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![]() Lumix DMC-FX500Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 3648 x 2736 p. Objetivo (35 mm): 25,0-125,0mm Zoom: 5x (óptico) / 4x (digital) En dos palabras Con un precio un tanto excesivo, la FX500 puede presumir más de sus avanzadas prestaciones y su calidad que de su control táctil Precios Mejor precio: 300 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-FX500 con nuestras 35 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 15 de julio de 2008 Táctil, pero sólo un pocoLa primera Lumix con pantalla de control táctil. Ésta es la novedad más llamativa de la Lumix DMC-FX500, si bien no puede decirse que sea su principal atractivo. Sólida entre las manos, cargada de prestaciones interesantes y -curiosamente- con los controles manuales que echamos de menos en otras compactas de la firma, las posibilidades táctiles aportan bastante poco e incrementan demasiado el precio. Aun así, y pese al ruido, la FX500 puede presumir de una estupenda óptica de 25-125 milímetros que la hace única en su especie. Revisando el catálogo de compactas de Panasonic, dos eran las "carencias" que suplir: la pantalla de control táctil y la conexión Wi-Fi. De la segunda se ha encargado -aunque sólo en los mercados japonés y estadounidense- la Lumix DMC-TZ50. La Lumix DMC-FX500, por su parte, ha asumido el papel de la primera -y por ahora única- cámara Lumix con control táctil.Si bien normalmente este tipo de estrenos corresponde a la gama más mediática de cada marca -pocas prestaciones avanzadas y muchas funciones espectaculares-, la FX500 es una excepción. Así lo acreditan sus controles manuales, su angular de 25 milímetros, y lamentablemente, también un precio más elevado de lo que cabría esperar. Con estas confusas credenciales en la mano, sólo queda responder a una pregunta: ¿aporta algo el control táctil o mejor volvemos la mirada hacia las más terrenales Lumix DMC-FX35 o TZ5? Contundente Acostumbrados a la ligereza de otros modelos de la saga FX, las contundentes líneas de la FX500 -y sobre todo su tamaño y peso- sorprenden desde el principio. Un tanto cuadriculada y más gruesa de la cuenta, salta a la vista que el diseño ha sido la primera concesión necesaria para poder implantar un monitor de control táctil de 3 pulgadas de diagonal. Algo que, por cierto, Sony ha conseguido en la Cyber-shot DSC-T300 sin tener que renunciar a una figura estilizada. Y es que no se trata de ensañarnos con la corpulencia de la FX500, pero la verdad es que sus formas recuerdan más a una resistente todoterreno como la Olympus µ 1030 SW, por ejemplo, que a la compacta de diseño que se supone debería ser. Críticas al margen, la calidad de la construcción y la consistencia de la cámara entre las manos son realmente incuestionables. Totalmente metálica, la leve tosquedad de los interruptores es la única objeción que hacer a unos acabados bien rematados. Control dual Aun cuando la pantalla de control táctil es la principal baza de esta cámara, sorprende la cantidad de mandos que se han mantenido en la parte trasera, y que en realidad hacen pensar más en un control dual que en una compacta exclusivamente táctil. De hecho, podemos prescindir totalmente de esta prestación y recurrir a los clásicos menús de control. En este sentido, la FX500 incorpora -como los últimos modelos de la saga- un botón de acceso rápido ("QMenu") que resulta realmente cómodo para manejar los ajustes más habituales de la imagen, como el tamaño, la sensibilidad o el balance de blancos. ¿Qué campo de juego queda entonces para el control táctil? Pues la verdad es que durante la captura, bien poco: seleccionar el punto de enfoque mediante un toque en la pantalla y activar el sistema de contraste automático, vinculado a la denominada "exposición inteligente" que Panasonic ha integrado en su última hornada de compactas. La revisión de las imágenes a través de la pantalla también nos ha dejado un poco fríos. El paso de una fotografía a otra se efectúa pulsando las flechas de avance y retroceso, a su lado derecho e izquierdo respectivamente -ni siquiera podemos deslizarlas como en la Kodak EasyShare V1253-, y la única operación posible es ampliar una zona y movernos por la imagen, si bien de forma muy intuitiva. Las opciones creativas, que normalmente calificamos de horteras pero que aun así son un clásico entre las cámaras de control táctil, aquí y por este precio las echamos de menos. En cualquier caso, al LCD de la cámara hay que reconocerle una extraordinaria sensibilidad, tanto para el puntero adjunto como para el dedo. También los 230.000 puntos que lo conforman parecen más que suficientes para mostrar un refresco, una nitidez y una visibilidad excelentes en la mayoría de las condiciones. Controles manuales Frente a las carencias del control táctil en las operaciones más triviales, curiosamente la FX500 despliega todas sus capacidades de manejo en sus diversos modos. Y es que, por sorprendente que parezca, esta Lumix incorpora las opciones de control manual que tanto echamos de menos en compactas como la FX35 o la TZ5. Una vez seleccionado ya sea uno de los dos modos de prioridad o el manual sobre la pantalla, accedemos a una o dos sencillas barras deslizantes -según controlemos la obturación, el diafragma o ambos- que permiten ajustar los valores deseados para la toma. Tras los primeros minutos de estupor al tener que seleccionar la abertura del objetivo con unos mandos táctiles como éstos, hay que reconocer que el mecanismo es bastante rápido e intuitivo. Algo que, con todo, no nos impide preguntarnos por el tipo de usuario que busque una compacta avanzada con modos manuales y que esté dispuesto a plegarse a este peculiar manejo. Extraña combinación, la verdad. 25-125 milímetros Lo que no admite reparos es que el objetivo Leica DC Vario-Elmarit que monta esta Lumix es uno de los más interesantes de su clase en lo que a focales equivalentes se refiere. Y es que el zoom óptico de 5 aumentos permite en este caso mantener el estupendo angular de 25 milímetros y estirar el teleobjetivo hasta los 125 milímetros. El contrapunto negativo a la interesante luminosidad de f2.8 para el angular la pone la abertura en las focales más largas, situada en un muy limitado valor de f5.9. El control de las distorsiones de esta óptica es considerable, teniendo en cuenta su cobertura angular y sus pequeñas dimensiones. El efecto de barrilete o las aberraciones cromáticas no suponen un problema a tener en cuenta en la inmensa mayoría de los casos, aunque sí hemos podido notar que la pérdida de nitidez en los bordes de la imagen es más acusada que la mostrada por la óptica de la FX35. El enfoque, por su parte, funciona a la perfección tanto en lo que se refiere a la velocidad de reacción como en la precisión a la hora de hacerse con un punto. Sólo si insistimos en hacer la selección de este punto por medio de la pantalla táctil corremos el riesgo de perder unas décimas de segundo. El mando del zoom tampoco hace ninguna concesión al diseño y mantiene un volumen considerable en la parte superior de la cámara. Un detalle que nos permite hablar de un control cómodo y muy rápido del rango de focales. No falta, por supuesto, el conocido sistema de estabilización Mega O.I.S., que una vez más demuestra uno de los mejores rendimientos de su segmento. Procesamiento sin contemplaciones Donde la FX500 muestra menos margen a la originalidad es al hablar de los resultados que ofrece su sensor CCD de 10 megapíxeles, con muchos visos de ser hermano gemelo del que lleva incorporado la FX35. Las fotografías almacenadas en tarjetas SD Card o SDHC varían entre una calidad excelente con sensibilidades bajas y suficiente luz y unos resultados más pobres si se abusa del ajuste de la sensibilidad. Comprendiendo valores entre 100 y 1600 ISO (con parámetros forzados de 3200 y 6400 ISO), Panasonic vuelve a la carga con un procesamiento de imagen bastante agresivo, que mantiene -es cierto- el ruido en niveles tolerables incluso hasta 800 ISO. Sin embargo, el precio a pagar es que el detalle y la nitidez de la imagen se resienten en cuanto sobrepasamos la barrera de los 200 ISO. Si bien puede que algunos echen de menos el formato RAW en una cámara de este nivel, la verdad es que no creemos que sea éste un modelo idóneo para exigir este tipo de prestaciones. Si los controles manuales ya nos parecen una función de dudosa utilidad en una compacta táctil, más complicado sería de justificar un formato RAW, inexplicablemente ausente en la saga TZ. Tal y como ocurre con otros modelos de esta última generación, el modo de exposición automática muestra un buen comportamiento a la hora de recuperar algo de información de las zonas más oscuras de la imagen. Con todo, no hay que descuidar el control de las luces altas. El balance de blancos tampoco aporta sorpresas. El rendimiento del automatismo es correcto, y sólo flaquea con luces de tungsteno, y en menor medida, con iluminación fluorescente. Sigue faltando -insistimos- un modo prefijado para este tipo de luz. En el apartado del vídeo, la FX500 hace suya otra de las prestaciones comunes a sus compañeras de generación: la grabación en alta definición 720p. Aunque es comprensible que la calidad de estas secuencias no sea comparable con la que obtenemos con una videocámara, sí sería interesante disponer del zoom óptico. Un compacta atípica Acostumbrados a que las cámaras de control táctil prescindan de cualquier atisbo de función avanzada, hay que reconocer que esta Lumix DMC-FX500 rompe moldes. Ni su angular de 25 milímetros ni sus controles manuales son opciones que cabría esperar de una compacta engalanada con un monitor táctil de 3 pulgadas. No es -ni mucho menos- que estas opciones estén de sobra, sino que ligan con mucha dificultad con el sistema de manejo propuesto por esta FX500. Además, no hay que olvidar el agravio comparativo que supone para la FX35 o la TZ5 ver cómo se resuelven ahora en este modelo más atípico carencias -véanse los controles manuales o el alcance del teleobjetivo- que hace poco reclamábamos suplir en ellas. Comparaciones al margen, lo que es innegable es que la FX500 es una compacta bien construida, con un zoom inmejorable y completa en lo que se refiere a automatismos y opciones de control. Pero, ¿en qué lugar queda en esta lista de cualidades el control táctil? La verdad es que en uno bastante secundario, y más aún si tenemos en cuenta lo que ofrece y lo que implica tanto en el tamaño del cuerpo como en su precio, que aun estando ya más rebajado, ronda en muchos casos unos excesivos 400 euros. Así las cosas, sin restarle méritos a Panasonic por aprobar una asignatura pendiente con una compacta tan contundente como esta FX500, seguimos prefiriendo por volumen y precio las más mundanas FX35 y TZ5. TEXTO: Iker Morán |
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