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![]() Caplio 400G wideCaracterísticas ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2048 x 1536 p. Objetivo (35 mm): 28,0-85,0mm Zoom: 3x (óptico) / 3,4x (digital) En dos palabras Toda una rareza digital, dirigida más bien a los amantes de la fotografía todoterreno que al fotógrafo convencional Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Ricoh Caplio 400G wide con nuestras 20 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 30 de noviembre de 2004 Un monstruo marinoDurante los días en los que la Caplio G400 wide se afincó en la Redacción de QUESABESDE.COM, las reacciones de sorpresa que suscitaba su simple contemplación se sucedieron sin cesar. Su condición de cámara relativamente sumergible la convierte en un bicho raro. Una habilidad, la de bucear, que combina muy acertadamente con una máxima sensibilidad e 800 ISO. Sin embargo, la cámara peca de tosca y, asimismo, carece de algunos elementos indispensables. Es como es, y así tendremos que quererla. Sin duda, la Caplio G400 wide destaca por su tamaño. Está muy alejada de lo que hoy día entendemos por cámara compacta digital. Básicamente, es una cámara normal enfundada permanentemente en un traje de buzo. Las fuentes madrileñas y el Mediterráneo han servido de banco de pruebas para una cámara que, confiamos, no sea la última de su especie.No es bonita -aunque eso depende de los gustos de cada uno- ni muy manejable. Y tampoco estamos seguros de que cumpla con nota alta su misión: hacer fotos de gran calidad bajo el agua. Cabe remarcar que, a pesar de sus aptitudes subacuáticas, la 400G wide no puede sumergirse a más de 1 metro de profundidad ni durante más de media hora. Esto es, por lo menos, lo que recomienda Ricoh, y en QUESABESDE.COM no nos hemos aventurado a comprobarlo. Unos gramos de más El cuerpo, más grande que el de una máquina eléctrica de afeitar, es de material plástico. Su aspecto denota claramente las aspiraciones náuticas de la máquina, puesto que la gran mayoría de mandos están sobredimensionados o lucen algún resalte, y todas las juntas están aseguradas con tornillos o material aislante para hacer de ella un objeto estanco. El manejo fuera del agua es como el de cualquier otra máquina, aunque se hace bastante más dificultoso al ser un modelo de dimensiones considerables. Todos los mandos tienen un buen acceso y sólo la rueda de modos y el botón de encendido -encastrado dentro de ella- están algo alejados. Su uso bajo el agua tampoco entraña demasiadas dificultades, siempre y cuando no nos equipemos con guantes o gafas. En tal caso es bastante sencillo apretar más de dos botones a la vez y se hace muy difícil ver algo a través del visor directo. La G400 wide incorpora una zapata para colocar un visor externo que, por desgracia, no se incluye de serie, lo cual resulta bastante incomprensible. En cualquier caso, los diversos baños a los que hemos sometido a esta máquina no han hecho mella en su funcionamiento. Las portezuelas que cubren las pilas y las conexiones USB funcionan perfectamente, aislando el interior del exterior. En realidad, después de sumergirla durante un buen rato sólo encontramos agua en el alojamiento del micrófono y el altavoz. Como único fallo, podemos criticar -y eso teniendo en cuenta el estado de algunas fuentes madrileñas- un trance transitorio de la pantalla, que literalmente enloqueció tras sumergirla bajo un grifo. Afortunadamente, bastó un simple apagado y encendido para traerla de nuevo al mundo de los cuerdos. De calidad media En el interior de su fornido cascarón, la G400 wide aloja un sensor CCD de 3 megapíxeles que genera imágenes de hasta 2048 x 1535 puntos. La calidad de las fotografías, fuera del agua, está al nivel de una compacta de gama media. No ofrece un buen rendimiento de color ni tampoco un alto nivel de detalle, conformándose -como sugeríamos antes- con una nota media en todos los aspectos. Precisando todavía más, los colores tienden a sobresaturarse, si hay una buena iluminación, y a apagarse, si la luz es deficiente. En ambos casos es difícil que la G400 wide ofrezca colores reales. En lo tocante al detalle, no hace falta aumentar demasiado la imagen para darse cuenta de que el objetivo no va fino.
Quizás bajo el elemento líquido el rendimiento de la cámara es más satisfactorio que en tierra firme. Los colores se ajustan más a la realidad -realidad pasada por agua, recordemos- y el detalle, aunque sigue sin ser el deseado, es más que aceptable. El funcionamiento de la G400 wide, por cierto, está en la línea del de las cámaras compactas digitales. Dispone de varios modos prefijados de exposición y de un modo automático. Curiosamente, no dispone de ningún modo para fotografía submarina. Unos agradables 28 mm El objetivo que se desliza en el interior de la carcasa es un zoom cuya distancia focal equivale a 28-85 mm, en paso universal. Ciertamente, es muy de agradecer el angular de 28 mm; los 85 mm, por otro lado, resultan más que suficientes bajo el agua. La óptica no ofrece un enfoque suave ni preciso. Tampoco hace gala de una gran definición, como ya hemos comentado, y para su desgracia cuenta con una considerable distorsión de barril a los 28 mm y una importante carga de aberraciones cromáticas en casi todas las condiciones de luz.El visor directo es pequeño y, además, se ve más que entorpecido por el barril del objetivo -es parte de la carcasa, en realidad. Tanto en el aire como en el agua, su funcionalidad es escasa. La pantalla, por su parte, de poco más de pulgada y media, cuenta con 80.000 píxeles de resolución. Tiene un buen refresco, pero cuando hay contraluces, aparecen bandas que dificultan el visionado. Bajo el agua, más de lo mismo, pero más húmedo. El sensor de la G400 wide funciona con un arco de sensibilidades de 100 a 800 ISO. En condiciones de luz estándar, el nivel de ruido en las imágenes es aceptable, haciéndose perfectamente visible a 400 ISO y resultando algo menos que molesto a 800 ISO. En las sombras, como es habitual, es donde más palpable se hace el ruido electrónico, convirtiendo la foto en una gran paella digital. El balance, por su parte, no es ninguna maravilla en ninguna de sus posiciones, tanto en la manual como en las prefijadas. Cumple, sin más. Entre otras prestaciones, la cámara cuenta con tres modos de medición -los estándar- y un pequeño flash integrado, de recarga veloz, aunque un tanto deficiente para su uso bajo el agua. La modalidad de grabación de vídeo, de 320 x 240 píxeles y con una calidad de 15 fps, es bastante mediocre. Dos pilas de tamaño AA, recargables o no, alientan durante bastante tiempo a la G400 wide, que puede presumir de un consumo energético bastante moderado. Las pilas se alojan junto a la tarjeta SD Card o MMC en la que se almacenan las imágenes. Casi a modo anecdótico, la cámara cuenta también con 8 irrisorios MB de memoria interna. La Caplio G400 wide ha sido, hasta la fecha, uno de los pocos intentos de meter a un píxel en una pecera. Por desgracia, los ingenieros de Ricoh han pretendido abarcar demasiado, queriendo hacer una cámara apta para trabajar en dos mundos. Si hubieran destinado todos sus esfuerzos a hacerla casi exclusivamente acuática el resultado habría sido mejor. Podrían haber prescindido de algunas características innecesarias en el agua -el ISO 100, el flash- y haberla dotado de un enfoque manual o de una pantalla mas grande de alta visibilidad. Una buena idea, una mala ejecución. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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