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![]() E-410Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 17,30 x 13,00 mm Máx. res.: 3648 x 2736 p. Factor: 2,00x Pantalla: LCD de 2,50 pulgadas En dos palabras A pesar de sus limitaciones, la E-410 es una buena opción tanto para aficionados como para profesionales que busquen un segundo cuerpo Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Olympus E-410 con nuestras 32 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
lunes, 24 de septiembre de 2007 El orgullo de los pequeñosHeredera directa de la coqueta E-400, la Olympus E-410 se asienta en la base del catálogo réflex de la compañía nipona, ejerciendo el papel de hermana pequeña -y sin estabilización- de la E-510. Sustentada por el viento fresco de las nuevas tecnologías, el sensor Live MOS de 10 megapíxeles y la tecnología Live View de previsualización en pantalla son los principales aditamentos de esta SLR, que sigue haciendo de su reducido tamaño un signo de distinción. Armada con estos argumentos, la E-410 se enfrenta a una dura misión: demostrar que Olympus no tiene nada que envidiar a otras grandes marcas del sector. "Huele a OM", nos comentaba un fotógrafo al ver una E-410 recién salida de la bolsa. Y es que esta comparación, que resultaba tan recurrente al conocer por primera vez la E-400, podría aplicarse perfectamente a la nueva réflex de Olympus.Así es, la E-410 toma el relevo implementando las últimas tecnologías en previsualización por pantalla y aumentando la resolución hasta los 10 megapíxeles. Todo ello sin abandonar el cuidado diseño y el particular aspecto de su predecesora. Es pequeña, es barata y se presenta con una hoja de especificaciones muy completa. Habrá que ver si en las manos está a la altura de las circunstancias, porque los que conocen la E-400 esperan mucho de su sustituta. Ese dulce aroma clásico Si nos abstraemos unos instantes de mandos, pantallas y megapíxeles, la E-410 nos retrotrae al pasado. Ajena a esos diseños futuristas que realizan arriesgadas piruetas estéticas para distinguirse de la competencia, esta SLR de Olympus nos brinda una apariencia tranquila y atractiva. Una combinación de clasicismo y modernidad que besa el sobresaliente, con la satisfacción de quien ha hecho los deberes o ha sabido copiar con diligencia todo lo bueno del modelo anterior. Los 375 gramos de peso se mantienen invariables con respecto a la E-400. La explicación reside principalmente en el plástico, profusamente empleado en este modelo, que relega la presencia del metal casi en exclusiva a la bayoneta. Los pequeños defectos de diseño que detectamos en la E-400 también siguen presentes. Así, por ejemplo, el enganche derecho para la correa está demasiado cerca del botón de disparo y resulta un poco molesto en el momento de encuadrar. El agarre, dicho sea de paso, paga la factura de la economía de peso y tamaño de la cámara. Cierto que una empuñadura con mayor relieve o algo más de altura mejoraría la sujeción en unas manos grandes, pero se llevaría por delante parte de la idiosincrasia de la E-410. La disposición de los mandos sigue siendo la misma que en la cámara anterior, dejando patente que en estos modelos prima la sencillez de uso. No en vano, se trata de una cámara enfocada a los usuarios noveles, aunque nosotros extenderíamos la recomendación a cualquier fotógrafo con ganas de viajar ligero de equipaje. Una pantalla completa El sistema de trabajo es también idéntico al de la E-400. La pantalla trasera cobija todos los datos de la toma, desde el diafragma hasta el nivel de nitidez. De esta forma, tal y como ocurre con otros modelos de la firma, basta con una pulsación y un par de toques del selector -situado junto a la pantalla- o del dial superior para modificar cualquier parámetro fácilmente. Un sistema un tanto peculiar, pero efectivo con un poco de práctica, a fin de cuentas. La pantalla, por cierto, disfruta de una mayor resolución (230.000 píxeles) que la de la E-400, pero mantiene intactas sus 2,5 pulgadas de diagonal. Colores reales y contrastada nitidez son dos cualidades que casan como anillo al dedo al hablar de este monitor. Además, su visibilidad a plena luz de día es buena, facilitando un amplio arco de visión. Si fuera rotatoria, como la de la E-330, sería prácticamente perfecta. Visión directa, visión total Con el permiso del nuevo sensor Live MOS, el sistema Live View es una de las prestaciones estelares de esta SLR. Un mecanismo de previsualización que, a diferencia de lo que ocurría con la E-330, emplea un solo sensor y necesita recurrir a un movimiento del espejo réflex para poder disfrutar de enfoque automático. Sobre todo al principio, y más para los que no estén acostumbrados, el sistema es algo más tosco y lento que el autofoco tradicional a través del visor réflex. La captura requiere de un proceso algo lento y posiblemente tedioso, aunque seguro. Primero, hay que activar el modo Live View para obtener la imagen en la pantalla: fluida con buena luz y algo más trabada cuando la luminosidad escasea. Una vez encuadrada la imagen, hay que pulsar el botón del autofoco -tal vez presionar el disparador haría este proceso algo más familiar- para que el espejo baje y la cámara enfoque. Durante estos instantes, la imagen queda congelada en el monitor, y vuelve a la vida cuando el espejo recupera su posición. Hace poco tiempo no hubiéramos dudado en afirmar que el Live View de Olympus va un paso por delante del que ofrecen otras compañías, como Canon y Nikon. Sin embargo, la reciente aparición de la Lumix DMC-L10 de Panasonic y su nuevo sistema de enfoque por contraste podría sentar las bases de un nuevo camino. Una senda que Olympus -marca de referencia en el sector SLR en cuanto a innovación- no debería perder. El enfoque, un talón de Aquiles Live View al margen, la E-410 y el pequeño Zuiko 14-42 mm f3.5-5.6 (28-84 milímetros, en paso universal) que incorpora de serie y con el que se han realizado estas pruebas tienen en el enfoque automático una de sus limitaciones más claras. Aunque el enfoque sencillo de 3 puntos es perfectamente tolerable en una réflex de gama básica y asequible que no está pensada para la acción, no está de más un pequeño tirón de orejas a Olympus en este apartado. En efecto, el enfoque de este modelo es lento, algo ruidoso y tiene tendencia a perderse (o directamente a no enfocar, si la luz es baja). ¿Que un aficionado no necesita más? Probablemente, pero. ¿a quién le amarga un dulce? Pese a que el citado 14-42 mm se defiende con dignidad -de hecho, sale mejor parado que la mayoría de ópticas de serie que incorporan otros modelos de la competencia-, optar por el 15-54 mm f2.8-3.5 supone una mejora en la eficacia del enfoque (a costa, eso sí, de crear un conjunto un poco desequilibrado). También es criticable la luz de ayuda para el enfoque, función que, como en la E-400, recae en el flash. Además de no ser especialmente útil, resulta bastante molesta. El flash integrado, por cierto, muestra una funcionalidad algo limitada y un alcance más bien modesto. Su reciclaje -eso sí- es muy rápido, pero su poca elevación produce algunas sombras cuando disparamos a corta distancia. En cualquier caso, no es ésta una rareza de la E-410, sino un problema común a muchos modelos. Un poco más abajo nos encontramos con el visor réflex. Algo más luminoso que en modelos anteriores, su tamaño sigue siendo bastante pequeño. La idiosincrasia del sistema Cuatro Tercios -fundamentado en sensores de reducidas dimensiones- se encuentra posiblemente detrás de esta característica. ¿Ruido? ¿Qué ruido? Con un rango de sensibilidades que abraza desde 100 hasta 1600 ISO, la E-410 se pone a la par de otras réflex similares, ofreciendo una mínima cantidad de ruido en todas las situaciones. Cierto es que, al emplear la máxima sensibilidad, la nitidez se ve visiblemente afectada, aunque mantiene -sin duda- un nivel de aprovechamiento más que aceptable para cualquier aficionado, incluso para los más exigentes. Un duro rival, sin duda, para otros modelos de gama baja. Detrás de estos buenos resultados se esconde un nuevo sensor Live MOS de 10 megapíxeles y un renovado procesador de imagen TruePic. El captor ofrece archivos con un tamaño máximo de 3648 x 2736 píxeles en los formatos RAW y JPEG, con la posibilidad de disparar simultáneamente en ambos. El soporte para su almacenamiento también se presenta por duplicado: tarjetas xD-Picture Card y CompactFlash. Se trata, en suma, de una más que interesante cartilla de presentación para una de las cámaras más asequibles del momento. Hay que destacar el excelente nivel de detalle en las imágenes capturadas, aunque es posible que algunos hubieran preferido un tratamiento menos agresivo de los archivos JPEG. No hay que olvidar, sin embargo, que donde algunos vean exceso de máscara de enfoque, otros verán una imagen ya lista que no requiere mayores retoques. En cualquier caso, quienes deseen exprimir al máximo las posibilidades de la cámara, así como dar su toque personal a la imagen, siempre pueden optar por disparar en RAW. Buen color Los colores generados por la E-410 son realmente atractivos y lucen unos degradados casi perfectos. No obstante, sí se aprecia una ligera limitación del rango dinámico, sobre todo al observar las luces altas. Es en el apartado del balance de blancos donde más puntos negativos se pueden reseñar. Aunque todos los valores pueden configurarse y someterse a un ajuste fino por parte del fotógrafo, es de justicia aseverar -no hay más que ver las muestras- que la E-410 no puede presumir de su sistema de balance de blancos. Dejando al margen la luz blanca, la E-410 no acaba de convencer con las luces de tungsteno, apareciendo una dominante amarilla en la posición automática y una azul en el modo prefijado. En mucha menor medida, algo parecido le ocurre a la luz fluorescente, aunque en este caso sea una dominante ligeramente verde la que aparece al utilizar -sobre todo- el modo automático. La pequeña batería suministrada ofrece una autonomía cercana a los 500 disparos (aunque, por supuesto, el uso prolongado del Live View merma este tiempo). La velocidad de recarga, por otro lado, no es especialmente elevada. El clásico sistema de limpieza del sensor de Olympus pasa ya inadvertido. Todo un triunfo, pues demuestra su eficacia haciendo que ya ni lo echemos en falta. Cierto es que no hemos sometido el filtro a una prueba de resistencia específica, pero vistos los impolutos resultados tras varias semanas de pruebas y cambios de objetivos... ¿quién la necesita? El as en la manga Pese a las pequeñas pegas enumeradas -enfoque y balance de blancos, sobre todo- el conjunto de prestaciones ofrecidas por la E-410 es difícil de superar. Más aún si se echa un vistazo a esos poco más de 600 euros por los que es posible encontrar el cuerpo de la cámara acompañado de una óptica. Fiel reflejo de la filosofía Cuatro Tercios -cámaras y objetivos más pequeños sin renunciar a la calidad-, la E-410 toma con dignidad el relevo de la E-400, aunque hereda alguna que otra pega que debería tenerse en cuenta de cara al futuro. Ahora que ya está más que demostrado que Olympus tenía razón al impulsar y defender la tecnología Live View, llega el momento de que la firma siga apostando y mejorando esta tecnología, aportando soluciones que agilicen -por ejemplo- el tema del enfoque. Por lo demás, no se nos ocurre ningún motivo por el que no recomendar este modelo. Y es que la E-410 es pequeña, sencilla, asequible y perfectamente capaz de ofrecer unos resultados de contrastada calidad, tanto para los fotógrafos aficionados como para aquellos profesionales que busquen un cuerpo de refuerzo. Aunque no podemos dejar de preguntarnos si no merecería la pena pagar un poco más para acceder al sistema de estabilización que ofrece su hermana mayor, la E-510. TEXTO: Eduardo Parra |
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