![]() |
|
||||||||||||||
|
|||||||||||||||
Buscar: |
![]() Caplio R2Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2560 x 1920 p. Objetivo (35 mm): 28,0-135,0mm Zoom: 4,8x (óptico) / 3,6x (digital) En dos palabras A pesar de sus prometedoras especificaciones, la R2 padece palpables problemas relacionados con la calidad de imagen Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Ricoh Caplio R2 con nuestras 34 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 06 de junio de 2005 Buenas intencionesNotable construcción, manejo práctico y ágil, un poco habitual 28 mm y un macro realmente espectacular. La Caplio R2 ha optado por la misma combinación de buenos argumentos que hasta ahora han servido a Ricoh para distinguir a sus modelos del resto de la inmensa oferta actual. Sin embargo, tan sugerentes especificaciones tienen que compartir protagonismo con una calidad de imagen que no acaba de convencer y un fotómetro un tanto imprevisible; limitaciones que arrastran a la R2 hacia ese limbo en el que se sitúan las cámaras con buenas intenciones, pero que podrían dar mucho más de sí. Cuando Ricoh presentó su R2 el pasado mes de febrero, en plena resaca de la feria PMA 2005, no concretó si los cambios aportados respecto a los modelos predecesores también habían llegado hasta el interior de la cámara o tan sólo se trataba de un remodelado estético.Los resultados obtenidos al repasar el rendimiento de la Ricoh R1V, una de sus predecesoras, hacían desear que la nueva versión hubiera ido más allá de ampliar la pantalla hasta 2,5 pulgadas y eliminar el visor óptico. Tal y como veremos, sin embargo, la R2 hereda algunas de las limitaciones detectadas, restándole así muchos de los puntos que podría llegar a obtener. Diseño impecable Si no idéntica, el cuerpo de la R2 es muy similar al de sus predecesoras de gama. Se mantiene por tanto el diseño compacto y alargado, donde la afortunada presencia del metal confiere a la cámara un aspecto y resistencia intachables. Disponible en acabado metálico y negro -muy elegante, por cierto-, la R2 sigue apostando por el encendido mediante el desplazamiento lateral de la pequeña empuñadura situada en el frontal. Además de poner en marcha la cámara, también sirve también para retirar la protección metálica del objetivo y desplegarlo. Sin duda, un recurso muy seguro y práctico, incluso cuando se está fotografiando, pues la empuñadura sirve para afianzar la sujeción de la cámara. Un detalle a tener en cuenta es que cuando la máquina entra en reposo no basta con tocar el disparador para reactivarla, sino que hay que repetir toda la operación de encendido habitual. La colocación del espacio para la batería y la tarjeta en el lateral de la cámara -en lugar de en la base, como es habitual en la mayoría de modelos- resulta especialmente práctica, sobre todo a la hora de insertar o sacar la tarjeta SD Card. Igualmente elogiable es la posibilidad de trabajar indistintamente con la batería recargable proporcionada o con pilas estándar de formato AA. Más pantalla La parte posterior está presidida por la flamante pantalla de 2,5 pulgadas y 114.000 píxeles de resolución, que se desenvuelve perfectamente hasta que -como tantas otras- la luz es excesiva o apenas inexistente. En este último caso, la R2 dispone de una curiosa opción de alta sensibilidad entre las modalidades escénicas que mejora la visibilidad del LCD en estas condiciones. Aunque se ralentiza la visión y tiempo de respuesta de la pantalla, lo cierto es que las imágenes aparecen más luminosas que en la realidad -aunque el ruido, claro está, es inevitable. El precio a pagar a cambio de esta pantalla más grande ha sido la desaparición del visor óptico. Entendible en términos estéticos y de diseño, pero una auténtica lástima desde el punto de vista fotográfico. A falta de una solución mejor, el visor directo se echa de menos en las tomas realizadas al aire libre cuando el brillo del sol dificulta la visualización de la pantalla. Agilidad y ergonomía La velocidad y agilidad en el funcionamiento es otra de las grandes bazas de la cámara. Según el catálogo oficial del modelo, el tiempo de puesta en marcha es de 0,8 segundos y el retardo del disparador es de 0,06 segundos o 0,003 segundos, si la cámara está ya preenfocada. Ricoh califica a ambos como unos de los más rápidos de la oferta actual. Cronómetros aparte, la verdad es que basta con encender la cámara o apretar el disparador para comprobar que, efectivamente, la R2 merece una nota muy elevada en este tema. La navegación por los menús, la distribución de los mandos y la selección de las opciones también responden perfectamente a este criterio de agilidad. A la hora de empezar a tomar imágenes, el usuario dispone de dos caminos que pueden seleccionarse mediante el práctico dial central: el modo automático o las seis escenas predefinidas. Este mismo mando también permite acceder al flash -que dispone de una opción de sincronización lenta- y al tipo de enfoque. Precisamente en este punto, el del enfoque, radica uno de los mayores atractivos de este modelo, una prestación que atesora las mayores admiraciones: el enfoque macro. Siguiendo el ejemplo de sus predecesoras, la R2 luce un extraordinario macro en su óptica que le permite captar imágenes a sólo 1 centímetro de distancia del sujeto, abriendo así un amplio campo de posibilidades para los amantes de la fotografía de aproximación. Los resultados son, sencillamente, espectaculares. El flash, por su parte, muestra un comportamiento correcto, aunque salta a la vista que su potencia se queda muy corta cuando se emplea el zoom de la cámara o el espacio a rellenar es demasiado amplio. Cuando se emplea la focal más corta, la cobertura apenas llega a las esquinas de la imagen, donde se produce un oscurecimiento que puede resultar demasiado evidente si la toma se ha hecho a corta distancia. Hasta 800 ISO Entre estos mandos, resulta especialmente interesante el botón ADJ (ajustes), que da acceso directo a tres funciones básicas para conseguir cierto control sobre el funcionamiento de la cámara: sensibilidad, balance de blancos y compensación de la exposición. Como ya veremos más adelante, esta posibilidad de compensar la exposición hasta 2 puntos será una herramienta especialmente útil a la hora de afrontar algunos de los problemas ocasionados por el exposímetro de la cámara. Respecto a la gama de sensibilidades, la Caplio R2 dispone de cinco opciones: 50, 100, 200, 400 y 800 ISO. Son aún pocas las compactas que se atreven con valores superiores a 400 ISO, a sabiendas de que los resultados son muy predecibles: imágenes repletas de ruido que sólo soportan pequeñas ampliaciones. Aunque se valora el atrevimiento, la R2 no es una excepción. Hasta 400 ISO, la cámara se defiende con cierta elegancia, sobre todo si las condiciones de iluminación son buenas. En interiores, cómo no, la situación empeora notablemente y no hace falta acercarse demasiado a la imagen para poder percibir la presencia de ruido. Con el balance de blancos, por otro lado, ocurre algo muy curioso. Es cierto que los ajustes predefinidos e incluso el modo automático permiten obtener resultados bastante buenos, incluso con luz fluorescente y tungsteno, con los que estas cámaras suelen flaquear más frecuentemente. Sin embargo, al trabajar con luz de día -y contra toda lógica-, el modo automático funciona mejor que el ajuste predefinido para esta situación, que da como resultado fotografías muy frías, con una evidente dominante azulada. Fotómetro imprevisible Si la construcción, el manejo y la óptica de la cámara -con algunos halos púrpuras- merecen más aplausos que pegas, es a la hora de comprobar los resultados y abrir las fotografías en el ordenador cuando aparecen los mayores problemas de la R2, muchos de los cuales han sido directamente heredados de la R1V. El caso es que resulta complicado localizar el origen y causas de ese aspecto tan peculiar que tienen las imágenes obtenidas con la cámara. Aunque en muchos casos los resultados son aceptables, la verdad es que se sitúan por debajo de la calidad media en la que se mueve este segmento de cámaras compactas en la actualidad. Estamos seguros de que el sensor de 5 millones de píxeles puede ofrecer imágenes con bastante más definición y detalle de las que se obtienen con la R2. Incluso la nitidez -ese punto donde suelen ser las réflex y no las compactas digitales las que flojean- roza en algunos casos la necesidad de aplicar una máscara de enfoque o de aumentar el control de nitidez de la imagen. Más que una cuestión de resolución, el aspecto que muestran las fotografías parece fruto de un procesado o comprensión excesivos, incluso cuando se ha seleccionado el máximo tamaño de imagen y la calidad más alta de grabación en JPEG. A la hora de repartir responsabilidades, el fotómetro de la cámara merece buena parte de ellas. Imprevisible sería un buen término para definirlo, porque mientras en muchas ocasiones ofrece una medición correcta y ajustada a los parámetros de la toma, la subexposición -hasta casi 1 punto por debajo de lo deseable- es un fenómeno que se produce con demasiada frecuencia. Por el contrario, en otras ocasiones el error se produce en sentido contrario y el resultado son fotos sobreexpuestas. La combinación de un entorno demasiado oscuro, un sujeto próximo a retratar y el flash activado -que normalmente se queda corto de potencia- puede dar lugar a fotos muy quemadas. El tema se complica cuando hay que enfrentarse a una escena con fuertes contrastes de iluminación. En estos casos, parece darse cierta limitación en cuanto al rango dinámico de la cámara, con lo que o bien las zonas oscuras aparecen sin información, o bien los brillos aparecen irremediablemente quemados en forma de antiestéticas zonas blancas. Potencial Dicen que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Como nos consta que Ricoh no se incluye entre estos últimos, queremos acabar este agridulce repaso con el tono de optimismo que merece la cámara. La Caplio R2 es, sin duda, un modelo correcto con el que un buen número de usuarios podrán encontrarse muy cómodos. Pero el problema es que sus especificaciones -e incluso la propia cámara entre las manos- crean unas expectativas más exigentes que luego no acaban de cumplirse debido a esos inconvenientes que ya hemos citado relacionados con la calidad de las imágenes. Los pilares son buenos y el potencial de la cámara da para algo más de lo que la R2 ofrece. Los necesarios ajustes en el procesado de la imagen, hacer más cálido ese frío balance de blancos para los días soleados y mejorar el rendimiento del fotómetro sería una receta perfecta para que la cámara ganara muchos puntos. Puestos a sugerir, la inclusión de controles manuales, junto a la excelente construcción del cuerpo metálico y al sentido común de las focales del objetivo, sería un estupendo reclamo que podría atraer a los usuarios más exigentes. TEXTO Y FOTOS: Iker Morán |
boletín de foto Recibe cada semana todas nuestras noticias sobre foto digital publicidad
|