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![]() Lumix DMC-L10Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 17,30 x 13,00mm Máx. res.: 3648 x 2736 p. Factor: 2,00x Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas En dos palabras Tan práctica como una cámara compacta pero con las ventajas de una réflex, la L10 tiene en el elevado precio su principal hándicap Precios Mejor precio: 789 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-L10 con nuestras 38 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 21 de enero de 2008 Hacia las réflex del futuroAunque desde hace años rondan por el sector numerosas especulaciones sobre cómo podrían ser las SLR del futuro, nadie se había atrevido a hacer un esbozo con tanta credibilidad como el de Panasonic en su Lumix DMC-L10. A medio camino entre una compacta y una réflex, la nueva Lumix pretende aunar las ventajas de los dos mundos: manejabilidad y calidad, fundidas ambas en un cuerpo bien diseñado de 10 megapíxeles. Apoyada como la Lumix DMC-L1 en una óptica Leica, tropieza con uno de los baches de su hermana mayor: un precio muy elevado. Sobre todo si lo que se quiere es seducir a los usuarios de las compactas. Lo comentamos desde Berlín con ocasión de la feria IFA tras pasar unas pocas horas con la cámara, y nos reafirmamos tiempo después al conocerla con más detalle. Ahora, tras una relación un poco más estable, no cabe sino insistir en que la L10 es, a día de hoy, la SLR más innovadora y sencilla de manejar del mercado.Pese al atractivo de estos dos alicientes, está claro que una réflex concebida como la hermana pequeña de la L1 necesitará algún argumento más para convencer. Y es que desde el primer momento hay que dejar bien sentado que nos enfrentamos a una cámara peculiar tanto en prestaciones como en precio: nada menos que 1.200 euros (con la óptica Leica 14-50 mm f3.8-5.6 D Vario Elmar que forma el kit de lanzamiento) para una cámara que en teoría apunta al fotógrafo aficionado. Entre dos mundos A caballo entre las Lumix DMC-L1 y FZ50 -ya dijimos en su día que la L10 se nos antojaba como la sucesora de aquella compacta-, esta peculiar combinación consigue que la segunda réflex digital de Panasonic se plante en los escaparates con un cuerpo lleno de buenas sugerencias, pero también con algún que otro resbalón. Alejada ya del clasicismo de la L1 y sus líneas contundentes, aquí la ergonomía recuerda mucho más a la de una de esas cámaras compactas de grandes dimensiones. Ligera y bien construida en general -más aún si pensamos que es una cámara dirigida al público aficionado-, la L10 no ha cuidado algunos detalles como hubiera sido deseable. Tal es el caso del flash incorporado, cuyo mecanismo de elevación es demasiado brusco, o la tapa que esconde la batería en la base del cuerpo: su aparente fragilidad plástica y el sistema de apertura son imperdonables en un cuerpo de más de 1.000 euros. Tampoco acaba de convencernos el sonido del espejo durante la obturación. En cambio, la construcción del objetivo Leica que acompaña al cuerpo o la comodidad de manejo de sus dos amplios anillos para el zoom y el enfoque son sencillamente excelentes. Al hablar de los aciertos en la construcción tampoco hay que olvidarse de las dos ruedas que la L10 incorpora en su parte frontal y trasera, y que facilitan en gran medida los ajustes de la toma. De todos modos, menos acertado parece que una de ellas venga directamente configurada para compensar la exposición, porque resulta casi inevitable moverla por error. Un gran acierto Aunque al echar un vistazo a la hoja de especificaciones de la segunda réflex de Panasonic no hay ningún detalle que destaque notablemente, lo cierto es que la L10 esconde una exclusiva muy interesante. Tanto que, si no fuera por alguna de las pegas que iremos detallando, justificaría por sí sola su compra por parte de muchos usuarios. Y es que quienes estén acostumbrados a trabajar con una compacta y no quieran renunciar a ciertas prestaciones al dar el salto al mundo SLR tienen en la L10 la respuesta que buscaban. El secreto reside en el nuevo sistema de enfoque propuesto, que combina la tecnología habitual de las réflex (Phase Detection) con el enfoque por contraste que usan las compactas. El resultado es que la cámara ofrece la clásica previsualización Live View que ya lucía por ejemplo la L1, pero con la notable diferencia de que no es necesario mover el espejo réflex para enfocar. Pese a que pudiera parecer un detalle insignificante, esta tecnología convierte la L10 en la SLR más sencilla y similar en manejo a una compacta. Un logro al que contribuye notablemente el sistema de menús, también muy parecido al de las Lumix compactas. Las ventajas son evidentes: la previsualización no se pierde en ningún momento y el enfoque no tiene que esperar a que el espejo baje y vuelva a subir. Además, la cámara aprovecha este modo para ofrecer 11 puntos de enfoque que se pueden seleccionar fácilmente, así como el primer sistema de detección facial implementado en una SLR. Por partida doble Las alabanzas a este sistema de previsualización -similar, aunque más veloz que el que Nikon ofrece en sus D3 y D300- llegan además colmadas por la movilidad de la pantalla de 2,5 pulgadas y 207.000 píxeles. Un detalle gracias al que la L10 se impone claramente sobre la competencia en su segmento -especialmente sobre aquellas que lucen Live View en pantalla fija- e incluso se adelanta a la Olympus E-3. No obstante, hemos descubierto dos aspectos preocupantes respecto al monitor. En primer lugar, la diferencia entre las imágenes previsualizadas en la pantalla y las vistas luego en el monitor del ordenador es tan abismal que lleva a equívocos sobre la exposición de la imagen. Reducir el brillo de la pantalla -sacrificando así parte de la gratificante experiencia de ver las fotos mejor de lo que en realidad son- puede ser un consuelo. Tampoco el refresco de la pantalla parece óptimo, sobre todo al disparar ráfagas. Y también nos hemos encontrado -encuadrando escenas con texturas complejas- en situaciones en que el muaré del monitor es más que evidente. Afortunadamente, este efecto no se refleja posteriormente en las fotografías. No todo son flores, pero si bien es cierto que este enfoque por contraste resulta un poco más lento que el de los sistemas réflex tradicionales (sobre todo si la luminosidad escasea), la diferencia se relativiza al comparar la L10 con otras réflex para fotógrafos aficionados, en vez de hacerlo con modelos del mismo precio. Tampoco hay que olvidar que si se opta por usar el visor réflex tradicional, el de la L10 es demasiado pequeño y oscuro. El ocular de ampliación de 1,2x tampoco soluciona mucho este problema, que incluso complica la posibilidad de componer la escena y ver los ajustes de la exposición simultáneamente. Leica 14-50 mm El enfoque, por su parte, se reduce de 11 a 3 puntos al usar esta modalidad, y lógicamente se desactiva la función de detección facial. Más preocupante resulta que este sistema de enfoque por contraste sólo sea compatible con la última hornada de ópticas Leica D. Es decir, de todos los objetivos actualmente disponibles para el sistema Cuatro Tercios, sólo dos son operativos con esta modalidad. Entre ellos se encuentra lógicamente el Leica 14-50 mm f3.8-5.6 D Vario Elmar que acompaña al cuerpo de la cámara en forma de kit. Un kit que, por ahora, es indisociable y obliga a Panasonic a vender la L10 a un precio poco competitivo. Es éste, sin duda, uno de sus puntos más débiles. Concebido como hermano pequeño del Leica 14-50 mm f2.8-4, que a su vez acompaña a la L1, su construcción es extraordinaria. Con un enfoque correcto en velocidad y precisión, la óptica se desenvuelve sin problemas en cuanto al control de las aberraciones cromáticas y geométricas. Si su punto fuerte es incuestionablemente el excelente -y conocido- sistema de estabilización Mega O.I.S. de Panasonic, capaz de ofrecer una mejora de hasta 4 pasos respecto a la velocidad de disparo normal, la nitidez se nos muestra como el talón de Aquiles de esta L10. ¿Es el objetivo o el procesamiento de la imagen? Aunque el segundo debe asumir gran parte de la resolución -como veremos luego-, un sencillo experimento nos permite demostrar que el nuevo zoom de 14-50 milímetros no ofrece con este sensor una nitidez óptima. La prueba es bastante sencilla. La misma escena, la misma cámara (la L10) y los mismos parámetros de disparo con un Leica D 14-50 mm y un humilde Zuiko 14-42 mm f3.5-5.6. El resultado, como puede verse en las muestras que acompañan a esta prueba, evidencia que el sencillo Zuiko se impone en cuanto a nitidez. Manejo para todos los públicos Antes de abordar el Live MOS de 10 megapíxeles incorporado en esta L10 hay que detenerse a hablar del manejo de la cámara. No en vano, es éste uno de sus mejores atractivos en combinación con la tecnología de previsualización. La idea es, como decíamos, trasladar al sector SLR la facilidad de manejo de las compactas. Y se ha hecho al pie de la letra, con unos menús que calcan la esencia de las Lumix compactas. Así, además de un surtido elenco de accesos directos, el usuario puede navegar por todos los parámetros de la toma sobreexpuestos en el encuadre de la escena: sensibilidad, medición, enfoque, balance de blancos. A propósito del balance de blancos, pese al buen rendimiento general de la L10 -excepto con las luces de tungsteno, para variar-, no es de recibo que Panasonic insista en prescindir de un preajuste para luz fluorescente también en este modelo. Si la idea es confiar plenamente en el automatismo, las pruebas demuestran que en estos casos aún queda algo de trabajo por hacer. Flojean en el manejo algunas opciones que, en nuestra opinión, están demasiado escondidas. Tal es el caso -por ejemplo- del sistema de reducción de ruido, oculto tras varios menús y opciones. Y una última nota para los traductores de la casa: traducir el original "film mode", que permite ajustar los efectos de color con valores tan curiosos como el modo nostálgico, por la expresión "modo cine" puede llevar a alguna que otra confusión. A no ser que Panasonic esté simplemente dando pistas sobre futuros avances en el ámbito de las réflex. ¿JPEG o RAW? Dotada con un sensor de 10 millones de píxeles, no faltan quienes sitúan este Live MOS en la misma órbita que el utilizado por la Olympus E-510, o incluso que el de la E-3. Semejanzas aparte, lo cierto es que la resolución que ofrece la cámara está a la altura de lo que ofrecen el resto de modelos de este segmento medio para aficionados. La velocidad de disparo, de 3 fotogramas por segundo, tampoco se sale de la media. La ráfaga es ilimitada si disparamos en JPEG (lo hemos podido comprobar con tarjetas SD Card de gama alta), pero resulta excesivamente limitada cuando se opta por el formato RAW, con un máximo de 3 imágenes consecutivas. No falta tampoco el conocido sistema de limpieza automática del sensor, que Panasonic y Olympus comparten y cuya eficacia está más que probada. Con una sensibilidad máxima de 3200 ISO, la L10 muestra indicios de ruido ya a partir de 400 ISO, volviéndose bastante visible a 800 ISO. Un dato un tanto desalentador, teniendo en cuenta que estamos hablando de un sensor similar al de algunas Olympus que han demostrado un mejor rendimiento en este campo. El problema, por tanto, parece concernir más al procesador de imagen que al Live MOS propiamente dicho. En realidad, la falta de detalle y nitidez de las imágenes al trabajar con el formato JPEG que hemos comentado anteriormente radica principalmente en este punto. De hecho, si optamos por realizar la misma captura en RAW y la procesamos -en nuestro caso, con la última versión de Adobe Lightroom-, salta a la vista que el fichero RAW dispone de toda esa información latente que tan sólo hace falta extraer. Este hecho nos recuerda vagamente a lo que ocurre con la Pentax K10D, que adolece de una falta de nitidez y detalle semejante en las tomas en JPEG realizadas con los ajustes estándar. Elevar el ajuste de nitidez en los parámetros de la captura puede aportar algo, pero aquellos usuarios más exigentes que quieran exprimir realmente el potencial de la L10 deberán pasar un rato trabajando con los archivos RAW. Una situación que, dado el público destinatario al que va dirigido la cámara, puede resultar un poco incongruente. ¿De qué sirve concebir la SLR de manejo más sencillo, cómodo y práctico del mercado si luego en el disparo directo en JPEG se sacrifica parte de su potencial? Con una autonomía algo justa si se abusa de la previsualización -que será lo habitual, ciertamente-, el flash integrado en el cuerpo presume de una altura considerable y permite resolver con acierto las clásicas situaciones en las que puede ser útil. En lo tocante a la zapata para flashes externos, la cámara demuestra un funcionamiento perfecto con las unidades TTL compatibles, como el Olympus FL-50 con el que ha sido probada. Cuestión de precio Sin llegar a hablar de decepción, tras pasar un tiempo con la Lumix DMC-L10 a cuestas sí es cierto que esperábamos algo más de la segunda réflex de Panasonic. Es verdad que aún es pronto y que habrá tiempo para ir limando errores. Y es que si con la L1 la marca consiguió llamar la atención, ahora ha vuelto a hacerlo con la L10. Lo que antes era clasicismo y elegancia, ahora es ruptura y futuro. Y es precisamente este aspecto el más esperanzador de la L10, porque estamos convencidos de que algún día cercano las réflex -al menos las más sencillas- se parecerán a esta Lumix. Innovar conlleva sus riesgos, y Panasonic tal vez ha prestado demasiada atención a algunos aspectos (manejabilidad, sencillez de diseño, previsualización con enfoque) y ha descuidado otros vitales. El bajo rendimiento del sensor al trabajar en JPEG con sensibilidades altas o la falta de nitidez son, sin duda, puntos que no pueden ser pasados por alto. Pero sobre todo es el precio lo que más nos asusta de esta L10. Es evidente que una óptica firmada por Leica conlleva un desembolso superior, pero no está claro qué tipo de usuario o cuántos usuarios aficionados estarán dispuestos a saltar de su compacta a esta SLR, cuyo precio supera con creces la barrera de los 1.000 euros. Vender el cuerpo por separado -gran parte del abultado precio se debe a la óptica- podría ser una solución, pero sólo cuando exista una gama de objetivos amplia, asequible y compatible con el sistema de enfoque por contraste. Sin duda, por ahí deberían ir ahora mismo las prioridades de Panasonic si pretende afianzar su posición en el complicado mercado de la fotografía réflex. TEXTO: Iker Morán |
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