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GX200

Características
Punt. usuarios: 4,48888888888889 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 12,10 MP
Máx. res.: 4000 x 3000 p.
Objetivo (35 mm): 24,0-72,0mm
Zoom: 3x (óptico)
En dos palabras
Una compacta singular y exquisita que vuelve a tropezar con los problemas de ruido y enfoque de su predecesora
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Ricoh GX200 con nuestras 38 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 04 de agosto de 2008

Una buena fórmula que gana adeptos

La llegada de la Ricoh GX200 es, posiblemente, la mejor prueba de que la fórmula de la Caplio GX100 funcionó acertadamente. Es ahora el momento de afinar algunos detalles de aquella peculiar compacta con ajustes manuales, formato RAW y un espectacular angular de 24 milímetros que tropezaba con el ruido, un enfoque torpe y un disparo demasiado lento. La lista de tareas pendientes era evidente, y Ricoh ha hecho los deberes con una GX200 que mantiene -afortunadamente- la esencia de su predecesora y se muestra un poco más ágil. Desgraciadamente, el nuevo procesador y los 12 megapíxeles siguen sin estar a la altura de este cuerpo de lujo.

En marzo de 2007 saltaba a la palestra la peculiar Caplio GX100. Poco más de un año después la GX200 se ha encargado de darle el relevo, manteniendo el aspecto y las principales características y sumando alguna que otra sutil mejora.

El reto es claro: mejorar el modelo original pero sin trastocar su diseño y prestaciones característicos.

Una tarea harto complicada teniendo en cuenta que la GX200 ya ha gastado dos de sus principales bazas: el angular de 24 milímetros ya no sorprende después de verlo en la GX100, y para más inri, su gobierno en solitario ha finalizado con la reciente llegada de la Lumix DMC-LX3 de Panasonic.

¿Conseguirán el CCD de 12 megapíxeles y el nuevo procesador de imagen lidiar con problemas tan enquistados en el segmento compacto como el ruido o el limitado rango dinámico? La experiencia -y el primer contacto con la cámara- nos obliga a ser escépticos.

Diseño atrevido

El cuerpo de la GX200 mantiene el aspecto y la mayoría de los controles y las funciones presentes en su predecesora. La sobriedad y el clasicismo en su diseño la hacen, paradójicamente, atrevida en un mundo en que las líneas más asimétricas, los colores y los acabados plateados parecen marcar tendencia.

Frente a esto, Ricoh responde ofreciendo un cuerpo minimalista que, aun sin tener un tamaño especialmente pequeño, pasa inadvertido gracias a su color negro uniforme y a su sencillez de líneas.

Las sensaciones que transmite la ergonomía son muy buenas, y el conjunto presenta un revestimiento de goma en las zonas destinadas al agarre que poco tiene que envidiar a las mejores réflex.

Los controles se distribuyen de forma similar a como ya lo hacían en su antecesora. Repite el exitoso sistema de doble rueda (frontal y trasera), y reserva para la segunda una practiquísima función de pulsador.

Combinando ambos mandos se accede, rápidamente y de forma visual, al control de cinco parámetros configurables por el usuario: la sensibilidad, el balance de blancos, la compensación de la exposición, el tipo de enfoque y el tamaño de imagen.

Mediante estas ruedas se pueden controlar igualmente el diafragma y la velocidad en aquellos modos que permiten modificar ambos valores.

Desafortunadamente, el botón del zoom también repite posición: demasiado cerca del borde del cuerpo y algo alejada del lugar en que el pulgar esperaría encontrarlo.

Manejo personalizable

En el dial principal, además de las escenas predeterminadas encontramos tres modos configurables por el usuario (uno más de los que presentaba su predecesora), uno de prioridad a la abertura y el manual. En la parte superior izquierda, se halla un botón de función (también configurable por el usuario) y el encargado de desplegar el elegante y diminuto flash.

En su parte trasera, la GX200 nos obsequia con dos interesantes novedades: la primera y menos llamativa es la presencia de un segundo botón de función homólogo al de la zona superior; la segunda consiste en el monitor, que crece de 2,5 a 2,7 pulgadas.

Con todo, la verdadera novedad reside en la resolución, que se duplica: de los 230.000 píxeles de la GX100 a los 460.000 que luce la GX200. Un incremento que hace que el LCD pueda presumir de una excelente visión desde ángulos extremos o en condiciones de fuerte iluminación.

La sobriedad de esta Ricoh se traslada también a sus menús, cuya extrema sencillez no les resta utilidad. Menos aún si tenemos en cuenta que, dadas las opciones de configuración de los accesos directos, su uso es bastante esporádico.

La apuesta de Ricoh por ampliar las opciones de configuración personal de la cámara afecta incluso a los casi siempre cerrados modos escénicos. Es decir, partiendo de unos parámetros supuestamente ideales, el usuario puede modificar dichos ajustes para lograr que cada uno de los modos de escena se adapte, con precisión, a sus deseos.

No faltan, por supuesto, los modos de exposición manual y de prioridad a la abertura del diafragma, que permiten un control que va desde su máxima abertura hasta un diafragma de f15.

Gran "gran angular"

Aun con las muchas bondades de diseño heredadas, no hay que olvidar que el principal argumento de esta GX200 sigue estando en su espectacular objetivo de 24-72 milímetros.

Y es que si bien los 28 milímetros se van popularizando poco a poco, esta cobertura angular de 24 milímetros sigue siendo privilegio de una minoría. Concretamente, de esta GX200, de la poco conocida Samsung NV24 HD y de la recién llegada Lumix DMC-LX3 de Panasonic, que sí puede resultar una dura contendiente para esta Ricoh.

La calidad ofrecida por la óptica es muy correcta, y no se aprecian reflejos, viñeteos ni aberraciones cromáticas importantes en las pruebas que hemos podido realizar. Incluso las deformaciones de barrilete, típicas de grandes angulares, aparecen bien controladas, aun en 24 milímetros.

Y por si su rendimiento no fuera suficiente, escondido entre los menús podemos encontrar un modo de corrección de la distorsión que puede ayudar en las situaciones más comprometidas.

Estas características ópticas asignan a la GX200 una vocación claramente paisajística. Sensación que refuerza el ingenioso nivelador electrónico, consistente en una discreta barra en la pantalla que nos informa acerca de la perfecta rectitud de nuestra cámara, tanto en tomas horizontales como en verticales.

Además, para aquellos usuarios adictos al trípode, presenta también una interesante función que posibilita medir el foco, la exposición o ambos a la vez en cualquier punto particular de la escena.

Como decíamos, a partir de estos 24 milímetros, la GX200 ofrece un zoom óptico de 3x, que permite alcanzar una focal larga equivalente a 72 milímetros. La luminosidad máxima es de f2.5 para el gran angular y de f4.4 para el teleobjetivo, esta última algo justa si tenemos en cuenta tan limitado diafragma.

Cabe añadir el muy correcto funcionamiento del modo macro, que permite una aproximación a 1 centímetro del sujeto, lo cual logra una ratio realmente buena. Por el lado negativo, es de mencionar la aparente fragilidad de la construcción del objetivo, especialmente por la holgura del segundo grupo óptico una vez desplegado.

Antes, durante y después

Otro aspecto que ha evolucionado en la GX200 son las posibilidades ofrecidas por el flash, que además de los típicos modos presentes en la mayoría de las compactas, brinda la facultad de elegir entre la cortinilla delantera o la trasera, la sincronización lenta, la compensación de la exposición o incluso el modo manual, con la selección de potencias parciales del destello.

A la hora de capturar las fotografías, la pantalla muestra en todo momento los principales parámetros necesarios para el control total de la toma: desde la posición del zoom al valor del diafragma, pasando por la sensibilidad, la calidad y el tamaño de la imagen o un útil histograma de la toma que se va a realizar.

Y todo ello sin olvidar el muy interesante nivelador electrónico comentado anteriormente, con su doble modo de aviso (acústico y visual).

La GX200 cuenta, además, con un sistema de estabilización de su CCD que, según hemos podido comprobar, permite tomar fotografías unos dos pasos por debajo de la velocidad recomendada para cada focal. Ofrece incluso un alto porcentaje de tomas buenas 3 pasos por debajo de esa velocidad si se sujeta la cámara firmemente con ambas manos.

Tal y como ya hiciera con su predecesora, Ricoh vuelve a apostar por incluir el formato RAW entre las prestaciones de la cámara, que puede combinarse con la captura en diferentes calidades de JPEG.

El formato de grabación DNG, por cierto, facilita bastante la compatibilidad de estas imágenes con los programas estándar de Adobe, sin tener que esperar ninguna actualización que se acuerde de esta cámara.

Sistema completo

Como buen modelo elitista dirigido a un tipo de fotógrafo muy exigente con los detalles, la GX200 llega acompañada de diversos complementos que -lógicamente- elevan la cuenta final.

En primer lugar, cabe mencionar el parasol, que consiste en un tubo de rápido acoplamiento al cuerpo de la cámara al final del cual se añade propiamente el parasol de goma. Hay que tener en cuenta, eso sí, que este accesorio produce sombras importantes si se trabaja con grandes angulares y si se dispara el flash integrado.

El mismo tubo sirve de base a los convertidores ópticos de los que ya disponía la GX100. Ricoh ofrece la posibilidad de complementar el objetivo de la GX200 con una lente que amplía aún más el angular (hasta los 19 milímetros) o un teleconvertidor que alarga la cobertura focal hasta los 135 milímetros.

Desgraciadamente, no hemos podido probar el convertidor angular -de cuyos espectaculares resultados ya dejamos constancia al analizar la GX100-, y ha habido que conformarse con el multiplicador TC-1, que presenta una construcción y una calidad óptica excelentes.

También hay una novedad entre los complementos: una ingeniosa tapa que, al encender la cámara no entorpece el camino de la óptica. Una buena idea que, más allá de ahorrarnos el gesto de destapar el objetivo, nos evita algún que otro susto si la cámara se enciende accidentalmente con la tapa original puesta.

Pero, sin duda, el accesorio estrella de la GX200 sigue siendo el visor electrónico externo. Encajado en la zapata del flash, muestra al usuario la misma información que aparece en la pantalla.

Aunque su utilidad es relativa, teniendo en cuenta el buen rendimiento del monitor de 2,7 pulgadas, su movilidad hace que resulte provechoso para ángulos complicados o en situaciones de escasa iluminación. Y reconozcámoslo: también constituye un excelente remate para el diseño de esta cámara.

Eso sí, si antes destacábamos la discreción y sobriedad del cuerpo, hay que tener presente que acoplar a la GX200 cualquiera de estos accesorios -sobre todo el parasol o los convertidores- supone renunciar al sutil encanto de colarla en un bolsillo.

Deberes hechos y por hacer

Entrando ya a desgranar algunas de las novedades más importantes de la GX200, Ricoh parece haber escuchado ciertas críticas recibidas por su GX100 y se ha puesto manos a la obra para -al menos en teoría- subsanar algunas de sus carencias más importantes.

En este sentido, cabe destacar la ampliación del buffer, que permite disparar en formato RAW con una cadencia de 1 fotograma por segundo y hasta 5 imágenes seguidas, frente a los casi 7 segundos que necesitaba su antecesora entre foto y foto al trabajar en este formato.

Sin embargo, la GX200 sigue sin ser una cámara de acción. A esto se suma su todavía demasiado lento y ruidoso enfoque, que no está a la altura del resto de las prestaciones de la cámara.

Además, en condiciones de escasa luz o bajo contraste, la confirmación de foco no siempre se realiza a la primera, si bien hay que reconocer que rara vez se producen confirmaciones erróneas.

Noticias tampoco muy buenas al hablar del nuevo CCD de 12 megapíxeles. Pasando por alto el consabido discurso de que con 10 era suficiente (y con 8 también, seguramente), lo cierto es que el flamante procesador Smooth Imaging Engine III sigue sin poder hacer frente a las limitaciones de un sensor pequeño.

En las pruebas de campo realizadas, hemos podido observar cómo el nivel de ruido es -como mínimo- similar al que ya lucía la GX100. Con 400 ISO las fotos son utilizables, aunque el ruido es ya apreciable e incluso puede resultar desagradable en algunas texturas.

Con 800 ISO se vuelve demasiado molesto, y con 1600 ISO es sencillamente escandaloso. Ni que decir tiene que los sistemas de reducción que la cámara aplica o que podemos ajustar a través de los menús sólo consiguen paliar mínimamente los efectos del ruido de color, a costa de llevarse por delante textura y definición de la fotografía.

Mejores notas merece Ricoh respecto al rendimiento del color y el balance de blancos. Con luz diurna, como siempre, no hay ningún problema, y también la iluminación fluorescente se resuelve con bastante acierto. La peor parte se la llevan, como de costumbre, las luces de tungsteno.

Apetecible, pese a todo

Lo positivo de la GX200 es que, en líneas generales, mantiene la esencia de la Caplio GX100. Lo negativo es que este continuismo hace que también arrastre, sin apenas corrección, gran parte de sus rémoras.

Es verdad que el modelo aquí revisado es algo más ágil y añade ideas tan ingeniosas como la tapa de acceso rápido o el nivelador electrónico.

Pero no menos cierto es que dos de los principales problemas que detectamos en su antecesora -el ruido y el poco discreto sonido del mecanismo de enfoque automático- siguen presentes, lo cual resta muchos puntos a una cámara con bastantes papeletas para ser esa especial compacta que algunos usuarios llevan tiempo reclamando.

Aun así, estamos convencidos de que estos potenciales compradores estarán dispuestos a hacer la vista gorda ante las persistentes carencias si se dejan seducir -como en nuestro caso- por el atractivo de la GX200.

Su gran angular unido a su sobrio diseño, seguidos del resto de las características y respaldados por una batería con una autonomía realmente buena (después de varios cientos de imágenes de prueba no hemos podido acabar con ella), hacen de esta cámara una buena candidata a la fotografía de viajes.

Aun así, ¿qué ocurrirá si, tal y como nos ha parecido intuir en las pruebas preliminares, la nueva LX3 de Panasonic planta cara con una óptica extraordinaria, un diseño muy cuidado y un enfoque que supera al de la Ricoh? ¿Y si cunde el ejemplo de la Sigma DP1? La fórmula de Ricoh es buena, pero mucho nos tememos que su exclusividad tiene fecha de caducidad.

TEXTO: Joan de la Malla
FOTOS: Álvaro Méndez

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