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GR Digital

Características
Punt. usuarios: 4,48571428571429 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 8,10 MP
Máx. res.: 3264 x 2448 p.
Objetivo (35 mm): 28,0mm
Zoom:
En dos palabras
Clásica, elitista y -en suma- especial, la GR Digital y su angular fijo se erigen como buen complemento de una réflex digital
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Análisis
lunes, 24 de abril de 2006

Una compacta con espíritu réflex

Equipada con un muy luminoso objetivo fijo de 28 milímetros, las generosas prestaciones y los clásicos controles de la GR Digital hacen pensar en una réflex. Su reducido tamaño, la carcasa negra con empuñadura de goma y los muchos accesos directos programables hacen de esta rareza de Ricoh un complemento de bolsillo ideal para cualquier voluminosa réflex. El ruido en las altas sensibilidades es su gran asignatura pendiente.

Probablemente no sea la apuesta más comercial del momento, pero el clasicismo sigue siendo un recurso infalible para atraer las miradas. Ricoh ha apostado fuerte por este concepto con su GR Digital, que nace con la pretensión de ocupar en el segmento digital el espacio que las GR de película tuvieron hace una década.

De esencia elitista, este modelo está pensado para el profesional que desea una pequeña cámara para llevar en el bolsillo cuando no quiere cargar con un segundo cuerpo réflex. Un fotógrafo que busca la discreción de una cámara compacta y a quien probablemente parezca muy tentador ese angular fijo.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

El sensor CCD de 8 millones de puntos, la posibilidad de realizar capturas en el formato de imagen RAW, un amplio rango de sensibilidades, el aspecto retro de su carcasa negra y el objetivo de 28 milímetros y f2.4 -rematado por un visor externo- son las señas particulares de la GR Digital.

El precio, en este caso, también cobra un protagonismo fundamental, dadas las peculiares características de este modelo. Pedir más de 600 euros por una compacta con óptica fija -algo más, si se le añaden los accesorios del Creative Set con que se ha realizado esta prueba- resultaría totalmente descabellado si no se comprende la idiosincrasia de esta GR Digital.

Cabe preguntarse, por tanto, si la calidad de imagen, la capacidad de respuesta de la cámara en situaciones difíciles y el rendimiento de la óptica estarán a la altura de quien opte por un modelo de estas características.

Angular fijo

El objetivo fijo de 28 milímetros (al que se puede añadir un multiplicador opcional de 0,75x para convertir su focal a 21 milímetros) es sin duda la baza más importante de la GR Digital. Con un rango de aberturas que va desde f2.4 hasta f9, tan peculiar óptica convierte a su dueña en una opción muy a tener en cuenta para el fotógrafo que exige focales cortas.

Con una calidad general excelente -cerrando un par de pasos el diafragma se puede alcanzar su punto más elevado-, las aberraciones cromáticas de este angular están muy controladas. Sólo en las situaciones más complejas, con contraluces fuertes, se pueden llegar a percibir los típicos contornos coloreados si nos fijamos en los detalles de la imagen visualizándola a tamaño real en la pantalla del ordenador.

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Respecto a las distorsiones geométricas, el efecto de barrilete habitual de los angulares también se mantiene en unos límites aceptables, aunque se vuelve más patente cuando se opta por montar el poco discreto y contundente conversor de 21 milímetros. En cualquier caso, se agradece que el uso de esta lente multiplicadora no conlleve la pérdida de calidad en la imagen.

Continuando con el tema de la discreción, el sistema de autofoco nos ha deparado una de las sorpresas menos agradables de la GR Digital. Y es que el objetivo tiene un sonido demasiado tosco al desplegarse y al enfocar. Un detalle tal vez perdonable, pero que hace tambalear una de las bazas de esta cámara y su usuario: pasar inadvertidos.

Como posible solución, el sistema de enfoque se puede bloquear en la posición de infinito o a una distancia de 2,5 metros, evitando de este modo el citado ruido.

Cuestión de velocidades

El formato RAW se ha consolidado en las compactas de gama alta, y Ricoh -afortunadamente- no ha querido prescindir de él en este modelo. Las imágenes en RAW de formato 3:2 que captura alcanzan los 11 MB, y evidentemente permiten exprimir al máximo las posibilidades de su sensor.

El precio a pagar por ello repercute directamente en la velocidad de funcionamiento de la cámara, ralentizando el procesamiento de los archivos y -lo que es peor- la posibilidad de poder volver a disparar. Si el tiempo de puesta en marcha y entre disparos es de 2 segundos -tal vez mejorable, es cierto- éste se eleva hasta 15 interminables segundos al seleccionar el modo de captura en RAW.

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El retardo del disparador, eso sí, es inapreciable: el obturador responde cuando el dedo da la orden.

También cabe destacar la velocidad y eficacia del autofoco, que muestra un comportamiento impecable más allá del problema sonoro ya mencionado. Sorprende también el modo de enfoque macro, que permite tomar fotografías de grandísima calidad a partir de 1,5 centímetros (aunque en estos casos el enfoque puede chocar con objetos más próximos a nuestro sujeto, si éste es demasiado pequeño).

Lo que tal vez se echa de menos, adentrados en este nivel de exigencia, es la posibilidad de enfocar de forma manual con un anillo propio en la estructura del objetivo.

Una buena dosis de prestaciones

La cámara viene dotada con las modalidades de disparo manual, automático con preferencia al diafragma, programado y un modo denominado "fotografía". Si el modo programado permite combinar simultáneamente los valores de exposición según nos convenga -manteniendo siempre un valor correcto dado por la cámara-, el modo "fotografía" se corresponde con el clásico automático, en el que sólo es posible compensar los valores EV de exposición.

En la parte posterior luce una pantalla de 2,5 pulgadas, con un ángulo de visión horizontal de casi 180 grados y una visibilidad más que aceptable, incluso en condiciones de alta luminosidad.

Ricoh, por cierto, ha lanzado recientemente una actualización de firmware que permite desactivar la pantalla al disparar. Éste era uno de los motivos de queja de los usuarios por lo molesta que resulta la luz que refleja el monitor al utilizar el visor externo, del que hablaremos más adelante.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

La GR Digital dispone de una zapata de conexión para una unidad de flash TTL que añade muchas posibilidades al limitado flash integrado en el cuerpo. Aunque Ricoh no ha presentado una unidad específica para esta cámara, se asegura que es compatible con los Sigma EF-500 DG.

Evidentemente, el visor externo se acopla en la misma zapata y ello imposibilita su uso conjunto, algo a lo que los usuarios de máquinas telemétricas están ya habituados.

La lista de prestaciones avanzadas la completan la posibilidad de escoger entre los espacios de color sRGB y AdobeRGB y varios modos de disparo continuo: el clásico disparo en ráfaga, que permite registrar 1,6 disparos por segundo hasta que se agote la capacidad de la tarjeta; la captura de 16 imágenes en un intervalo de 2 segundos con un solo disparo ("Stream"), y la grabación de las últimas 16 tomas, en este caso dejando el disparador apretado y liberándolo ("Memory-Reversal").

Las dos últimas opciones se limitan a generar un archivo dividido en las 16 imágenes capturadas, con un tamaño total de 3264 x 2448 píxeles.

Todo muy a mano

La gran accesibilidad a los controles más habituales es una premisa que toda cámara de altos vuelos ha de ofrecer, y la GR Digital supera incluso a muchas réflex digitales en este sentido. Para ello incorpora, además de los dos diales para controlar el diafragma y la obturación, otros dos botones configurables para los controles más utilizados.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Al presionar el dial de obturación, que está situado en la posición natural del pulgar derecho, aparece en la pantalla un menú con tres opciones (cuatro, en el modo programado y en el denominado fotografía), de las cuales pueden personalizarse dos. El balance de blancos está disponible siempre con tan sólo presionar un botón, y la selección puede hacerse indistintamente con los cursores o los diales. La configuración típica añade la elección de la sensibilidad y del modo de enfoque.

Por otro lado, el botón de manejo del zoom permite tener activada esta opción o configurarse para controlar la sobre o subexposición (desde -2 EV hasta +2 EV) o el balance de blancos.

Pese a que los botones de tipo cursor no resultan demasiado ergonómicos, los diales permiten navegar por cualquier menú de forma mucho más cómoda y rápida.

Visor externo

La GR Digital puede adquirirse con el kit Creative Set, que incorpora un conversor óptico con un factor de multiplicación de 0,75X, y que convierte la focal del objetivo fijo a 21 milímetros equivalentes en paso universal.

El kit también consta de un visor externo que se ajusta a ambas focales, la de 28 y la de 21 milímetros, y que es realmente útil para aquellos usuarios familiarizados con este tipo de visores y acostumbrados al inevitable error de paralaje, sobre todo en el encuadre de sujetos muy cercanos.

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El rango que cubre el visor, con marcas para focales de 21 y 28 milímetros, se ajusta mucho al ángulo de visión real, lo que permite prescindir de la pantalla y realizar encuadres precisos y rápidos. La sensación puede compararse a la de utilizar una cámara telemétrica profesional.

Nos preguntamos si, puestos a diseñar un modelo clásico y sin cuestionar la elegancia del visor externo, no hubiera sido procedente dotar también al cuerpo de esta cámara de un visor óptico que rematase el concepto GR.

Completa el citado kit una correa transportadora para el cuello, una funda de piel y dos parasoles para usar con -y sin- la lente de disminución de focal. Para acoplar esta última se suministra también un adaptador que se enrosca al objetivo y, mediante un pequeño giro sobre la bayoneta, se acopla a la cámara de forma muy rápida y sencilla.

Más ruido

La valentía de la apuesta de Ricoh por este peculiar modelo no se limita a una cuestión de diseño, sino que también el listado de especificaciones depara agradables atrevimientos. La sensibilidad es una de ellas, puesto que la GR Digital contempla un rango de sensibilidades que abraza desde 64 hasta 1600 ISO.

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No obstante, y tal y como nos temíamos, la combinación de estos exigentes valores con una resolución de 8 millones de puntos y un sensor de reducido tamaño (1/1,8 pulgadas) pone en serios aprietos al procesador de imagen.

Los resultados son los previsibles: excelente rendimiento hasta 200 ISO y presencia de ruido electrónico en las imágenes a partir de este valor; ruido que se va evidenciando hasta convertirse en insalvable cuando se supera la barrera de los 800 ISO.

Una rareza con altibajos

La Ricoh GR Digital es, en esencia, una rareza destinada a profesionales que buscan la discreción y manejabilidad de una telemétrica y que esperan obtener resultados altamente satisfactorios.

La primera parte de las expectativas se resuelve magistralmente, ya que pocas cámaras (y esto incluye las SLR digitales de gama alta) o ninguna son capaces de ofrecer un control manual tan cómodo, rápido y versátil como el de la GR Digital. Gracias al dial de ajustes, los accesos directos importantes están al alcance del pulgar y el índice.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Su aspecto y acabados retro, su color negro, el visor externo y la posibilidad de desconexión de la pantalla hacen que la Ricoh GR Digital sea un auténtico lujo de sensaciones en las manos de cualquier profesional. Todo ello sin olvidarnos de la óptica fija, que como ocurre con quienes optan por dejar el zoom en casa, impone una forma diferente de aproximarse a la realidad.

En la zona de los contratiempos, el ruido acude a la cita por partida doble. El electrónico se mantiene en los límites habituales cuando se eleva la sensibilidad -tal vez esperábamos más- y el ruido en su vertiente más literal, la de un sonido molesto, irrumpe cada vez que el objetivo se despliega o se pone en marcha el mecanismo de enfoque.

Solventar estas dos cuestiones y rematar algún que otro detalle (corregir las escasas aberraciones de la óptica, hacer más practicable el foco manual, mejorar la velocidad de procesamiento) podrían dar lugar a una cámara excepcional.

TEXTO: Ivan Sánchez
FOTOS: Álvaro Méndez

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