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![]() Lumix DMC-FX8Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2560 x 1920 p. Objetivo (35 mm): 35,0-105,0mm Zoom: 3x (óptico) / 4x (digital) En dos palabras Una muy buena opción para aquellos fotógrafos que buscan una cámara efectiva y fiable en un cuerpo pequeño Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-FX8 con nuestras 25 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 28 de junio de 2005 Buen trabajoVestida para impresionar, equipada para triunfar. Ése podría ser el titulo de una película con la Lumix DMC-FX8 como protagonista, una cámara coqueta y con una planta de esas de darse la vuelta -pantalla de 2,5 pulgadas, estabilizador óptico- y con un rendimiento fotográfico a la misma altura. Sucesora de la FX7, a la que -aseguran- dobla en autonomía energética, la FX8 demuestra que cuando Panasonic quiere, bien que puede. Qué decir de una cámara compacta digital que no se haya dicho ya. Que si tiene un cuerpo bonito, que si hace buenas fotos, que si tiene muchas opciones De la Lumix DMC-FX8 podrían decirse casi todas las cosas buenas -y alguna mala- y probablemente no exageraríamos. Y es que esta cámara del tamaño de una pastilla de jabón es chiquita pero matona.Más autonomía Ya lo anunció a bombo y platillo Panasonic en el momento de presentar la FX8: su principal aportación a la precedente FX7 es la mayor capacidad de su batería de ión de litio, capaz de ofrecer -según la firma- el doble de autonomía. Panasonic asegura que pueden llegar a realizarse un total de 300 disparos consecutivos con una sola carga, pero lo cierto es que semejante cifra sólo se alcanza en condiciones óptimas de trabajo. En cualquier caso, su aguante es ciertamente remarcable. Nuestra prueba más extrema, una ráfaga de disparos sin enfoque, sin pantalla, sin estabilizador y sin exposímetro nos permitió realizar más de 800 disparos (sic) sin que se agotara la batería. De hecho, el indicador de carga mostraba aún un 66% cuando nos cansamos de contar fotos. Una prueba más estándar, utilizando el zoom óptico y la pantalla, disparando algún que otro destello de flash y con el estabilizador activo, ofreció resultados más realistas. Resultados que, aunque no alcanzaron los 300 disparos, sí superaron los dos centenares; dicho de otro modo: una completa jornada fotográfica sin preocupaciones energéticas. Unas muy llamativas 2,5 pulgadas Como viene siendo costumbre de un tiempo a esta parte -agradabilísima costumbre, por cierto-, la gigantesca pantalla es lo primero que llama la atención al tener esta cámara entre manos. Son 2,5 pulgadas de diagonal y 114.000 píxeles de resolución que ocupan el 80% de la parte trasera de la cámara, relegando al visor óptico al limbo de los desaparecidos. Sin embargo, no por ser el elemento más idiosincrásico es el más reseñable. De hecho, si exceptuamos el tamaño, la pantalla de la FX8 pasará a la historia por tener una calidad manifiestamente mejorable. Aunque su refresco con buena luz es perfecto, al disminuir la intensidad lumínica éste se ralentiza enormemente, más que en otros modelos. Además, las bandas a contraluz aparecen con notable frecuencia, y a la hora de la reproducción es fácil encontrar moiré en la imagen. Aunque, por otro lado, los colores son excelentes, la definición de imagen que refleja el LCD no es -ni de lejos- la que puede apreciarse luego en la pantalla del ordenador. Por supuesto, la pantalla también hace de alojamiento de los menús virtuales, fáciles de manejar, aunque bastante limitados. Probablemente, en el caso de haber contado con más opciones, los menús habrían sido un galimatías. Siguiendo con la fisonomía externa, el hueco que deja la pantalla lo copa un pequeño dial de modos que permite elegir entre diferentes automatismos y escenas prefijadas, así como un sencillo modo que limita aún más las pocas opciones que la cámara permite modificar. Esta opción, además, limpia la pantalla de datos que -seguramente- no resultarán de interés para buena parte de los aficionados a los que va dirigida la cámara. Un Leica con estabilizador El frontal, muy bien acabado, oculta un objetivo retráctil que se despliega al activar la cámara. A excepción de la óptica, del flash y de la luz de ayuda al autofoco -como en tantos otros casos, bastante molesta-, no hay ningún otro elemento reseñable en esta cara de la FX8. En conjunto, el agarre es satisfactorio, y todos los mandos resultan accesibles con un par de dedos de la mano derecha, casi sin tener que apartar la mirada de la pantalla. Además, el resalte del monitor permite al pulgar reposar más cómodamente. El cuerpo, metálico mate y con elementos brillantes, está perfectamente acabado. Salvo la portezuela de la batería, la tarjeta SD Card que utiliza para almacenar las fotos y las conexiones USB y de vídeo y red, ofrece una interesante sensación de robustez. El objetivo es un Leica de 35-105 milímetros, en paso universal, con una luminosidad de f2.8-5. Como no nos cansamos de repetir, ese f5 en la posición de tele continúa siendo un diafragma demasiado cerrado, especialmente teniendo en cuenta que, en este modelo, el f2.8 del angular lo es sólo a los 35 milímetros de focal, pasando a f2.9 a los 40 y a f3 a los 46. El zoom tiene una velocidad de respuesta aceptable, en la media de una compacta, aunque del enfoque puede decirse que es más bien lento, pero preciso. En el capítulo de la calidad, el objetivo hace honor a la firma que ostenta y ofrece una muy notable definición de imagen, aunque, por el contrario, también deja ver una leve pero patente aberración cromática; un detalle, este último, poco habitual en las ópticas de factura Leica. Sin embargo, el detalle más llamativo del objetivo es el estabilizador óptico integrado, el Mega OIS (Optical Image Stabilizer) de Panasonic. Éste consta de dos opciones: la primera estabiliza la imagen de forma constante, para ayudar a componer sin vibraciones, mientras que la segunda sólo la estabiliza en el momento de tomar la foto. Huelga decir que este estabilizador no puede competir con los de los modelos réflex, pero sin duda cumple perfectamente con su función. Calidad de notable para arriba El sensor de la FX8 es un CCD de 5 millones de puntos que genera imágenes de hasta 2560 x 1920 píxeles de resolución. Ofrece una calidad sensacional y una rica gama tonal, así como un rango dinámico de muy alto nivel. En conjunto, las imágenes que genera la FX8 son más que notables. En el capítulo del ruido, la FX8 permite elegir entre cuatro opciones de sensibilidad: de 80 a 400 ISO, ofreciendo un nivel de ruido bajo en todas ellas, sin que por ello pueda apreciarse una merma de calidad de ningún tipo. Aunque también nos repetimos en esto, no habría estado mal ver qué tal se comporta esta cámara a 800 ISO. El balance de blancos, por su parte, funciona de forma bastante acertada en todas las situaciones, tanto en automático como con los modos prefijados o el manual. No obstante, y puestos a criticar, tal vez el balance prefijado para tungsteno podría mejorarse sustancialmente. Mención aparte merece el apartado de vídeo. Típicamente, las cámaras compactas ofrecen una calidad media o -simplemente- mediocre cuando hablamos de vídeo. De la FX8 no puede decirse precisamente lo mismo: 640 x 480 píxeles a 30 fps, con sonido y sin límite prefijado de tiempo. Y lo más importante, de buena calidad, que es algo que pocas máquinas pueden poner en su hoja de credenciales. Buen sabor de boca La Lumix DMC-FX8 es una gran cámara. Cierto es que hay varios aspectos que deberían pulirse, pero viene a demostrar que puede unificarse calidad con diseño sin que el precio se dispare. Sí que se echa en falta alguna opción manual más, ya que es una pena que una cámara que brinda tan buena calidad sólo tenga como destinatario al aficionado puro y duro. En cualquier caso, queda patente que Panasonic apunta maneras; muy buenas maneras. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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