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![]() Lumix DMC-FX5Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2304 x 1728 p. Objetivo (35 mm): 35,0-105,0mm Zoom: 3x (óptico) / 3x (digital) En dos palabras Una compacta atractiva de 4 MP y objetivo Leica, apta para el usuario novato pero poco recomendable para el más exigente Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Panasonic Lumix DMC-FX5 con nuestras 18 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 18 de mayo de 2004 Un brillante por pulirLa Lumix DMC-FX5 representa uno de los eslabones del encuentro entre lo añejo y lo moderno. De la mano de Panasonic, Leica vuelve a meterse de lleno en el mundo digital, poniendo su experiencia y buen quehacer al servicio de la tecnología. Ya de entrada, la inscripción "Leica" en la parte superior del objetivo de esta máquina deja un buen sabor de boca al fotógrafo más sibarita. A ello cabe sumarle 4 megapíxeles de resolución, una pantalla de envidiable calidad y un sistema de estabilización óptico -una auténtica rareza en el mundo de las compactas digitales. Un buen menú para el aficionado, no hay ninguna duda, aunque quizás el sibarita quede un tanto decepcionado. Panasonic es otra de esas marcas que nunca han destacado por sus cámaras de fotografía. De hecho, la llegada de los píxeles ha permitido a esta compañía introducirse en un nuevo mercado repleto de oportunidades. Ahora aparece la Lumix DMC-FX5, con un objetivo Leica ¡Leica, nada menos! Decir eso es decir mucho, y qué menos que tener un sensor a la altura de las circunstancias, un nivel de ruido acorde, unas opciones de disparo en sintonía... En fin.El precio de escribir "Leica" La DMC-FX5 es otra de esas cámaras que se venden sólo con mostrarlas en un escaparate o en las fotos de presentación. Su cuerpo es plateado y estilizado, de pequeñas dimensiones -aunque quizás algo grueso para los tiempos que corren- y con esa atrayente inscripción en el objetivo -"Leica"- que hace salir los ojos de las órbitas. El frontal de la cámara mantiene la tónica habitual de las compactas digitales. La DMC-FX5 es una cámara estándar en cuanto a diseño: flash compacto y de poco alcance, visor directo, pantalla de dimensiones correctas, y poca cosa más. La óptica es quizás lo único que llama la atención, pero ya hablaremos de ella más adelante. En sus laterales encontramos, por un lado y tras una portezuela de plástico un poco endeble, la conexión USB y la toma de la alimentación, y por el otro, los zócalos de la tarjeta SD Card y MMC y de la batería, protegidos -esta vez sí- por una puerta bien robusta. La parte trasera tampoco difiere en nada del resto de compactas. Presenta una pequeña pantalla de pulgada y media, pero eso sí, de perfecto refresco y excelente calidad y que ofrece una nitidez excepcional de la imagen capturada -sobre todo, al hacer zoom sobre ella. El visor, por su parte, es extremadamente pequeño -no llega al tamaño de una lenteja- y no goza de una gran calidad. Suprimirlo directamente habría sido -pensamos- una sabia opción. Al lado derecho de la pantalla encontramos diversos mandos, un poco apiñados quizás: mientras que la pantalla ocupa el 50% de la superficie trasera, los mandos copan otro 30%, y el 20% restante queda libre. Este espacio sirve como reposo del pulgar para trabajar, es cierto, pero el pulgar bien puede descansar perfectamente sobre algún mando y no habría pasado nada. Los menús se controlan a través de la pantalla. Su uso es ligeramente dificultoso, ya que para confirmar un cambio en alguna de las funciones hay que desplazarse a otra opción superior o inferior. Esta dinámica de funcionamiento provoca que, en ocasiones, nos quedamos con la duda sobre si nuestras modificaciones se han guardado. En cualquier caso, los menús no son un prodigio de la abundancia, limitándose a las más típicas opciones y a alguna que otra guinda. Destacamos, por ejemplo, el ajuste de la imagen -modo "vivo" o "estándar"- y la posibilidad de activar o desactivar el estabilizador óptico. Ya que hablamos del estabilizador, retomemos el tema del objetivo Leica. Se trata de un 35-105 mm, con unas máximas aberturas de f2.8-4.9. Ciertamente, esta cámara nos ha sorprendido en un aspecto, y es que contemplar una foto en su pantalla y luego verla en el monitor o impresa en un papel no tiene nada que ver. Tal como ya hemos señalado, la pantalla es de muy buena calidad. De lo que no estamos tan seguros es que el objetivo esté a la misma altura. Fotografiando a f2.8 se aprecia una falta de nitidez preocupante. Es más, en ocasiones parece vislumbrarse incluso una cierta ausencia de foco. Y si no fuera porque hemos realizado pruebas en la calle y a pleno sol, tendríamos dudas sobre nuestra habilidad enfocando. Por el contrario, la presencia de aberraciones cromáticas está prácticamente descartada y apenas si hacen acto presencia. Asimismo, y en honor a la verdad, hemos de reconocer que, a los ojos de un aficionado, las distorsiones geométricas tampoco tienen cabida en esta cámara. De todos modos, si algo merece destacarse es el estabilizador óptico del que está dotada la DMC-FX5, una prestación ciertamente extravagante en una máquina compacta. Su rendimiento es, simplemente, excelente. Las pruebas que hemos realizado disparando a bajas velocidades nos han ofrecido resultados más que satisfactorios. No sólo de Leica vive Panasonic El sensor, con 4 megapíxeles de resolución, es capaz de capturar imágenes de 2304 x 1728 puntos. Sus colores no sobresalen ni por arriba ni por abajo, es decir, que ni son muy fehacientes ni muy irreales. Sí podemos quejarnos, en cualquier caso, de que resultan un poco apagados. El balance de blancos funciona con relativa eficacia, aunque a pesar de obsequiarnos con un modo manual la máquina sólo ofrece los modos prefijados de automático, luz diurna, día nublado y luz de tungsteno ¿Dónde está el de luz fluorescente? El famoso binomio ruido-sensibilidad tampoco es que destaque mucho. No podemos hablar de una presencia considerable de ruido, más bien todo lo contrario, pero con el escaso rango de 50 a 200 ISO que exhibe la DMC-FX5 era de esperar que los niveles fueran tolerables. De todas formas, nos tememos que si algo detiene la escalada hasta los 400 ISO es, precisamente, el ruido. Del resto de detalles poco se puede decir: cinco modos prefijados de exposición -ninguna novedad; grabación de clips de vídeo con audio, sin límite de tiempo y -desafortunadamente- sin mucha calidad; un modo macro que tampoco es demasiado sorprendente, y una ráfaga que no está nada mal. Parece ser que la Lumix DMC-FX5 se queda en un simple sueño. Lo que aparentaba ser un jugoso fruto más del matrimonio Panasonic-Leica ha resultado ser o una cámara que alguien robó del árbol antes de que estuviese madura, o una máquina a la que no se le han dado todos los cuidados que requería un nombre como Leica. ¿Mala cámara? En absoluto, pero tampoco estamos ante una buena máquina. Como sugeríamos en las primeras líneas, si el reclamo con el que nos seducen para que compremos el producto se queda sólo en un reclamo, la decepción es doble. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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