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![]() Lumix DMC-FZ30Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3264 x 2448 p. Objetivo (35 mm): 35,0-420,0mm Zoom: 12x (óptico) / 4x (digital) En dos palabras Una potentísima y versátil compacta para los aficionados más exigentes, dotada de un objetivo Leica de muy buena calidad Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-FZ30 con nuestras 37 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 10 de octubre de 2005 ¿Y quién quiere una réflex?Empuñar la Panasonic Lumix DMC-FZ30 transmite una sensación especial. Agarrar como una réflex, enfocar como una réflex, hacer zoom como una réflex… pero con el peso de una compacta. Con esta cámara entre manos, uno puede preguntarse -como reza el titular- si realmente quiere una réflex. Es más, con ese tremendo objetivo de 420 mm y f3.7, ese estabilizador óptico y esos 8 megapíxeles uno se pregunta, ya no si se quiere una réflex, sino si realmente la necesita. Aunque el segmento de las cámaras digitales compactas es cada vez más confuso -encontramos desde automáticas de 600 euros a manuales de 300- y resulta difícil separar las de buena calidad de las que son simplemente caras, en el universo réflex todo es más sencillo. La escala de precios sube, más o menos, según sube la calidad, de forma que uno sabe que si se va a gastar 800 euros no va a tener las prestaciones que tendría si se gastase 1.500 ó 4.000.Sin embargo, ya desde la ancestral Olympus E-10, existe un limbo extraño en el que las cámaras compactas se confunden con las réflex y en el que los precios son cada vez más asequibles para el gran público. Son compactas que ofrecen una calidad similar a la de las réflex, pero sin la posibilidad de intercambiar objetivos y con un recorte de ciertas prestaciones. Situada -precisamente- en este nicho de mercado, la Panasonic Lumix DMC-FZ30 podría definirse como una cámara compacta altamente desarrollada, aunque con carencias. De entrada, sorprende el cuerpo: bastante grande pero muy plástico. Sí es cierto que al empuñarla no se tiene esa molesta sensación de que va a hacerse pedazos en la mano, pero no lo es menos que esperábamos algo más de metal del que ya tiene. Mejoras y recortes Sucesora de la ya famosa FZ20, incorpora una serie de mejoras a tener en cuenta. A modo de resumen -y dejando el sensor para más adelante-, cabe reseñar que el nuevo modelo cuenta con la posibilidad de disparar en RAW, incorpora una opción de bloqueo de la exposición, permite obturar hasta los 60 segundos, ofrece una abertura mínima de f11 (por la de f8 de la FZ20), dispone de 100.000 píxeles de resolución más en la pantalla -que ahora es rotatoria- y en el visor electrónico y presume de una batería de más amperaje. El pequeño pasito atrás llega de la mano de la distancia focal, que pasa de los 432 milímetros en tele a unos ligeramente más cortos 420, aunque gana un milímetro de angular (35 milímetros) respecto al modelo anterior. Cambios todos ellos que deben atribuirse al aumento del tamaño del sensor. Tampoco hay que olvidar la pérdida de luminosidad de la óptica, que pasa de un impresionante f2.8 constante en la FZ20 a una relación de f2.8-3.7 en la FZ30. Como si de una réflex se tratase La FZ30 es una cámara cómoda de utilizar, aunque incluso a una persona de manos pequeñas -como quien escribe- puede faltarle un poco más de cuerpo para que el dedo meñique no se vaya de paseo. Los botones traseros y superiores no son del todo accesibles si se mantienen el ojo pegado al visor, ya que están algo alejados para pulsarlos tranquilamente con el pulgar. Por el contrario, los anillos de zoom y enfoque son tremendamente suaves y cómodos de usar, y ofrecen un control total de ambos elementos. El alojamiento de la tarjeta SD Card, situado al lado derecho del cuerpo y justo debajo de la palma de la mano, está protegido por una tapa de plástico algo endeble, bastante similar a la que protege las conexiones externas al otro lado del cuerpo. En general, los mandos se distribuyen como si de una réflex se tratase, con sus botones -no muchos, para semejante máquina- y el dial de modos de exposición, que ofrece desde el manual al automático, pasando por múltiples escenas predefinidas y un magnífico modo de grabación de vídeo a 640 x 480 píxeles y 30 fotogramas por segundo. Gran interés despiertan los dos diales de control, situado uno delante y el otro detrás, y que permiten modificar algunos valores, como la obturación o el diafragma, al más puro estilo réflex. La parte trasera, además, acoge la pantalla TFT de 2 pulgadas y 230.000 puntos de resolución. Giratoria, bascula tanto hacia arriba o hacia abajo -no hacia los lados- y puede girar sobre sí misma para quedar protegida cuando -por ejemplo- se opta por utilizar el visor electrónico. La calidad de la pantalla es muy buena. Como era de esperar, el refresco es perfecto incluso en condiciones de luz baja, ofreciendo una imagen perfectamente fluida y sin saltos. La calidad de reproducción y visionado es excelente, pudiéndose apreciar detalles de difícil resolución durante el encuadre y realizar un correctísimo proceso de revisión de las tomas. Como único punto negativo, cabe notificar que su visualización en condiciones de luz intensa es complicada, aunque esto no represente ninguna novedad en el panorama digital. Los menús de la pantalla, por otro lado, se dividen en dos carpetas: una relativa a la grabación y otra a los ajustes. No son especialmente complicados, pero -desde luego- no se llevarán un premio por su brillantez. El visor electrónico, también de 230.000 pixels, brinda todas las posibilidades de la pantalla TFT, incluida la revisión de imágenes. Su refresco es ligerísimamente más lento que el del monitor, aunque ciertamente sigue siendo muy bueno. No obstante, queda patente su origen electrónico, alejándolo -y mucho- de la funcionalidad que ofrece un visor réflex tradicional. 8 ruidosos megapíxeles El sensor, de 8 megapíxeles, permite disparar fotos a una máxima resolución de 3264 x 2448 puntos, tanto en formato 4:3 como 3:2 ó 16:9 (en estas dos últimas opciones con una resolución ligeramente menor). La calidad de la imagen es realmente excelente. No sólo ofrece una nitidez de nota alta, sino que tanto el nivel de los colores como el rango dinámico son bastante elevados. Sin duda, la calidad de las fotografías tomadas por la FZ30 pasan con nota el examen. El balance de blancos funciona sin problemas en todas las situaciones, aunque tal vez el modo menos efectivo sea el de luz de tungsteno. Balances al margen, el color reproducido es tremendamente natural en cualquier situación, aunque no estaría de más subir la saturación que viene por defecto. La sensibilidad disponible es de 80 a 400 ISO. A decir verdad, cabía esperar un mayor recorrido (hasta 800 ISO, por ejemplo) y, por encima de todo, un mejor rendimiento en el capítulo del ruido electrónico. Hablando de los efectos puros y duros del ruido, podemos afirmar a pies juntillas que éste es el principal defecto la FZ30, especialmente en aquellas capturas en las que imperan las sombras o en las que escasea la luz. A 80 ó 100 ISO el ruido es muy despreciable; a 200 ISO ya una molestia, y a 400 ISO es casi un desastre, especialmente si recordamos que este modelo alberga un sensor de mayor tamaño que el de su hermana pequeña. Unos explosivos 420 milímetros a f3.7 El tremendo cañón que lleva por objetivo la FZ30 es un 35-420 mm f2.8-3.7. Estas cifras, por sí solas, dan una idea de su potencial. Y así es. La FZ30 no se anda con chiquitas, y esta gama focal es prueba de ello. Para empezar, destaca ese milímetro ganado en angular respecto al modelo precedente. Aunque sí es cierto que no se trata de un gran angular, ya es suficiente para el aficionado medio. Resulta también remarcable la luminosidad: un diafragma de f3.7 en una focal de 420 milímetros es algo de lo que muy pocos objetivos pueden presumir. La calidad del objetivo, que lleva la palabra Leica inscrita en su superficie, es estupenda. Despunta, entre otras cosas, en el terreno de las aberraciones, ofreciendo unas mínimas aberraciones geométrica y cromática. El enfoque y el zoom, por su parte, se controlan desde dos anillos. Tal como ya hemos adelantado, ambos son suaves y precisos en cualquier modo de trabajo. Es más, al activar el enfoque manual, el visor -o la pantalla- ofrecen un pequeño recuadro o la imagen aumentada para poder afinar el enfoque con más facilidad. Como colofón, habitual ya en Panasonic, el objetivo incorpora un estabilizar óptico Mega O.I.S. para reducir el efecto producido en las imágenes por las vibraciones naturales de la mano y poder tomar fotos con velocidades más lentas. Al igual que en otros modelos precedentes, el estabilizador funciona perfectamente, siendo posible disparar con una focal de 420 milímetros y a velocidades del orden de 1/10 de segundo. El flash, para terminar, es de tipo pop-up y está situado por encima del objetivo y delante del visor. Es de rápido reciclado y muy buena efectividad, auque provoca sombras al usarlo en combinación con el parasol que se suministra de serie con la cámara. Además, la FZ30 incorpora una zapata de contacto central para flashes externos. En el apartado de la autonomía, la FZ30 se comporta de forma excelente. Utiliza una batería de 710 mAh para funcionar, ofreciendo una extensa sucesión de disparos con el visor o la pantalla encendidos, sin desactivar el estabilizador y revisando la imagen con frecuencia. Este ajustado consumo se debe, en parte, a que uno de los mayores lastres a nivel energético, el mecanismo del zoom, lo acciona manualmente el fotógrafo. Además, la recarga de la batería utilizando el cargador de serie es rápida -menos de una hora-, aun estando totalmente descargada. Jugando a ser réflex La Panasonic Lumix DMC-FZ30 es una gran cámara, a medio camino entre las compactas y las réflex. Por este motivo, tiene lo mejor y lo peor de ambos estamentos. El zoom óptico de 12x es sorprendente, así como el estabilizador. Sorprendente también -pero negativamente- es el tema de la sensibilidad: está limitado a una horquilla de 80 a 400 ISO y el ruido electrónico se deja oír. Y quizás éste sea su peor defecto: que para unos la FZ30 es demasiada máquina y para otros demasiado poca, corriendo el riesgo de quedarse en tierra de nadie y pasar al olvido. Un riesgo, no obstante, para el cual la FZ30 parece haber nacido sobradamente preparada. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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