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![]() Caplio GX100Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3648 x 2736 p. Objetivo (35 mm): 24,0-72,0mm Zoom: 3x (óptico) / 4x (digital) En dos palabras El angular de 24 mm hace de esta peculiar compacta una interesante propuesta para el amante de la fotografía calmada y próxima Precios Mejor precio: 385 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Ricoh Caplio GX100 con nuestras 40 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 25 de septiembre de 2007 Para un público especialQue sus argumentos no sean tan mediáticos como los de otros modelos no implica que la Ricoh Caplio GX100 carezca de ellos. El exquisito diseño, la racional distribución de los controles, el peculiar visor electrónico y -cómo no- el angular de 24 milímetros son bazas más que suficientes para entrar en los escaparates con la cabeza bien alta. Aun así, no es esta compacta de 10 megapíxeles una cámara destinada a triunfar de forma masiva. Concebida para seducir a un tipo de usuario muy especial, la GX100, pese a su precio y alguna que otra carencia (una cierta lentitud y un excesivo ruido), se revela como una de la cámaras más elegantes y discretas del panorama actual. En un mercado en el que las cámaras se parecen cada vez más las unas a las otras, cualquier ejercicio de originalidad merece ser acogido con entusiasmo. Y el de Ricoh con la Caplio GX100 es uno de los más brillantes practicados en los últimos tiempos.Dejando aparte su calidad y rendimiento, hay que insistir una vez más en que esta compacta está dirigida a un tipo de fotógrafo muy específico. Los usuarios de una SLR que buscan un segundo cuerpo para llevar a todas partes y aquellos aficionados de la vieja escuela que pretenden dar el salto al formato digital, por ejemplo, son dos de los potenciales compradores a los que la GX100 podría ser capaz de seducir. Y es que, tal y como ya comentábamos en la primera toma de contacto realizada con esta cámara, prestaciones técnicas y cuestiones más subjetivas -diseño, sensaciones, invitación a un tipo de fotografía más cercana- tienen que convivir necesariamente en este peculiar cuerpo. Ergonomía (casi) total Tras varias semanas de convivencia con la cámara, estamos dispuestos a ratificar lo que ya intuimos en su momento: la ergonomía y el diseño de la GX100 se encuentran entre los más interesantes del actual catálogo de cámaras compactas. Basada en un cuerpo robusto y bastante ligero de color negro, desde el momento en que ponemos las manos sobre esta Caplio la simbiosis entre fotógrafo y máquina es casi perfecta. La pequeña empuñadura ofrece un tacto que recuerda al de las mejores réflex profesionales, proporcionando un agarre excelente. Aunque en una cámara tan compacta resulta sencillo tener a mano cualquier función, llama gratamente la atención la posibilidad de manejar los controles sin tener que apartar la mirada de la pantalla o el visor. Los dos diales de control brindan un uso intuitivo y rápido del modo de exposición manual. El dial trasero -que no gira de forma libre, sino que vuelve a su posición- es además un pulsador mediante el cual se accede a multitud de controles programables de uso habitual: balance de blancos, sensibilidad y corrección de la exposición, entre otros. Quizás los únicos inconvenientes estén junto al pulgar. Como decíamos, el dial no gira libremente, y para cambiar la obturación estamos obligados a hacerlo paso a paso o bien manteniendo pulsado el mando. La agilidad de esta operación, en cualquier caso, queda notablemente mermada. Tampoco la ubicación del botón del zoom es la más idónea, ya que se encuentra demasiado escorado al borde derecho de la cámara. Del mismo modo, el dial de modos no resulta muy cómodo de operar. Con todo, el botón que libera y activa el flash incorporado se nos antoja muy práctico, debido a su más que correcta ubicación. En Ricoh se han esmerado para que el compacto diseño no reste funcionalidad a la cámara, y el flash se despliega en su totalidad incluso con el visor extraíble colocado. Sin embargo, la poca altura del flash hace que -sobre todo si se usa con el conversor angular- se produzcan unas sombras muy molestas en la captura, demasiado evidentes en tomas interiores. Visor de quita y pon Además de lo que hay que pagar por la GX100 -su precio se acerca actualmente a los 500 euros-, cabe la posibilidad de desembolsar otros 100 euros para acceder al visor electrónico opcional VF-1 y a la lente de conversión DW-6. Una inversión que resulta muy recomendable para poder exprimir al máximo las posibilidades fotográficas que ofrece el conjunto completo. De hecho, es al montar estos dos accesorios opcionales cuando la GX100 se muestra con toda su grandeza. Es cierto que la discreción inicial queda en parte anulada, pero la belleza y el clasicismo del conjunto harán las delicias -a buen seguro- de muchos usuarios. El peculiar visor opcional se adapta a la zapata del flash, reproduciendo en miniatura -y con todas las limitaciones que los visores electrónicos aún tienen- la información que de otro modo aparecería en el monitor principal de la cámara. A diferencia de lo que sucede con la Ricoh GR Digital y su visor óptico externo (aunque no se trata del modelo predecesor, las comparaciones son ineludibles), la GX100 cubre con su particular accesorio todas las focales y se libra del error de paralaje. El visor VF-1 es, además, articulado, con lo que puede colocarse en posición perpendicular a la cámara o de forma vertical, gracias a su capacidad de inclinarse hasta 90 grados. Aunque esta segunda posición resulte cómoda para cierto tipo de tomas y estéticamente emula una suerte de visor de cintura, lo cierto es que hay que pegar el ojo al ocular para poder ver la imagen del visor. Cuestiones estéticas aparte, la propuesta de Ricoh es ante todo práctica: cuando la luz ambiente impida ver la pantalla LCD con comodidad, el visor opcional será de gran ayuda. Razones para utilizarlo no faltan. Y es que, a pesar de su magnífica calidad, la pantalla de 2,5 pulgadas y 230.000 píxeles no acaba de llevarse bien con el sol. Más angular Si encontrar una compacta con una óptica de 28 milímetros no es muy habitual, reducir esta focal hasta los 24 milímetros es poco menos que un milagro. De esta forma, la GX100 se cuela en el selecto grupo de cámaras compactas que se atreven con los angulares extremos. Sólo la peculiar Kodak EasyShare V507 (y después la V705) se han atrevido a reducir este valor hasta los 23 milímetros, aunque recurriendo para ello a una curiosa combinación de dos ópticas. Por si esos 24 milímetros no fueran suficientes, el conversor DW-6 aplica un factor de 0,79x a las focales, ofreciendo así un excelente angular de 19 milímetros. Con la focal original o con la obtenida tras la conversión, lo que está claro es que la cobertura angular es uno de los mejores argumentos de esta compacta. Es precisamente al compararla con la citada GR Digital cuando se puede percibir la importancia del zoom óptico de 3 aumentos que emplea la nueva GX100. Así, la GX100 esgrime un rango focal mucho más versátil de 24-72 milímetros. Si bien es algo corto en su posición de tele, el objetivo compensa estas carencias con un angular espectacular, idóneo para la fotografía de viaje o para el reportaje en el sentido más clásico del término. Con una luminosidad máxima de f2.5-4.4, el nivel de aberraciones con la óptica desnuda, sin aplicar la lente de conversión, es aceptable. Tampoco hemos detectado, en general, demasiados problemas con halos púrpuras o reflejos internos. Sin embargo, y como era previsible, tanto los reflejos como el efecto de barril sí aumentan considerablemente su presencia cuando se trabaja con la focal de 19 milímetros, sobre todo si toca enfrentarse a condiciones de iluminación extremas. También habría que citar entre los problemas del grupo óptico la holgura del segundo barril de lentes al quedar desplegado el objetivo, sensación que se reproduce también con la óptica de conversión. Por lo demás, pese a ser ya habituales en la hoja de especificaciones de las Caplio, tampoco hay que olvidarse del modo de enfoque macro, que posibilita tomas a sólo 1 centímetro de distancia del sujeto. Lo mismo ocurre con el sistema de estabilización mecánica, que pasa bastante desapercibido entre los menús de la cámara. Con respecto a esta última prestación, hemos obtenido resultados satisfactorios sometiendo la GX100 a velocidades de obturación de 1/15 segundos con la focal de 72 milímetros. Así pues, el sistema de estabilización de Ricoh nos permite ganar por lo menos 2 pasos de velocidad, si bien es cierto que también es posible conseguir un porcentaje interesante de tomas no trepidadas recurriendo a velocidades aún más bajas. En acción Teniendo en cuenta el compendio de prestaciones que ofrece la GX100 y el tipo de fotógrafo al que va dirigida, es de esperar que el usuario espere de ella un comportamiento ágil, incluso si se decide trabajar en RAW. Y es en este campo, el de la velocidad, donde la nueva Caplio sigue flojeando un poco. Si retomamos una vez más las comparaciones con la GR Digital, es cierto que el objetivo ha mejorado notablemente su comportamiento sonoro a la hora de desplegarse y enfocar. También es algo más veloz, pero en condiciones de poca luz el autofoco no siempre consigue acertar a la primera ni reaccionar con suficiente agilidad. Pero donde realmente tropieza esta pequeña compacta de altos vuelos es, irónicamente, en el disparo en formato RAW. No se trata de concebir una ráfaga ultrasónica -de poco serviría en una cámara como ésta-, pero que sean necesarios hasta 7 segundos para procesar un archivo RAW y poder hacer la siguiente toma es, a todas luces, excesivo. Respecto al trabajo con flash, además de las habituales funciones de cualquier compacta, la pequeña antorcha que incorpora la GX100 ofrece otras dos opciones: "soft" y "slow". En la primera de ellas, el flash se dispara a menor potencia, lo que resulta muy indicado para situaciones en las que el sujeto está próximo. Con la segunda, el flash se sincroniza a una velocidad de disparo lenta. La única pega es el escaso alcance de este flash integrado. Incluso disparado con la máxima potencia, no son pocas las situaciones en las que el destello resulta claramente insuficiente. La buena noticia es que la GX100 dispone de una zapata que, de no estar ocupada por el visor externo, permite incorporar una unidad externa más potente. Dichoso ruido Aunque la resolución no sea el pilar fundamental de esta cámara, no hay que pasar por alto que la GX100 incorpora un CCD de 10 millones de píxeles. Un captor capaz de generar imágenes de hasta 3648 x 2432, tanto en JPEG como en RAW, que se almacenan en tarjetas de memoria SD Card. Como ya es habitual en las cámaras compactas de semejante resolución, la decena de megapíxeles no aporta mucha información adicional respecto a sensores con menos píxeles. Por el contrario, es la elevada densidad de puntos una de las causas más evidentes de las limitaciones de la GX100 al trabajar con sensibilidades altas. En este sentido, la GX100 no se sale del guión establecido. Con un rango de sensibilidades que va de 80 a 1600 ISO, la calidad de imagen sólo alcanza su plenitud con valores iguales o inferiores a 200 ISO. A partir de este punto, el ruido electrónico hace acto de presencia de forma más o menos aceptable a 400 ISO y con contundencia a 800 ISO. Además, como ocurre casi siempre, al entrar en acción el sistema de reducción de ruido, la nitidez de la imagen es la primera víctima. Dado que la GX100 demuestra andar algo justa de nitidez en algunas tomas, no estaría de más adentrarse en los menús que permiten ajustar el resultado de la imagen y elevar en uno o dos puntos el valor -precisamente- de nitidez. Aunque los problemas de contraste no son tan evidentes, hemos observado que, en situaciones de iluminación difusa, aumentar el contraste en un par de puntos también puede mejorar ostensiblemente la calidad de la imagen. El balance de blancos, por su parte, muestra un rendimiento notable del automatismo, tanto con luz de día como con iluminación fluorescente, sin que sea necesario recurrir a los ajustes prefijados. No se puede decir lo mismo de las luces de tungsteno, puesto que ninguna de las dos opciones predeterminadas permite librarse de unas dominantes cálidas muy pronunciadas. Recurrir a la calibración manual es, en estos casos, el mejor remedio. Una apuesta única Original y exclusiva en su propuesta, la Ricoh Caplio GX100 combina con desigual fortuna aciertos evidentes, mejoras notables y alguna que otra asignatura pendiente que resta puntos a la nota global. La cuestión no es si esta compacta de Ricoh es o no una buena cámara o si vale lo que cuesta. La pregunta es si su especial concepto gustará al tipo de usuario que, en teoría, podría sentirse atraído por un modelo de esta índole. En este sentido, el éxito parece asegurado, tanto en la parte de las prestaciones técnicas como en lo que se refiere al diseño y la ergonomía. Aunque el angular de 24 milímetros podría ser por si solo un argumento suficiente para justificar la inversión, el resto de especificaciones de la cámara no desmerecen este pilar central. Más allá del entusiasmo, también es cierto que la GX100 descuida algunos puntos importantes. La velocidad de enfoque, la lentísima gestión de los archivos RAW o el elevado nivel de ruido son cuestiones que una compacta de este nivel debería tratar con más cariño. Lástima que el "marketiniano" argumento de la resolución también consiga asomarse hasta estos parajes. Con todo, es cierto que la GX100 no es una cámara pensada para los obsesos de las últimas tecnologías. En su lugar, propone un tipo de fotografía más calmada y próxima -el angular incita a ello-, capaz de conceder más importancia a lo que se encuadra al otro lado del objetivo que a si la imagen final tiene mucho o poco ruido. TEXTO: Ivan Sánchez |
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