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E-P2

Características
Punt. usuarios: 3,9 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: Live MOS de 12,30 MP
Tam. sensor: 17,30 x 13,00 mm
Máx. res.: 4032 x 3024 p.
Factor: 2,00x
Pantalla: TFT de 3,00 pulgadas
En dos palabras
Elegante y discreta, la E-P2 hereda la solvencia de su predecesora pero sigue dejando los temas del enfoque y el flash en el tintero.
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Olympus E-P2 con nuestras 38 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
lunes, 01 de marzo de 2010

Asuntos Pen-dientes

Medio año ha sido suficiente para que la segunda generación de las llamadas Pen Digital de Olympus viera la luz. Este temprano relevo no ha servido, sin embargo, para solventar algunos de los puntos débiles del modelo primigenio, como la ausencia de una unidad integrada de flash o un enfoque automático más lento de lo deseado. De hecho, la principal novedad de la E-P2 (además del color negro de su cuerpo) es el lanzamiento de un visor electrónico externo acoplable a su zapata y la inclusión de un par de filtros artísticos más. Si bien el anuncio de una E-PL1 más barata y con flash deja a esta E-P2 en una posición un tanto incómoda, hay que reconocer que su excelente construcción, su diseño y una calidad de imagen que exprime al máximo el potencial del sensor Micro Cuatro Tercios siguen enamorando a muchos.

Hacía ya años que los incondicionales de Olympus reclamaban a la firma que rescatara sus míticas Pen del fondo del cajón y les diera una nueva oportunidad en versión digital. Se hizo esperar, pero a través del estándar Micro cuatro Tercios la idea cuajó en una E-P1 con más éxito mediático que comercial.

Atrevida y con un atractivo innegable, Olympus no ha tardado en sacarse de la manga una segunda generación que trata de mantener vivo el entusiasmo y, sobre todo, solventar algunas carencias evidentes del primer modelo. Veamos hasta qué punto lo ha conseguido esta E-P2.

En las manos

Poco o nada ha cambiado respecto a la E-P1, pero puesto que el diseño es una de las mejores bazas de la E-P2, merece la pena darle un pequeño repaso.

De entrada, el acabado en negro se nos antoja el más elegante y discreto de los vistos hasta ahora. Combinado con el pequeño M.Zuiko 17 mm f2.8, el conjunto es realmente compacto, pequeño y liviano, válido para la mayoría de las situaciones fotográficas.

Sin embargo, cuando montamos el visor externo y el M.Zuiko 14-42 mm f3.5-5.6, la E-P2 ya deja de ser pequeña y discreta y se convierte en el centro de atención de algunas miradas. Claro que puede que eso tampoco disguste a algunos de sus usuarios.

Nos sigue gustando el aspecto general de calidad que emana la cámara, así como la rueda vertical, situada en la parte trasera de la zona de agarre (invitándonos a controlarla con el dedo pulgar), y la rueda de modos.

Pero no podemos decir lo mismo de la rueda-pulsador central de la parte trasera, ya que es realmente fácil girarla sin darse cuenta y cambiar algún ajuste. Además, al trabajar en manual, modificar la velocidad sin pulsar alguno de los cuatro accesos directos es todo un reto.

En cuanto a la pantalla posterior, las 3 pulgadas y los 230.000 puntos de resolución cumplen su tarea en cuanto a calidad, luminosidad y refresco, al menos hasta que la luz ambiente es muy pobre.

El agarre se nos ha antojado mejorable, sobre todo cuando utilizamos la cámara con el visor externo y el zoom de 14-42 milímetros, debido al resalte delantero poco pronunciado y a la escasa rugosidad del mismo.

Visor externo

La principal diferencia entre esta Pen y la E-P1 es la conexión situada bajo la zapata del flash, que permite montar el nuevo visor electrónico externo VF-2. Ni que decir tiene que hubiéramos preferido uno integrado en el cuerpo, pero esa asignatura sigue por ahora pendiente en este tipo de cámaras. Estamos convencidos, no obstante, que es sólo cuestión de tiempo dar con un modelo de rango superior que apueste por esta vía sin renunciar al diseño de las Pen.

La calidad del visor electrónico extraíble es excelente gracias a su resolución de 1,4 millones de puntos. Incluso nos atreveríamos a asegurar que en este apartado supera al empleado por Panasonic para su Lumix DMC-GF1.

Sí es cierto que cuando la luz ambiente empeora, la calidad de la imagen que reproduce este visor pierde muchos puntos. Pero no se trata de un defecto propio de este accesorio, puesto que en la pantalla trasera este efecto y el evidente aumento de ruido son igualmente visibles. En cuanto a la velocidad de refresco, se produce algún pequeño salto puntualmente, pero no es muy evidente.

Otra cuestión interesante es que este visor añade un plus de estabilidad cuando jugamos con velocidades bajas. La sujeción de la cámara con ambas manos y el hecho de apoyarla contra el ojo nos ha permitido obtener fotos sin trepidación disparando con la focal más larga del zoom de 14-42 milímetros (equivalente a 84 milímetros) con una velocidad de 1/8 de segundo.

Se agradece también la posibilidad de bascular el visor hasta 90 grados para efectuar tomas por debajo del punto de vista.

De hecho, la principal pega que le pondríamos a este accesorio es la falta de un seguro de anclaje para que no se desprenda accidentalmente de su posición sobre la zapata del flash. Algo que, por cierto, ha estado a punto de ocurrirnos en más de una ocasión.

Y por dentro, ¿cambia algo?

Más allá de esta nueva conexión para el visor electrónico, los cambios en las entrañas de la E-P2 son mínimos. En los menús nos topamos con un nuevo modo de enfoque de seguimiento, una opción para realzar el color llamada “i-Enhace” y un par de nuevos filtros artísticos.

Bautizados como “proceso cruzado” y “diorama”, ambos ofrecen una estética muy particular y bastante interesante. Sobre todo en el caso de este último, que desenfocando la parte superior e inferior de la imagen consigue un efecto de miniatura bastante pronunciado.

Hay que recordar, por cierto, que si trabajamos en formato RAW y aplicamos los filtros artísticos, la cámara conserva el archivo original y sólo aplica las modificaciones al JPEG.

También el vídeo amplía sus opciones de control manual –ahora ya es posible modificar la sensibilidad, la abertura y la velocidad- y se ofrece un adaptador opcional para poder usar micrófonos externos. Se mantiene, eso sí, el tamaño de cuadro de 1280 x 720 puntos, la cadencia de 30 fotogramas por segundo y -en resumen- los resultados ya vistos y comentados al hablar de la E-P1.

Los mismos resultados

Y es que, dejando a un lado estos detalles, en la E-P2 casi todo se mantiene prácticamente idéntico a la E-P1. Para lo bueno y para lo malo.

Así, el tiempo que transcurre desde la puesta en marcha de la cámara hasta que hacemos la primera foto es de un par de segundos, un valor que nos podría parecer algo alto si no tenemos presente que durante ese tiempo se realiza la limpieza automática del sensor (de excelente funcionamiento, por cierto).

Tampoco el enfoque es especialmente ágil, un problema que ya arrastraba el modelo predecesor. Según nuestros cálculos, el sistema de enfoque automático necesita aproximadamente un segundo para fijar un punto de foco. Nada preocupante para realizar tomas con calma, pero un detalle que habrá que tener en cuenta para la captura de imágenes casuales.

En cualquier caso, los resultados en este aspecto siguen estando por debajo de los vistos en la citada GF1 de Panasonic a la hora de enfocar. En su descargo hay que decir que el enfoque automático, aunque lento, es muy preciso en condiciones –digamos- normales de luminosidad.

La información mostrada en pantalla es completa, y el acceso a los menús para modificar los parámetros de disparo puede realizarse rápidamente y sin dar grandes rodeos. Exactamente igual que en el modelo anterior.

La medición de la luz nos ha parecido acertada en sus diferentes modos, aunque con cierta tendencia a subexponer (como en tantas otras cámaras). Un ajuste de sobreexposición de 0,3 ó 0,7 diafragmas ayuda a obtener imágenes mas luminosas y con menos ruido en sensibilidades medias y altas.

Sensor al máximo

Sin cambios en el sensor Live MOS de 12 megapíxeles ni en el procesador de imagen, todo lo dicho en su momento sobre la E-P1 es perfectamente aplicable a esta nueva versión.

Por tanto, toca volver a hablar de un rendimiento general muy bueno, con resultados francamente gratos en el rango dinámico de las tomas realizadas con sensibilidades medias y bajas, y un ruido electrónico que se mantiene dentro de unos niveles tolerables incluso abusando del ISO.

Teniendo en cuenta que la competencia va a ser muy dura en el segmento de las cámaras de objetivos intercambiables y sin espejo y que otras compañías apuestan por sensores de mayor tamaño –y presumiblemente mejor rendimiento con sensibilidades altas-, Olympus ha sabido aprovechar su larga experiencia con los sensores Cuatro Tercios.

En cuanto al ruido, en nuestra opinión es aceptable hasta 800 ISO (e incluso algo más si medimos y exponemos correctamente). Si estamos dispuestos a trabajar un poco más y nos dedicamos a procesar los archivos RAW, incluso nos atreveríamos a rondar los 3200 ISO.

Además, hay que destacar el buen trabajo de la cámara a la hora de ofrecer archivos JPEG que ya por sí solos son capaces de condensar todo el potencial del sensor y el procesador.

Aunque el ruido sigue siendo un capítulo que las cámaras dotadas de sensores más grandes dominan mejor, esta E-P2 aprovecha al máximo lo que su CMOS de 12 megapíxeles es capaz de ofrecer.

Fotografía tranquila

¿Es la E-P2 una cámara para nostálgicos de las Pen originales? Está claro que Olympus las ha tomado como referencia en lo que a diseño se refiere, pero también su funcionamiento -pensado más para tomas relajadas que para la fotografía con prisa- concuerda con aquella filosofía original.

Vistas en este contexto en el que la agilidad es un detalle menor, tanto la E-P1 como esta E-P2 ligeramente mejorada contentarán a sus usuarios.

Pero, ¿es esta cámara una alternativa a las réflex? No puede serlo, al menos no para quienes estén acostumbrados a éstas y esperen encontrar en las Pen una pequeña cámara de acción pera llevar a todas partes. Su enfoque automático, sin ir más lejos, supone un problema insalvable para este cometido.

Estamos convencidos, no obstante, que éstos son sólo los primeros capítulos de una larga historia que se está empezando a escribir. La E-PL1, de hecho, es ya una realidad, y con ella se materializa otra de las demandas que venimos haciendo a las Micro Cuatro Tercios de Olympus: la integración de un flash en el cuerpo.

Habrá que ver cómo evoluciona este joven sistema. Aquellos que no quieran esperar más, ya tienen en la E-P2 un clásico al que agarrarse.

TEXTO: Martín Gallego
FOTOS: Álvaro Méndez

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