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K10D

Características
Punt. usuarios: 4,5472972972973 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 10,20 MP
Tam. sensor: 23,50 x 15,70mm
Máx. res.: 3872 x 2592 p.
Factor: 1,50x
Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas
En dos palabras
Pentax ha subido el listón de la ecuación precio-prestaciones en el segmento SLR con su K10D, una cámara a tener en cuenta
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Análisis
miércoles, 24 de enero de 2007

Tomen nota

Malas noticias para quienes piensen que el mercado réflex digital es sólo cosa de dos. Si Olympus ya dispone de su tercera vía, ahora es el turno de Pentax, que con la K10D se cuela sin ningún tipo de rubor en la gama de modelos semiprofesionales. Lo primero es despejar las dudas: la K10D es una cámara muy capaz, que supera a la competencia en algunos puntos y flojea en otros -como ocurre casi siempre. A partir de ahí, hay algo que resulta indiscutible: a día de hoy, nadie ofrece por unos 1.000 euros todo lo que Pentax ha colocado de serie en su cuerpo estrella, esto es, construcción impecable, limpieza, estabilización y una generosa lista repleta de buenas ideas. A quien corresponda, que vaya tomando nota.

Pese al entusiasmo que despierta cualquier nueva réflex digital, hacía tiempo que no se veía en el sector una expectación similar a la vivida durante los meses de espera de la Pentax K10D. Insinuada hace casi un año y presentada oficialmente el pasado otoño en la feria de Photokina, la nueva SLR se ha dejado ver con cuentagotas en los escaparates durante estas Navidades.

Tras unas rápidas y gratas primeras impresiones, pasar unos cuantos días más con esta réflex entre las manos nos ha permitido afinar algunas opiniones y profundizar en ciertos aspectos de su rendimiento.

Las pruebas se han realizado con un modesto Pentax DA 18-55 mm f3.5-5.6, que es la óptica que acompaña al cuerpo en el kit de lanzamiento.

Aunque la relación calidad-precio resulta muy interesante y la construcción supera a las ópticas de serie propuestas por otras marcas, salta a la vista que este objetivo no está a la altura de un cuerpo con aspiraciones semiprofesionales. No obstante, y hasta que el usuario pueda permitirse ampliar el catálogo de ópticas, para comenzar no está mal.

Construcción sin fisuras

La nitidez de la imagen, el rendimiento del sensor o incluso el ruido son aspectos que en la K10D invitan a un amplio abanico de interpretaciones, como veremos más adelante. Sin embargo, si hay algo que en esta cámara que resulta totalmente incuestionable es su construcción.

Una ergonomía de nota tanto en el terreno físico –consistencia, tacto- como en lo que se refiere al sentido común a la hora de colocar los mandos y habilitar las funciones de acceso. Un terreno en el que, tras recordar el precio que tiene este cuerpo, el mérito es aún mayor. Cámaras bastante más caras no disponen de ideas tan afortunadas como en esta K10D.

Pese al cuerpo sellado –el precio a pagar es un acceso algo más lento a la tarjeta SD Card y la batería- y el peso considerable, las dimensiones de la cámara no resultan excesivas. Una prueba más de que consistencia no tiene que ir necesariamente ligado a tamaño.

El agarre es, sencillamente, excelente, y la distribución de los mandos puede presumir de una gran lógica. También sorprende gratamente el tamaño y la luminosidad del visor, basado en uno de esos cada vez más escasos pentaprismas. Claro que siguen existiendo, pero no en este rango de precios.

Pese a ello, siempre hay espacio para hacer de abogados del diablo. Una rueda de modos un poco más grande, el bloqueo de la exposición (AE-L) menos esquinado y de acceso más sencillo para el pulgar, que esa especie de rueda trasera fuera un mando circular de verdad o que el visor contara con algo más de información serviría para pasar del sobresaliente a la matrícula de honor.

En dos pasos

Otro pequeño tirón de orejas: ¿por qué entre tanta profusión de mandos en la zona trasera no se han incluido también accesos directos a los ajustes más importantes? La cruz situada dentro del círculo trasero –que permite elegir la medición- era el sitio perfecto, pero se ha optado en su lugar por una tarea en dos tiempos.

Al menos así era hasta que Pentax lanzó la primera actualización de firmware para la cámara –coincidiendo con la elaboración de estas líneas- y sabiamente incluyó entre los cambios un acceso más rápido a la sensibilidad. Si así se configura en los mandos, es posible modificar el valor ISO con una de las dos ruedas en los modos de prioridad a la velocidad o el diagrama.

No obstante, para el resto de funciones hay que pulsar el botón “Fn” para acceder a los ajustes ocultos tras el citado mando: balance de blancos, disparo en ráfaga, flash y sensibilidad. Lástima que el tamaño de la imagen no complete el quinteto o sustituya al flash, que ya dispone de un botón propio en el lateral para su activación.

Aunque luego veremos con detalle los ajustes de balance de blancos y sensibilidad, la ráfaga y los parámetros de tamaño sí merecen una pequeña pausa. La K10D es capaz de disparar 3 cuadros por segundo de forma ilimitada en JPEG y 9 imágenes consecutivas en RAW. Una velocidad algo modesta en comparación a los 5 fotogramas por segundo que ofrecen modelos como la D200 de Nikon o la Canon EOS 30D.

Respecto al tamaño del archivo, la nueva Pentax vuelve a pecar de escasez como ya hicieran los modelos de la gama anterior de la marca. Con una resolución máxima de 10 megapíxeles, por debajo de ésta sólo se ofrecen dos ajustes: 6 y 2 megapíxeles. Un valor intermedio de 8 millones de puntos y -tal vez- otro de 5, no estorbarían en absoluto.

RAW de acceso directo

En torno al formato RAW, la K10D llega provista de novedades que merece la pena comentar. Cuando pudimos ver la cámara por primera vez, fue precisamente el botón propio para los archivos RAW uno de los puntos que más nos sorprendió y gustó.

Efectivamente, en el lateral de la montura, entre el interruptor de enfoque y el botón del flash, un mando permite activar de un solo toque la grabación en formato RAW. Es ésta una función que hasta ahora no se le había ocurrido a nadie, y aunque pudiera creerse innecesario, nos vienen a la cabeza no pocas situaciones –sobre todo haciendo un uso más profesional de la cámara- en las que este mando puede ser de gran ayuda.

Mediante el menú de opciones personales, se puede establecer que el formato RAW quede activado de forma permanente al presionar dicho mando o que sólo tenga efecto en un disparo. En cualquier caso, además del documento RAW capturado, la cámara también almacena en la tarjeta una imagen JPEG a máxima resolución.

También es muy interesante –y novedosa- la posibilidad de seleccionar entre dos formatos de grabación RAW: el DNG, propuesto por Adobe como un estándar, o el PEF, formato propio de Pentax.

Teniendo en cuenta lo excesivamente sencillo que es el software que acompaña a la K10D y lo cómodo que resulta trabajar con DNG sin tenerse que preocupar por la correspondiente actualización que acepte un nuevo modelo, no parece improbable que el usuario se decante por el segundo.

Por si fuera poco, en el menú nos topamos con otra función inédita: el procesamiento de RAW en la propia cámara, con la opción de modificar los ajustes de exposición o nitidez, entre otros. De nuevo, una aportación que, aunque no será de uso generalizado, tampoco molesta a nadie.

De 12 a 22 bits

Detrás de todos estos formatos se esconde un conversor analógico-digital (ADC) de 22 bits, que en el momento de presentar la cámara fue uno de los datos que más revuelo provocó. Teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de cámaras trabajan a 12 bits por canal de color (RGB), esos 22 bits deberían traducirse en una gama cromática de más millones de colores y unas gradaciones de mayor calidad.

No olvidemos, sin embargo, que en última instancia los archivos finales con los que trabajará el usuario quedarán encapsulados en los 8 bits por color de un JPEG, con lo que la amplitud cromática acabará irremediablemente reducida.

En cualquier caso, para comprobar su rendimiento hemos captado una misma imagen en formato RAW (DNG) y JPEG a máxima calidad. La captura en bruto ha sido procesada con los ajustes automáticos de Adobe Camera RAW. Además, a partir de una tercera imagen en formato PEF (el RAW de Pentax) se han obtenido dos archivos JPEG: uno procesado con Pentax Photo Laboratory 3 y otro en la propia cámara.

Como se puede comprobar en las muestras adjuntas, pese a las diferencias apreciables en las fotografías, éstas tampoco resultan espectaculares. En todo caso, no se aprecia un salto cualitativo respecto a los conversores tradicionales de 12 bits.

Sí se percibe, por el contrario, que la ligera falta de nitidez de los JPEG –que tanto revuelo ha provocado- es fácilmente mejorable aplicando una máscara de enfoque en el momento de procesar el RAW. Si se trabaja en JPEG, también puede ser necesario aplicar dicha máscara de enfoque o subir el ajuste de nitidez en la cámara.

Optar por una u otra opción dependerá de la dinámica de trabajo o de si se tiene intención de pasar por el ordenador. De todos modos, no está de más recordar que la nitidez es un factor directamente relacionado con la cantidad de procesamiento que se aplica a una imagen, y que cuanto más profesional pretende ser una cámara, menos agresivo suele ser este paso.

Sensibilidad prioritaria

La rueda de modos también depara unas cuantas sorpresas agradables. Además de los clásicos ajustes manuales y automáticos y de las prioridades, la K10D cuenta con una novedad muy interesante: el modo de prioridad a la sensibilidad.

Como indica su nombre, en este modo el usuario selecciona el valor ISO deseado y la cámara regula los ajustes de velocidad y diafragma. De forma inversa funciona el modo Tav, que permite seleccionar estos dos campos, mientras la cámara se ocupa de la sensibilidad.

En torno a la sensibilidad, la nueva SLR de Pentax ofrece otro ajuste digno de ovación. Así, al seleccionar la sensibilidad automática, el usuario puede determinar los valores mínimos y máximos en los que se moverá el rango de ISO.

Respecto a los resultados, el ruido no parece ser un problema para la K10D. En las pruebas realizadas con buenas condiciones de luz, los resultados a 800 ISO son más que decentes, y a 1600 ISO resultan perfectamente tolerables, aunque el ruido ya se hace visible en diversas zonas.

Empeorando algo las condiciones luminosas y estirando la exposición, tampoco defraudan los resultados, con niveles aceptables a 1600 ISO sin activar el sistema de reducción de ruido ni aplicar ningún filtro posterior. En ambos casos, se puede hablar de imágenes perfectas hasta 400 ISO.

Limpieza y estabilización

Además de los citados 22 bits, la K10D traía consigo otra primicia en el mercado: un estabilizador mecánico oscilante que rápidamente fue bautizado con la comercial denominación de 3D.

Así, además de los dos ejes de movimiento horizontal y vertical de la plataforma sobre la que se encuentra el CCD, la K10D suma un tercer vector que habilita la movilidad hacia delante y hacia atrás.

Con la plasmación práctica de esta tecnología ocurre algo parecido a lo visto con el procesador de 22 bits: eran tantas las expectativas, que cualquier resultado sabe a poco.

Así, aunque hemos conseguido muestras con una nitidez notable a velocidades de incluso 1/8 de segundo disparando a pulso, el estabilizador SR ha mostrado un comportamiento un tanto irregular. Un dato que obliga a decir -entre comillas- que se consigue una mejora de entre dos y tres puntos de luz respecto a las tomas realizadas sin ningún tipo de ayuda.

La limpieza automática del sensor es otro de los pilares sobre los que se sustenta esta K10D. Si algo se puede decir de su mecanismo –basado como en otros casos en la vibración del sensor- es que no pasa desapercibido: la sacudida al encender la cámara o al activar la opción en cualquier momento se nota y se escucha.

Los resultados son casi perfectos. Durante los días que la K10D pasó con nosotros, no percibimos ninguna imagen afectada por esas molestas manchas.

Como los cambios de óptica no fueron habituales, decidimos dejar una noche la bayoneta al descubierto para ver lo qué ocurría. A la mañana siguiente, tras un par de limpiezas no se percibía ninguna mancha. Sólo disparando al cielo con un diafragma muy cerrado (f11 en adelante) era posible distinguir dos pequeñas motas que se resistían.

Para este tipo de casos, Pentax mantiene habilitada en su menú la opción de acceso al sensor para facilitar la limpieza manual de toda la vida.

Cuestión de ópticas

Ya decíamos nada más empezar que el sencillo objetivo de 18-55 milímetros utilizado para la prueba se queda algo corto en una cámara como ésta. Una óptica que adolece de un ligero viñeteo -que prácticamente desaparece a f8- y una cierta querencia por los halos púrpuras en los bordes y las zonas de alto contraste.

Precisamente por ello, resulta difícil valorar la capacidad de enfoque de la K10D, que queda en gran medida limitada por el uso de esta óptica.

Lo deseable sería poner a prueba esos 11 puntos de enfoque –que pueden seleccionarse mediante el dial trasero de cuatro direcciones- con un objetivo dotado de autofoco ultrasónico. Sin embargo, aún no están disponibles las tres ópticas que se encargarán de estrenar esta tecnología en el catálogo de Pentax, aunque la montura de la K10D ya está preparada para ellas gracias a dos nuevos conectores.

Éste es, precisamente, uno de los principales inconvenientes a los que tendrá que saber hacer frente la K10D. Y es que, en comparación con la competencia, el número de ópticas de cierto nivel –sin recurrir a terceras marcas- resulta tal vez demasiado limitado.

Por el contrario, la K10D también esconde un as en la manga. Su montura KAF2 es compatible con todos aquellos objetivos Pentax K que han ido desarrollándose en las últimas décadas, incluidos los de foco manual y con anillo de diafragmas. Para ello, tan sólo hay que habilitar la opción “usar anillo de apertura” en el menú de ajustes personales.

De este modo, es posible emplear -en el modo manual- el anillo de diafragmas del veterano objetivo que estemos utilizando, mientras la cámara controla la velocidad. Además, dos detalles son de gran ayuda: pulsando el botón verde el exposímetro nos da una lectura de la escena, y aunque el enfoque sea manual, la luz y el sonido de confirmación siguen siendo válidos.

Opciones interminables

Hasta ahora nos hemos centrado en las líneas generales de la K10D, y es que concretar cada una de las opciones y menús de los que dispone esta réflex sería una tarea interminable. Ello da una idea de las posibilidades de personalización que el usuario puede aplicar, a las que –por cierto- se han añadido nuevas prestaciones mediante la citada actualización de firmware.

Entre ellas, hay que destacar la posibilidad de que el flash integrado permite disparar otras unidades inalámbricas. Independientemente de este dato, sí es cierto que el flash de tipo pop-up subexpone un poco más de la cuenta y su función como luz de ayuda para el enfoque es, cómo no, terriblemente molesta.

Por enumerar algunos datos más, la pantalla de 2,5 pulgadas de diagonal puede presumir de una excelente calidad y una envidiable visibilidad desde todos los ángulos. Los menús, por su parte, resultan algo enrevesados precisamente por el número de opciones disponibles. No obstante, dos días con la cámara bastarán para ir descubriendo sus entresijos.

El balance de blancos es otra excusa de la K10D para mostrar su buen quehacer. Con un rendimiento notable –flojea en tungsteno, pero hemos visto resultados bastante peores en este campo- su menú de selección y el ajuste manual resultan realmente cómodos e intuitivos.

Aprovechando la denominada previsualización digital –se abre el obturador, pero la tarjeta no registra la imagen- es posible comprobar el resultado de un balance de blancos a priori. Claro que también podemos navegar por las distintas opciones con idéntico fin.

Compendio de buenas ideas

Con las cámaras SLR tomando el mismo camino de la homogenización que sus compañeras compactas, se agradece cualquier soplo de aire fresco. Y en este sentido, la K10D es un auténtico huracán de nuevas –y buenas- ideas.

Que la calidad de imagen que brinda sea la mejor del segmento sería un largo tema de discusión sobre el que los usuarios de diferentes marcas difícilmente se pondrían de acuerdo.

Lo que admite menos discusiones es que las diferencias en este terreno con la competencia son tan sutiles que sólo serán perceptibles en ocasiones muy concretas y para un porcentaje mínimo de usuarios. Gran parte de los cuales, por cierto, tampoco les concederá mayor importancia.

Nos encontramos, por tanto, ante un réflex con calidad suficiente para encaramarse en el segmento de las semiprofesionales. Un modelo en torno al que se habían creado tantas expectativas que una cierta desilusión por el rendimiento de esos 22 bits podría incluso llegar a ser injusta.

Por lo demás, la K10D no admite muchos “peros”. Sobre el papel y las manos ofrece lo que hasta ahora nadie se había animado a ofertar, y mucho menos por ese precio. Para optar a una construcción similar habría que añadir algún cero más a nuestro presupuesto y prescindir de funciones como la limpieza o la estabilización.

Aviso a navegantes

Si dar más por menos es ya una tendencia sin marcha atrás en el segmento de las SLR, Pentax ha dinamitado finalmente la balanza entre precio, calidad y prestaciones. La K10D es la prueba más evidente de que bajar de los 1.000 euros no implica ver plástico por todas partes ni renunciar a ciertas prestaciones.

Se puede decir más alto, pero no más claro: la pelota –en forma de limpieza, construcción, estabilización, precio- está ahora en el tejado de la competencia. Confiemos en que tomen buena nota.

TEXTO: Iker Morán
FOTOS: Álvaro Méndez

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