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![]() E-500Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 17,30 x 13,00mm Máx. res.: 3264 x 2448 p. Factor: 2,00x Pantalla: LCD de 2,50 pulgadas En dos palabras La consolidación del sistema Cuatro Tercios para el fotógrafo aficionado tiene nombre, E-500, y ofrece un muy buen rendimiento Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Olympus E-500 con nuestras 37 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 07 de febrero de 2006 La consolidación de un sistemaHermana de la E-300 y de la más reciente E-330, la E-500 llega al mercado como la respuesta de Olympus a la proliferación de las cámaras SLR digitales de gama media y baja. Una respuesta que no pudo -¿no supo?- dar en su día la E-300. Con un aspecto más propio de una réflex y la restitución del clásico sistema de pentaprisma, la E-500 presenta el siempre sorprendente sistema de limpieza por ultrasonidos de Olympus, 8 megapíxeles de resolución y un precio atractivo. Tras el éxito a medias de las primeras tentativas réflex de Olympus en el panorama digital (una buena idea, el E-System, pero quizás poco madura por aquel entonces), el público aguardaba un producto que, con el mismo espíritu innovador, subiese un escalón más en esta curiosa especie fotográfica que es el sistema Cuatro Tercios.El concepto y la calidad de la E-1 y la E-300 eran notables, pero a ambas les faltaba algo. La E-500, en cambio, se alza como el producto definitivo del asentamiento del sistema de los Cuatro Tercios. De todas formas, puesto que hablar de definitivo en el universo de las cámaras digitales es toda una temeridad, tal vez deberíamos calificar a la E-500 como el punto de partida -ahora sí, definitivo- del E-System para aficionados. Alejada de las formas más suaves de Canon y Nikon -y Pentax y compañía-, la E-500 recuerda vagamente a las Sigma de la serie SD, pero con unas líneas algo más cuadradas. Tal vez por ello a simple vista no parece que se trate de una cámara de gama media y puede asimismo plantear precipitadas dudas sobre la comodidad de su agarre. La E-500 utiliza objetivos de montura Cuatro Tercios que se encajan fácilmente en una bayoneta metálica de aspecto firme. También firme parece el cuerpo, que -toda una pena- es de plástico. Las ópticas empleadas para este análisis, por cierto, son las que Olympus comercializa junto a la E-500 en formato kit, a saber: el zoom estándar Zuiko 14-45 mm f3.5-5.6 y el teleobjetivo zoom Zuiko 40-150 mm f3.5-4.5. No son precisamente los mejores cristales Zuiko, pero sí dos de los más representativos para esta cámara que -recordemos- va dirigida al fotógrafo aficionado. Ultrasonidos para comenzar El encendido es algo lento -un par de segundos-, especialmente para una réflex. La demora no es casual y en el fondo se agradece, pues la cámara emplea este lapso de tiempo para activar el sistema automático de limpieza del sensor. Aunque ciertamente viene bien, no estaría de más poder desactivar esta opción a voluntad. Decíamos un poco más arriba que el agarre podía parecer poco cómodo a simple vista, pero resulta que sí lo es. A pesar de no llevar empuñadura ni de ser especialmente grande -es más bien pequeña-, la E-500 se deja coger; el dedo meñique no baila y las sensaciones al empuñarla son de solidez y firmeza. Llevarse la cámara al ojo es también cómodo. Casi todos los mandos importantes -fotográficamente hablando- están al alcance de los dedos sin que sea necesario apartar el ojo del visor. Recubierta de bastantes botones, la E-500 está más o menos al mismo nivel que cualquier réflex digital de esta gama, con mandos para utilizar desde las prioridades hasta el temporizador. Todos ellos se distribuyen, especialmente, en la parte trasera del cuerpo. De esta forma, los diales de control -uno de modos y otro para modificar los parámetros- se sitúan en la parte superior, junto al pentaprisma. Aunque diremos que se echa en falta un segundo dial de selección para manejar de forma independiente la obturación y el diafragma, merece especial atención el de modos: no es una rueda sin fin y cuenta con los típicos modos fotográficos, además de varias escenas prefijadas. Ya hemos dicho que casi todos los mandos esenciales pueden utilizarse intuitivamente. Esto, sin embargo, no puede aplicarse al resto de los botones, para los que no sólo es necesario liberar el pulgar derecho, sino también -en muchas ocasiones- usar ambas manos. Un punto negativo se lo lleva el botón de activación del flash, situado al lado izquierdo, que obliga a desviar la mirada para colocar correctamente el dedo cuando se pretende activarlo manualmente. No es un pecado capital, pero sí un detalle a mejorar. Para quienes quieran saberlo todo Dejando la ergonomía aparte, la E-500 cuenta con una pantalla de alta calidad de 2,5 pulgadas y 215.000 píxeles, donde se recogen no sólo las imágenes para su revisión, sino también todo tipo de información sobre las opciones de disparo. En efecto, a diferencia de otros modelos réflex en los que la pantalla permanece inactiva el 90% del tiempo, en la E-500 puede estar todo el rato encendida -salvo que el usuario la apague-, ofreciendo un completísimo surtido de datos: desde la velocidad de obturación o el diafragma hasta el matiz de nitidez o contraste, pasando por la medición o la compensación de la exposición. Estos menús no son únicamente una fuente de información, sino que hacen las veces de accesos directos para la modificación de cada parámetro. Para cambiarlos, así pues, no es necesario navegar a través de ellos, sino que se puede acceder directamente desde el correspondiente símbolo de la pantalla. La idea parece buena, pero al utilizar la cámara vemos que algo falla o que -al menos- no es tan buena como podría parecer. Un menú algo indigesto El principal problema de los menús de pantalla de la E-500 surge -a nuestro juicio- de la combinación entre una lenta respuesta a los botones (hay que girar la rueda de selección muy despacio para elegir el valor adecuado, puesto que la cámara tarda un instante en reaccionar) y la necesidad de pulsar el botón OK cada vez que queremos desplazarnos por las opciones reflejadas en el monitor. Esto, que en principio parece una tontería, se convierte en un quebradero de cabeza a la hora de realizar una secuencia rápida de cambios, ya que es muy fácil confundirse. Menús aparte, la calidad de la pantalla es bastante buena y ofrece un más que suficiente nivel de detalle de la imagen. Los colores, por su parte, son fieles a la realidad y no tienen mucho que envidiar a los que luego se verán en la pantalla del ordenador. La E-500 ofrece, además, un completo repertorio de datos -incluido un histograma multicanal- de cada toma guardada en la tarjeta. El visor lleva incorporada una protección de goma y un pequeño control para realizar la corrección dióptrica. Y es muy pequeño. De hecho, tan pequeño es que, en comparación, el visor estándar de una Canon EOS 20D o una Nikon D200 parecen grandes. El enfoque automático no es especialmente rápido, limitándose a lo esperado para una cámara de gama más baja que media. La precisión, eso sí, está garantizada en ambientes bañados de luz poco problemática (una bombilla, por ejemplo). El autofoco cuenta con una luz de ayuda proveniente del flash que resulta muchas veces insuficiente. El flash, por cierto, es de tipo pop-up, y en el modo de exposición automática se activa y levanta cuando es necesario. Aparte de sus múltiples funciones, incluida la de sincronización lenta a la segunda cortinilla, el flash presenta un reciclado excelente, permitiendo incluso disparar ráfagas lentas. Como ya se ha señalado, del flash nace la luz de ayuda al autofoco, consistente en pequeños y continuos destellos a modo de luz "estroboscópica", por lo que puede ser molesto cuando se retratan personas. Al flash integrado lo complementa una zapata para unidades externas. Tan limpio como si fuera nuevo Si alguna particularidad ajena a lo estrictamente fotográfico tiene el E-System de Olympus, esa es sin duda la opción de limpieza del sensor meditante ultrasonidos. Vista su efectividad en la E-1, la primera cámara de la órbita Cuatro Tercios, la E-500 no podía hacer otra cosa que no fuera -al menos- igualarlo. El sistema, que como ya hemos dicho se activa al encender la cámara, también puede activarse cuando lo considere oportuno el fotógrafo, dejando en escasos segundos un sensor prácticamente tan limpio como el que otras cámaras presentan al salir de la cadena de montaje. El sensor, precisamente, es un CCD de proporciones Cuatro Tercios, con la ya consabida multiplicación de la focal de 2x. Presume de 8 megapíxeles de resolución, lo cual se traduce en fotografías de hasta 3264 x 2448 puntos que pueden guardarse en los formatos JPEG, TIFF y -por supuesto- RAW. El sistema de almacenamiento se basa en dos tipos de tarjeta: xD- Picture Card y CompactFlash de Tipo II, en la ranura para las cuales puede insertarse también discos Microdrive. La Olympus E-500 ofrece multitud de parámetros fotográficos para modificar. Así, mientras que otros modelos sólo permiten elegir un modo de color o modificar la nitidez, esta cámara añade la posibilidad de modificar el matiz en el canal rojo o verde. Esto, que es siempre de agradecer, no sabemos hasta qué punto lo aprovechará el usuario al que va dirigida la E-500. Un hueco para la calidad En el apartado de la calidad de imagen, la E-500 deja notar sus 8 millones de píxeles en cada una de las imágenes que genera. Colores reales y un buen nivel de detalle se dejan ver en cada instantánea, encaramando a este modelo a las cotas más altas de su segmento y permitiéndole rivalizar de tú a tú -la elección del ganador queda en manos de los usuarios- con modelos como la Nikon D50 y la Canon EOS 350D. En lo que a sensibilidades se refiere, la E-500 ofrece un amplio abanico que va desde 100 a 1600 ISO (forzándola a partir de 400 ISO), con múltiples pasos intermedios. La sensibilidad, como era de esperar, ofrece bajos niveles de ruido en los primeros estadios, subiendo progresivamente hasta resultar fácilmente visible a 800 ISO y molesto -aunque aceptable- a 1600 ISO. Además, la E-500 ofrece un sistema de reducción de ruido bastante efectivo y cuyos efectos secundarios no resultan muy agresivos para la nitidez final de la imagen. El balance de blancos tiene un funcionamiento aceptable pero mejorable, especialmente con luz incandescente en la modalidad automática, donde el resultado es bastante pobre. No obstante, es muy loable la posibilidad (ya implementada en la E-300) de seleccionar la temperatura de color en una escala de grados Kelvin. La batería, para terminar, se aloja en un receptáculo en el interior de la empuñadura. De 1500 mAh, permite disfrutar de una larga sesión fotográfica con muchas decenas -centenares- de fotos. Teniendo en cuenta que la pantalla puede estar prácticamente todo el tiempo encendida, es todo un logro. Futuro prometedor Que Olympus está apostando mucho y fuerte por el sistema Cuatro Tercios es indiscutible. Lo que sí podía ponerse en entredicho -y algunos lo pusieron- era el asentamiento en el mercado de sus dos primeros modelos. La E-500 no ha alcanzado el zenit de esta tecnología, pero desde luego demuestra que el sistema es bueno y que puede ofrecer imágenes de calidad. Huelga decir, por otro lado, que Olympus sigue haciendo bandera de una tecnología de limpieza por el que las demás marcas sueñan despiertas. TEXTO: Eduardo Parra FOTOS: Iker Morán |
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