![]() |
|
||||||||||||
|
|||||||||||||
Buscar:
|
![]() R10Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3648 x 2736 p. Objetivo (35 mm): 28,0-200,0mm Zoom: 7,1x (óptico) En dos palabras De estética muy cuidada, la R10 no aporta apenas novedades a la R8 ni solventa los problemas de enfoque y ruido de su antecesora Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Ricoh R10 con nuestras 37 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
jueves, 27 de noviembre de 2008 Bonita por fuera, corriente por dentroUn diseño cuidado que se ha convertido ya en marca de la casa, un objetivo de relación focal interesante (28-200 milímetros), 10 megapíxeles de resolución y una pantalla de ostentosas dimensiones en su parte trasera son la carta de presentación de la R10 de Ricoh. Temprano relevo de la R8, el cambio no ha servido para aportar grandes mejoras al modelo anterior, y lo que es peor, los mismos problemas de éste -el ruido electrónico y el horrible sonido de la óptica- siguen lastrando una de las compactas de aspecto más bello del momento. Igual fórmula, idéntica apariencia y prestaciones casi calcadas. Pocas modificaciones ha emprendido la Ricoh R10 en relación con su predecesora, y aunque esta enfermedad de la renovación sin grandes cambios es común al 80% de las compactas, hay veces que resulta más dolorosa que otras.Y es que la nueva compacta de Ricoh presenta, a grandes rasgos, las mismas virtudes y los mismos defectos con los que ya lidió la R8. Ni la resolución ni la óptica ni el rango de sensibilidades -características clave a la hora de vender un modelo- parecen tener nada nuevo que ofrecer. Nada tampoco que objetar si la compañía ha hecho los deberes y ha aprobado, por fin, algunas de las asignaturas pendientes. Comprobemos si los 10 megapíxeles, el zoom de 28-200 milímetros y el diseño cuidado de la R10 configuran esa cámara que muchos usuarios buscan. Atractivo diseño Bonita y diferente a la mayoría de las compactas del mercado. Esto es lo primero que uno piensa al sacar la R10 de la caja y comprobar que la firma sigue apostando fuerte por una línea de diseño sobrio y clásico, alejada de los colorines y las estridencias de otras marcas. El elegante acabado marrón de la unidad probada cuaja a la perfección con la sobriedad de sus líneas rectas. En la mano transmite buenas sensaciones, y pese a su construcción plástica -de aspecto metálico, eso sí-, parece suficientemente robusta y sólida. En el lateral derecho de la cámara, un recubrimiento de goma que hace las veces de empuñadura -y que es uno de los pocos cambios estéticos del nuevo modelo- mejora su ergonomía. Resulta cómodo utilizar la R10 con una sola mano, aunque de este modo podemos tapar el flash con mucha facilidad. En la zona superior del cuerpo, el botón de encendido y una rueda de modos -algo difícil de controlar si seguimos sosteniendo la cámara con una sola mano- acompañan al mando del zoom y al disparador, que se hallan adecuadamente situados. A propósito, son hasta 1,5 fotografías por segundo las que consigue ofrecer el modo de disparo en ráfaga. Al margen de la pantalla en la parte trasera de la cámara, hay espacio a su derecha para un multiselector realmente práctico y cinco botones más que, no obstante pequeños, se manipulan con facilidad. Por el contrario, los controles situados debajo de ella pueden llegar a ser difíciles de manejar, pero con algo de práctica se dominan sin mayores problemas. En la base de la cámara, por último, se albergan la tarjeta y la batería, que nos brinda la posibilidad de realizar unas 250 tomas por cada carga. El compartimiento, por cierto, dispone de un acceso incompatible con las zapatas de muchos trípodes. En cuanto al tamaño, cabe señalar que no se trata de una cámara especialmente pequeña, sobre todo si la comparamos con modelos similares de la competencia. Ahora bien, no llega a hacerse pesada ni molesta en el bolsillo. Teniendo en cuenta su cuidada estética, casi se agradece cierto tamaño: no sólo cuadra con este estilo clásico, sino que además mejora tanto el agarre como la ergonomía del cuerpo. Visión sin problemas Ocupando la práctica totalidad de la parte trasera de la cámara, la espectacular pantalla de 3 pulgadas es otra de las contadas novedades de las que puede presumir esta R10. Aun siendo considerable su diagonal, más merece destacarse -ahora que casi todos los modelos incorporan semejante LCD- su excepcional resolución de 460.000 puntos, herencia de su antecesora. En la práctica, esta pantalla se comporta de forma más que correcta, ofreciendo un buen rendimiento tanto a plena luz del día como en entornos oscuros. Su resolución -el doble que la de la mayoría- la convierte en una de las mejores que se pueden encontrar entre las cámaras de este precio. La información que aparece en ella es igualmente interesante y bien distribuida, incluyendo un histograma en directo y un original y muy práctico nivelador electrónico -otra novedad- que ayuda a mantener la cámara horizontalmente recta. La contrapartida a tantas buenas nuevas la pone el hecho de que no se trata de una pantalla especialmente "limpia", pues se muestra bastante susceptible de que toda huella quede impresa en ella. Además de ésta, sólo una objeción más que hacerle a la R10 en lo que se refiere al encuadre de las imágenes: a este tipo de compactas les sienta muy bien un visor óptico, y en la R10 -exactamente igual que en sus predecesoras- es ésta una prestación que se echa de menos. Óptica familiar Pero puestos a hablar de viejos conocidos, si hay una seña de identidad de la serie R de Ricoh, ésta es sin duda su objetivo equivalente a 28-200 milímetros. Cuando los angulares brillaban por su ausencia entre las compactas, la firma nipona era ya una de las pocas que se atrevía con ellos. Fiel a esta tradición, la R10 vuelve a la carga con el mismo zoom de 7,1 aumentos ya visto en modelos anteriores. Con unas dimensiones considerables, ofrece la citada equivalencia a 28-200 milímetros y unas aberturas máximas de f3.3-5.2, cifras idénticas a las de la óptica de la R8. El rango focal del objetivo es realmente interesante en una cámara de este tamaño. Pese a la moda del gran angular, que no pocas marcas están empezando a incorporar, no hay que olvidar que numerosos usuarios prefieren renunciar a algo de cobertura en las focales más cortas para alcanzar valores de tele mucho más importantes. Así pues, aunque los 28 milímetros de la R10 no pasan de dignos frente a los 24 que ofrece -por ejemplo- la GX200, sus 200 milímetros son en cambio un estupendo argumento. El comportamiento de esta óptica es correcto, y sin llegar a ser excepcional, muestra una buena respuesta en la mayoría de las situaciones. No hace lamentar aberraciones geométricas o cromáticas destacables, excepto un halo púrpura que puede aparecer en escenas de alto contraste. Ofrece imágenes nítidas, tan sólo algo blandas en los bordes. Un inconveniente encontramos, con todo, en lo justas que resultan las aberturas. Serían deseables una de f2.8 para el extremo angular del zoom y otra de f4 o f4.5 para su focal más larga. Mucho objetivo para tan poco enfoque ¿Pero cuál vuelve a ser el problema de la óptica de esta Ricoh? Mucho nos tememos que la historia se repite y el objetivo no registra ningún cambio respecto a lo visto en la R8 y lo que ya criticamos en su día. Toca reiterarse, porque lo cierto es que su comportamiento tosco y ruidoso -suena como un objetivo estropeado, comentan algunos al escucharlo- le resta atractivo al conjunto. Además, el enfoque automático no es especialmente rápido, y le cuesta bastante dar con un punto de referencia siempre que la luz no es óptima. Por si fuera poco, cuando durante uno de sus largos intentos por enfocar decidimos buscar otro punto, la cámara no reacciona hasta que ha acabado con el enfoque anterior, y sólo entonces se pone manos a la obra con la nueva tarea. Ni que decir tiene que la espera puede llegar a resultar interminable. El lado positivo es que durante las semanas de prueba, la R10 no nos ha ofrecido ni una sola confirmación errónea de foco. Lenta, sí, pero al menos segura. No es cosa nueva -por suerte, también las buenas noticias se repiten-, pero la verdad es que esta cámara hereda de sus antecesoras un excelente enfoque macro con una ratio espectacular que nos permitirá acercarnos a menos de 1 centímetro del sujeto. Cabe añadir que, mientras este modo está activado, en la pantalla podemos comprobar la distancia mínima de enfoque para cada posición del zoom. El sistema de estabilización mecánica, por su parte, ofrece una mejora de entre 2 y 3 pasos en relación con la velocidad de disparo convencional. No se sitúa entre los mejores de su clase, pero se agradece su presencia. Flash con pocas luces Otro punto débil que destacar en la R10 es el flash. Para empezar, por su situación, que obliga a sujetar la cámara con dos manos si no se quiere tapar éste con los dedos al sostenerla sólo con una. Su potencia también es un poco justa para lo que estamos acostumbrados a ver en una compacta. Y además, su comportamiento es altamente impreciso: mientras que en la mayoría de las ocasiones tiende a sobreexponer los primeros planos, en algunas tomas se queda corto sin motivo aparente. La parte positiva la ponen las múltiples opciones que ofrece, entre ellas un modo de sincronización lenta o un sistema de compensación más escondido de lo que sería deseable. Sobre todo, porque se hace imprescindible dedicar un buen rato a controlar este ajuste para evitar sorpresas en la exposición de las imágenes. Controles personalizables Con un manejo similar al que presenta su hermana mayor, la GX200, la distribución de los controles en la R10 hace su uso sencillo, rápido e intuitivo. La navegación por los menús enseguida resulta cómoda y comprensible. La mejor parte se la lleva el multiselector, mediante el cual se accede a cinco funciones configurables por el usuario. Por ejemplo, la compensación de la exposición, el balance de blancos, la sensibilidad, el tamaño de la imagen o la zona de enfoque son algunas de las opciones que pueden quedar a sólo un clic de distancia gracias a este botón. Los accesos al modo macro y a los del flash se realizan igualmente desde el multiselector. Estas posiciones no son, sin embargo, configurables. También en la parte trasera otro botón de función configurable acaba de redondear las opciones de personalización de la cámara. Además, en la rueda superior se hallan, entre otros, dos modos (MY1 y MY2) preparados para que el usuario los configure con sus ajustes predilectos. Un reproche a esta magnífica distribución de los controles se lo lleva la ausencia de un modo manual, con la salvedad de la inclusión de algunas pobres aproximaciones que permiten fijar la abertura mínima o elegir entre cuatro tiempos de exposición. Ambas opciones son accesibles sólo desde los menús y realmente poco útiles. Otro, la falta del formato RAW, si bien echando un vistazo al escaparate parece lógico pensar que Ricoh quiere marcar distancias con la GX200, que cuesta casi el doble. No más de 400 ISO La respuesta de la R10 a las altas sensibilidades se mantiene dentro de lo que viene siendo normal en las compactas de este tipo. A 400 ISO, el ruido y la pérdida de texturas son ya fácilmente detectables, y a 800 se convierten en molestos. A 1600 ISO, las fotos son directamente inservibles, salvo que queramos hacer algún experimento artístico en blanco y negro. El balance de blancos sigue los pasos de lo comentado a propósito de las sensibilidades. Su comportamiento es bueno con luz diurna, pero los resultados se tornan peores al afrontar los fluorescentes o las luces de tungsteno. A pesar de todo, los modos preestablecidos específicamente para estas escenas salvan la situación en la mayoría de las ocasiones, y además se dispone de una opción de ajuste del balance de blancos a posteriori. Cabe matizar que la precisión de esta función disminuye de forma importante con las altas sensibilidades. Teniendo presentes las limitaciones de la cámara y respetando ciertos márgenes con la sensibilidad, los resultados con suficiente luz ambiente no decepcionan -el procesamiento es muy agresivo para nuestro gusto, eso sí-, pero tampoco marcan un hito en lo que a detalle y resolución se refiere. ¿Una cámara más? ¿Es la nueva Ricoh R10 tan sólo una cámara más en el actual escaparate de compactas? Por mucho que esconda detalles interesantes y su estética sea realmente atractiva, es de temer una respuesta afirmativa. La más joven de las compactas de la compañía japonesa no aporta nada a los modelos ya existentes en su catálogo, más allá de un par de detalles menores, ni al escaparate general de compactas. Cierto que el objetivo de 28-200 milímetros estabilizado sigue resultando tentador, pero no es de recibo que después de tantas generaciones esta óptica siga arrastrando los mismos problemas concernientes a su estrepitoso sonido y al pobre enfoque automático. Sólo cuando éstos queden resueltos, y si estamos dispuestos a tolerar las consabidas limitaciones al disparar con sensibilidades elevadas -comunes a casi todas las cámaras compactas-, tendrá sentido invertir los más de 250 euros que cuesta la R10. Si buscamos estética y angular, tal vez habría que ahorrar un poco más e ir directamente a por la GX200. Si sólo queremos una compacta de 10 megapíxeles, hay opciones más asequibles e interesantes. TEXTO: Joan de la Malla |
publicidad
|