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Lumix DMC-FZ8

Características
Punt. usuarios: 4,49367088607595 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 7,20 MP
Máx. res.: 3072 x 2304 p.
Objetivo (35 mm): 36,0-432,0mm
Zoom: 12x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
A pesar de heredar los problemas de ruido de sus antecesoras, la FZ8 derrocha calidad óptica y ofrece un buen rendimiento general
Precios
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Muestras
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-FZ8 con nuestras 42 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 25 de junio de 2007

El peso de la reputación

La Lumix DMC-FZ8 entra en escena para destronar a su aclamada predecesora, la FZ7. Conservando el potente zoom Leica estabilizado de 12 aumentos, la nueva compacta de Panasonic ofrece un millón de píxeles más de resolución (hasta un total de 7) y un remozado procesador de imagen. Hermana pequeña de la FZ50, a la neonata le toca acarrear con el peso de la reputación cosechada por sus ancestros. Una tarea arduo complicada, teniendo en cuenta las altas expectativas.

La serie FZ de Panasonic sigue evolucionando. Y es que si el tiempo nunca se detiene, aún menos en un mundo tan vertiginoso como el de las cámaras digitales, en el que los nuevos modelos casi se solapan con los anteriores.

El resultado es que las novedades son en muchas ocasiones mínimas, y los lanzamientos sólo tratan de evitar que un nombre o una saga caduquen por "inactividad".

Tal es el caso de la Lumix DMC-FZ8, perteneciente a una saga que ha inscrito su nombre propio con letras de oro en la Biblia del píxel. Mucho le ha costado a esta familia de zoom largo de Panasonic alcanzar su reputación, y esta última evolución aspira a estar a la altura de las circunstancias.

Pocas novedades

Descendiente directa de la FZ7 y porteadora de muchas de las novedades ya vistas en la FZ50, la nueva FZ8 tan sólo ofrece sutiles diferencias con respecto al modelo precedente. Mejoras que, pese a no ser todas ellas físicamente apreciables, lo cierto es que cobran su importancia en el resultado final de las fotografías.

Para empezar, el procesador de imagen Venus II de la FZ7 sube un peldaño, dejando al coherentemente denominado Venus III como encargado de gestionar los datos de imagen en la nueva cámara. Datos que pueden grabarse -por fin- en formato RAW.

La sensibilidad máxima crece hasta los 3200 ISO -aunque hay truco, ya que el máximo valor calibrado se detiene en 1250 ISO- y también aumenta el tamaño del visor electrónico.

La pantalla, por su parte, mantiene las 2,5 pulgadas de diagonal que luce la FZ7, pero mejora su resolución hasta los 207.000 píxeles. Además, la autonomía de la batería también gana enteros, situando la promesa en torno a los 400 disparos por carga -cifra un tanto discutible, como veremos- y superando los 300 ofrecidos por su antecesora.

Cuerpo de plástico

Las similitudes estéticas entre la FZ8 y la FZ7 son más que notorias. Ejemplo de ello son el cuerpo y la filosofía de funcionamiento, que con alguna que otra novedad en los controles podrían calificarse de virtualmente idénticos.

También hace acto de presencia el estabilizador Mega O.I.S. en la óptica Leica; el zoom sigue siendo el mismo; la zapata para flashes externos continúa brillando por su ausencia, y aún cohabitan los modos manuales con los automáticos.

Haciendo buenas las impresiones que relatábamos en la FZ7, la FZ8 conserva ese aspecto que la asemeja a una réflex en miniatura y propone un agarre relativamente cómodo.

Pese a que su reducido tamaño -a no ser que queramos emplear el desproporcionado parasol que acompaña al objetivo- sea uno de lo mejores argumentos, es posible que el uso prolongado acabe resultando levemente incómodo.

En el cuerpo de la FZ8 siguen predominando los materiales de naturaleza plástica, que le confieren un aspecto particularmente endeble. En lo referente a los mandos, el pequeño joystick de control implementado en la FZ7 -que se ha revelado casi imprescindible- se mantiene en esta nueva cámara, asumiendo funciones como la modificación de los parámetros de abertura y velocidad, el ajuste del enfoque o la compensación de la exposición.

El resto de los controles son idénticos a los del cuerpo predecesor, y sigue resultando bastante sencillo acceder a ellos con una sola mano. La activación del flash, que por su posición requiere de la mano izquierda, es la única excepción. Manteniendo todas las posibilidades de control manual, sólo se ha añadido algunos modos escénicos nuevos.

Pantalla mejorada

La pantalla brinda una velocidad de refresco adecuada -aunque, como casi siempre, cuando la luz escasea este parámetro se resiente- y una calidad de imagen excelente. Definitivamente, el aumento de la resolución del TFT se nota.

Aunque en menor medida, las bandas a contraluz siguen apareciendo, y tampoco se ha conseguido eliminar el molesto efecto espejo. A la hora de revisar las fotografías, hay que aplaudir de nuevo la calidad de la pantalla, que ofrece colores reales y una nitidez excelente.

El visor electrónico aumenta ligeramente su tamaño hasta las 0,44 pulgadas, pero sufre los mismos males endémicos que en modelos precedentes. La merma de la calidad de la imagen y la ralentizada velocidad de refresco se hacen patentes en comparación con la pantalla TFT trasera.

Como no podía ser de otra forma, las funciones del visor y la pantalla son idénticas: encuadrar, revisar las capturas realizadas y dar alojamiento a unos menús que, dicho sea de paso, permanecen inalterados y siguen reclamando un poco de práctica por parte del fotógrafo.

Leica vuelve a hablar

El cañón óptico de la FZ8 cuenta, de nuevo, con la firma de Leica. Dado que el objetivo es virtualmente el mismo que el de la FZ7, damos por buenas las valoraciones que hacíamos en el análisis de aquella cámara (que, a su vez, son casi idénticas a las de la FZ5).

En resumen: enfoque rápido y preciso; distancia focal amplísima (lleva mucho tiempo recorrerla toda); angular demasiado escaso; estabilizador para quitarse el sombrero, y calidad óptica fuera de toda duda.

Seguimos echando de menos un anillo manual para el zoom y otro para el enfoque, especialmente para el primero, ya que en cámaras con focales tan largas pasar de angular a teleobjetivo es un suplicio.

La luminosidad de la óptica sigue siendo maravillosa, y es especialmente difícil de igualar ese diafragma de f3.3 en el extremo focal del teleobjetivo, equivalente a 432 milímetros.

El estabilizador, por su parte, sigue demostrando un excelente estado de forma, y permite realizar disparos en la máxima focal a 1/10 segundos con una probabilidad de éxito digna de mención.

La calidad óptica del objetivo queda fuera de toda duda, con imágenes nítidas y un nivel de detalle elevado. La mínima presencia de aberraciones cromáticas y distorsiones geométricas viene a confirmar que Leica y Panasonic forman un matrimonio bien avenido.

El ruido de siempre

Sin embargo, esta cámara no podía ser perfecta -ninguna lo es- y en el conjunto formado por el sensor y el procesador de imagen encontramos su particular talón de Aquiles. No es que la calidad del captor sea cuestionable, pero dentro de la cadena que forma la FZ8 se presenta como el eslabón más débil.

Los 7 megapíxeles de resolución máxima de este CCD de 1/2,5 pulgadas, manejados por el procesador de imagen Venus III de última generación, nos permiten capturar instantáneas de hasta 3072 x 2304 puntos.

La calidad de las capturas es buena -aunque la imagen tiende a quedar empastada cuando el contraste es muy bajo- y los colores que ofrece son reales, con unos degradados virtualmente perfectos y un nivel de detalle más que aceptable.

La cosa cambia en lo referente al eterno y complejo binomio formado por la sensibilidad y el ruido, que vuelve a plantearse en este caso como una de las principales vulnerabilidades de la gama Lumix FZ en general y de esta FZ8 en particular.

Con un abanico que va desde 100 a 1250 ISO (además un valor forzado de 3200 ISO que ofrece una calidad deplorable), la FZ8 se defiende en las sensibilidades bajas. Más allá de 400 ISO, sin embargo, la cosa cambia.

No podemos decir que la FZ8 sea muy ruidosa. Es más, después de analizar las muestras obtenidas, concluimos que los niveles de ruido están dentro de lo tolerable para muchos usuarios en un alto porcentaje de los disparos.

Se agradece (aunque futuribles sustitutas seguramente se llevarán por delante este argumento) lo comedido de esos 7 millones de puntos, teniendo en cuenta la incipiente obsesión por la decena y la docena de megapíxeles.

Más que en el propio sensor, el problema radica en el sistema de reducción de ruido, que a partir de 400 ISO ataca con virulencia la nitidez de la imagen, comiéndose el detalle y convirtiendo una calidad potencialmente soberbia en algo sólo aceptable.

Lo cierto es que esperábamos un mejor rendimiento de la más moderna de las cámaras de una gama tan veterana.

Los balances de blancos, por su parte, siguen en sus trece. Con la particular animadversión por un modo prefijado para la luz fluorescente -¿será que no existen fluorescentes en el mundo de Panasonic?-, la FZ8 sigue cojeando con todas las luces que no sean blancas.

Si no hacemos un balance manual, la cámara ofrece dominantes bien amarillas -con tungsteno- o bien verdes -con fluorescente. En este aspecto, a la saga FZ aún le queda mucho por mejorar.

No podemos olvidar la inclusión del llamado "ISO inteligente", otra de las prestaciones más llamativas de la cámara. Capaz de ajustar automáticamente la sensibilidad teniendo en cuenta la luminosidad y el movimiento de la escena, como ya vimos en la Lumix DMC-TZ3, este mecanismo ofrece un comportamiento un tanto irregular. Resultará muy útil, eso sí, para el usuario que quiera ahorrarse quebraderos de cabeza con los ajustes.

300 disparos (o más)

La autonomía es uno de los parámetros que han mejorado respecto al modelo anterior. Según Panasonic, la FZ8 puede alcanzar los 380 disparos por carga.

Si bien nuestras pruebas no son tan optimistas, la cámara logra alcanzar la nada desdeñable cifra de 300 imágenes por sesión, todo ello con el estabilizador casi siempre activo y sin vacilar a la hora de utilizar la pantalla, modificar la focal o recurrir al flash integrado.

Respecto al flash, poco podemos añadir a lo dicho ya sobre la mayoría de cámaras compactas que hemos probado: útil para las focales angulares y demasiado corto para las largas. Eso sí, seguimos añorando la inclusión de una zapata para un dispositivo externo (aunque teniendo en cuenta su precio de 300 euros, igual es mucho pedir).

Nuevo eslabón, los mismos defectos

La Panasonic Lumix DMC-FZ8 refuerza la gama FZ, que se consolida como una de las series con mejor relación calidad-precio del mercado.

Lejos aún de la perfección, la cámara abusa del plástico en su construcción -algo que no gustará a muchos-, pero ofrece un superzoom estabilizado -algo que entusiasmará a la mayoría-, sin que el precio se dispare o se acerque siquiera al de las SLR más asequibles.

No obstante, para ser la más joven descendiente de una gama tan inveterada, hay algunos aspectos -como el ruido electrónico- que Panasonic debería haber solventado de una vez por todas.

La FZ8 paga el precio de la fama y está condenada a las comparaciones. Si se presentase como un modelo totalmente nuevo, probablemente lograría muchos mas adeptos; siendo como es heredera de la FZ7, no es incongruente pedir algo más.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Iker Morán

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