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Lumix DMC-LX1

Características
Punt. usuarios: 4,36 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: CCD de 8,40 MP
Máx. res.: 3840 x 2160 p.
Objetivo (35 mm): 28,0-112,0mm
Zoom: 4x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
Una compacta con reminiscencias clásicas que, a pesar de sus elevados niveles de ruido, hará las delicias de los más nostálgicos
Precios
Mejor precio: 209 €Ver precios
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Muestras
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-LX1 con nuestras 23 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 07 de noviembre de 2005

El puente entre Leica y el píxel

En esta era del consumismo en que vivimos, las compañías quizás se han centrado demasiado en el segmento más lucrativo -léase el de aficionado- y han descuidado al fotógrafo más clásico. Estos usuarios, amantes de la fotografía hasta decir basta, siempre han estado a expensas de los demás. Hasta ahora. La nueva Lumix DMC-LX1 de Panasonic va dirigida a ellos, con un cuerpo de estética clásica, un angular de 28 milímetros y una calidad de imagen notable -muy a pesar de unos indiscretos niveles de ruido. El sensor panorámico de 8,4 megapíxeles y un estabilizador de quitarse el sombrero los retendrá en el píxel para siempre.

El anagrama de la mítica marca fotográfica Leica y su diseño -ligeramente similar al de las cámaras de la marca germana- han llevado a muchos de los que hemos mostrado la Lumix DMC-LX1 a plantearse una duda: ¿es o no es esta cámara una Leica digital?

Aunque esta percepción inicial no es del todo equivocada (Leica tiene en la nueva D-Lux 2 una réplica exacta de esta LX1), lo que Panasonic nos presenta en realidad es un intento de meter lo mejor de una cámara en un cuerpo pequeño, manejable y -por qué no decirlo- agradable de ver.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

La LX1 se descubre coqueta y seductora, como aquellas sinuosas actrices de los años cuarenta que hacían que uno se muriese de ganas de bailar con ellas a cualquier precio. Es ésta una cámara que enamora a los fotógrafos más conservadores por su estética, sencilla pero al tiempo atrayente, moderna y seductora, pero clásica y enigmática a la vez.

Todo un logro de diseño en los tiempos que corren. De no ser por las múltiples inscripciones técnicas, uno casi vería en ella una cámara de las de toda la vida.

Cuerpo de pecado

El cuerpo, de un acabado metálico mate agradabilísimo a la vista y al tacto, es sorprendentemente ligero. Tener entre las manos esta cámara invita a mirar por el visor… que no tiene. Es más, incluso sabiendo que carece de visor, uno tiende a buscarlo de forma casi instintiva.

Incluso dan ganas de buscar un anillo de diafragmas en el objetivo o una palanquita en el lomo mediante la cual cargar un carrete. No tiene nada de eso, pero sí un agarre que, aun no siendo muy cómodo, permite asir la cámara con una sola mano sin complicaciones y controlándola -como quien dice- con dos dedos.

La parte trasera alberga una enorme pantalla -ocupa más de la mitad de la superficie- de 2,5 pulgadas y 207.000 píxeles de resolución. El monitor disfruta de un buen refresco en condiciones óptimas de luz, pero en cuanto ésta cae la velocidad de reciclaje se resiente un poco.

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Su calidad, ello no obstante, es excelente. Apenas produce bandas cuando se encuadran contraluces y brinda unos colores fieles a la realidad y un nivel de detalle envidiable, tanto en la reproducción como en la toma de imágenes. Su visionado es factible incluso con condiciones lumínicas complicadas, ya que el efecto espejo de la protección de la pantalla no resulta tan acusado como en otros modelos.

El resto de mandos se distribuyen uniformemente por la parte trasera y superior de la máquina. Especial atención merece un pequeño joystick, de funcionalidad cuestionable.

El dial de control, situado en la parte superior, permite elegir entre varios modos de uso, desde el manual -pueden emplearse velocidades de hasta 60 segundos de exposición, nada menos- al automático. También están disponibles las clásicas prioridades y algunas escenas prefijadas, como las denominadas "piel delicada" y "cielo estrellado".

Unos agradables 28 milímetros

El objetivo de factura Leica incorporado en este modelo es de tipo retráctil -es una pena que al extenderse se pierda esa nostalgia de las cámaras Leica-, con unas focales equivalentes a 28-112 milímetros (un zoom óptico de 4 aumentos) y unos diafragmas de f2.8 y f4.9, respectivamente.

Ni qué decir tiene que esos 28 milímetros, aun estando disponibles únicamente en el modo de captura panorámica 16:9, son toda una bendición. Cabe reseñar, no obstante, que la distorsión de barril que exhibe es un tanto elevada.

No podemos decir lo mismo de la focal más larga: 112 milímetros no son demasiados, y si a eso le añadimos la pírrica luminosidad de f4.9, poco más hay que añadir.

Y qué decir del estabilizador de tres pasos marca de la casa. Soberbio. Nuestras pruebas demuestran que puede dispararse con el zoom a tope y a velocidades de 1/8 segundos, con un nivel inexistente de trepidaciones. ¿Por qué el resto de marcas no copiarán esta prestación?

En el capítulo de las aberraciones cromáticas, la óptica de la LX1 aprueba, aunque no con una nota especialmente alta. Los molestos halos púrpura detectados, por mínimos que sean, deberían haberse desterrado de un cristal que lleva escrita la palabra Leica.

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La calidad óptica del objetivo, aberraciones al margen, es elevada. El nivel de detalle y la definición son excelentes, dignos de la marca alemana.

Sin embargo, el zoom y el enfoque dejan bastante que desear en lo que a velocidad se refiere. El primero es lento y no obedece al mando correspondiente con presteza, ya que los pasos del zoom están muy definidos por la cámara.

El enfoque, por su parte, es bastante lento y en ocasiones poco preciso. Cuando hay poca luz, se apoya en el modo automático en una lámpara naranja bastante útil -aunque un poco molesta.

En el modo de enfoque manual, la LX1 magnifica parte de la imagen en la pantalla para afinar el tiro con mayor precisión. La modalidad de enfoque macro, de hasta 5 centímetros de proximidad, despierta las ya citadas impresiones referentes a la velocidad de reacción.

8 megapíxeles panorámicos

Haciendo compañía al objetivo, encontramos un sensor de nada menos que 8,4 megapíxeles, capaz de tomar fotografías con la nada desdeñable resolución de 3840 x 2160 puntos en formato panorámico. De hecho, este modelo de Panasonic permite disparar fotografías en los formatos 16:9, 4:3 ó 3:2.

El modo panorámico, por cierto, es real: el sensor es ciertamente de proporciones 16:9. No se trata, como hemos visto en otras cámaras, de un sensor de formato 4:3 que captura imágenes recortadas por arriba y abajo para que parezca panorámico.

La calidad del captor es bastante elevada, ofreciendo un magnífico rango dinámico, así como unos excelentes valores de contraste y saturación. Los colores son sorprendentemente reales y no desmerecen en absoluto a las expectativas que nos hicimos al desempaquetar esta compacta.

El defecto evitable

La sensibilidad, un capítulo que últimamente brinda bastantes decepciones en el mundo digital, permite moverse en un arco de 80 a 400 ISO. Por desgracia, el mal presagio del ruido electrónico se cumple también en esta ocasión.

Tirando con suficiente luz, la presencia de ruido es casi tolerable, incluso a 200 ISO. No puede decirse lo mismo cuando se trabaja a 400 ISO, donde las consecuencias de colocar tantos megapíxeles en tan poco espacio se dejan notar. El filtro de reducción de ruido funciona bastante bien en estos casos.

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Sin embargo, en condiciones de luz baja -una foto nocturna, por ejemplo- los efectos de dicho filtro resultan prácticamente imperceptibles, y el ruido es molesto ya a 100 ISO. Es una pena que un fallo así reste puntos a una compacta de tan alto nivel.

El balance de blancos funciona estupendamente, tanto en el modo automático como en los distintos modos prefijados. El rendimiento es muy favorable en situaciones complejas de luz, aunque quizás sea con luces de tungsteno cuando la LX1 resuelve peor la papeleta. El modo de ajuste manual, por su parte, también funciona magistralmente.

El flash de tipo pop-up está integrado en el cuerpo y disimulado de tal forma que, cuando está replegado, casi ni se intuye su presencia, contribuyendo a conservar la estética Leica que tanto agrada.

Su funcionamiento es más que decente, ofreciendo una iluminación correctísima a un alcance más bien moderado -unos 4 o quizás 5 metros-, incluso en condiciones de oscuridad total. Su reciclaje, por último, es suficiente para disparar una foto tras otra.

La batería brinda un funcionamiento continuado de muchas decenas de fotografías con una sola carga. Se aloja en la base junto a la tarjeta SD Card, protegida por una portezuela de plástico. La LX1 permite -hacía tiempo que no lo veíamos- sustituir la tarjeta sin necesidad de apagar la cámara, con lo que el cambio de memoria puede realizarse con más agilidad que en otros modelos con los que hay que esperar a que el objetivo se repliegue y vuelva a extenderse.

Para los nostálgicos de las compactas

Qué bonito es recordar los felices tiempos de Leica, y qué bonito es -más todavía- conjugar la mítica marca con el píxel, a tiempo completo y en el mismo lugar.

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Que esta cámara es una joya para la vista es un hecho; que lo es al tacto, también; que toma unas fotos maravillosas, lo mismo; que la sensibilidad -concretamente el ruido- es una mancha en su hoja de servicio, nadie lo va a discutir. Pero no es menos cierto que la Panasonic Lumix DMC-LX1 es una compacta que devolverá a más de uno las sensaciones más agradables de la fotografía.

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