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![]() E-420Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 17,30 x 13,00mm Máx. res.: 3648 x 2736 p. Factor: 2,00x Pantalla: TFT de 2,70 pulgadas En dos palabras Pequeña y manejable, esta idónea compañera de viaje es la primera Olympus que apuesta por el enfoque por contraste. Precios Mejor precio: 351 €Ver precios Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Olympus E-420 con nuestras 38 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 06 de mayo de 2008 Un nuevo enfoque para la más pequeñaEn poco tiempo, la estirpe de las E-400 se ha revelado una de las más activas del escaparate de Olympus. La pionera de la saga se convirtió en la SLR digital más pequeña en su momento y la E-410 optó después por añadirle las ventajas del Live View. La E-420 no es sino la evolución lógica de esta tendencia: el enfoque por contraste llega por fin a Olympus, quien introdujera hace años la previsualización en pantalla para las réflex. Continuista en diseño y prestaciones, su fácil manejo y reducido tamaño hacen de este cuerpo, convenientemente acompañado del jugoso objetivo Zuiko 25 mm f2.8, un ágil y actualizado instrumento para viajeros ligeros de equipaje. El pequeño y oscuro visor y la falta de estabilización siguen siendo sus principales tachas. La rápida evolución del mercado de las réflex digitales, el prematuro relevo de modelos y la aparición de nuevas tecnologías produce, en ocasiones, situaciones un tanto paradójicas. Y esta nueva Olympus E-420 es un elocuente ejemplo.Y es que, pese a que Olympus fue la primera en estrenar la función Live View con la E-330 a principios de 2006, adelantándose en lo que ahora es ya un estándar, la cuestión del enfoque era una pequeña espina clavada en el orgullo de la marca. Panasonic y Nikon -desde finales de 2007-, y Canon y Sony -desde principios de 2008- disponían ya de soluciones más prácticas que el sistema originario de movimiento de espejo al que Olympus se mantenía fiel. La E-420 es la tardía respuesta a esta evolución al apostar, por fin, por un doble sistema de enfoque que da cabida al autofoco por contraste utilizado habitualmente por las cámaras compactas. Pero, curiosamente, esta puesta al día genera una situación un tanto incómoda: ni la E-510 -de cuya renovación ya se habla- ni la reciente E-3 disponen de esta opción, aun siendo modelos de gama superior. Ligeros retoques Salta a la vista que la E-420 sólo pretende marcar un punto y seguido respecto a su predecesora. La filosofía basada en la economía de volumen y peso se mantiene, y para ello se ha recurrido a un diseño casi calcado al de la E-410. De formas minúsculas, el agarre y el manejo requieren cierto tiempo de adaptación. Una vez acostumbrados a su idiosincrasia y su extrema facilidad de uso, la verdad es que cuesta volver a pensar en otra SLR a la hora de salir de viaje. De hecho, replantear la recurrente disyuntiva entre hacerse con una compacta o con una SLR para robar a las primeras el argumento del peso y el volumen es una de las mejores bazas de esta E-420. Pese a las similitudes, el nuevo modelo introduce algún ligero retoque además del sistema de enfoque por contraste a través de la pantalla. Precisamente, el LCD realza su protagonismo -ahora mayor si cabe- al aumentar su diagonal de 2,5 a 2,7 pulgadas. Un detalle que se agradece, por cierto, es que el histograma en vivo ha sido desplazado a un lateral de la imagen. Así, el encuadre con el modo Live View resulta mucho más cómodo. Desgraciadamente, el visor réflex de la serie E-400 persiste como uno de los puntos débiles del nuevo modelo, escaso tanto en tamaño como en luminosidad e información disponible. La empuñadura, sutilmente más pronunciada que la del modelo anterior, es otro de los pocos cambios perceptibles a primera vista. Más velocidad Puestos a buscar más detalles que marquen diferencias, aun cuando los mandos conservan su posición y función (sólo se aprecia un cambio de color en las inscripciones), sí se agradece la nueva textura del dial principal de modos y la rueda de control. Un ligero toque de calidad para esta pequeña SLR. La desesperada búsqueda de novedades nos lleva por último a los menús de la cámara. Tampoco aquí se vislumbra ningún cambio: la E-420 se mantiene fiel al modelo anterior y sigue prescindiendo -desgraciadamente- de cualquier acceso directo. En su lugar, hay que conformarse con el clásico menú de acceso rápido, que al trabajar con el Live View aparece sobreimpreso en la imagen de la escena que se está encuadrando. Lo que sí se ha modificado son algunas de las nomenclaturas internas usadas por la cámara. Así, frente a la denominación SHQ utilizada antes, ahora los archivos JPEG de máxima calidad aparecen como LF. También el menú "impresivo" cede ahora su puesto a la llamada "graduación" con que Olympus ha denominado su sistema de compensación de sombras. Respecto a la velocidad de disparo, la E-420 la eleva de 3 a 3,5 fotogramas por segundo y amplía su ráfaga hasta 8 disparos al trabajar en formato RAW. Unos datos que, sin ser ninguna maravilla -tampoco se espera una gran velocidad de una SLR sencilla y asequible como ésta-, sí la sitúan un poco por delante de los 3 fotogramas por segundo que ofrecen la Nikon D60 y la Sony A200. Nuevo enfoque Pero es -como anunciábamos- el nuevo sistema de enfoque en el modo de previsualización Live View la principal razón de ser de esta renovación. Una respuesta un tanto tardía, que además no aporta nada a lo ya visto hace meses en la Panasonic Lumix DMC-L10 y en las posteriores SLR que también apuestan -véase la Canon EOS 450D- por este sistema de autofoco por contraste. Como es habitual, la nueva tecnología se combina con el tradicional mecanismo de enfoque de las SLR (Phase Detection), que a través del visor ofrece los mismos 3 puntos de enfoque que su predecesora. Si se trabaja en cambio a través de la pantalla, no sólo se dispone de 11 puntos de foco, sino que también se puede activar el conocido sistema de detección facial, que responde -por cierto- con similar eficacia a la mostrada en las cámaras compactas. El rendimiento del nuevo enfoque por contraste es el clásico de esta tecnología: perfectamente utilizable con buena luz y algo más flojo y lento según la luminosidad de la escena se va complicando. Con el nuevo objetivo Zuiko 25 mm f2.8, por ejemplo, el enfoque se muestra muy rápido, mientras que el trabajo con los zooms requería alguna segunda tentativa. No hay que olvidar, por supuesto, que las situaciones a las que no pueda llegar la E-420 con este enfoque por contraste (denominado aquí I-AF) siempre están accesibles con el enfoque tradicional a través del visor SLR. Sin embargo, al menos con los objetivos compatibles con el nuevo autofoco, no existe la posibilidad de usar el antiguo sistema por movimiento de espejo. ¿No sería posible, por ejemplo, dedicar el botón "AEL/AFL" a esta función y reservar el disparador para activar el enfoque por contraste? En ciertos casos, podría resultar útil disponer de estas tres modalidades. La óptica manda De todos modos, el gran problema del nuevo sistema propuesto por la E-420 es el limitado surtido de ópticas que, a día de hoy, son capaces de soportarlo. Concretamente, sólo el nuevo objetivo Zuiko de 25 milímetros y los Zuiko 14-42 mm f3.5-5.6 y 40-150 mm f3.5-4.5 (previa actualización de firmware, según la versión que tengamos entre las manos) son por ahora válidos, si bien todo parece indicar que la intención de Olympus es ampliar esta lista. Confiemos que así sea y que consiga abarcar todo su catálogo de ópticas, así como los objetivos compatibles con el sistema Cuatro Tercios. Mientras tanto, no pasa inadvertida la desventaja con que parte esta cámara en comparación -por ejemplo- con la EOS 450D, ya que todas las ópticas EF y EF-S de Canon son capaces de trabajar con el enfoque por contraste. Tal como ya se apuntó en la primera prueba publicada sobre esta E-420, en caso de montar una óptica no compatible con el sistema I-AF, el enfoque por contraste sigue funcionando. Eso sí, sólo se ofrecen 3 puntos de enfoque en pantalla en lugar de los 11 que la cámara es capaz de exhibir. Zuiko de bolsillo Debutando junto a la E-420, Olympus introdujo en su escaparate de ópticas intercambiables el primer objetivo de tipo "pancake" del sistema Cuatro Tercios. Se trata de uno diminuto de 25 milímetros con una luminosidad de f2.8, que aplicado el correspondiente factor de conversión focal ofrece un ángulo de visión equivalente a 50 milímetros. Su tamaño y peso reducidos (menos de 100 gramos) lo convierten en el compañero perfecto de la nueva E-420 y en un referente para quienes busquen una focal estándar y luminosa para llevar a todas partes. Perteneciente a la saga más modesta del catálogo Cuatro Tercios, su construcción ligera no se priva sin embargo de una bayoneta metálica. El rendimiento podría considerarse muy equilibrado, habida cuenta de su tamaño y su precio. Muestra una ligera distorsión de barril, así como cierta pérdida de nitidez y luz en los bordes con la abertura máxima. Con un diafragma de f4 estas carencias se vuelven ya casi imperceptibles y desaparecen totalmente con uno de f5.6. En las pruebas realizadas con la E-420, este objetivo fijo contribuye a generar imágenes un poco más suaves de nitidez que el conocido Zuiko de 14-54 milímetros e incluso que el también popular zoom de 14-42 milímetros. Nuevo Live MOS Entre tantas similitudes con el modelo anterior, una de las preguntas que se plantean el revisar los datos y el rendimiento de esta cámara es si también el Live MOS de 10 megapíxeles ha optado por mantenerse o si por el contrario se ha renovado. No faltan quienes incluso hablan del mismo captor integrado por Panasonic en su Lumix DMC-L10 o en la Olympus E-3. La versión oficial no aclara mucho el asunto, pero sí ofrece pistas interesantes: no es el mismo de la E-410, pero tampoco es el utilizado por la E-3. ¿Un nuevo procesamiento basado en el mismo sensor? Esta opción también queda descartada cuando desde Olympus nos explican que el enfoque por contraste se asienta, precisamente, en el uso de un nuevo sensor, y no en una simple actualización del utilizado antes. Cuestiones técnicas al margen, lo cierto es que el rendimiento de la E-420 es muy similar al de su predecesora en la inmensa mayoría de las condiciones. Sus 10 megapíxeles son -cómo no- más que suficientes, con un buen rendimiento cromático, una saturación muy agradable y un nivel de detalle excelente, siempre que el valor ISO no sea desmesurado. No obstante, sí hemos notado cierta mejoría en algunos aspectos. El balance de blancos automático con luz artificial, por ejemplo, sigue sin ser perfecto, pero ya no ofrece unos resultados tan pobres como en la E-410 o la E-510. Respecto a la sensibilidad, se repiten los mismos buenos resultados con 800 e incluso 1600 ISO que ya comentamos a propósito de anteriores modelos de la saga. Con buena luz no habrá ningún problema en estirar este ajuste al máximo, pero en entornos más oscuros el ruido es ya perfectamente apreciable -si bien tolerable- a partir de 800 ISO. Aunque el avance no es extraordinario, mirando con detalle las muestras obtenidas y comparándolas con las de la E-410, sí se aprecia algún cambio en el procesamiento aplicado para reducir el ruido. Da la sensación de que la E-420 es más severa con el ruido cromático y más permisiva con el de luminancia. El resultado son imágenes con algo más de grano, pero con una apariencia un poco más agradable. Y lo que es más importante, con un poco más de detalle y nitidez. Con el rango dinámico ocurre algo parecido. No se trata de un avance perceptible en la mayoría de los casos, pero la posición estándar del sistema de compensación de sombras hace que estas zonas recuperen algo más de textura, aun a costa de reducir un poco el contraste y de elevar el ruido. Con todo, el punto más delicado sigue estando en las luces altas. El flash integrado, por último, sigue preso de esa terrible manía de Olympus de prescindir de la luz de ayuda al enfoque, por lo que se ve utilizado en su lugar para esta misión. La buena noticia -además de que ahora sí se puede anular esta función- es que esta pequeña unidad de tipo emergente permite también controlar grupos de flashes inalámbricos, como sucede con la E-3. Difícil resistirse Con la E-410 aún fresca en la memoria, nuestra relación con la nueva E-420 ha sido más un reencuentro que un descubrimiento. Y es que no sólo conserva su esencia en tanto que la SLR más pequeña y ligera del momento, sino también la inmensa mayoría de sus funciones y características. La llegada del enfoque por contraste a Olympus era una necesidad imperiosa. La E-420 se encarga por fin de ello, aunque tal vez cabría esperar algo más de la firma que inventó el Live View. La solución propuesta por las nuevas Sony A300 y A350, por ejemplo, nos sigue pareciendo más práctica y cómoda de utilizar. Ahora bien, más allá del enfoque y de un maquillaje estético muy sutil -la pantalla algo mayor y la empuñadura más pronunciada son los únicos rasgos que se dejan notar-, la E-420 se queda en gran medida con lo que ya había en esta saga. Cierto que se aprecia una ligera mejora en el procesamiento y que el sistema de compensación de sombras puede ser útil. A la hora de la verdad, sin embargo, estos avances pasarán inadvertidos para la mayoría de los usuarios que se acerquen a este modelo. Por ello, celebramos con más entusiasmo la mejora del balance de blancos automático. ¿Y un estabilizador de imagen? Decir que sería deseable es tan evidente como suponer que Olympus no estará dispuesta a borrar la barrera que separa la E-420 de sus hermanas mayores. Por tanto, tenemos un pequeño problema. Sin estabilizador ni en el cuerpo ni en los objetivos Zuiko, el único camino para dotar a la E-420 de esta tecnología pasaría por algunas de las ópticas Leica que Panasonic propone para el sistema Cuatro Tercios. Una opción poco asequible, sin duda. Y no se trata de un simple capricho, habida cuenta de la oferta de la competencia. La E-420 es en estos momentos un poco más barata que la Sony A200 y la Nikon D60. Pero la primera ofrece estabilizador integrado y la segunda, por unos 550 euros, se vende junto al nuevo zoom Nikkor 18-55 mm f3.5-5.6 DX G AF-S VR. En su favor, Olympus puede presumir de ligereza, de Live View con enfoque por contraste y de su siempre eficaz sistema de limpieza. En el camino, siguen quedando asignaturas pendientes, como el diminuto y oscuro visor y la falta de accesos directos. A fin de cuentas, la relación entre prestaciones, tamaño y precio de la Olympus E-420 (el cuerpo puede encontrase por menos de 400 euros) la convierten en una tentación a la que es difícil resistirse. Si, además, le sumamos el objetivo Zuiko 25 mm f2.8, nos sentimos definitivamente incitados a buscar un pequeño espacio en nuestra bolsa para esta SLR. TEXTO: Iker Morán |
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