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![]() Lumix DMC-LX3Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3968 x 2232 p. Objetivo (35 mm): 24,0-60,0mm Zoom: 2,5x (óptico) En dos palabras Una excelente elección para quienes busquen una compacta completa y elegante, rematada además con un espectacular angular de 24 milímetros. Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-LX3 con nuestras 44 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 03 de noviembre de 2008 Compacta de lujo (o lujo de compacta)Puede que su precio -al menos el oficial- asuste un poco a los que se acerquen desprevenidos a curiosear sus elegantes formas. Pero superada esa fase, pocas dudas cabe albergar al ver la Lumix DMC-LX3 como una de las compactas más interesantes del momento gracias a su combinación de una óptica espectacular con un zoom 24-60 milímetros f2-2.8, los controles manuales, la grabación en formato RAW y un diseño exquisito. Pensada para un público muy específico -dispuesto a pagar más de 400 euros y prescindir de las focales largas-, la LX3 consigue sobrevivir a las predecibles objeciones en cuanto al ruido y el procesamiento de la imagen -mejorado en relación con sus predecesoras, eso sí- y convertirse en esa compacta que nos gustaría llevar siempre en el bolsillo. Si la veterana Panasonic Lumix DMC-LX2 ya atrajo todas las miradas gracias a su sensor panorámico 16:9 -y sus avanzadas prestaciones-, ahora la nueva LX3 recurre a una fórmula similar pero dejando a un lado la vertiente panorámica y apostando por un espectacular angular de 24 milímetros y con una luminosidad de f2 firmado por Leica.Con estas credenciales por bandera, la LX3 se adentra en el restringido y exclusivo segmento de los 24 milímetros, pero no aspira sólo a convertirse en una alternativa a la Ricoh GX200, sino también a plantar cara a las PowerShot G de Canon -referencia indiscutible dentro de las compactas de altos vuelos- y la nueva Nikon Coolpix P6000. Diseño con concesiones No hay una gran ruptura respecto a los modelos anteriores de la saga LX, pero lo cierto es que la nueva LX3 potencia aún más ese halo de clasicismo y exquisitez que los caracteriza. Disponible en acabados negro -nuestro preferido- y plateado, el cuerpo destaca por su sobriedad frontal, rematada por una empuñadura ligera pero bastante cómoda y un barril de objetivo suficientemente amplio para albergar dos mandos: los selectores del formato de imagen (16:9, 4:3 ó 3:2) y el tipo de enfoque (automático, manual o macro). Sin embargo, la parte posterior recuerda más a una compacta al uso y poco tiene que ver con propuestas más radicales como las de la Sigma DP1 o la ya citada Ricoh GX200. La enorme y excelente pantalla (de 3 pulgadas y 460.000 puntos que se hacen notar, aunque sigue arrastrando ciertos problemas con franjas verticales) deja poco espacio libre en ella, pero aun así Panasonic ha conseguido colocar ocho botones, un interruptor y un joystick. El manejo y el control de los menús son realmente cómodos. Gracias al joystick es posible navegar con mucha agilidad por ellos, y basta con pulsarlo para acceder a un menú de acceso rápido que controla todos los ajustes y parámetros de la toma. Las quejas más bien pueden venir hacia el lado puramente estético o incluso caprichoso por parte de quien está dispuesto a comprar una compacta de este tipo. Por muy menor que resulte la cuestión, una cámara diferente tiene también que parecerlo a primera vista. Y es bajo esta perspectiva -totalmente subjetiva, claro- cuando cuesta aceptar los toscos interruptores que emplea la LX3 para su puesta en marcha o para pasar de la toma de imágenes a su revisión. Así, el mismo joystick, que nos parece una delicia a la hora del manejo, no acaba de cuajar del todo bien con los aires clásicos que destila esta Lumix. Echamos mucho de menos un dial de control similar al que presenta Ricoh en su GX200. Detalles que cuentan Si en este ámbito se podría hablar de despistes estéticos, lo que Panasonic sí ha cuidado mucho es el de los accesorios que completan las prestaciones, y sobre todo, el empaque clásico de esta LX3. El visor externo para el angular de 24 milímetros (el DMW-VF1) es, sin duda, el remate perfecto de su diseño. Su utilidad práctica es más cuestionable, máxime si tenemos en cuenta su elevado precio, pero si pudiéramos hacernos con un kit de la cámara acompañada de este accesorio por un precio comedido, no sería una mala idea. Incluirlo de serie, o mejor aún, idear un cuerpo en el que haya cabida para un visor directo tampoco estaría nada mal. ¿Qué más adornos podemos añadir al excelente cuerpo metálico de la LX3? Dependiendo del presupuesto o los gustos del usuario, la atractiva funda de piel o el conversor angular de 18 milímetros pueden ser grandes adquisiciones. Lástima que este último -que no hemos tenido ocasión de probar- requiera el uso de un tubo adaptador que acaba totalmente con la elegante discreción de la cámara. Un angular que vale su peso en oro En un mercado en el que el diseño ultraplano, la pantalla interminable o las funciones más decorativas suelen llevarse buena parte de la atención a la hora de revisar una cámara, no está de más mostrar un poco de entusiasmo ante una de las mejores ópticas en una compacta que vemos en los últimos tiempos. Por su cobertura, luminosidad y rendimiento, el zoom de 2,5 aumentos Leica Vario Summicron equivalente a 24-60 milímetros y f2-2.8 no tiene parangón en el escaparate actual de compactas. Incluso forzando sus valores más extremos (24 milímetros y f2), los resultados son excelentes y apenas se produce pérdida de luz o nitidez en los bordes de la imagen. En cualquier caso, la posible limitación desaparece con sólo diafragmar uno o dos pasos. Como decíamos, no es la primera compacta que se atreve con este angular, pero al ver los resultados salta a la vista que está un paso por delante de lo que sus dos únicas rivales en esta categoría de focales -la Ricoh GX200 y la peculiar Samsung NV24 HD- pueden llegar a ofrecer. Una idea que se afianza al comprobar la agilidad del zoom o el buen rendimiento que ofrece el sistema de enfoque automático, incluso cuando la iluminación no es muy generosa. Buena receta para poca luz Tampoco hay que olvidarse del sistema de estabilización Mega O.I.S., que aunque no es tan indispensable aquí como con las focales largas, también se deja notar con una mejora que ronda los tres pasos de diafragma. No es, por supuesto, ninguna novedad, pero -como veremos más adelante- la combinación de la luminosidad de la óptica junto a la estabilización hace de esta LX3 una buena herramienta para tomas nocturnas sin tener que depender en exceso de las siempre peligrosas sensibilidades altas. El único problema o limitación de la óptica es evidente: el escasísimo alcance de su zoom. Por mucho que el angular sea lo más importante de esta cámara, sus 60 milímetros se quedan realmente cortos. Ahora bien, vistos en la tesitura de tener que sacrificar un ápice del angular, las comedidas dimensiones de la óptica o su rendimiento por tener algo más de zoom, preferimos esperar a que sea posible desarrollar una óptica similar y por el mismo precio pero con más tele. Mientras tanto, dejemos las cosas tal y como están. Un detalle que ya ha despertado cierto malestar entre los propietarios es, por cierto, la tapa frontal del objetivo. Si bien es más segura que unas simples cortinillas, las posibilidades de perderla -aun con la cuerda que se incluye- son tan altas que no podemos evitar acordarnos del ingenioso sistema de la tapa de la GX200 de Ricoh. Resolución moderada No todo es cuestión de óptica en la LX3. Panasonic también ha hecho especial hincapié en el CCD integrado en esta compacta de altos vuelos y su prometedora -dentro de lo que cabe- combinación de tamaño relativamente generoso (1/1,62 de pulgada) y resolución de "sólo" 10 megapíxeles. Pero, antes de nada, hay que aclarar que si bien la LX2 apostaba por un sensor panorámico de 16:9 y esta LX3 conserva en el barril de la óptica un selector de formato, su CCD responde a las proporciones de 4:3. Por tanto, la máxima resolución de 10 megapíxeles sólo se alcanzará al disparar con este formato, mientras que los otros dos ajustes (3:2 y 16:9) implican un pequeño recorte en la imagen. Los resultados obtenidos, sin ser perfectos, suponen un paso adelante en cuanto a calidad de imagen y control del ruido en relación con lo visto en muchas otras compactas o en modelos anteriores de la marca. Hasta 400 ISO, las imágenes son excelentes en lo que respecta al color, el nivel de detalle y el rango dinámico. El ruido también está muy bien controlado, aunque como siempre, el precio a pagar es el aspecto algo sobreprocesado de algunas fotografías. Claro que a 800 ISO, y sobre todo a 1600 y 3200, el ruido y la acción de los sistemas para su reducción saltan a la vista. A pesar de ello, hay que reconocer que el nivel de detalle que se conserva está por encima de la media de las cámaras compactas y de lo visto en otros modelos de la firma. Unos resultados que, no lo olvidemos, siempre pueden exprimirse un poco más durante el procesamiento si trabajamos en RAW. Lástima que el software que se adjunta para esta tarea, como es habitual, sea un poco mediocre y que a día de hoy ninguno de los principales programas sea compatible con los archivos de esta cámara. Estas prestaciones avanzadas (controles manuales y formato RAW) no parecen ser irreconciliables con el clásico surtido de automatismos con el que Panasonic ha provisto a sus últimas compactas. Así, la LX3 dispone del llamado modo "automático inteligente", que incluye el ya conocido sistema de exposición inteligente -pensado para optimizar el rango dinámico, o al menos, la curva de la imagen- y un nuevo sistema de enfoque por seguimiento que funciona bastante bien. Si hay que buscarle las cosquillas a esta LX3 respecto al rendimiento cromático, el argumento es el de siempre: falta un ajuste específico para las luces fluorescentes, y el modo automático sigue sin ser lo suficientemente preciso para que Panasonic se tome estas licencias. No nos cansaremos de repetirlo. Vídeo HD Aunque no sea el vídeo en alta definición a 720p una cualidad determinante para la mayoría de los usuarios que se sientan atraídos por esta compacta, es innegable que supone un valor añadido, y que de entrada, coloca la LX3 un pequeño paso por delante de potenciales competidoras. Los resultados de estas secuencias de 1280 x 720 píxeles, sin ser ninguna maravilla, no decepcionan teniendo en cuenta que hablamos de una cámara fotográfica. El limitado zoom óptico puede utilizarse durante la grabación, si bien son de nuevo los 24 milímetros los que pueden aportar un punto de originalidad a estas piezas de vídeo. El elegante flash integrado en la parte frontal superior del cuerpo responde según los cánones habituales: correcto en las distancias cortas y medias pero insuficiente si el área a iluminar es lejana. De todas maneras, hay que destacar su buen comportamiento junto con la focal más angular, puesto que no se producen sombras apreciables en la imagen. Buena inversión Por mucho que a primera vista esos 500 euros del precio oficial de la Panasonic Lumix DMC-LX3 asusten -si bien es posible encontrarla ya por unos 400-, tras pasar unas semanas con esta compacta entre las manos no parecen una inversión excesiva para lo que se obtiene a cambio. No es la LX3 una cámara para todos los públicos ni pretende serlo. Su precio, sus prestaciones y su diseño dejan claro desde el primer momento su orientación hacia un tipo de usuario muy específico, que va a priorizar esos 24 milímetros o el formato RAW sobre cualquier otro criterio más comercial o habitual. No es perfecta, claro. Aun con el notable progreso experimentado por el CCD en relación con lo visto en modelos anteriores -si está claro que la contención de la resolución es el camino, ¿por qué no se aplica más a menudo?-, el duro procesamiento de la imagen y los resultados a partir de 800 ISO siguen siendo mejorables. Pero son la excelente óptica y su luminosidad las que minimizan los fallos de esta cámara. Tanto que si nuestro presupuesto ronda esos 400 ó 500 euros (los más sibaritas pueden aumentarlo y hacerse con una Leica D-Lux 4) y podemos sobrevivir sin ir más allá de los 60 milímetros (dicen que los pies son el más antiguo de los zoom), optar por una LX3 es una muy buena idea. TEXTO: Iker Morán FOTOS: Álvaro Méndez |
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