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![]() Caplio R5Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3072 x 2304 p. Objetivo (35 mm): 28,0-200,0mm Zoom: 7,1x (óptico) / 3,6x (digital) En dos palabras Con prestaciones tan interesantes como el objetivo de 28-200 mm o el potente enfoque macro, la Caplio R5 todavía tiene que mejorar Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Ricoh Caplio R5 con nuestras 41 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 07 de noviembre de 2006 Progresa adecuadamente, pero necesita mejorarPocas novedades y mejoras muy sutiles permiten a Ricoh actualizar una de sus sagas más conocidas. Aunque la GR Digital sigue siendo el referente fotográfico de la marca, las Caplio R juegan su baza en un segmento en el que la relación entre calidad y precio es fundamental. Y es en este campo donde la formula de la Caplio R5 luce sus encantos gracias, sobre todo, al zoom estabilizado de 28-200 milímetros. Aunque el salto de 6 a 7 megapíxeles respecto a la Caplio R4 resultaba prescindible -el marketing manda-, sí son interesantes las ligeras mejoras en torno a la sensibilidad. Sin los persistentes problemas con el funcionamiento del objetivo, el ruido -en sus dos acepciones- o la ergonomía, la R5 sería un modelo de nota. Tras el primer contacto que tuvo QUESABESDE.COM con la joven Caplio R5, llega ahora el momento de comprobar si aquellas observaciones iniciales iban por buen camino o es necesario pulir alguna de ellas. En cualquier caso, comparar la R5 con su predecesora, la Caplio R4, es la mejor forma de percibir los cambios que el nuevo modelo trae consigo y sus verdaderas implicaciones prácticas.En este listado se entremezclan características ya de sobra conocidas -el objetivo estabilizado de 7 aumentos las encabeza- con algunas nuevas aportaciones en las que, cómo no, el aumento de la resolución es una asignatura obligatoria. Pero más allá del salto de 6 a 7 megapíxeles, resulta interesante la evolución en torno a la sensibilidad máxima que ofrece esta R5. Altibajos ergonómicos El diseño se plantea como uno de los puntos más controvertidos a la hora de enfrentarse a este modelo. Aunque las líneas del cuerpo responden a un esquema de proporciones muy clásicas -es compacta, pero suficientemente gruesa como para no pertenecer a la categoría de bolsillo-, los mandos han sufrido un ligero retoque que no acaba de convencernos. Con una construcción en la que el uso del plástico resulta excesivo y confiere a la cámara un tacto poco robusto, llama la atención que la R5 sacrifique el botón del estabilizador. Aunque entendemos que esta función se da ya por interiorizada y que será rara la ocasión en que se quiera desconectar, un mando propio es siempre un elegante recordatorio de esta importante característica. Mucho más cuestionables son las conexiones localizadas al descubierto en un lateral del cuerpo -igual que su predecesora- y, sobre todo, el mando encargado de manejar el zoom. Aunque bien situado al alcance del pulgar, sus diminutas dimensiones y su impracticable manejo desmerecen de una óptica que debería ser el centro de atención de la cámara. Si los tirones de orejas son justificados, también hay que reconocer que el menú de la cámara resulta muy sencillo de manejar y que el botón "ADJ" es una gran idea para acceder rápidamente al control de la exposición, la sensibilidad y el balance de blancos. Lástima que alguna opción de control manual de la exposición no se encargue de rematar la jugada. Macro espectacular, como siempre La óptica "todo en uno", representada por esa gama focal de 28 a 200 milímetros y una luminosidad algo justa de f3.3-4.8, es uno de los mejores argumentos de la nueva Caplio. Lástima que algunos detalles -los mismos que lleva arrastrando desde anteriores generaciones- enturbien sus prestaciones. El ruido, en su acepción más común, es uno de los temas que no pueden pasarse por alto. Aunque será el usuario quien decida los decibelios que está dispuesto a tolerar al mover el mecanismo del zoom o del enfoque, la verdad es que parece éste un aspecto claramente mejorable. Respecto al enfoque, la R5 consigue aprobar en este apartado, aunque sea sin destacar especialmente. Traducido a la práctica, la cámara enfoca con precisión cuando la luz es buena, pero si combinamos una focal extendida con menos luminosidad, el foco puede quedarse perdido en el limbo. Mención aparte merece el espectacular macro, que permite obtener tomas nítidas a sólo 1 centímetro de distancia. Todo un clásico en las cámaras de Ricoh que, confiamos, sepa mantener a buen recaudo de cara a futuras evoluciones de la gama. También en el tema de las aberraciones, la R5 se defiende con valentía. Aunque si forzamos las circunstancias podemos llegar a obtener halos púrpuras e incómodos reflejos, las situaciones habituales de contraluz y alto contraste quedan resueltas sin demasiados problemas. No se puede decir lo mismo de la pantalla, que pese a ver aumentada notablemente su resolución de 150.000 a 230.000 píxeles, sigue padeciendo aberraciones en forma de franjas verticales al enfrentarse a situaciones como las anteriormente descritas. Ligera mejoría Como decíamos, la R5 incorpora un nuevo sensor CCD de 7 millones de puntos, que supera en 1 megapíxel al de su predecesora. La novedad llega acompañada también por una ampliación en la escala de velocidades ISO, que salta de 800 a un valor máximo de 1600 ISO. Según rezan las especificaciones oficiales, un nuevo procesador de imagen es el encargado de lidiar con esta doble pirueta para evitar que los niveles de ruido se disparen. Tal vez por el millón de puntos añadido o quizás por los cambios efectuados en el motor de imagen, lo cierto es que sí se puede apreciar alguna ligera mejoría -aunque mínima- en la cantidad de detalle y el nivel de nitidez que la R5 es capaz de plasmar. Respecto a la sensibilidad, los resultados no deparan demasiadas sorpresas, ni buenas ni malas, pero sí alegra ver que el nivel de ruido se mantiene más o menos controlado incluso hasta 800 ISO cuando la iluminación es correcta. Como ya comentamos en su día, aunque la R5 no pasará a la historia como el modelo menos ruidoso del momento, comparándola con su predecesora sí se puede apreciar un avance en este campo. El cambio en las sensibilidades no sólo afecta al ruido, sino que también tiene cierta influencia sobre el color de las imágenes, tal vez a causa del procesamiento. En las muestras tomadas, en efecto, podemos comprobar que, a partir de 400 ISO, las imágenes adquieren cierto tono verdoso. Aparentemente, este detalle no responde a ningún cambio en el balance de blancos. Imagen estabilizada Aunque escondida en el menú, la estabilización mecánica sigue presente en la óptica de esta R5. Una función que nos permite obtener imágenes nítidas disparando a velocidades muy bajas, incluso a 1/3 de segundo, tal y como se puede comprobar en las muestras adjuntas. En ellas se aprecian claramente las ventajas aportadas por este sistema. Si en general la cámara muestra cierta tendencia a la subexposición -se hace necesaria una compensación de incluso 1 punto en muchas ocasiones-, el funcionamiento del flash es bastante proporcionado. A distancias medias y cortas se obtiene una imagen perfectamente iluminada y con tonos realistas, si no hay una combinación compleja de luces. No obstante, el flash sí muestra sus limitaciones en el momento en que comenzamos a alejarnos del sujeto. Respecto a los modos de balance de blancos, aunque con luz diurna la cámara funciona sin problemas, con un sol muy intenso sí hemos detectado cierta tendencia a que las imágenes exhiban un exceso de contraste mezclado con unos molestos tonos azulados o morados. Con luces interiores, el rendimiento del balance de blancos automático con luces incandescentes y, sobre todo, fluorescentes es notablemente mejorable. Llama la atención, por cierto, que existan dos modos prefijados para iluminación incandescente y sólo uno para fluorescente, cuando la pauta habitual es la contraria. Actualizando el firmware Ricoh anunció recientemente una doble actualización de firmware para este modelo. Así, en apenas dos semanas la compacta saltaba este octubre a la versión 1.44 con una lista de interesantes novedades en su haber. Teniendo en cuenta las mejoras introducidas, con aspectos relacionados con el autofoco y el balance de blancos, entre otros, la actualización se hacía imprescindible. Aunque en principio es éste un procedimiento sin demasiadas complicaciones, la verdad es que no resultó tan rápido como podría parecer a la vista de las instrucciones proporcionadas por la compañía. Por ello, sirva este paréntesis en el análisis de la cámara para apuntar dos detalles que hay que tener en cuenta en el proceso de actualización. Tras conseguir comunicar la cámara con el ordenador -USB en modo "original", no "almacenamiento", atención- el programa graba en la tarjeta SD Card la nueva versión descargada. A partir de ahí, la actualización se ejecuta mediante la pulsación combinada de dos teclas en la cámara -"mode" y "previsualización"-, pero sólo si se hace con la cámara apagada y si el orden es el citado. Para comprobar que, efectivamente, la última versión se ha instalado correctamente, basta pulsar -de nuevo en este orden- el botón de macro y el de previsualización. ¿Renovarse o no? Cuando un nuevo modelo toma el relevo de una cámara veterana, es el momento de preguntarse si la nueva versión aporta algo interesante o si, por el contrario, la actualización no merece la pena. En el caso de la Ricoh Caplio R5 nos encontramos en una encrucijada en la que hay que alabar muchos de sus rasgos -empezando por la relación entre calidad y prestaciones ofrecidas y un precio en torno a los 300 euros- y lamentar que no se haya aprovechado la ocasión para mejorar algunos de los puntos que hemos ido desgranando. Insistimos en la importancia de esa óptica todoterreno estabilizada, pero nos preguntamos qué ocurriría si esta renovación se hubiera aprovechado para paliar algunas carencias, en lugar de insistir en aumentar la resolución tal y como indica el manual de estilo del mercado. Si hasta ahora el angular o la estabilización eran prestaciones casi exclusivas de esta saga que podían hacer obviar otros problemas, la creciente popularización de estas opciones hace que Ricoh necesite potenciar nuevos argumentos sin sacrificar los ya conocidos. Pese a ser un modelo muy interesante, no nos cabe ninguna duda de que una Caplio con esta misma óptica, pero con unos mandos que le hagan justicia, un rendimiento mejorado en sensibilidades altas y algo de control manual sin elevar demasiado el precio tendría una aceptación mucho más amplia. TEXTO Y FOTOS: Iker Morán |
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