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SP-550 Ultra Zoom

Características
Punt. usuarios: 4,25106382978724 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 7,10 MP
Máx. res.: 3072 x 2304 p.
Objetivo (35 mm): 28,0-504,0mm
Zoom: 18x (óptico) / 5,6x (digital)
En dos palabras
Con un zoom de 18x y un angular de 28 mm, la SP-550 es actualmente (2007) una de las compactas de tipo SLR más potentes
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Análisis
viernes, 13 de julio de 2007

Hasta el infinito (y más allá)

Batir récords es siempre una forma de llamar la atención. Olympus lo ha llevado a la práctica con la SP-550 Ultra Zoom, que, casi medio año después de su presentación, puede seguir presumiendo de ser la compacta con la óptica más potente del mercado. 18 aumentos de zoom equivalentes a un colosal rango focal de 28-504 milímetros dan fe de ello. Dotada de controles manuales y formato RAW, el buque insignia de las compactas de la compañía propone un cuerpo con reminiscencias SLR que no supone una carga insoportable para la espalda o el bolsillo. Con algunas limitaciones y detalles que Olympus debería limar, la SP-550 es, sin duda, una de las estrellas del escaparate.

Fue en otoño pasado cuando Olympus se volvió a colar en el catálogo de cámaras compactas de tipo SLR. Y lo hizo por todo lo alto. La SP-550 Ultra Zoom no se trataba de una propuesta más, sino de la primera cámara -y única, en el momento de publicarse estas líneas- que ofrecía un zoom de 18 aumentos ópticos.

De esta forma, Olympus planta cara con su SP-550 a marcas que se han asomado asiduamente a este sector de las compactas de zoom largo (véanse las Cyber-shot DSC-H de Sony o las Panasonic Lumix DMC-FZ, entre otras) e incluso a los modelos réflex.

Si a principios de este año tuvimos ocasión de probar las bondades de la SP-550 en medio de los desiertos de Nevada coincidiendo con la feria PMA -aún recordamos las instantáneas de la luna obtenidas con su teleobjetivo de 504 milímetros- y después pudimos enfrentarla a la Cyber-shot DSC-H9 de Sony, llega ahora el momento de desgranar sus puntos fuertes y sus debilidades.

Todo en uno

Como no podía ser de otro modo, las líneas de la cámara se rigen por la conocida fórmula de intentar concebir una réflex en miniatura.

Una pretensión que se consigue en la inmensa mayoría de los aspectos, gracias a un cuerpo bien equilibrado, una empuñadura fácil de asir y un manejo que -en general- puede realizarse con una sola mano. Las focales más largas, eso sí, animan a usar la segunda mano para sujetar la óptica y aportar algo más de estabilidad al cuerpo.

Con una construcción en la que la presencia de plástico consigue librarse del clásico aire de fragilidad, cabe mencionar ciertos detalles que no están a la altura de una cámara como ésta.

Tal es el caso de la compuerta para la tarjeta xD-Picture Card (lidiar con la presencia de este peculiar formato de tarjeta es ya una batalla perdida, así que pasémoslo por alto) o la tapa que cierra el compartimento de las pilas, situado en la base de la cámara.

(El sistema de alimentación, por cierto, ha demostrado ser capaz de exprimir al máximo la potencia de cuatro pilas de tamaño AA, pese al notable esfuerzo que requiere mover el inmenso zoom implementado en la SP-550.)

Detalles menores aparte, más imperdonable resulta la ausencia de algún tipo de rueda o control en la empuñadura que permita modificar los ajustes de la toma sin tener que hacer malabarismos, sobre todo al trabajar con los modos manuales.

Controles para todos los gustos

Tal y como corresponde a una compacta de este tipo, la SP-550 llega bien servida de controles automáticos y manuales. Su selección se realiza a través del clásico dial principal, situado en la zona superior del cuerpo.

Junto a la clásica estructura PASM, también es posible encontrar un modo personalizable, el acceso a las 23 escenas disponibles, un modo centrado en paliar las vibraciones y una suerte de guía de manejo para orientar a los usuarios más noveles.

Aunque los accesos directos brillan por su ausencia, a través de un solo botón es posible acceder a un menú sobreimpreso en la escena encuadrada que permite modificar parámetros como la sensibilidad o la medición. Una pena que el tamaño y el formato de la imagen queden relegados a una posición bastante más escondida, dentro del menú principal de la cámara.

Mejor suerte corre el sistema de estabilización mecánica IS, que dispone de un botón propio en la zona superior de la cámara para su activación o desconexión.

El botón de encendido, por su parte, es demasiado sensible. Así pues, si no tenemos la precaución de colocar el dial principal en el modo de reproducción, la SP-550 puede encenderse accidentalmente. Y no está de más recordar que, de encontrarse la cámara dentro de una bolsa, su objetivo se desplegará y quedará bloqueado al chocar con cualquier superficie rígida.

La pantalla centra su encanto en la resolución, más que en el tamaño. El resultado es un LCD de 2,5 pulgadas y 230.000 píxeles, cuyo principal -y clásico- problema llega cuando la luz es excesiva.

Por lo demás, tanto el monitor como el visor electrónico muestran un buen comportamiento -con las previsibles limitaciones del segundo, claro está- y una más que abundante información sobre la escena y la toma.

El cuerpo aparece coronado por un flash de despliegue automático o manual que salda su actuación con un rendimiento muy aceptable (aunque, lógicamente, su potencia no le permite abarcar todo lo que el objetivo da de sí). En cualquier caso, sí se echa de menos una zapata para utilizar unidades de flash externas.

500 milímetros estabilizados

La SP-550 implementa un sistema de antivibraciones de naturaleza mecánica, similar al que utiliza la E-510 (y que, presumiblemente, también estará presente en la futura réflex de gama profesional de Olympus).

Según las pruebas realizadas, su eficacia ofrece una mejora de unos 2 puntos respecto a la velocidad de disparo recomendable. Un rendimiento que resulta muy interesante -por no decir imprescindible-, si tenemos en cuenta las focales extremas que emplea la cámara.

El resultado de esta combinación es un objetivo que supera los 500 milímetros y disfruta de una luminosidad de hasta f4.5, y con el que podemos obtener tomas a 1/125 segundos con un índice de acierto bastante elevado.

No obstante, las focales más largas del objetivo no deben hacer olvidar otro detalle que convierte a la SP-550 en una rareza entre las de su clase. Y es que, a diferencia de lo que suele ser norma habitual entre las compactas de zoom largo, este modelo ofrece un angular real de 28 milímetros con una abertura de f2.8.

Con estas credenciales, no sería de extrañar que la carga de aberraciones cromáticas fuera uno de los problemas del objetivo. Sin embargo, no ha sido así, y pese a que los halos púrpuras aparecen en las imágenes con contraluces o fuertes contrastes, su incidencia está dentro de unos márgenes tolerables.

Respecto a las aberraciones geométricas del objetivo, las posiciones angulares resuelven con bastante dignidad sus líneas rectas con un efecto de barril visible, aunque controlado. Más pronunciada es la distorsión de cojinete, que no tarda demasiado en aparecer.

Enfoque mejorable

De todo lo anteriormente dicho se podría deducir que la relación entre lo que el objetivo de la SP-550 ofrece y sus problemas se salda con una nota positiva. Por desgracia, el sistema de enfoque complica las cosas.

De hecho, es éste uno de los apartados que menos nos ha gustado de la compacta de Olympus. Sin ser especialmente rápida en la tarea de buscar un punto de enfoque -tampoco lo es en el cambio de focales-, lo más preocupante son las confirmaciones erróneas de foco que exhibe.

Lo mismo ocurre con los problemas del objetivo al ajustar el enfoque cuando se recurre a las focales más largas o la escena carece de suficiente contraste. Es en esos casos -más aún si se pretende usar el zoom digital o seguir algún sujeto en movimiento- cuando la óptica necesita un tiempo para volver a realizar todo el recorrido del enfoque y probar suerte de nuevo.

Si en lugar de alejarnos optamos por la aproximación, la SP-550 cuenta con dos modos de enfoque macro. De entre ellos, destaca el denominado Super-Macro, que bloquea el zoom en una posición intermedia y permite realizar tomas a sólo 1 centímetro de distancia.

También RAW

Pero no es la potencia óptica el único argumento válido de la SP-550. Sus comedidos 7 megapíxeles de resolución se traducen en archivos de hasta 3072 x 2048 píxeles que pueden ser almacenados en los formatos JPEG o RAW, o en ambos simultáneamente.

Esta última opción no es tan fácilmente accesible como nos gustaría. Afortunadamente, el usuario puede elegir la calidad y el tamaño de la imagen JPEG que se graba junto al archivo RAW.

En todo caso, tal y como está evolucionando la filosofía de algunas marcas en este terreno, el hecho de que la SP-550 apueste por conservar el formato RAW se convierte en un potente argumento. Es muy probable que los usuarios más avanzados se dejen seducir por este detalle, que incluso podría inclinar la balanza a favor de la Olympus en caso de duda.

A las ventajas evidentes de trabajar en RAW (mayor control en el procesamiento posterior de la imagen), cabe añadir una ligera mejora en la resolución, sobre todo si se opta por anular el sistema de reducción de ruido, que ya actúa con rigor sobre el detalle de la fotografía cuando se emplean sensibilidades bajas.

Como detalle curioso y un tanto inexplicable, hay ciertos automatismos incompatibles con el disparo en RAW. Tal es el caso de la sensibilidad automática, que no puede seleccionarse al trabajar en este formato.

Aunque es lógico pensar que los que se decanten por esta modalidad de captura querrán seleccionar el ISO de forma manual, este hecho puede provocar situaciones tan ridículas como que la opción de disparar en RAW no aparezca disponible si en ese momento el parámetro de la sensibilidad está en la posición automática.

La celeridad de la cámara, por otro lado, queda seriamente resentida al trabajar con el formato RAW. Si la velocidad de disparo y el buffer no son una maravilla en ningún momento (la grabación en tarjetas xD-Picture Card es posible que tenga parte de culpa), esta cuestión se acentúa al capturar en RAW.

En estos casos, el usuario tendrá que esperar casi 5 segundos entre una y otra toma, mientras el archivo se graba en la tarjeta y se libera espacio en el limitado buffer.

Sin embargo, no hay que olvidar que, en el momento de su presentación, la SP-550 puso el acento en la velocidad de disparo, presumiendo de una ráfaga de hasta 15 fotogramas por segundo.

Una modalidad de disparo que, ciertamente, resulta impresionante. A pesar de ello, el precio a pagar -reducir la resolución a poco más de 1 megapíxel- limita considerablemente su utilidad real.

¿5000 ISO?

Con unas cifras tan superlativas como las que luce la SP-550, no es de extrañar que la sensibilidad tampoco haya querido quedarse atrás. De este modo, la compacta más completa de Olympus apuesta por un amplio abanico de ajustes que va desde 50 hasta 1600 ISO.

A este vasto recorrido se le suman, además, otros dos ajustes capaces de alcanzar los 3200 y 5000 ISO mediante modos escénicos predefinidos que obligan a reducir la resolución. Ni que decir tiene que estos dos valores extremos cumplen poco más que una función decorativa en la hoja de especificaciones y que su utilidad es más que cuestionable.

Centrándonos en los valores ISO más terrenales, la SP-550 muestra un comportamiento equiparable al de la inmensa mayoría de compactas, con un buen rendimiento hasta 400 ISO y la evidente aparición de ruido a partir de este punto.

Con buena luz, los resultados a 800 ISO podrían llegar a ser utilizables, pese a la fuerte pérdida de detalle que se produce por la acción del mecanismo de reducción de ruido. A 1600 ISO, este mismo proceso llega incluso a afectar al color de las imágenes, dejándolas bastante inservibles.

El pequeño sensor (1/2,5 pulgadas) se convierte así en un arma de doble filo. Si por un lado permite combinar un cuerpo de dimensiones muy reducidas con una óptica de focales tan amplias como ésta, por el otro también acarrea los niveles de ruido aquí descritos.

Parámetros ajustables

Como es habitual en las cámaras de Olympus, la SP-550 ofrece tres modos de medición coronados por el particular sistema matricial ESP de la compañía.

Aunque, en general, pueden presumir de unos resultados bien ajustados, sí hemos detectado una cierta tendencia a la sobreexposición. En escenas muy contrastadas ello puede acabar provocando la aparición de "blooming" en las zonas más quemadas. De nuevo, el pequeño CCD vuelve a pasar factura.

Como ya hemos comentado, la resolución de las imágenes es buena, sobre todo si se impide que el sistema de reducción de ruido haga estragos en ellas.

No obstante, y pese al notable procesamiento que sufren los archivos JPEG, la nitidez no es uno de los puntos fuertes de la cámara. No está de más, por tanto, elevar este ajuste en el menú correspondiente o aplicar una máscara de enfoque posteriormente.

En este sentido, las opciones de la cámara son numerosas, con modalidades de procesamiento ya ajustadas o un menú en el que el usuario puede ir tocando los diferentes parámetros.

De hecho, tras pasar unas semanas con la SP-550, todo parece indicar que es ésta una cámara que no se conforma con los automatismos, y a veces es necesario bastante tiempo para dar con la configuración de parámetros más adecuada.

Respecto al balance de blancos, el modo automático responde correctamente con luz natural, se defiende con las fluorescentes y tropieza -cómo no- con las luces de tungsteno o con las combinaciones más complejas. De todos modos, la SP-550 ofrece tres modos preajustados para luz fluorescente que consiguen adaptarse a la mayoría de situaciones.

Cuestión de equilibrio

Sin obviar el cierto regusto agridulce que dejan algunos aspectos -el enfoque, sin ir más lejos-, estamos convencidos de que la mayoría de usuarios encontrarán en la Olympus SP-550 Ultra Zoom todo o casi todo lo que se puede esperar de una de estas falsas SLR en miniatura.

Aunque el bombo mediático generado por unas credenciales como las que luce esta compacta podría hacer esperar algo más, lo cierto es que su compendio de prestaciones resulta bastante equilibrado al tamaño y precio del conjunto.

No olvidemos que estamos hablando de una compacta con ajustes manuales, formato RAW y -sobre todo- un espectacular objetivo de 28-504 milímetros, dotado además de una excelente iluminación y un eficaz sistema de estabilización.

Claro que podría ser mejor, pero teniendo en cuenta lo difícil que resulta abarcar todos los frentes, parece que Olympus ha tenido que sacrificar algunos aspectos para potenciar otros.

También es cierto que el tamaño del sensor conduce irremediablemente a unos niveles de ruido bastante altos, y que el procesamiento y el sistema de reducción de ruido suponen una notable pérdida de potencial para la SP-550. Y no menos cierto es que el enfoque en las focales más largas es uno de los aspectos más desesperantes de la cámara.

No obstante, y sin perder de vista en ningún momento todas estas limitaciones, la SP-550 se presenta como uno de los cuerpos más completos y equilibrados de este segmento.

TEXTO: Iker Morán
FOTOS: Álvaro Méndez

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