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E-400

Características
Punt. usuarios: 4,44285714285714 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 10,00 MP
Tam. sensor: 17,30 x 13,00mm
Máx. res.: 3648 x 2736 p.
Factor: 2,00x
Pantalla: LCD de 2,50 pulgadas
En dos palabras
A pesar de ciertas limitaciones, la más pequeña SLR digital -hoy por hoy- ofrece buen rendimiento y una calidad de imagen notable
Precios
Mejor precio: 374 €Ver precios
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Muestras
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Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Olympus E-400 con nuestras 33 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.

Análisis
martes, 19 de diciembre de 2006

Cuatro Tercios en miniatura

La tendencia a la miniaturización que desde hace tiempo postulan las réflex digitales más sencillas tiene en la Olympus E-400 su máximo exponente. Si la idea era conseguir un modelo sencillo, fácil de llevar y a la altura del estándar Cuatro Tercios, no cabe ninguna duda de que se ha conseguido. Tan sólo algunos detalles de su ergonomía y su rendimiento, o el precio -algo más elevado que el de algunos modelos de la competencia- podrían hacernos dudar a la hora de elegir una réflex para nuestra bolsa de viaje.

Si hay una prestación de un modelo que se presta a la subjetividad, sin duda ésa es el tamaño. El mismo cuerpo que a unos les puede parecer terriblemente pesado y desproporcionado, a otros les resultará perfectamente ligero y equilibrado.

Lo que es incuestionable es que la Olympus E-400 es pequeña. Concretamente, la réflex más pequeña del mercado, rezaba su ficha de presentación allá por el mes de septiembre. Sustituta y heredera de la E-500, la cámara de ópticas intercambiables llegaba acompañada por dos nuevos objetivos que, siguiendo su estela, habían reducido al máximo sus dimensiones.

El conjunto resultante (la E-400 con los Zuiko 14-42 mm y 40-150 mm) es compacto y ligero; ideal para viajar sin tener que echar mano de la bolsa o la mochila de turno, pero sin renunciar a la calidad que ofrece una réflex digital.

Además de esta orientación, que certificamos tras un par de escapadas con la cámara a cuestas, también hemos podido comprobar algo que ya insinuábamos en los primeros artículos de toma de contacto con la E-400: su diseño y dimensiones ejercen una poderosa atracción hacia aquella parte del público femenino que se deje seducir por el universo de las ópticas intercambiables.

Mejor tacto

Con un peso declarado de 375 gramos, ni qué decir tiene que el cuerpo de la E-400 está totalmente basado en el plástico. Sólo la montura mantiene su naturaleza metálica. Incluso los nuevos y diminutos Zuiko presentan una bayoneta de plástico, detalle que ha provocado cierto revuelo entre los usuarios de la marca, aunque se repite en las ópticas más asequibles de otras compañías.

Pese a esta construcción y la superlativa ligereza, hay que reconocer que el cuerpo de la E-400 ha ganado puntos respecto a su predecesora en cuanto a tacto. Su cubierta, ligeramente rugosa, ofrece un aspecto bastante más serio y consistente que el exhibido por la E-500.

El agarre, como es lógico, queda totalmente supeditado al reducido tamaño y a las nuevas líneas. Unas manos grandes echarán de menos una empuñadura algo más prominente y sufrirán el ya clásico síndrome del "meñique colgando", inherente a la mayoría de réflex de gama baja.

También la disposición de los amarres para la correa es nueva. Colocados en el frontal y con unas dimensiones desproporcionadas en relación al resto del cuerpo, la proximidad de uno de ellos al disparador dificulta ligeramente el agarre de la cámara.

Pero más allá de estos detalles, las opiniones que suscita el diseño de la E-400 y sus reminiscencias clásicas (incluida esa posición central de la óptica, propia de las viejas Olympus OM e inusual entre las cámaras del E-System) son variopintas.

Si el flechazo o el odio no son instantáneos (algunos esperaban un modelo de gama profesional, en vez de esta pequeña réflex: de ahí el posible desencanto), la verdad es que pasados unos cuantos días uno se acostumbra a las formas de la E-400 y llega a apreciar el diseño propuesto.

Atajos inexistentes

Junto a la miniaturización y como consecuencia de ella, la economía de mandos es otra de las claves del manejo de esta E-400.

Aunque podría pensarse que la reducción del tamaño de los controles y botones repartidos por el cuerpo responde a la falta de espacio disponible, basta echar un vistazo a la despejada zona trasera para asumir que no es así. La estrategia responde más a los deseos de facilitar el manejo e insistir en que la E-400 es una cámara para noveles.

No obstante, sí sería de agradecer que tanto espacio libre se hubiese aprovechado para aumentar el tamaño de los minúsculos mandos -media decena- que forman una rueda en la parte derecha.

En la misma línea de quejas, la desaparición de los accesos directos a la sensibilidad, el balance de blancos o la medición que sí tenía la E-500 tampoco contribuye a facilitar las cosas. Tal vez se consigue una estética más limpia, con menos inscripciones y funciones para cada mando, pero no creemos que la pérdida de ese atajo sea positiva.

Dotado de un solo LCD, como ya es habitual en Olympus, la E-400 concentra en su monitor trasero todos los ajustes de la toma. Pulsando el botón central de la citada rueda se accede a una pantalla general en la que ya es posible navegar por todos los parámetros, bien mediante las flechas posteriores, bien con la rueda localizada en el frontal, cerca del disparador.

Una vez acostumbrados a este sistema, lo cierto es que ofrece una gran agilidad en el manejo y cambio de los ajustes. Lástima que, como decíamos, sea necesario manipular hasta tres mandos para -por ejemplo- cambiar la sensibilidad. Cierto es también que el usuario tipo de este cámara puede que no se pase el día aumentando y disminuyendo los valores ISO.

Un punto para el visor

Ni la E-500 ni la E-330, las dos réflex que se asomaron al catálogo de Olympus antes de que lo hiciera la E-400, pueden presumir de un visor demasiado luminoso. Por eso nos ha sorprendido gratamente encontrarnos en la E-400 con notables mejoras en este campo -su visor es más grande y algo más luminoso- respecto a sus predecesoras.

También hay que tener en cuenta que, en este caso, no existe ningún mecanismo de previsualización en la pantalla que reste luz al visor, tal como sucede con la peculiar E-330.

Y es que, efectivamente, la E-400 ha vuelto al redil del clasicismo que la E-330 hizo añicos. Aunque la mencionada decepción inicial también podría tener algo que ver con este detalle, parece que Olympus reafirma su intención de mantener varios frentes abiertos en su oferta réflex. Un catálogo en el que la previsualización en pantalla -Live View, como la llama la compañía nipona- seguirá conviviendo con los visores réflex tradicionales.

Pese a las mejoras, hay que volver a citar una vez más la escasez de información en el visor, déficit que los fabricantes deberían empezar a tener en cuenta. Aunque la oferta réflex más sencilla no sea tal vez la más indicada para este tipo de exigencias, seguro que a ningún usuario le incomoda encontrarse con información sobre la sensibilidad o el balance de blancos al colocar el ojo en el ocular.

Menús desaparecidos

Ya comentábamos en las sucesivas tomas de contacto que hemos ido realizando con este modelo que tanto el funcionamiento del flash de ayuda al autofoco como la simplificación de los menús nos parecían dos de sus principales carencias.

Tras ampliar nuestra experiencia con la cámara y pasar unas cuantas horas más a su lado, no podemos sino reafirmarnos en lo ya comentado.

A las clásicas limitaciones de potencia de estas unidades de tipo pop-up, hay que añadir la sombra que producen cuando se usan conjuntamente con el parasol del objetivo y la focal más angular.

Además de estos detalles, totalmente asumibles, es la función de ayuda al autofoco la que más molesta nos ha parecido. Lo peor no son sus desagradables y poco discretos destellos, sino el hecho de que resulta inexplicablemente imposible anular esta función.

Inconvenientes a un lado, el flash integrado realiza con soltura su función principal y permite obtener exposiciones más que correctas.

A falta de un menú que se encargue de ello, sólo se nos han ocurrido dos opciones cuando queremos disparar con luz escasa: trabajar con el enfoque manual o anular el levantamiento automático del flash. Claro que, si la toma va a realizarse con flash, esta segunda posibilidad queda automáticamente descartada.

La segunda de nuestras quejas se refiere precisamente a los menús e insiste en lo que ya comentamos en su día. No es de recibo que algunas opciones disponibles en la E-500 -la anulación de esta molesta ayuda al enfoque, sin ir más lejos- hayan desaparecido.

Aunque confiamos en que se trate de un tema de fácil solución mediante un nuevo firmware (Olympus, como otras compañías, ya ha dado muestras de que así se pueden introducir grandes mejoras), la ya publicada versión 1.1 no toca estas cuestiones.

10 megapíxeles sensibles

Además del diseño, el aumento de la resolución hasta los 10 megapíxeles es uno de los datos más notables del cuadro de especificaciones de la E-400.

Sólo una ligera falta de nitidez en algunas tomas -pese a la mejora en este campo respecto a la E-500- sería la única pega achacable a un CCD y un procesador que rinden sin problemas en cuanto a detalle, saturación o rango dinámico de las imágenes.

Más tranquilizador es aún ver que la sensibilidad no ha salido malparada después de añadir 2 millones de fotodiodos a un CCD que no puede crecer más allá de lo que el estándar Cuatro Tercios manda. Aunque es cierto que la E-400 no es la más "silenciosa" de su clase, el rendimiento hasta 400 ISO en cuanto a ruido electrónico se refiere es impecable.

A partir de este punto, los resultados a 800 y 1600 ISO se mantienen en la misma línea que lo demostrado por la E-500: el ruido está presente, pero las imágenes son perfectamente utilizables incluso cuando la toma se realiza en unas condiciones de iluminación poco favorables.

También es agradable ver cómo la nitidez no se resiente por el procesamiento a estas sensibilidades, aunque tal vez sí se puede apreciar cierto cambio en el tono del color al superar la frontera de 800 ISO.

Respecto al balance de blancos, la respuesta de la E-400 al batallar con luces fluorescentes y de tungsteno -las más peliagudas normalmente- es desigual.

Si el modo automático permite obtener unos resultados en escenas con luz fluorescente que superan -en ocasiones- a los obtenidos con cualquiera de los tres modos prefijados para esta luz, el automatismo no se desenvuelve con tanta soltura frente a las bombillas incandescentes.

Un conjunto interesante

Aunque la montura Cuatro Tercios da acceso a una amplia gama de objetivos, la E-400 llega con dos propuestas muy claras para cubrir el apartado de las ópticas.

Pensando en este modelo, Olympus ha rediseñado dos de sus Zuiko más populares, adornándolos con un aro azul y reduciendo al mínimo sus dimensiones. Se trata de los nuevos Zuiko 14-42 mm f3.5-5.6 y 40-150 mm f4-5.6.

Pese a la ligereza y tamaño, ninguno de los dos ha sacrificado la ergonomía. Afortunadamente, y a diferencia de lo que otras marcas proponen para sus ópticas más sencillas, en este caso el anillo de enfoque manual es generoso en sus dimensiones y muy cómodo en su manejo.

El 14-42 mm, compañero de la E-400 que hemos probado, se defiende con soltura en el enfoque, llegando incluso a superar en velocidad y ausencia de ruido a su versión original, el Zuiko 14-45 mm f3.5-5.6.

Estos datos, junto a la ausencia de aberraciones destacables y un viñeteo mínimo, hacen de la adquisición de las ópticas una buena elección. Más aún si el comprador se fija en el precio del cuerpo por separado y en lo que se pide por el conjunto con una o dos ópticas.

Un miniaperitivo

A la vista de todos estos datos, salta a la vista que la E-400 juega una doble estrategia. Al mismo tiempo que se erige como la nueva apuesta de Olympus en el segmento réflex más sencillo, también hace de antesala de las SLR de gama profesional que están por venir.

Un aperitivo que se antoja interesante en cuanto a la soltura con que se desenvuelven esos 10 megapíxeles y el archiconocido sistema de limpieza, que ya ni siquiera cabe mencionar y al que la competencia le crece por momentos. Lástima que la ausencia de Live View -previsualización de la imagen en la pantalla- o de estabilizador en el cuerpo nos obliguen a hablar de un modelo conservador.

Conservadurismo, eso sí, acompañado de innovación en el diseño. Pequeña, discreta y manejable, la E-400 cumple a la perfección su papel como SLR digital para no iniciados o compañera de viaje, e incluso algunos profesionales podrían ver en ella un segundo cuerpo. Algo más cara que los modelos de la competencia, el kit con las dos ópticas, cuyo precio se sitúa actualmente en torno a los 1.000 euros, es una propuesta realmente apetitosa.

TEXTO: Iker Morán
FOTOS: Álvaro Méndez

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