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Lumix DMC-G1

Características
Punt. usuarios: 4,34285714285714 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: Live MOS de 12,10 MP
Tam. sensor: 17,30 x 13,00 mm
Máx. res.: 4000 x 3000 p.
Factor: 2,00x
Pantalla: TFT de 3,00 pulgadas
En dos palabras
Primera representante del estándar Micro Cuatro Tercios, la G1 consigue aunar lo mejor de los mundos compacto y réflex
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Análisis
lunes, 02 de marzo de 2009

Más allá del espejo

Pocas veces una revolución tecnológica de este calibre se ha servido en un plato tan al gusto de todos los públicos. Y es que quienes esperaban algún tipo de experimento extraño al oír hablar por primera vez del estándar Micro Cuatro Tercios verán en esta Panasonic Lumix DMC-G1 una cámara demasiado convencional. Más allá de las primeras impresiones, la G1 marca un punto de inflexión al prescindir del espejo réflex y dejar en manos de un visor electrónico y del enfoque por contraste funciones que antes pasaban inexorablemente por esta desaparecida pieza. No es una SLR ni una compacta, pero pretende -y en gran medida lo consigue- acercar al mercado lo mejor de los dos mundos: sencillez, tamaño reducido -aunque no tanto como creíamos- y la calidad de un sensor grande. Su elevado precio y las limitadas posibilidades ópticas son, por ahora, dos severos reveses a un estreno llamado a hacer historia.

¿Una réflex sin espejo? ¿Una compacta de ópticas intercambiables? ¿Un nuevo segmento de mercado que busca la calidad de una SLR con la comodidad y el tamaño de una compacta? Definir el rol de la joven Lumix DMC-G1 de Panasonic en el universo fotográfico es, posiblemente, más complicado que hacerse con su control y descubrir su potencial.

Con una estética que sorprende, disgusta y apasiona a partes iguales, la G1 inaugura el estándar Micro Cuatro Tercios por una vía más comercial de lo que muchos vaticinábamos.

Habrá que esperar para saber si es o no un éxito en los escaparates –el precio puede ser un problema-, pero de momento lo que está claro es que la desaparición del espejo réflex y del pentaprisma marca un punto de inflexión en el que ya no hay vuelta atrás.

De colores

Si se toma como referencia una réflex convencional, el diseño de la G1 se aleja bastante de las líneas y los criterios habituales. No obstante, si pensamos en las que bien podrían considerarse sus predecesoras (la Lumix DMC-L10 y, por extensión, la FZ50), queda claro que las cosas no han cambiado tanto.

Que es bastante pequeña y ligera no admite discusión. Que esperábamos que lo fuera más, tampoco. Aun así, el cuerpo logra un buen equilibrio entre tamaño, peso y agarre, teniendo en cuenta el segmento al que va dirigida.

El tema de los colores dependerá de los gustos, y por lo que hemos podido constatar, la versión en rojo tiene bastante buena aceptación (aunque el objetivo negro no acaba de sentarle del todo bien).

La textura gomosa del cuerpo también provocará disparidad de criterios, pero estamos convencidos de que será bien acogida entre su público potencial.

Detalles estéticos al margen, su manejo resulta muy sencillo para cualquiera que se haya acercado alguna vez a una compacta de Panasonic. Los menús responden a la estructura clásica, con todas las funciones centralizadas a través del botón “Q.Menu” y reforzados por accesos directos a la sensibilidad o el balance de blancos, entre otros.

Detalles por pulir

La búsqueda de ese espacio intermedio entre una compacta y una SLR obliga a la G1 a tomar ideas de ambos mundos, conformando un conjunto bastante completo en lo que a opciones y manejabilidad se refiere. Algo complejo, tal vez, para los usuarios más noveles, pero nada que no pueda solucionarse tras un tiempo de uso y adaptación.

Además de la pantalla móvil –de la que luego hablaremos-, la rueda frontal integrada en la empuñadura no sólo resulta eficaz para modificar los ajustes, sino que su función de pulsador también es de gran utilidad. Lástima que una segunda rueda trasera no se encargue de rematar este apartado y que en esta zona de la cámara no haya ni un dial o joystick que facilite las operaciones.

Cierto que el nivel de exigencia tiene que adecuarse al rango al que va dirigida está G1, pero dado su precio, hay algunos detalles que no acaban de convencernos. El levantamiento manual del flash o la rueda inexplicablemente dedicada en exclusiva al tipo de enfoque –simple, continuo o de seguimiento- no son de recibo.

Del mismo modo, los pulsadores de la parte trasera resultan bastante poco prácticos a la hora de navegar por los menús o cambiar los ajustes. Un dial o el joystick que la propia Panasonic utiliza en algunas de sus compactas sería una idea mucho mejor.

Retos superados

Detalles al margen, dos son los grandes retos que pone sobre la mesa esta G1 al prescindir del espejo: el visor electrónico, que asume aquí el papel desarrollado hasta ahora por el visor SLR, y el enfoque automático, basado exclusivamente en el mismo mecanismo por contraste que utilizan las compactas.

Dos complicadas asignaturas a las que el estándar Micro Cuatro Tercios tiene que enfrentarse y que la G1 ha resuelto con bastante acierto, más aún si tenemos en cuenta que se trata de un territorio apenas explorado.

El sistema por contraste es ya un viejo conocido de la marca –que lo estrenó en el escaparate SLR con la citada L10- y poco a poco de todas las réflex dotadas de Live View. La G1 sigue este camino, mejorando considerablemente el rendimiento respecto a lo visto en modelos anteriores.

Con el sencillo objetivo Lumix G 14-45 mm f3.5-5.6 Vario con que se ha probado la G1, el funcionamiento es bastante ágil en la mayoría de situaciones, aunque la falta de luz se acusa tanto en la velocidad como en la precisión. ¿Es comparable al enfoque habitual de las SLR? No, pero resulta suficiente para el tipo de usuarios al que se dirige esta cámara.

Impresionante visor

Con el nuevo visor electrónico pasa algo parecido. Pese a las reticencias iniciales, hay que reconocer que el rendimiento de esta pequeña pantalla de nada menos que 1,4 millones de puntos es sublime.

Además de esta cifra, que triplica la mayor resolución vista hasta ahora en un visor de este tipo, según los datos aportados por Panasonic la nueva tecnología LCO empleada es muy superior a la de los LCD utilizados habitualmente.

Dejando a un lado la teoría, la verdad es que los resultados son espectaculares. No sólo es una cuestión de tamaño, cobertura (del 100%, claro), luminosidad o información disponible, aspectos en los que el visor de la G1 supera a las SLR más sencillas, sino que la sensación es muy próxima a la que obtendríamos con un visor convencional.

Pero no todo son buenas noticias. Si los resultados con buena luz son esperanzadores para el hasta ahora desesperante rendimiento de los visores electrónicos, enfrentarse a escenas nocturnas nos devuelve a la cruda realidad.

El rendimiento sigue siendo superior al de cualquier otro visor de este tipo. Aun así, el ruido electrónico y el refresco se resienten seriamente y dificultan en gran medida el encuadre y el enfoque.

El visor, por cierto, dispone de un sensor de activación automática en uno de los laterales que se encarga de desconectar la pantalla al acercar la cámara al ojo. Útil en muchos casos, durante los días de convivencia con la G1 ha quedado claro que sería mucho más preciso y eficaz si estuviese situado bajo el visor, tal y como ocurre con algunas réflex de Sony.

De todos modos, no hay que olvidar que en la mayoría de situaciones la pantalla de 3 pulgadas será la protagonista a la hora de componer la escena. Su excelente calidad y resolución (460.000 puntos), y sobre todo su total movilidad suponen un gol por la escuadra a la mayoría de modelos de la competencia.

Nueva bayoneta

Más allá de la ausencia de espejo y sus implicaciones, la G1 también estrena bayoneta y sistema de ópticas intercambiables. Aunque se mantienen las dimensiones del sensor Cuatro Tercios, la nueva estructura interna permite reducir considerablemente la distancia entre óptica y sensor, y con ello el grosor de la cámara.

Fruto de estos cambios, la nueva montura Micro Cuatro Tercios es notablemente más pequeña que la original y añade dos conectores más para mejorar la comunicación entre cuerpo y óptica. Objetivos que, por cierto, también pierden centímetros y gramos de peso con el cambio para convertirse en unas piezas realmente pequeñas y ligeras.

El problema es que este cambio de bayoneta implica que la gama de objetivos compatibles quede por ahora (y a la espera de las novedades que probablemente lleguen a partir de mañana con la inauguración de la feria PMA) limitada a dos: el citado 14-45 mm f3.5-5.6 y el teleobjetivo Lumix G 45-200 mm f4-5.6 Vario. En ambos casos, hay que multiplicar por dos para obtener el ángulo de visión equivalente en paso universal.

Si bien es cierto que es posible acceder al catálogo de objetivos Cuatro Tercios, el uso del adaptador sacrifica uno de los mejores argumentos del sistema –el reducido tamaño- y a la hora de la verdad sólo una docena de objetivos Leica D y Zuiko Digital son compatibles con el sistema de enfoque automático de la cámara.

Sin duda, es ésta una de las asignaturas pendientes si, como suponemos, este estándar quiere ir más allá de la G1 y alberga pretensiones serias entre los fotógrafos aficionados y profesionales.

12 megapíxeles a la vista

Otra sorpresa no muy agradable: al retirar la óptica de la montura nos encontramos, de frente, con el Live MOS de 12 megapíxeles de la cámara. Sin espejo de por medio, parece que Panasonic ha preferido poner a prueba su sistema de limpieza antes que exponer las delicadas cortinillas del obturador.

Superado el susto inicial –no hay que olvidar que el filtro SSWF y el de paso bajo se interponen-, el hecho de que el obturador esté siempre abierto provoca, posiblemente, que los dos movimientos necesarios generen un sonido bastante escandaloso. Más aún si se tiene en cuenta que en las SLR el espejo suele ser el gran responsable de esta sonoridad.

Pese a los citados inconvenientes, la verdad es que la calidad de imagen que es capaz de ofrecer este nuevo sensor nos ha sorprendido gratamente.

La evolución respecto a modelos anteriores no es que sea revolucionaria, pero un pequeño avance en el control de ruido y un procesamiento de la imagen mucho menos duro (el ruido de luminancia persiste, pero a cambio se conserva más detalle y nitidez) hacen que trabajar a 800 ISO o incluso a 1600 ISO con buena luz no sea ninguna locura.

De hecho, la pregunta que todos nos hacíamos al oír hablar por primera vez de esta G1 (¿estará su rendimiento a la altura de las SLR más sencillas?) sólo admite una respuesta: sin ninguna duda.

Pese al buen trabajo del procesador con el control del ruido, el rango dinámico del sensor Cuatro Tercios utilizado sigue estando un poco por debajo de la media, sobre todo en lo que respecta a las luces altas. Si no cuidamos la exposición, éstas pueden “quemarse” con relativa facilidad.

Recurrir al sistema “automático inteligente” y a su modo de contraste automático tampoco sirve de mucho: se recupera algo de información en las zonas con sombra, pero las áreas quemadas permanecen inmunes –como suele ocurrir- a las teóricas mejoras que este mecanismo debería aportar.

Terminamos el repaso al rendimiento de esta G1 comentando los desiguales resultados que ofrece a la hora de mirar con lupa sus colores y el rendimiento de los distintos balances de blancos.

La falta de un ajuste específico para luz fluorescente –como en todas las cámaras de Panasonic- es tan inexplicable como siempre, más aún cuando el modo automático sigue sin responder en condiciones en esta situación.

De hecho, este ajuste no ofrece un rendimiento especialmente bueno con luces artificiales, aunque también es cierto que si tenemos un poco de paciencia para calibrar el balance manual, los resultados pueden ser casi perfectos.

En busca de su espacio

De acuerdo. Nuestros temores originales eran totalmente infundados. Cierto que la Lumix DMC-G1 no es tan pequeña o tan rupturista como algunos esperábamos, pero la calidad general que brinda es excelente –a la altura de sus principales competidoras- y el delicado tema del visor y el enfoque han sido resueltos mucho mejor de lo que preveíamos.

Aun así, esta primera Micro Cuatro Tercios tiene por delante todos esos retos que tienen que afrontar quienes se salen de la ordenada fila. De entrada, tiene que encontrar su propio espacio en un mercado en el que hasta ahora no había espacio entre compactas y réflex digitales.

Tampoco es la compacta de sensor grande que los usuarios avanzados llevan tiempo esperando, así que todo parece indicar que su espacio se corresponde más con la herencia de la Lumix DMC-FZ50. Los estudios de mercado aseguran que ese nicho existe, y ahora sólo falta que los escaparates lo confirmen.

Y es que a los potenciales compradores para los que Panasonic ha diseñado esta G1 es posible que les dé bastante igual su carácter revolucionario y la esencia de la filosofía Micro Cuatro Tercios. Mirando el lado bueno de la cuestión, seguro que tampoco les hace sufrir mucho que no haya muchas ópticas compatibles (por ahora, insistimos).

Precisamente por eso, el único problema a la hora de recomendar esta cámara de más de 700 euros es que, calculadora en mano y puestos a juntar lo mejor de dos mundos, por menos de ese precio también podemos comprarnos una SLR de gama baja e incluso una de esas excelentes Lumix DMC-LX3 para llevar siempre en el bolsillo.

TEXTO: Iker Morán
FOTOS: Álvaro Méndez

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