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Lumix DMC-FZ50

Características
Punt. usuarios: 4,39772727272727 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 10,10 MP
Máx. res.: 3648 x 2736 p.
Objetivo (35 mm): 35,0-420,0mm
Zoom: 12x (óptico) / 4x (digital)
En dos palabras
Con una de las mejores ópticas integradas y un envidiable cuadro de especificaciones, la FZ50 sigue lidiando con el ruido electrónico
Precios
Mejor precio: 420 €Ver precios
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Muestras
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-FZ50 con nuestras 44 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 17 de octubre de 2006

Acelerón a medio gas

En un momento en que las máquinas réflex son más económicas y versátiles que nunca, en una era en que los objetivos son cada vez mejores y más precisos, las compactas de tipo SLR siguen en la cresta de la ola. La Lumix DMC-FZ50 recoge el testigo de la FZ30, y lo hace con la difícil misión de mantener el tipo frente a un modelo que dejó huella. El mismo zoom estabilizado de 35-420 milímetros, 10,4 megapíxeles de resolución y un modo de sensibilidad inteligente de hasta 1600 ISO resumen el despliegue de encantos de una renovada cámara dispuesta a comerse el mercado. Aunque, quizás, esta vez lo haga a medio gas.

Hace más o menos un año llegaba a la redacción de QUESABESDE.COM la Panasonic Lumix DMC-FZ30. Era la FZ30 una falsa réflex que combinaba con notable acierto las ventajas del mundo SLR con las del compacto, desechando casi todos los inconvenientes. Marcó una época, y aún hoy sigue estando en el primer puesto de las listas de modelos favoritos de muchos fotógrafos.

Sin embargo, por muy buena que sea una cámara, antes o después llega su relevo. Y el de la FZ30 se llama Lumix DMC-FZ50.

Tal vez el principal problema de la FZ50 es que se encuentra con lo difícil ya masticado, y que de ella se espera que haga el todavía-más-difícil. Si de por sí decidirse entre una cámara u otra es difícil, escoger entre una réflex o una compacta de tipo SLR es ineludible preludio de un dolor de cabeza.

Como toda evolución, la FZ50 cuenta con algunas –varias- diferencias respecto a su predecesora. Las más importantes las enumeramos a continuación: más megapíxeles, hasta 10,4 en un sensor CCD de idéntico tamaño que el de la FZ30; nuevo procesador Venus III; un monitor de 207.000 píxeles –casi 30.000 menos que en la FZ30; compatibilidad con flashes externos TTL, y una sensibilidad mejorada e “inteligente” de hasta 1600 ISO (o de 3200 ISO, si nos adentramos en el pantanoso terreno de los valores no calibrados).

Además, se ha mejorado el consumo –Panasonic asegura que pueden realizarse hasta 360 fotos con una sola carga- y la calidad del vídeo. El resto de características esenciales, como el zoom estabilizado de 35-420 milímetros firmado por Leica o los modos de trabajo –automáticos, semiautomáticos y manuales- se mantienen invariables.

Herencia genética

A grandes rasgos, el aspecto externo de la FZ50 es calcado al de su predecesora. Se trata de una cámara compacta muy desarrollada y con un cuerpo bastante grande, pero en el que predomina el plástico.

Eso sí, al sujetarla con firmeza –y como ocurría con la FZ30- no transmite la sensación de que pueda romperse a la más mínima. Ello no es óbice para desear, de nuevo, un cuerpo algo más metálico, aunque sólo fuera en sus partes vitales.

Ciertamente, hay pocas cosas que puedan decirse sobre los rasgos externos de este modelo que no se hayan dicho ya de la FZ30.

A la hora de disparar, el agarre de la cámara es cómodo, pero el dedo meñique sigue bailando. Los botones traseros y superiores son un poco incómodos de manejar sin separar el ojo del visor –están en el límite de la zona de acción de los dedos- y la rueda de modos es casi inaccesible sin soltar la máquina.

Por el contrario, los anillos de zoom y enfoque son tremendamente suaves de accionar y cómodos de usar, y permiten controlar totalmente ambos elementos.

El alojamiento para la tarjeta SD Card, situado al lado derecho y justo debajo de la palma de la mano, está protegido por una tapa de plástico algo endeble, bastante similar a la que protege las conexiones externas al otro extremo del cuerpo. Exactamente igual que en la FZ30, sin ir más lejos.

No hay -tampoco en esta ocasión- muchos mandos y botones, considerando las generosas dimensiones de la cámara.

La distribución de los mandos se inspira en la de los modelos SLR, con varios de ellos colocados estratégicamente en el barril del objetivo. Los dos diales de control -uno delante y otro detrás- permiten modificar ciertos valores, como la obturación o el diafragma, al más puro estilo réflex.

Panasonic ha añadido, además, el botón FUNCTION que ya vimos en la Lumix DMC-FZ7 y que permite modificar rápidamente valores tan recurrentes como el tamaño de la captura o la velocidad ISO.

Menos puntos, más movilidad

La parte trasera acoge la pantalla TFT de 2 pulgadas y 207.000 puntos, resolución algo menor que la exhibida por el modelo precedente. Dicho monitor es móvil y bascula hacia arriba o hacia abajo, girando sobre sí mismo cuando queremos protegerlo de ralladuras mientras utilizamos el visor electrónico. Su movilidad –y consecuentemente su versatilidad- es mayor que la ofrecida por la FZ30.

La calidad de la pantalla, a pesar de conformarse con esas 2 pulgadas y de que Panasonic haya rebajado ligeramente su resolución, es ciertamente buena. Cuenta con un buen refresco cuando la luz es abundante y algo más limitado cuando es más pobre. A pesar de que sufre el efecto espejo y se aprecia la aparición de bandas cuando la incidencia de la luz es intensa, la calidad de reproducción es excelente.

Aunque también es posible hacerlo a través del visor electrónico, la navegación por los menús es –evidentemente- una de las tareas de la pantalla. Dichos menús se dividen en dos carpetas, una de grabación y otra de ajustes. Son sencillos y se pliegan al esquema de todas las Lumix que conocemos.

El visor electrónico, de 235.000 píxeles de resolución, ofrece todas las posibilidades de la pantalla TFT, incluida la revisión de imágenes o el histograma en tiempo real, y cuenta con un refresco virtualmente idéntico al de la pantalla. Tampoco podemos hablar en esta ocasión de una calidad similar a la que ofrece el visor réflex tradicional, pero no podemos quejarnos.

Temas sensibles

El sensor aumenta en 2 megapíxeles la resolución de la FZ30, alcanzando los 10,1 millones de puntos efectivos y ofreciendo una resolución máxima de hasta 3648 x 2736 píxeles en cada imagen.

Como viene siendo habitual en las Panasonic, la FZ50 permite realizar las capturas en formato 4:3, así como en 3:2 y en un falso modo panorámico 16:9. El abanico de sensibilidades se extiende desde los 100 hasta los 1600 ISO, y se añade un valor no calibrado de 3200 ISO perfectamente prescindible. La FZ30, recordémoslo, no superaba la sensibilidad de 400 ISO.

El balance de blancos funciona de forma más que satisfactoria en todas las situaciones. Es cierto que aún podría atinar más, sí, pero la FZ50 cuenta con un muy práctico sistema de ajuste fino del balance que permite modificar el matiz de color. De este modo, es el fotógrafo quien da el tono deseado a sus imágenes.

Las opciones de sensibilidad disponibles en la FZ50 son, posiblemente, la novedad más importante respecto a los modelos precedentes. Y no sólo por el ya descrito abanico disponible, sino también por la denominada opción de control inteligente de la sensibilidad o ICC. Vayamos por partes.

El control inteligente de la sensibilidad, función que han estrenado la FZ50 y la Lumix DMC-LX2, detecta el movimiento presente en la escena encuadrada y selecciona el valor ISO apropiado para congelarlo.

En nuestras pruebas se han utilizado diversos objetos y situaciones, desde péndulos hasta coches, pasando por fuentes de agua o malabaristas. Ciertamente, la conclusión es un tanto desalentadora: salvo que el movimiento sea constante y no demasiado rápido, este control inteligente de la sensibilidad no es una solución definitiva.

Nuestras fuentes y nuestros coches salían movidos, y sólo con el péndulo y objetos similares hemos conseguido que se aprecie la mano de esta prestación. Suponemos que de una versión 1.0 no se puede esperar demasiado, y que Panasonic refinará esta tecnología de cara a futuras renovaciones.

Inteligencias al margen, la FZ50 ha ampliado su catálogo de sensibilidades, pasando del 80-400 ISO de la FZ30 a un muy interesante 100-1600 ISO, al que se añade un valor forzado de 3200 ISO. Y es aquí cuando empiezan los peores quebraderos de cabeza.

Una buena foto (y nos referimos sólo a lo que pueda ofrecer la cámara) resulta del binomio óptica-sensor, dando por hecho unas adecuadas condiciones de trabajo y manejo. En este caso, la FZ50 cuenta con una sobresaliente óptica –hablaremos ahora de ella- y un sensor mejorable.

El captor integrado en la FZ50, así es, ofrece un funcionamiento muy satisfactorio con sensibilidades bajas. A 400 ISO, sin embargo, las imágenes ya empiezan a empastarse, con una palpable falta de nitidez y un ruido electrónico y unos artefactos cada vez más visibles.

Así pues, a pesar de los esfuerzos realizados desde Panasonic, persisten los problemas de ruido detectados en la FZ30. Y ello se agrava con los valores más altos, con un 800 ISO poco recomendable, un 1600 ISO claramente insuficiente y un 3200 ISO que está de más.

Dice el folleto de prensa de Panasonic que el nuevo procesador Venus III reduce “drásticamente” el ruido. Aunque quizás sí se atisbe un mínimo efecto, lo cierto es que el sistema de reducción de ruido reduce “drásticamente” la nitidez.

Eso sí: las tomas a 100 ISO son de una calidad prácticamente insuperable. Dadas estas circunstancias, uno se pregunta si era realmente necesario aumentar la resolución a 10 megapíxeles conservando la misma superficie de sensor.

"Delicatessen" óptica

En cuestión de lentes, poco que decir sobre la FZ50 que no se dijera ya de la FZ30: al César lo que es del César. El cañón que lleva por objetivo la FZ50 es el mismo 35-420 mm f2.8-3.7 visto ya en el modelo precedente. Enfoque rápido y preciso, ni rastro de distorsión en las capturas, estabilización óptica Mega O.I.S. de efectividad demostrada (seguimos disparando a 1/20 segundos sin problemas). Todo un lujo.

La huella de Leica en el objetivo se sigue notando, y es sin duda un atributo que vale su peso en oro. Una pena que el sensor no esté a la altura.

Controlado de forma automática y manual, el enfoque ofrece un rendimiento más que adecuado cuando la luz no es la óptima. De cara a una próxima renovación, Panasonic podría integrar el enfoque manual con el automático, de forma que no fuera necesario seleccionar uno u otro –de forma exclusiva- para su manejo.

Al igual que el zoom, el enfoque se controla mediante un anillo de tacto agradable. Panasonic huye una vez más del control electrónico que devora la batería de otros modelos similares.

El flash, que cumple sin estridencias con su cometido, es otro calco del incorporado en el modelo anterior. La zapata, sin embargo, está dotada en esta FZ50 de compatibilidad TTL. Con respecto al flash, una pequeña objeción: su destello sigue provocando pequeñas sombras en circunstancias concretas y cuando se emplea el parasol incluido en el paquete.

El consumo energético ha sido redefinido en esta FZ50 para ganar en autonomía. La batería de ión de litio incluida con la cámara sigue ofreciendo una intensidad de 710 mAh, pero el consumo se ha reducido –asegura Panasonic- hasta los 360 fotogramas, 80 más que los firmados por la cámara antecesora. No cabe duda de que la FZ50 ofrece un buen rendimiento en este aspecto.

Dichoso ruido

Con una herencia genética envidiable, la Panasonic Lumix DMC-FZ50 tenía los deberes prácticamente hechos. Quizás por eso, y a pesar de las novedades que aporta, peca de avaricia en algunos aspectos –léase resolución- que inciden negativamente en la consecución de mejoras largamente anheladas –léase reducción del ruido electrónico.

Al otro lado de la balanza, el luminoso zoom de 12 aumentos Leica DC Vario-Elmarit –soberbio- y el efectivo sistema de estabilización Mega O.I.S. son dos peritas en dulce. Y lo mismo podría decirse de los amplios controles manuales y de la agradable pantalla rotatoria.

TEXTO: Eduardo Parra
FOTOS: Álvaro Méndez

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