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Lumix DMC-L1

Características
Punt. usuarios: 4,55 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
Ver opiniones
Sensor: Live MOS de 7,50 MP
Tam. sensor: 17,30 x 13,00mm
Máx. res.: 3136 x 2352 p.
Factor: 2,00x
Pantalla: TFT de 2,50 pulgadas
En dos palabras
Clasicismo y últimas tecnologías se dan la mano en la primera SLR de Panasonic, potente y resolutiva
Precios
Mejor precio: 811 €Ver precios
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-L1 con nuestras 37 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 30 de octubre de 2006

El futuro de lo clásico

Panasonic entra en el mundo réflex de la mano del estándar Cuatro Tercios y por la puerta grande. La Lumix DMC-L1, su primera SLR, bebe de las fuentes tradicionales de la fotografía, compaginando casi a la perfección lo clásico -se nota la mano de Leica- y lo contemporáneo. Con novedades como la previsualización en pantalla, la L1 llega dotada de 7,5 megapíxeles, una máxima sensibilidad de 1600 ISO, limpieza de sensor por ultrasonidos, un diseño que enamora y un objetivo Leica 14-50 mm estabilizado que tira de espaldas. Preparen las huchas y los martillos: la L1 ya ha llegado.

La Lumix DMC-L1 supone un estreno por partida doble. No sólo se trata de la primera cámara de ópticas intercambiables creada por Panasonic, sino que llega acompañada de la primera óptica Leica D. Es decir, un objetivo intercambiable firmado por la mítica marca germana y con bayoneta Cuatro Tercios.

Tal vez por la conjunción de estas dos circunstancias se pueda entender que la excitación al recibir la cámara fuera máxima. No sólo ya por las expectativas creadas, sino también por la emoción de tener una óptica Leica de nueva factura entre las manos y –sobre todo- colocada en una réflex digital.

Las sensaciones al desempaquetar el producto fueron sucediéndose una tras otra en unos segundos: intriga, emoción, excitación… y asombro: ¡no parecía tan grade en las fotos!

La L1 llega, efectivamente, escoltada por el nuevo Leica D Vario-Elmarit 14-50 mm f2.8-3.5, que en el momento de recibir la cámara y a la espera del lanzamiento del Summilux 25 mm f1.4 era la única pieza de la incipiente familia Leica D.

Nacida para gustar

Concebida como cámara de reportaje –no es lo suficientemente rápida para hacer fotografía deportiva ni lo suficientemente discreta para hacer “robados”-, lo primero que hicimos en QUESABESDE.COM al recibir la cámara fue pulsar la opinión profesional. Así, consultamos a diversos fotógrafos para que nos diesen una primera impresión basada en sensaciones –no en pruebas técnicas- de lo que les sugería esa L1 entre las manos.

Las primeras impresiones fueron variopintas, aunque con tendencia a ser positivas. Casi todos alabaron la construcción de la cámara, el aroma clásico que rezuma, la buena sensación que transmite… e incluso la calidad de la imagen que se podía adivinar a través de su pantalla.

Por el contrario, la mayoría protestó por el ajuste en los laterales de la correa, que impide un agarre cómodo, y no faltó quien –desde el sector de la fotografía deportiva- criticó el rendimiento del autofoco.

Pero como no basta con sensaciones, nos pusimos manos a la obra para analizarla a fondo. Las que siguen fueron nuestras conclusiones, ahora sí, basadas en la experiencia y el trabajo de campo.

Accesos directos

Como hemos dicho, la primera impresión que la L1 causa es de sorpresa. Y es que su tamaño es mucho más grande de lo esperado.

Ya nos adelantaban los profesionales consultados que el agarre de la cámara no es especialmente cómodo, y lo cierto es que –en este sentido- nos hemos topado con disparidad de criterios entre los miembros de QUESABESDE.COM.

Por otro lado, la disposición de los mandos y botones –el disparador nos parece demasiado pequeño- y su profusión no hacen que el manejo de la cámara resulte especialmente sencillo, aunque sí bastante cómodo.

La parte trasera, como decimos, está salpicada de numerosos botones, muchos de los cuales ejercen de accesos directos, posibilitando una ágil y rápida modificación de algunas de las funciones más comunes. Sin embargo, tal proliferación de controles dificulta a veces el manejo de la cámara, sobre todo hasta que uno no se aprende de memoria la situación de cada uno de ellos.

También existe el acceso directo para activar la previsualización en pantalla, un mando para el modo de enfoque, un pequeño multiselector para moverse por los menús e incluso un botón de profundidad de campo. Pensada para ser utilizada –como toda réflex- con ambas manos, accionar la mayoría de estos mandos requiere separar la cámara del rostro.

Información y previsualización

La pantalla, de 2,5 pulgadas y 207.000 puntos de resolución, no sólo se encarga de la reproducción de las imágenes –ofrece un buen rendimiento en este campo, por cierto-, sino que también sirve para mostrar los datos de exposición y previsualizar la imagen encuadrada.

Esta última prestación convierte a la L1 en la segunda réflex equipada con el sistema Live View, a rebufo de la pionera Olympus E-330.

Pero vayamos por partes. La posibilidad de visualizar la información en la pantalla, para empezar, permite conocer de un vistazo datos como el balance de blancos, la sensibilidad o la combinación de velocidad y diafragma.

Aunque para algunos este modo de funcionamiento pueda resultar algo confuso -es cierto que se trata de mucha información para una sola pantalla-, la verdad es que a la larga se agradece no tener que navegar por los menús o mirar un pequeño monitor de cristal líquido con múltiples iconos apiñados los unos sobre los otros.

La funcionalidad de la pantalla, que a fin de cuentas es lo que más importa, hace gala de sus mejores argumentos a la hora de modificar una variable. Así, sólo es necesario pulsar el botón de acceso directo correspondiente para, acto seguido, cambiar los parámetros mediante una pequeña rueda o un multiselector.

Precisamente por eso, los menús propiamente dichos quedan reducidos a las opciones menos vitales desde el punto de vista estrictamente fotográfico, minimizando así la navegación, que en la mayoría de las cámaras llega a ser francamente tediosa.

El sistema Live View de previsualización en la pantalla, por su parte, contrasta con todo el clasicismo que rodea a la L1. Prestaciones como ésta, de hecho, convierten definitivamente la L1 en una perita en dulce tanto para los fotógrafos más clásicos como para los más innovadores.

La citada previsualización -a la que se accede mediante un botón específico- hace posible que pueda emplearse la pantalla de esta réflex como visor a la hora de encuadrar. Al no disponer de dos sensores –como sí sucede en la E-330-, cuando se activa el sistema de previsualización el espejo se levanta –en realidad, gira- y el obturador se abre.

El hecho de usar el mismo sensor de captura para el visionado implica que el sistema de enfoque, lento de por sí, se ralentice aún más. Para compensar esta lentitud es casi preferible recurrir al foco manual.

Controles a la vieja usanza

Es en el control del diafragma y la velocidad de obturación donde la L1 juega sus bazas más clásicas. Y es que el potente Vario-Elmarit que acompaña a la cámara incorpora un anillo para cambiar de diafragma. Curioso detalle para los tiempos que corren.

El manejo de este anillo responde a los cánones fotográficos más tradicionales. Girándolo se consigue modificar la abertura, utilizando el modo de trabajo manual o de prioridad al diafragma.

Si se desea dejar este parámetro en automático –esto es, en los modos programado o con prioridad a la velocidad-, tan sólo hay que mover el mando hasta la marca "A".

Para poder utilizar objetivos sin anillo de diafragmas –no olvidemos que la bayoneta de la L1 es compatible con todas las ópticas Cuatro Tercios- un dial secundario, usado normalmente para moverse por algunos menús, hace las veces de dial de diafragmas. Tal y como ya adelantábamos en nuestras primeras aproximaciones a este modelo, todos los detalles de la L1 parecen calculados al milímetro, sin dejar fleco alguno.

El procedimiento para controlar la velocidad de obturación es similar. Una rueda en la parte superior del cuerpo –las reminiscencias clásicas continúan- permite seleccionar los distintos valores a golpe de giro.

Si elegimos en este dial la indicación “A”, la cámara toma el control de la obturación. Evidentemente, si dejamos tanto el dial de velocidad como el anillo de diafragma en esta misma posición, se activa entonces el modo programado.

Todo ello configura un sistema de manejo a la vieja usanza que, lejos de desentonar con la estética o el tipo de público al que va dirigida la L1, supone una de sus características más destacadas.

Flash en dos tiempos

Las sorpresas nunca terminan en esta Panasonic. El flash, por ejemplo, es una de ellas. Así, además de incorporar una zapata para unidades externas, la L1 también cuenta con un flash de tipo pop-up integrado en el cuerpo y que puede liberarse en dos tiempos mediante un resorte.

Así, tras una primera pulsación, el flash permanece apuntando hacia arriba, proporcionando una suerte de destello rebotado. Un segundo toque lo libera completamente, apuntando -ahora sí- hacia delante.

Con un tiempo de reciclaje correcto, la incorporación de un flash de tipo pop-up en este modelo es cuando menos inesperada. La mayor parte de usuarios de este tipo de cámaras no suele utilizarlo, y desde luego resulta complicado hacer que un flash de tan escasa potencia rebote.

En nuestras pruebas, concretamente, la efectividad del rebote sólo ha sido aceptable cuando había reflectores blancos colocados muy cerca del destello. El habitual recurso de recurrir al techo, por tanto, queda descartado casi por completo.

El visor, por su parte, no es uno de los puntos fuertes de la L1. Aparte de no estar muy surtido de datos -se concede demasiada importancia a la pantalla en detrimento del visor-, no es tan luminoso como sería deseable. En cualquier caso, tampoco es tan oscuro como podría esperarse en un modelo dotado de previsualización en pantalla.

Además, no es especialmente grande, y ello limita la visión cuando el ojo no está en posición completamente perpendicular al visor.

Objetivo impagable

El sistema de estabilización también hace acto de presencia en esta cámara, o mejor dicho, en el objetivo que la acompaña de serie. Compatible con todas las cámaras del estándar Cuatro Tercios, el nuevo Leica 14-50 mm no sólo dispone de estabilizador Mega O.I.S., sino que también incorpora anillos de zoom y enfoque, suaves y de recorrido no muy largo, que proporcionan un uso cómodo y bastante preciso.

No podemos más que echar flores en el estreno de Leica como fabricante de ópticas intercambiables para réflex digitales. Desde hace poco, por cierto, este magnífico 14-50 mm también puede adquirirse por separado.

Con una distorsión inexistente y una aberración cromática invisible, este objetivo destaca tanto por su polivalente rango focal como por una más que destacable luminosidad, aunque hubiéramos preferido -claro está- un diafragma de f2.8 continuo.

De construcción sólida y aparentemente robusta, esta óptica no ha ofrecido durante nuestras pruebas ninguna complicación digna de mención.

En lo que a estabilización se refiere, el objetivo de Leica cuenta con las dos clásicas posiciones del sistema Mega O.I.S. de Panasonic. En este sentido, aunque es compatible con todas las bayonetas Cuatro Tercios, el modo de estabilización 2 –para disparar desde posiciones en movimiento- no está disponible con las réflex de Olympus, puesto que necesita intercambiar información con el cuerpo.

En cualquier caso, el objetivo estabiliza de forma adecuada, permitiendo disparar hasta 2 pasos -puede que incluso 3- por debajo de la obturación recomendada en condiciones óptimas.

La L1 sólo cuenta con 3 puntos de enfoque. En este apartado, el del autofoco, la cámara se muestra lenta pero precisa, tanto en el modo sencillo como en el continuo. Tal es la confianza que Panasonic tiene en su sistema de autofoco que, una vez realizada la toma, es posible comprobar automáticamente en la pantalla su nitidez mediante una ampliación.

Imagen de alta calidad

La L1 alberga un sensor Live MOS que sigue los estándares Cuatro Tercios. Compatible con todas las ópticas de esta montura, exhibe un factor de multiplicación de 2x, por lo que la focal de cualquier objetivo acoplado a este cuerpo sufre una aparente duplicación.

Con una resolución de 7,5 millones de puntos y un tamaño de imagen máximo de 3136 x 2352 píxeles, la L1 permite trabajar con los formatos JPEG y RAW. En el primero de los dos, la ráfaga es ilimitada y tiene una cadencia de 3 fotogramas por segundo; en RAW, los números se limitan a 2 tomas por segundo, con un máximo de 6 disparos consecutivos.

Teniendo en cuenta que el objetivo suministrado de serie es una auténtica delicia, la calidad de imagen de la réflex de Panasonic no podía ser mala.

La reproducción del color es bastante acertada –es posible seleccionar varios modos de color, por cierto- y muestra una gradación tonal suave y realista.

El balance de blancos -personalizable y con dos memorias- funciona muy bien en el modo automático, pero en los modos prefijados deja algo que desear. El balance para luz de tungsteno ofrece una extraña dominante verde, también presente en el modo fluorescente, aunque en esta ocasión mucho más suave.

Destaca especialmente la posibilidad de realizar un ajuste fino del balance, dotando a la toma de dominantes de color para corregir posibles variaciones en el tono, producto de una combinación de distintas fuentes de luz. La selección mediante una escala de grados Kelvin también esta disponible.

Dotada de zócalo para tarjetas SD Card, la L1 es compatible con el nuevo Standard SDHC para tarjetas de alta capacidad.

Más ruido del deseado

La sensibilidad, por su parte, abarca desde 100 hasta 1600 ISO. Aunque esperábamos una mínima velocidad ISO de 50 y diversos pasos intermedios, la L1 salta de un escalón a otro, duplicando la sensibilidad.

Respecto a los resultados, hasta 200 ISO la presencia de ruido es nimia y totalmente tolerable. A 400 ISO el ruido en escenas con buena iluminación ya es visible, y si subimos a 800 ó 1600 ISO, el problema se convierte en gráficamente ensordecedor. Tanto, que hasta modifica el color de la toma.

Pensando -remarcamos- que el usuario de esta cámara dará una importancia superlativa a la calidad de imagen, apuntamos este aspecto en la balanza de los puntos negativos. Si en muchos análisis afirmamos que a un usuario le puede dar lo mismo el ruido a 800 ISO, en este caso ocurre lo contrario. Nos toca, por tanto, señalar una pequeña decepción en este aspecto.

Cuenta la L1, no obstante, con la opción de minimizar estos artefactos mediante un algoritmo de reducción de ruido. Sin embargo, dada la pérdida de nitidez que implica, esta prestación no es del todo funcional.

Asepsia

El sistema de limpieza del sensor se activa cada vez que se enciende la cámara. Aunque no hemos querido manchar deliberadamente el sensor para poner a prueba la eficacia del mecanismo, nos hemos conformado con separar cuerpo y óptica en innumerables ocasiones y sin especial cuidado.

A las fotos nos remitimos para asegurar que en las imágenes no se aprecia polvo o suciedad por ningún lado. De nuevo, los resultados ofrecidos por la tecnología Super Sonic Wave Filter (SSWF) desarrollada por Olympus son satisfactorios.

La batería utilizada por la L1 es una unidad de ión de litio de 1500 mAh. Teniendo en cuenta la estabilización, el peso de los cristales de los objetivos, la previsualización y el sistema de limpieza, debemos decir que su rendimiento es bastante satisfactorio; es posible realizar varios cientos de tomas sin preocuparse de economizar energía.

Un buen punto de partida

Sentimientos encontrados. Ésas podrían ser las palabras más adecuadas para definir las conclusiones tras pasar un tiempo con este modelo entre las manos. Con reminiscencias de lo clásico pero también con el indudable sello digital, la Panasonic Lumix DMC-L1 es una cámara que nos vuelve a invitar -como las viejas telemétricas- a disfrutar únicamente del placer de fotografiar.

Incómoda para muchos tipos de fotografía, lenta en diversos aspectos, un tanto ruidosa y posiblemente cara para la mayoría de bolsillos, la primera réflex de Panasonic tiene, pese a todo, algo que enamora.

Más allá de su excelente calidad de imagen, del eficaz sistema de limpieza o de esta maravilla hecha objetivo que es el primer Leica D, no cabe duda de que la L1 supone un punto y aparte –otro más- en lo que a fotografía digital se refiere.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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