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![]() Lumix DMC-FX7Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2560 x 1920 p. Objetivo (35 mm): 35,0-105,0mm Zoom: 3x (óptico) / 4x (digital) En dos palabras Su atractivo aspecto no está reñido con un buen rendimiento general, basado sobre todo en el objetivo Leica y la pantalla de 2,5 pulgadas Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-FX7 con nuestras 24 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 25 de abril de 2005 La estética marca el compásNo es que Panasonic sea una de esas marcas elitistas que ofrece estética sin calidad. Sus cámaras suelen tener más de buenas que de bonitas, aunque esto último sea cuestión de gustos. La Lumix DMC-FX7, en cambio, parece erigirse en un intento de la marca japonesa de coquetear con su lado oscuro. La pequeña compacta ofrece un cuerpo delgado y de hermosa factura, e incluye lentes Leica y una pantalla de 2,5 pulgadas. A primera vista, transmite buenas vibraciones, aunque siempre es recomendable echar una segunda ojeada… No parece una Panasonic, si es que las Panasonic se parecen entre sí. De hecho, muchos de los profanos que nos han visto con esta cámara en las manos han proferido casi automáticamente: ¿Es Sony? No estamos seguros de si esa pregunta es un piropo o una crítica, pero en cualquier caso es toda una señal de que la Lumix DMC-FX7 es -o quiere ser- diferente.Lo que está claro es que el objetivo de factura Leica, los 5 megapíxeles y el estabilizador óptico apuntan maneras y dejan claro que Panasonic no sólo apuesta por la estética. Sobre el papel y mirando la carta de especificaciones, podría teorizarse que esta compacta tiene que funcionar muy bien. Veamos qué hay de cierto en esta teoría. Buena al tacto Lo primero que sorprende de la FX7 es su tacto. Ni plástico, ni metal, ni liso, ni rugoso. El cuerpo de este modelo está recubierto, tanto por delante como por detrás, por una especie de plástico antideslizante de distintos colores según el modelo elegido -azul, en la cámara probada. Aunque la realidad es que no cumple otra función que no sea la meramente ornamental, la presencia de este material se hace agradable tanto a la vista como al tacto y hace distinta a la FX7 de todas las demás máquinas. Los aditamentos metálicos estratégicamente colocados rubrican un brillante diseño. Si echamos un vistazo a los modelos de hace un par de años, nos daremos cuenta de cuánto han evolucionado las digitales compactas en este aspecto, el del diseño, tenido en cuenta hoy mucho más que antaño. La cámara no es especialmente ergonómica -el tamaño manda-, pero no ofrece dificultades para su sujeción y uso. Puede controlarse con una sola mano; casi con un par de dedos, en realidad, siendo necesarias más falanges únicamente para cambiar la batería o las tarjetas SD Card y MMC que utiliza. Las opciones de disparo de la FX7 son escasas, relegando a la mínima expresión el control sobre la exposición manual. Está destinada claramente a los usuarios menos avanzados, y por ello cuenta con un modo automático, unas cuantas escenas prefijadas, la posibilidad de realizar enfoques macro y poco más. Una gran pantalla en todos los sentidos La pantalla trasera es -quizás- el ingrediente más sabroso de esta cámara: 2,5 pulgadas de monitor que ocupan el 75% de la parte posterior de la carcasa. Los 114.000 píxeles de semejante panel funcionan asombrosamente bien, el refresco es en tiempo real y la calidad, excelente. La pantalla, además, no ofrece bandas en situaciones de fuerte contraluz y en general puede visualizarse correctamente. Como aspecto negativo, cabe mencionar que el pequeño plástico de protección del monitor encastrado en la carcasa refleja la luz como un espejo. En ocasiones, pues, su visualización puede verse entorpecida cuando la luz incide directamente sobre él. Los menús de pantalla, que se limitan a dos listas de opciones, son terriblemente sencillos. La primera de las listas contiene los parámetros más fotográficos, mientras que la segunda se presta a consideraciones más bien técnicas. Sin estos menús, las posibilidades de cambiar los parámetros de disparo son mínimas, puesto que no hay apenas botones de acceso directo que permitan cambiar con celeridad el balance o la sensibilidad. Y se echan de menos, ciertamente. Objetivo de calidad En el lado opuesto al de la pantalla encontramos un objetivo con la inscripción Leica. Esas cinco letras infunden respeto, incluso si las encontramos garabateadas en el barro. Se trata de un zoom de 35-105 mm, en paso universal, con unas aberturas de f2.8-5. De estos números pueden desprenderse dos conclusiones preliminares: la primera, que el angular, teniendo en cuenta el escaso tele del que presume la FX7, podría haber sido un pelín más angular; la segunda, que la luminosidad en tele es demasiado corta. Y es que 105 milímetros hacen pensar en un diafragma de, por lo menos, f4. En cualquier caso, la FX7 no es la primera -ni será la última- cámara compacta con esos números. El objetivo, en cuestiones de calidad, hace honor a la firma que lleva grabada: gran calidad y ausencia de aberraciones cromáticas y geométricas. Bien es verdad, no obstante, que en el capítulo de la definición la FX7 puede llegar a resultar un tanto insatisfactoria, aunque ello sea debido en gran parte -pensamos- a la calidad del sensor. En temas de enfoque, la FX7 no es precisamente el Fernando Alonso de la fotografía, aunque por regla general y salvo en situaciones de baja luz cumple la premisa de "lenta pero segura". Tampoco es muy veloz el zoom, ligeramente más lento que otros zooms de modelos del mismo segmento. Como complemento del objetivo, la DMC-FX7 cuenta con un estabilizador óptico para garantizar imágenes nítidas en ciertas situaciones. Aunque funciona, es notablemente menos efectivo que el instalado en el modelo Lumix DMC-FZ5 y en otros. Es posible que este rendimiento menos efectivo se deba a la ergonomía de las máquinas, mucho más lograda en la FZ5 -comprensible, pues se trata de una cámara de aspecto SLR- que en la FX7. La definición de imagen, el talón de Aquiles El sensor montado por la FX7 es un CCD de 5 megapíxeles con el que pueden grabarse imágenes de hasta 2560 x 1920 puntos. Tal como apuntábamos un par de párrafos más arriba, la calidad del sensor es mejorable en lo referente a definición. En efecto, al ampliar la foto capturada, se aprecia fácilmente una clara falta de detalle y nitidez, parcialmente subsanable aumentando -precisamente- el valor de nitidez de los menús. En lo tocante a la reproducción de los colores, la FX7 cumple con creces, aunque nos da la sensación de que tiende a saturar un poco las imágenes algo que, por otro lado, no importará en demasía a los usuarios arquetípicos -aficionados puros y duros- a los que va dirigida esta cámara. El sistema de balance de blancos, por su parte, cumple bastante bien en la modalidad automática y bien -a secas- en las prefijadas, aunque en estas últimas es mejorable. En temas de ruido electrónico, la FX7 se escuda en una interesante horquilla de sensibilidades. De las opciones disponibles, que abarcan desde 80 a 400 ISO, sólo la última representa un estruendoso problema. Con el resto de sensibilidades, la cámara se comporta bien, sin que los sistemas de reducción de ruido -si es que los hay- hagan mella en la imagen. El vídeo no es un elemento a destacar en este modelo. Aunque el refresco alcanza los 30 fotogramas por segundo, la resolución se queda en 320 x 240 píxeles. Como sistema de alimentación, la FX7 cuenta con una pequeña y liviana batería de ión de litio recargable, de dimensiones similares a las de las baterías utilizadas en los teléfonos móviles. Sin duda, es la escasa autonomía energética uno de los handicaps más sensibles de este modelo. Los ingenieros de la marca, según parece, no lo han tenido demasiado en cuenta. Muy probablemente, es la gran pantalla la que engulle energía a grandes bocados. Para más inri, la cámara está desprovista de visor óptico, por lo que el uso del monitor para encuadrar es ineludible. Una buena compacta, pero La Lumix DMC-FX7 nos ha dejado un sabor de boca un tanto agridulce. Por una parte, y desde el punto de vista del fotógrafo más lego, aplaudimos su diseño, su pantalla, sus 5 megapíxeles de resolución, su facilidad de uso. Desde la óptica del usuario más crítico, sin embargo, esperábamos una mayor calidad de imagen, un zoom más rápido, un menor consumo TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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