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R8

Características
Punt. usuarios: 4,4 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: CCD de 10,00 MP
Máx. res.: 3648 x 2736 p.
Objetivo (35 mm): 28,0-200,0mm
Zoom: 7,1x (óptico) / 4,8x (digital)
En dos palabras
Con un diseño clásico y el ya conocido zoom de 28-200 mm, la R8 sigue exhibiendo las mismas virtudes y los mismos defectos de la R7
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Análisis
miércoles, 02 de julio de 2008

El recurso de lo clásico

Necesitara o no un relevo tras poco más de medio año en el escaparate -al mercado esto no suele importarle demasiado-, la Caplio R7 de Ricoh se ha visto reemplazada por la R8. Equipada con el ya conocido zoom estabilizado de 28-200 milímetros y un nuevo sensor de 10 megapíxeles, la joven compacta de Ricoh se somete a un rediseño para convencer al público más exquisito. Se acabaron las florituras brillantes, los modos de trabajo más rimbombantes y las triquiñuelas del marketing. La R8 vende un diseño -clásico- que entraña un corazón digital de última tecnología. Tras la nueva carcasa se encuentran buena parte de los aciertos y los fallos de la anterior generación, pero los ansiados controles manuales y el formato RAW siguen sin aparecer por ninguna parte.

Si bien en el mundo de la fotografía hay pocas verdades irrefutables, se han instalado ciertas afirmaciones que, a base de repetirse, han llegado a calar.

Están los que dicen que los artistas han de llevar una cámara Leica, aquéllos que opinan que para ser profesional se tiene que usar una réflex y quienes declaran que tirar más fotos en formato digital que con carrete es síntoma de mal fotógrafo. Son opiniones -más o menos cuestionables- a las que sumar una más: si es cuadrada y sosa por fuera, es buena por dentro.

La Ricoh R8 podría englobarse perfectamente bajo este último epígrafe. Consciente del relativo éxito de las GR y las GX, la compañía ha decidido trasladar su particular estética clásica a la saga R.

Primer fruto de esta estrategia, y pese a que habrá opiniones para todos los gustos, cualquier atisbo de originalidad como el que representa esta R8 en un escaparate repleto de clones se agradece.

Diseño agradable

Salta a la vista desde el primer momento que esta Ricoh se aleja del diseño efectista que tanto triunfa últimamente. Frente a las curvas, los plateados y los colorines, la R8 apuesta por el ángulo recto y el sobrio negro. Muchos dirán que no es ninguna belleza, pero es indudable que tiene cierto encanto clásico.

La contundencia de sus formas recuerda -si se nos permite una comparación ajena al sector- a esos Volvo de antaño: cuadrados, pero invulnerables.

Lo que está claro es que, como dijimos hace ya tiempo al conocer un joven prototipo de la R8, si el objetivo era trasmitir cierta sensación de exclusividad y distinción -por unos 300 euros, no lo olvidemos-, se ha conseguido.

Su ergonomía está bien lograda. Encaja bastante bien en la mano, y tiene un tamaño lo suficientemente grande para poder agarrarla sin complejos y lo bastante pequeño para no volverse un objeto pesado e incómodo.

El funcionamiento no esconde, en realidad, ningún secreto: los menús son sencillos -aunque al principio cueste asimilar su dinámica- y los botones están repartidos con mucha lógica. Salvo el mando de la compensación de la exposición, que ya criticamos en su momento, el resto de los ajustes pueden cambiarse con relativa agilidad, gracias en parte al multiselector trasero.

Sin ajustes manuales

Con todo, tampoco hay muchos parámetros que tocar. Y es que, desgraciadamente, la R8 sigue sin ofrecer los controles manuales que desde hace años venimos reclamando para esta familia.

Una lástima que no se decida, de una vez por todas, adornar la excelente cobertura óptica de esta interesante compacta con mayores posibilidades manuales. Sin duda, una combinación que muchos usuarios avanzados buscan.

¿El motivo de esta empecinada restricción? No hace falta echarle demasiada imaginación para deducir que la razón puede ser tan sencilla e incontestable como que quien quiera ajustes manuales y formato RAW ya tiene las Ricoh GR y GX.

La pantalla, por su parte, es una de las novedades más destacadas en este modelo. Con una diagonal de 2,7 pulgadas y sin el molesto efecto espejo aun cuando trabajemos a pleno sol, la resolución alcanza ahora los 460.000 puntos.

¿Se aprecia este incremento que duplica los 230.000 píxeles usados habitualmente? Mucho, sobre todo al revisar -y ampliar- las tomas guardadas. Los colores y la nitidez son excelentes, así como el refresco, que se resiente únicamente al escasear la luz ambiente.

En el interior encontramos un nuevo CCD de 10 megapíxeles, que evoluciona respecto al empleado en modelos anteriores para generar ahora imágenes de hasta 3648 x 2432 puntos.

Lo que no cambia es la ausencia de formato RAW ni el pobre rendimiento de la cámara con sensibilidades medias y altas. Así, a partir de 400 ISO, no sólo empieza el ruido a dejarse notar -en sombras incluso se manifiesta con 200 ISO-, sino que también la nitidez de la imagen se ve atacada.

Unos resultados que no por previsibles dejan de ser un tanto decepcionantes. Más aún si los comparamos con los vistos en generaciones anteriores y comprobamos que la evolución es mínima. La buena noticia -el que no se consuela es porque no quiere- es que, jugando ahora con 2 megapíxeles más, el ruido no ha empeorado.

Mejoras mínimas

Estos resultados en el ámbito del ruido dan una idea general de lo que la R8 aporta al catálogo de la marca: cambios estéticos muy interesantes, pero mejoras mínimas en cuanto al rendimiento.

Así, la nitidez es correcta, pero algo justa tan pronto como subimos la sensibilidad. Los colores y los degradados tampoco presentan por su parte mayores problemas. El balance de blancos, por su parte, también aprueba el examen y sólo nos topamos con alguna ligera dominante al recurrir al automatismo para luz de tungsteno. Pero nada especialmente grave.

De vuelta a la superficie, la R8 sigue haciendo de su zoom estabilizado de 28-200 milímetros la pieza maestra del conjunto. Varias generaciones de este modelo no han conseguido desplazar, afortunadamente, su protagonismo.

El aspecto negativo es que esta ausencia de cambios también implica, lógicamente, la falta de mejoras o leves retoques a los puntos más débiles del grupo óptico. El estabilizador, por ejemplo, no deja de funcionar de forma excelente, pero la luminosidad del objetivo (f3.3-5.2) sigue quedándose algo corta.

El rendimiento óptico es notable, con escasas aberraciones cromáticas y distorsiones geométricas bien controladas. Por supuesto, el macro de sólo 1 centímetro aún nos parece un gran acierto. Además, el enfoque es moderadamente preciso y veloz. Calificativos que también pueden aplicarse al comportamiento del mando encargado de gestionar las focales.

El registro de vídeo, de 640 x 480 píxeles y 15 fotogramas por segundo, se queda algo corto tanto en prestaciones como en rendimiento. Mejor suerte hay con el flash, que cumple con su cometido de forma decente y muestra un tiempo de recarga correcto.

La batería, por último, ofrece un rendimiento de unas 200 tomas, según hemos podido constatar en nuestras pruebas. Una cifra por debajo de las 270 que defiende Ricoh en sus especificaciones oficiales.

Una cámara en busca de usuario

Renovación tibia la realizada por Ricoh con esta R8. Mientras que externamente la estrategia ha sido acercarla a las gamas superiores mediante un diseño con toques clásicos, por dentro las novedades se han quedado cortas.

De este modo, al aliciente tradicional de la saga (el objetivo de 28-200 milímetros) se le une ahora un diseño exquisito por el que seguro que algunos usuarios se inclinarán encantados.

El problema de la R8 es que, según pasa el tiempo, este tipo de coberturas ópticas se van volviendo cada vez más habituales y asequibles. Sin ir más lejos, la Panasonic Lumix DMC-TZ5 luce un excelente zoom de 28-280 milímetros, automatismos para todos los gustos y un precio más competitivo.

Un dato que deja claro que el camino a seguir por Ricoh con esta saga -siempre que su catálogo se lo permita- debería pasar inexcusablemente por dotar a las cámaras de ajustes manuales y formato RAW. Y es que la distinción -si se pretende desmarcar uno de la competencia- no es sólo cuestión de diseño.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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