, también hace las veces de enorme proveedor de información, permitiendo ver un gran abanico de datos de un solo vistazo y cambiar fácilmente cualquier parámetro fotográfico que se requiera.

La calidad de este monitor TFT de 2,5 pulgadas y 230.000 puntos de resolución es realmente buena, con unos colores de gran realismo y destacable visibilidad. La pantalla hereda una prestación puramente Sony: el giro automático de la imagen en la pantalla si ésta ha sido disparada verticalmente, realizando la misma operación con los datos de disparo cuando empuñamos la cámara –también- verticalmente.

A nivel exterior, pocos aspectos más merecen ser destacados. Cabe mencionar, en cualquier caso, la inclusión de una bayoneta metálica ornamentada en color naranja –antaño el uso de metal o no en esta parte denotaba la calidad global de la cámara- con montura Sony, heredera y compatible con la absorbida Konica Minolta.

Pese a este reducto de metal, la práctica totalidad de la cámara hace del plástico su materia prima principal, tal y como lo certifican esos escasos 640 gramos de peso con la batería en su interior. Corona el cuerpo un flash de tipo pop-up de accionamiento manual –no tiene muelle-, que hace las veces de asistente al autofoco. La aportación de este último elemento, por cierto, es más molesta que útil.

El algodón no engaña

No hay que dejarse engañar por las apariencias. Más allá de cuerpos excesivamente plásticos o flashes de dudosa efectividad, la A100 cuenta con unas interioridades dignas del catálogo de Victoria’s Secret. Así, las entrañas de esta réflex ocultan no sólo un captor de más de 10 millones de píxeles, sino un sistema de estabilización en el cuerpo y otro de limpieza del sensor. Una forma contundente de asomarse a este segmento.

El funcionamiento del sistema de limpieza se basa, en esencia, en el mismo principio que el de la pionera Olympus y otras marcas, aunque con diferencias. Así, en el caso Sony el movimiento del sistema de estabilización se aprovecha para agitar el filtro situado delante del sensor, prescindiendo de la vibración por ultrasonidos propuesta por otras compañías.

Aunque también puede activarse de forma manual, el mecanismo reacciona automáticamente con el ciclo de apagado-encendido. Respecto a su eficacia, habría que decir que es aceptable, aunque sin ser infalible. Nos explicamos.

Aunque en QUESABESDE.COM no hemos querido tentar a la suerte y ensuciar de forma deliberada la cámara, un par de semanas de uso intenso cambiando objetivos sin muchos miramientos podrían haber derivado en la presencia de polvo en las tomas. En este sentido, a las pruebas nos remitimos: de polvo, ni rastro.

Sin embargo, desde el primer día de pruebas detectamos la presencia de lo que podría ser un pelo –o fibra similar- en la parte superior derecha de las instantáneas. El intruso sólo aparece al disparar al cielo con diafragmas cerrados –a f13 es fácil de ver-, pero ahí está.

Por tanto, parece que el sistema es capaz de enfrentarse con eficacia a las motas de polvo, pero no consigue solucionar el problema del todo cuando la suciedad es de mayor envergadura. Como decía el mayordomo de la tele: el algodón no engaña.

Dos o tres pasos de estabilización

El sistema de estabilización en el cuerpo, por su parte, tiene un funcionamiento más que satisfactorio. Contando sólo con las opciones “on” y “off”, la tecnología Super SteadyShot carece del modo activo que incorporan algunos objetivos para estabilizar con más eficacia los barridos o tomas desde –por ejemplo- un vehículo en movimiento.

Por otro lado, es innegable la ventaja que supone tener, sin desembolso añadido, estabilización mecánica en todos los objetivos colocados en la cámara.

El sistema proporciona aproximadamente uno o dos pasos extras -tal vez tres- a la hora de reducir la velocidad de disparo sin comprometer la nitidez de la imagen causada por trepidaciones involuntarias. De acuerdo a nuestra experiencia es, como decíamos, bastante efectivo.

En cualquier caso –y a falta de probar a fondo la nueva tecnología de estabilización de Pentax y más objetivos Cuatro Tercios con la tecnología Mega O.I.S. de Panasonic- seguimos confiando más en los sistemas de estabilización óptica de última generación implementados por Canon y especialmente Nikon en las ópticas. Puede que sea menos rentable, pero desde luego hoy por hoy parecen más efectivos.

Objetivos esenciales

Como en toda réflex que se precie, el rendimiento final de la cámara viene marcado por la óptica seleccionada. En este caso, Sony nos proporcionó la A100 con dos objetivos de gama baja, el 18-70 mm f3.5-5.6 y el 70-300 mm f4-5.6, que acompañan a la cámara en los kits más asequibles.

Contando con unas ópticas tan sencillas, no es de extrañar que no podamos hablar de un enfoque especialmente rápido o preciso.

Dotados de un módulo de enfoque que se activa al aproximar el ojo al visor, en condiciones de luz mínima el autofoco de ambos objetivos presenta algunos problemas. Del mismo modo, en enfoques continuos rápidos la cámara requiere algo de calma, y tras la espera no siempre acierta.

Al cambiar de primer a último término en el modo continuo, tampoco podemos hablar de una velocidad reseñable –aunque sí de precisión-, y el rendimiento a la hora de enfocar un objeto en movimiento tampoco es para tirar cohetes. Es decir, lo que esperábamos.

La cámara, por su parte, tampoco es especialmente rápida a la hora de disparar. La A100 permite realizar ráfagas de 3 disparos por segundo, aunque sin ningún límite mientras haya espacio libre en la tarjeta.

Esta prestación, sin duda muy interesante, está disponible sólo cuando disparamos en formato JPEG. Al realizar las capturas en RAW, la ráfaga queda limitada a 6 disparos, y se conforma con sólo 3 fotogramas si usamos el modo de grabación en RAW con copia simultánea en JPEG.

Barrera 10

Con un factor de multiplicación de 1,5x, el sensor de tamaño APS –de similares dimensiones a los empleados por Nikon o Fujifilm- ofrece una resolución de 10,2 megapíxeles. Esto se traduce en unas imágenes de 3872 x 2592 puntos que pueden grabarse en los formatos JPEG o RAW de 12 bits.

Tal y como ya comentábamos en nuestra primera toma de contacto con la A100, sorprende un poco el escaso surtido de dimensiones disponibles, limitadas a 10, 5,5 y 2,5 megapíxeles y sólo dos niveles de compresión. No habría estado mal un par más de combinaciones posibles, puesto que reducir la resolución a la mitad puede ser, en según qué casos, excesivo.

En lo referente a la sensibilidad y el ruido electrónico, la primera de las Alpha permite trabajar con una horquilla de 100 a 1600 ISO, con la posibilidad de recurrir a modos especiales de 80 ISO (para escenas en clave baja) y 200 ISO (en clave alta).

Con ciertas reservas sobre estos dos modos, que no estamos seguros de que un usuario aficionado –aficionado es el público al que Sony dirige esta cámara- les saque partido, el rendimiento de la A100 es más que satisfactorio al seleccionar velocidades ISO bajas y medias. A 800 ISO comienza a flaquear un poco –no mucho para tratarse de una réflex digital de gama media-, mientras que a 1600 ISO resulta –esta vez sí- bastante ruidosa.

Cuenta la A100 con un detalle curioso. Aparte de los modos especiales de sensibilidad –algo más de detalle sí que dan, pero no mucho-, la réflex cuenta con la opción DRO (Dynamic Range Optimizer) para controlar el rango dinámico.

Esta función permite seleccionar un modo normal y otro más intenso –aparte del apagado, claro está-, aunque está limitada a una serie de parámetros. Así, no funciona al disparar en RAW, ni tampoco cuando se emplean mediciones no matriciales o sensibilidades altas.

Esta función permite obtener más detalle en las sombras, y no cabe duda de que los más aficionados agradecerán que sus fotografías presuman de tonos más uniformes. Por desgracia, y aparte de las limitaciones ya mencionadas, el uso del modo más acusado repercute en la calidad de la imagen, lavándola cuando la parte brillante es algo intensa.

Una imagen, mil palabras

En lo que a imagen se refiere, ya hemos comentado las bondades de la A100. Con una calidad sobresaliente, esta réflex ofrece imágenes nítidas, con colores reales y gradaciones de tonos suaves y progresivas.

El sensor –primo hermano del que equipa la D200, suponemos- ofrece diversos modos de color y varias posibilidades a la hora de elegir el balance de blancos –como no podía ser de otro modo.

Sin embargo, quizás sea éste uno de los puntos de la A100 al que más pegas se le pueden poner. Pese al buen rendimiento en condiciones normales de luz blanca, son los modos de balance de blancos automáticos y para luz de tungsteno donde se percibe, especialmente, la falta de acierto a la hora de ajustar el color.

Por otro lado, destaca la presencia de tres preajustes disponibles para la luz fluorescente que garantizan una buena reproducción del color. La A100 también permite seleccionar manualmente la temperatura de color, y ofrece asimismo una opción de ajuste fino para atinar este parámetro tan difícil –a veces- de ajustar.

El flash de tipo pop-up, de activación puramente manual –no hay resorte que lo eleve- tiene una doble función. Por un lado, se utiliza la lámpara de destello como luz de ayuda al autofoco, activándola en modo estroboscópico antes de disparar. Sin duda alguna, esta opción de trabajo es altamente molesta –lo hemos comprobado con nuestras propias retinas- y bastante poco efectiva.

El funcionamiento del flash como tal es algo imprevisible, debido –entendemos- a una tecnología TTL especialmente poco fiable. Así, en nuestras pruebas de campo hemos constatado un rendimiento desigual en situaciones de iluminación muy pobre, ofreciendo sobre y subexposiciones aleatorias y sin motivo aparente.

La batería, por su parte, puede presumir de un buen rendimiento, con una autonomía de varios cientos de fotografías –recordemos que esta cámara estabiliza y limpia, y eso consume bastante- con una sola carga. El tiempo de recarga, además, está dentro de los límites tolerables.

Un fácil –y buen- primer paso

Aunque no tenía por qué ser difícil para Sony configurar una cámara réflex decente, nos alegra comprobar que, efectivamente, lo ha conseguido. Basándose en un cuerpo ya diseñado (el de la descatalogada Konica Minolta 5D), la compañía ha encauzado sus esfuerzos –y sus recursos- hacia la implementación de varias características muy atractivas, sin que ello eleve demasiado el precio.

Dispuesta a triunfar en el mercado y destinada a un público aficionado, la Alpha A100 es una cámara económica para lo que ofrece. Ni es ni pretende ser la más rápida o la más dura, pero logra un propósito básico para todo aficionado: fotos bonitas, fotos limpias, fotos estabilizadas y fotos baratas. Sony vuelve a ganar.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Iker Morán

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