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K-x

Características
Punt. usuarios: 4,17272727272727 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CMOS de 12,40 MP
Tam. sensor: 23,60 x 15,80 mm
Máx. res.: 4288 x 2428 p.
Factor: 1,50x
Pantalla: TFT de 2,70 pulgadas
En dos palabras
Prestaciones y calidad de una réflex de gama media a un precio de gama baja.
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Análisis
miércoles, 10 de marzo de 2010

Pequeña gran réflex

En la incansable búsqueda de las míticas tres “b” (bueno, bonito y barato) a veces uno se topa con interesantes hallazgos. La Pentax K-x se ajusta bastante a estas coordenadas, con un rendimiento muy bueno y una relación calidad-precio difícil de igualar. Aunque su enfoque automático y el sistema de estabilización la alejan de la perfección –si es que existe tal cosa-, es imposible no recomendar esta réflex de 12 megapíxeles que lo tiene casi todo y que puede encontrase por menos de 500 euros. Y si de lo que se trata es de no pasar desapercibidos, encima está disponible en una docena de colores.

Pocos modelos han levantado tanta expectación recientemente entre los aficionados como esta joven Pentax K-x. Lanzada un año después de la K-m, a la que teóricamente sustituía, ha suscitado especial interés por su nuevo sensor CMOS de 12,4 megapíxeles.

Aunque externamente parece que nada ha cambiado, las apariencias engañan. Un sensor CMOS (en vez del CCD de la K-m), grabación de vídeo HD de 720 puntos, una ráfaga mejorada hasta los 4,7 fotogramas por segundo, 11 puntos de enfoque, un nuevo procesador de imagen (Prime II, heredado directamente de la K-7)… Una larga lista con la que Pentax pretende volver a demostrar que se mueve con mucha comodidad dentro del segmento de las cámaras SLR de gama media a precios de gama baja.

Aparentemente idénticas

Pese a que se suele decir que si algo es nuevo hay que demostrarlo desde el primer minuto, Pentax ha optado por calcar el diseño y las dimensiones de la K-m.

Se mantiene así un cuerpo de tamaño muy compacto, con un peso que apenas supera los 500 gramos. A diferencia de lo visto en otros modelos de entrada, el agarre es bastante bueno, y en líneas generales la cámara transmite solidez pese a que su construcción es de plástico.

Sólo los usuarios de manos un poco más grandes echarán en falta una empuñadura algo más contundente o un “grip” vertical opcional para que el dedo meñique no se quede colgando.

En cuanto al sellado, queda de momento relegado a la gama alta (representada por la K-7) y a la ya descatalogada K200D, cuyo relevo algunos siguen esperando.

Los botones y diales tienen un tacto agradable y su funcionamiento es más que correcto. Es también interesante el ya clásico botón verde de Pentax, que podemos programar para asociarlo a alguna función de la cámara, desde centrar el punto de enfoque a seleccionar un estilo de imagen.

Los menús de pantalla se mantienen fieles también a la estética de la firma japonesa. Puede que su aspecto asuste a primera vista a los menos asiduos de la marca, pero tras unos días de convivencia su manejo demuestra ser realmente cómodo: están bien estructurados y es fácil encontrar en ellos cualquier función sin tener que rebuscar demasiado.

Es cierto que sus numerosas opciones pueden llegar a resultar exageradas, pero a su favor hay que decir que ofrecen un altísimo grado de personalización de la cámara.

Detalles mejorables

Las cifras relativas a la pantalla se mueven dentro de lo habitual en el segmento, con 2,7 pulgadas de diagonal y 230.000 píxeles de resolución. Es el mismo monitor que ya vimos en la K-m, y aunque no desentona frente a los modelos de la competencia, un poco más de resolución no hubiese ido nada mal, sobre todo cuando toca grabar vídeo o usar el Live View.

Otra cosa a mejorar –que seguramente podría resolverse con una simple actualización de firmware- es el tamaño del histograma cuando usamos la previsualización, puesto que resulta algo pequeño para nuestro gusto.

El visor es otro de esos elementos que se mantienen intactos desde la K-m, con una cobertura del 96% y una magnificación de 0.85x. De nuevo, dentro de lo previsible por este precio.

Menos tolerantes hay que ser con un detalle que durante los días de prueba ha demostrado ser uno de los talones de Aquiles de este modelo: los puntos de enfoque no pueden verse a través del visor, lo que más de una vez nos obligará a trabajar con el punto central para luego estar constantemente reencuadrando. Mala idea si disparamos con aperturas grandes.

Por suerte, podemos elegir el punto a través de la pantalla posterior y confirmar el enfoque mediante un pequeño LED situado dentro del visor. Además de los ya citados 11 puntos, también es posible configurar el sistema para utilizar sólo el punto central o el modo automático, de tal forma que sea la propia cámara la que elija entre 5 u 11 puntos activos.

La medición matricial se calcula usando 16 zonas de análisis, aunque la K-x también dispone –por supuesto- de medición ponderada al centro y puntual. Tras las pruebas realizadas, nos hemos encontrado con una preocupante tendencia a la subexposición sin razón aparente. Al menos en el caso de la unidad probada, ha sido necesario compensar la exposición medio punto -e incluso más- en muchas de las tomas.

Reduciendo gastos

El zoom que acompaña por defecto a la K-x es el Pentax 18-55 mm f3.5-5.6 DA , en lugar de la versión II que venía con la K200D. Así, se han quedado por el camino algunos detalles realmente interesantes, como la bayoneta metálica, el parasol o el sistema de cambio rápido de enfoque automático a manual. Su peso ronda los 200 gramos, convirtiéndose en el complemento ideal para un cuerpo tan ligero como el de la K-x.

Su rendimiento óptico tampoco decepciona, siempre dentro de lo exigible en este rango de precios. Además, tal y como ya ocurría con la K-7, esta cámara dispone de un sistema de corrección por software de algunos de los problemas clásicos de los objetivos.

Así, una vez activado este mecanismo, el viñeteo, la distorsión y las aberraciones cromáticas se compensan de forma automática, ofreciendo unos resultados finales más que aceptables. Si disparamos en RAW, eso sí, habrá que abrir las fotos con el software proporcionado por Pentax para que esas mismas modificaciones se apliquen.

Otra opción interesante –de la que deberían tomar nota el resto de fabricantes- es la posibilidad de poder guardar este fichero RAW tanto en el formato propio de Pentax (PEF) como en el DNG de Adobe.

Estabilizador mecánico

Al igual que la mayoría de cámaras SLR de Pentax, la K-x vuelve a apostar por un sistema de estabilización que se integra en el cuerpo. Aunque ya es de sobra sabido, no está de más recordar su principal ventaja: cualquier objetivo que coloquemos en la bayoneta disfrutará de los beneficios de este estabilización.

En el caso de la K-x, se trata de un sistema bautizado como 3D y basado en la movilidad del sensor en tres ejes para poder compensar así la trepidación que se produce en el momento del disparo a velocidad baja. El sistema de limpieza del captor aprovecha este mismo mecanismo para -nunca mejor dicho- sacudirse el polvo.

Desgraciadamente, el rendimiento del estabilizador mecánico no es ninguna maravilla. A duras penas hemos logrado llegar a los dos pasos de mejora respecto a la velocidad de disparo habitual.

Como decíamos antes, el enfoque automático se atreve ahora con 11 puntos, 9 de ellos en cruz. Comparado con el usado por la K-m, la verdad es que se trata de un paso adelante, aunque –insistimos- de poco sirve aumentar el número de puntos si no podemos controlarlos a través del visor.

El comportamiento con las ópticas probadas ha sido bastante pobre, y en líneas generales ha faltado velocidad y ha sobrado sonoridad en el mecanismo de enfoque. Digamos que la K-x y el 18-55 mm f3.5-5.6 no forman un tándem recomendable para quienes quieran pasar desapercibidos en el momento de enfocar.

La previsualización Live View dispone de tres modos de enfoque: por detección de fase (el clásico de las SLR, que en este caso implica tener que subir y bajar el espejo), por contraste y por detección facial. Estos dos últimos modos son verdaderamente lentos y frustrantes, así que salvo que contemos con muy buena luz y disparemos a motivos inmóviles, lo mejor será olvidarse de ellos.

La tecnología de detección de rostros, por cierto, es capaz de reconocer hasta 16 caras en una sola escena, aunque tal y como hemos podido comprobar, la cámara se toma su tiempo.

Cambio de tecnología

De CCD a CMOS y –según se rumorea- de Samsung a Sony. Ésta es la evolución seguida por Pentax a la hora de concebir el captor de su nueva réflex, que no sólo sustituye el CCD de 10 megapíxeles de la K-m por un CMOS de 12 millones de puntos, sino que, al parecer, ha optado por cambiar de proveedor.

Dejando a un lado las interioridades del sector –en realidad, lo que nos interesa a todos son los resultados-, la verdad es que su rendimiento nos ha sorprendido muy gratamente. Incluso los archivos JPEG directos, que siempre han sido una asignatura pendiente para Pentax, están muy cuidados en esta K-x, que en líneas generales ofrece un nivel de detalle, color y calidad envidiable.

Con ajustes de sensibilidad desde 100 hasta 12.800 ISO (incluyendo los valores forzados), el ruido está muy bien controlado incluso a 1600 ISO. A mayores sensibilidades, obviamente el detalle se compromete más, pero la K-x sigue produciendo fotos usables al menos hasta 3200 ó 6400 ISO, dependiendo del tamaño de salida y del procesamiento aplicado.

En cualquier caso, los resultados en este terreno superan con claridad lo visto en la anterior K-m. Incluso nos atreveríamos a asegurar que plantan cara sin demasiados complejos a los de la K-7.

Aunque en comparación con todo eso pueda parece una novedad menor, también nos ha gustado comprobar que la K-x incluye un sensor de orientación que nos ahorrará tener que girar las imágenes verticales a la hora de revisarlas en el ordenador.

Retoques rápidos

El rango dinámico también ha salido ganando con esta renovación, y a poco que nos hagamos con el control y la medición de la cámara, será posible explotar al máximo las posibilidades del captor.

Además, si se trabaja en JPEG también se puede recurrir al nuevo modo HDR. Esta función se ocupa de realizar tres tomas consecutivas –si no hay mucha luz, mejor usar trípode o buscar un buen punto de apoyo- para luego fusionarlas en una única fotografía. Los resultados son interesantes o por lo menos curiosos, aunque dependerán mucho de la escena fotografiada y del grado de dureza que apliquemos a la toma.

También disponemos de más efectos, como el proceso cruzado o los ya conocidos filtros digitales. En realidad, la cámara se postula como un pequeño laboratorio que permite editar las fotografías con efectos sencillos pero bastante vistosos para quienes no quieran pasarse por el ordenador.

Lo mismo ocurre con las herramientas de revelado RAW, que permiten exportar estos ficheros a JPEG desde la propia cámara con la posibilidad de realizar pequeños ajustes de las opciones más básicas.

El peso del vídeo HD

Otro de los pilares de la K-x es la grabación de vídeo en alta definición. La cámara es capaz de registrar clips en Motion JPEG (AVI) de 1280 x 720 puntos, con una cadencia fija de 24 fotogramas por segundo. Según hemos podido comprobar, es posible modificar la apertura del diafragma o el enfoque, pero siempre antes de comenzar la grabación de una secuencia, puesto que estos parámetros permanecen luego bloqueados.

Los resultados se mueven dentro de la media habitual en este sector, aunque la llegada de la nueva Canon EOS 550D –algo más cara que esta Pentax, eso sí- supone un revulsivo para la grabación de vídeo en este segmento. El hecho de no disponer de una entrada para micrófonos auxiliares, por otro lado, limita bastante las posibilidades reales de esta función de vídeo.

Para el final del análisis hemos dejado lo que en las SLR de Pentax suele convertirse en un punto conflictivo para algunos usuarios: el uso de pilas en lugar de una batería recargable.

Si bien es cierto que la inclusión de pilas eleva ligeramente el peso del conjunto y se asocia con modelos baratos, también debe valorarse que, en caso de emergencia, es relativamente fácil encontrarlas en cualquier parte del mundo para salir del apuro. Además, siempre sale más barato llevar algunas de repuesto en la bolsa que adquirir una segunda batería.

En cualquier caso, la K-x sigue recurriendo a cuatro pilas de tamaño AA (recargables o no) que han demostrado ofrecer una autonomía estupenda: sin abusar del vídeo y la previsualización en pantalla, hemos superado los 500 disparos.

Envidiable relación calidad-precio

Además de los ya citados problemas con el sistema de enfoque automático, la selección de los puntos en el visor y el pobre rendimiento del estabilizador, poco más se puede criticar de esta K-x. Algunos echarán de menos un conector HDMI y otros quizás la posibilidad de usar un disparador por cable, pero tras convivir unas semanas con esta réflex de Pentax, no cabe ninguna duda de que, a día de hoy, es la que ofrece un mejor equilibrio entre precio, prestaciones y calidad.

¿Acaso existe alguna otra SLR que por menos de 500 euros (con el objetivo) ofrezca grabación de vídeo en alta definición, ráfagas de 4,7 fotogramas por segundo y una excelente calidad de imagen incluso con sensibilidades altas?

TEXTO: Sergi Monsegur
FOTOS: Álvaro Méndez

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