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![]() SD10Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 20,70 x 13,80mm Máx. res.: 2268 x 1512 p. Factor: 1,70x Pantalla: TFT de 1,80 pulgadas En dos palabras La mala ergonomía y otras carencias inexplicables ensombrecen el potencial de su sensor Foveon X3 Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Sigma SD10 con nuestras 19 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 16 de noviembre de 2004 Un cuerpo que no está a la altura de las circunstancias"Zapatero, a tus zapatos", dice el dicho, y ello podría aplicarse a Sigma y su SD10, que tanta tinta ha hecho correr. Un sensor revolucionario con el sello de Foveon fue lo primero que hizo que el mundo volviera la mirada hacia esta máquina, sucesora de la SD9. Un sensor que, con un diseño de tres capas, es capaz de dar más definición y detalle que los CCD o CMOS convencionales. Sin embargo, los ingenieros de Sigma han demostrado no estar a la altura de las circunstancias. No solo no han aprovechado el potencial del Foveon X3, sino que lo han envuelto en un cuerpo que, en absoluto, está a la altura de lo que esta máquina puede ser capaz. Un elemento que a grandes rasgos y a simple primera vista permite distinguir a una réflex profesional de otra para aficionados es la presencia de un flash de tipo pop-up sobre el pentaprisma. La Sigma SD10 no lo tiene y, por tanto, vamos a suponer que esta cámara no es para aficionados. Tengamos esto en cuenta a la hora de leer y valorar las líneas que siguen.No sabemos si la SD10 dejará buenos o malos recuerdos a sus afortunados -o no- poseedores, pero seguro que no dejará a nadie indiferente. No es una cámara al uso. Su aspecto es ciertamente imponente y rezuma profesionalidad, la mires por donde la mires. Pero también suelta ese inconfundible olor de las cosas por terminar o acabar de pulir. La primera impresión es que la SD10 puede ser capaz de todo o de nada. La primera impresión es la que queda Igual que pasa cuando elegimos pareja, coche o teléfono, a la hora de valorar una cámara, la primera impresión es, con frecuencia, la que cuenta. Cuando llegó a nuestras manos la Sigma SD10, la primera impresión no pudo ser más negativa. El cuerpo de esta réflex es extrañamente más grande de lo habitual. La parte inferior, gran responsable de su enorme tamaño, sirve de alojamiento para el sistema de alimentación, compuesto en este caso por cuatro pilas de formato AA. Su autonomía, por cierto, es ajustada, aunque por debajo de otros modelos como la Nikon D100 o la Canon EOS 10D. No cuenta con disparador vertical ni -evidentemente- empuñadura, elementos ambos que podrían haber justificado tan generosas dimensiones, pero que en este caso se convierten en la primera de una larga lista de carencias y defectos. El agarre es, como nos temimos cuando vimos el modelo de cerca, un poco incómodo. De hecho, la disposición de algunos de sus mandos y botones es del todo inadecuada. Sin ir más lejos citaremos el dial de velocidades de obturación, curiosamente serigrafiado con las palabras "Fast" y "Slow", como si de una cámara de juguete se tratase. Está literalmente pegado al lado derecho del pentaprisma, de tal forma que solo la mano de un jugador de baloncesto puede accionarlo sin que ello comporte separar el ojo del visor. Algo parecido ocurre con el otro dial, colocado por delante de la pequeña pantalla de cristal líquido. En este caso, no obstante, el mando es mucho más accesible. La SD10 cuenta con una montura para objetivos Sigma*. La bayoneta, metálica, no ofrece resistencia a la colocación de los objetivos ni presenta holguras destacables. Sí es reseñable la presencia de un filtro antipolvo justo detrás de ésta. Se trata de una fina lámina de cristal que evita que cualquier partícula se cuele en el sensor y que se asemeja a otras montadas en los primeros cuerpos de Kodak basados en máquinas de Canon; unas láminas, estas últimas, que se rompían fácilmente con cualquier cambio rápido de objetivos. Afortunadamente, en las pruebas realizadas con la SD10 la lámina no pareció peligrar en ningún momento. La pantalla, fija, es de 1,8 pulgadas y cuenta con una resolución de 130.000 píxeles. Su calidad es bastante pobre, con una pésima definición cuando se amplían las imágenes. Los colores que reproduce son del todo irreales y al hacer zoom en una toma guardada ésta se pixeliza rápidamente. Obviamente, la pantalla de la SD10 nos permite navegar por el menú de opciones. Decimos "menú", en singular, puesto que la SD10 cuenta con una pequeña cantidad de opciones, algo bastante inusual en el mundo digital, donde lo que sobra son parámetros a modificar. Así, los menús se reducen a un par de opciones de idioma y fecha, y a algunos modos de trabajo. Es cierto que en algunas ocasiones nos hemos quejado de los menús, de su exceso o difícil manejo, pero la escasez de parámetros de la SD10 es, cuando menos, reseñable. El corazón del armatoste Adentrémonos ahora en el tema potencialmente más espinoso: el sensor. Como bien saben los más aficionados, el de la SD10 es un Foveon X3 de 3 megapíxeles, capaz de generar imágenes de hasta 2268 x 1512 puntos. Su resolución teórica, sin embargo, ronda los 10 megapíxeles, puesto que utiliza tres capas sensibles para distintas longitudes de onda: luz roja, verde y azul. Sobre el papel, esta tecnología ofrece una gran definición y un mayor rango dinámico; en definitiva, un mayor rendimiento que los sensores convencionales. Desgraciadamente, las pruebas que hemos efectuado no corroboran del todo la parte teórica. En varias de las tomas realizadas, hemos constatado un cierto falseo de los colores y una palpable ausencia de nitidez. Las fotografías únicamente pueden grabarse en la cámara en formato RAW, para luego convertirlas a JPEG utilizando el software suministrado por Sigma. Es curioso que una cámara, sea o no profesional, no permita la grabación de sus tomas en el formato de imagen más universal que existe, el JPEG. Una peculiar característica que limita el uso de la SD10, ya que las fotos no pueden comprimirse rápidamente para mandar por correo electrónico, y es dudoso que en cualquier cibercafé nos permitan instalar nuestro propio software. No nos engañemos: el formato RAW debería ser casi obligatorio en el mundo digital, pero también debería serlo -si no lo es ya- el JPEG. A nivel de sensibilidades, la SD10 dispone de un rango de 100 a 800 ISO, además de un tope de 1600 ISO al que Sigma denomina "Modo extendido". El nivel de ruido es bastante bajo y sigue la pauta del resto de máquinas SLR digitales del mercado, sin despuntar. El balance de blancos, por su parte, funciona con bastante efectividad. No obstante, en ciertas condiciones, no es del todo correcto. Es el caso, por ejemplo, de las temperaturas de color cercanas a los 3200 grados Kelvin. Cabe destacar, eso sí, la ausencia de moiré en todas las circunstancias, algo de lo que Foveon siempre ha presumido y que aquí podemos confirmar. Como también hemos podido constatar una aparente ausencia de nitidez en las tomas. De hecho, en algunos casos ésta es tan acentuada que da la sensación de que la toma está mal enfocada. Cuestión de práctica o no, lo cierto es que casi todas las capturas de muestra que ilustran este análisis han tenido que pasar por el quirófano (léase el software de procesamiento RAW de Sigma) para la correspondiente corrección de nitidez. X3 Fill Light, y la luz se hizo El software, responsable asimismo de convertir los archivos RAW en JPEG, permite modificar varios parámetros de las capturas, desde la nitidez hasta la corrección de luz. Una de sus más publicitadas prestaciones es la denominada corrección X3 Fill Light, algo así como una herramienta de trabajo para modelar la luz de relleno. Según Sigma, la tecnología X3 Fill Light permite corregir por separado las luces altas de las bajas. Tras las pruebas realizadas, no cabe duda de que su rendimiento es del todo acertado. Pero el hecho es que la última versión de Adobe Photoshop, la CS, alcanza esta meta con la misma efectividad aparente que el software de Sigma, pero con cualquier tipo de archivo de imagen generado por cualquier tipo de sensor. Retomando la parte física de la SD10, cabe comentar que utiliza tarjetas CompactFlash para el almacenamiento de las imágenes, que pueden descargarse al ordenador mediante una conexión Firewire o USB 1.1 (es una pena que no disponga de USB 2.0). También incorpora una zapata para la conexión de unidades de flash externo. Zapatero, a tus zapatos, decíamos en las primeras líneas, y ahora nos reafirmamos. A pesar de su innovador sensor de imagen, la SD10 no es -ni por asomo- la mejor creación de Sigma hasta la fecha. La firma nipona ha demostrado que lo suyo son los objetivos. * Las pruebas de la SD10 se han realizado con un objetivo Sigma 18-50 mm f3,5-5,6 DC. TEXTO: Eduardo Parra FOTOS: Núria Aguadé |
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