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![]() E-330Características ![]() Punt. usuarios: Tam. sensor: 17,30 x 13,00 mm Máx. res.: 3136 x 2352 p. Factor: 2,00x Pantalla: LCD de 2,50 pulgadas En dos palabras La primera SLR con auténtica previsualización en pantalla pasa con nota alta, aunque no es ni la más rápida ni la más económica Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Olympus E-330 con nuestras 42 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
miércoles, 10 de mayo de 2006 Otra perspectivaSi innovar en el mercado digital es complicado, hacerlo con una cámara réflex es una auténtica rareza. Pero ése parece ser el camino escogido por Olympus, y la E-330 es la prueba más clara. Si la E-300 marcó un nuevo estilo, esta SLR rompe esquemas al ser la primera réflex con previsualización en pantalla. Más allá de la originalidad del planteamiento, el buen rendimiento del nuevo sensor Live MOS hace que la cámara no se quede en un simple malabarismo efectista. De acuerdo, puede que no sea la más rápida ni asequible de su segmento, pero sí la única que ofrece una perspectiva diferente. Desde que fuera presentada a principios de este año, la Olympus E-330 ha sido una de las cámaras que más ríos de tinta ha hecho correr. No en vano, se trata de la primera réflex digital que traza un puente entre el mundo de las compactas y el de las SLR, separados hasta ahora por la previsualización en pantalla -entre otras características menos evidentes.La tecnología, denominada Live View, se basa en una de esas ideas cuya implementación por vez primera parece más compleja que el simple planteamiento. Y es que dividir la luz del visor y colocar otro sensor capaz de generar la imagen de la pantalla es, a simple vista, sencillo de entender. Ésa es -simplificándolo al máximo y sin ánimo de volver a repetir lo que ya se ha explicado con profusión de detalles en otros artículos- la base de esta E-330 y una de las características que marca en gran medida su comportamiento. Pero no se trata sólo de quedarse con el detalle original o el rasgo distintivo de la máquina. Más allá de sus peculiaridades, hay que desgranar sus prestaciones, el rendimiento y la posición que le toca ocupar en el competido segmento de las réflex digitales de gama media. 2,5 pulgadas de previsualización Hasta que la Panasonic Lumix DMC-L1 no se asome definitivamente al mercado -previsiblemente lo hará en la feria Photokina 2006-, la E-330 puede lucir el título de única SLR digital con previsualización ininterrumpida en pantalla. Esto la sitúa en una curiosa posición, a medio camino entre las cámaras réflex y las compactas. Con la calidad de las primeras y la comodidad de las segundas, pensarán algunos, mientras que los pesimistas situarán a la más joven del E-System entre dos trincheras: rechazada por los usuarios SLR más puristas y vista con desconfianza por los aficionados. En cualquier caso, está claro que la pantalla se convierte en el centro neurálgico de esta cámara. Si ya era así en la E-300 y la E-500 al concentrar toda la información de la toma y prescindir de cualquier otro monitor, ahora el efecto se multiplica. Por tanto, la previsualización de la escena, el repaso de las imágenes y los ajustes de la toma pasan necesariamente por este LCD de 2,5 pulgadas de diagonal, 215.000 píxeles de resolución y excelente visibilidad en la inmensa mayoría de situaciones. La movilidad de la pantalla no sólo es una de las características más prácticas de la cámara. Unida a las posibilidades de ver la escena en el monitor, esta funcionalidad hace que los encuadres complicados -sobre todo en posiciones bajas o elevadas- sean el terreno donde la E-330 es capaz de marcar las diferencias con los modelos de la competencia. Tan sólo un inconveniente: en una superficie de cristal de estas dimensiones y con tanto movimiento a su alrededor, las huellas de los dedos y la suciedad pueden llegar a resultar molestas, por lo que se agradecería algún sistema de protección que minimizara estos efectos. Ergonomía continuista Pese a lo innovador de este tipo de encuadres en una réflex -cuesta acostumbrarse a esto de ver manejar una SLR separada de la cara como si fuera una compacta-, la disposición de los mandos y la ergonomía general de la cámara se mantienen bastante fieles a las pautas marcadas en su día por la E-300. Ligera y de dimensiones comedidas, la ausencia de pentaprisma ya no sorprende, pero sigue marcando el diseño de este cuerpo. Un concepto coronado por el dial principal de control, que permite seleccionar entre los clásicos modos automáticos, manuales y las escenas. Le acompañan en esta posición el disparador, el interruptor general, un pequeño mando que permite compensar la exposición -o controlar el diafragma en el modo manual- y la ruleta encargada de poner al alcance del dedo pulgar muchas de las operaciones más habituales. En el capítulo de los accesos directos, la E-330 no se sale del guión habitual: perfecto el control de la sensibilidad, del balance de blancos, de la medición y del autofoco, pero hay que pasar obligatoriamente -obligación inexplicable- por el menú principal de la cámara para modificar el tamaño y la calidad de la toma. Olympus, por cierto, insiste en el formato TIFF y en la indicación de categorías sin información precisa sobre el tamaño de la imagen. El balance de blancos cuenta nada menos que con tres ajustes para escenas con iluminación fluorescente. Sin embargo, nos hemos topado con imágenes en las que, curiosamente, la posición automática ha obtenido resultados más realistas. Mantener el modo de ajuste por grados Kelvin es, sin duda, una buena idea. En el lateral del cuerpo, una compuerta da acceso a la doble ranura para tarjetas CompactFlash y xD-Picture Card. La apertura de esta tapa -atención- detiene el funcionamiento de la cámara, con el riesgo que ello conlleva para la integridad de las imágenes que se puedan estar grabando en ese momento. También visor tradicional Aunque encuadrar empleando el visor LCD es un hábito que se adquiere más rápido de lo que cabría pensar a priori, la E-330 ofrece en realidad tres modos de visualización: en pantalla (Modo A); a través del visor réflex tradicional, y en el denominado Modo B. En este último hay que trabajar con el enfoque manual, visualizándose en la pantalla lo mismo que capta el visor principal de la cámara. Dos botones situados a la derecha del ocular se encargan de manejar este trío de posibilidades. Con ellos se puede alternar entre los dos citados modos -en el B se eleva el espejo réflex, como explicaremos más adelante- o desconectar la pantalla y trabajar como si la E-330 fuera una SLR tradicional. Es aquí donde uno se percata del precio que la cámara ha de pagar en aras de ofrecer imágenes en directo a través del LCD. Como ya es sabido, la luz que llega al visor se divide, de tal forma que el 70% va al sensor de 5 megapíxeles encargado de alimentar la pantalla, mientras que el 30% restante sigue la ruta del visor tradicional. La consecuencia es evidente: si la E-300 ya no lucía un visor demasiado luminoso (a consecuencia del sistema de espejos de porros de Olympus, responsable del peculiar diseño carente de pentaprisma), la E-330 padece esta misma limitación. Por ello, sería interesante ver en próximos modelos algún tipo de mecanismo que, además de seleccionar el modo de visualización, también fuera capaz de conducir más o menos cantidad de luz hacia uno u otro lugar, dependiendo de la modalidad escogida. Es decir, si se está trabajando con el visor réflex tradicional, que toda la luz vaya en esa dirección para que la pérdida de luminosidad sea mínima. Al pasar del LCD al visor, éste muestra los datos de la toma que, de otro modo, sólo aparecen en el monitor. Desafortunadamente, dicha información no se prodiga en demasiados detalles: ni balance de blancos, ni tamaño, ni sensibilidad. Carencia que la E-330 comparte con modelos -incluso de gama alta- de otras marcas. El visor, por cierto, ofrece una cobertura visiblemente superior a la que se muestra a través de la pantalla trasera. El consumo energético es el segundo de los "peros" que cabría poner a las geniales innovaciones propuestas por la E-330. La autonomía de la cámara, sin llegar a ser muy baja, sí se resiente cuando se emplea el modo de previsualización en pantalla. Un detalle al que sin duda contribuye el hecho de que no haya ningún mecanismo que, pasado un cierto tiempo de inactividad, desconecte el funcionamiento de la cámara. Live MOS Defensora hasta ahora de los sensores CCD FFT (Full-Frame Transfer), Olympus ha aprovechado la pirueta de la E-330 para dar el salto a la tecnología CMOS. En realidad, se trata de un sensor Live MOS, siendo la ya comentada posibilidad de previsualizar las escenas su característica más notable. Aunque hasta ahora la tecnología FFT había demostrado un mejor rendimiento, la verdad es que el nuevo MOS de 7 megapíxeles no se queda atrás. Tal y como vimos al comparar la cámara con la E-500 (dotada de un CCD de 8 megapíxeles) la calidad de ambos captores es muy similar, e incluso la E-330 logra imponerse si atendemos al rango dinámico de las fotografías. Respecto a la sensibilidad, también hay noticias para optimistas y pesimistas. Los primeros verán que el comportamiento de la nueva Olympus en este sentido no se ha visto afectado por el cambio de sensor, obteniendo unos resultados similares o ligeramente superiores a los vistos en la E-500. Ni siquiera el lógico calentamiento que se produce a consecuencia de la previsualización -pese a no tratarse del mismo sensor- incrementa el ruido de las imágenes, que son perfectamente utilizables a 800 ISO. A partir de este punto, la presencia del ruido es más notable. Sin embargo, los pesimistas no dejarán pasar que el nivel de ruido en sensibilidades altas es algo superior al que a día de hoy ofrecen algunos modelos de la competencia. Y es que el uso de un sensor pequeño parece que sigue pasando factura, aunque la cuantía de ésta sea cada vez menor. Macro en Modo B Los amantes de la macrofotografía descubrirán que la previsualización en el Modo B es, si cabe, más revolucionaria que todo lo visto hasta ahora. Es en este punto donde el sensor Live MOS despliega sus posibilidades, puesto que él es el encargado de alimentar la señal real del monitor y de capturar las imágenes. Para ello, el espejo réflex se eleva y el obturador se abre para dejar vía libre al paso de la luz. Una circunstancia que implica que el enfoque habrá de ser manual, pero con una gran ayuda: la posibilidad de aumentar hasta 10 veces la previsualización de la escena para conseguir ajustar el foco con una precisión digna de elogio. Basta un trípode, una óptica macro -el Zuiko Digital 50 mm f2 ED Macro es excepcional- y una escena estática para descubrir las posibilidades que este sistema ofrece para la fotografía de acercamiento. En cambio, si nos enfrentamos a escenas especialmente dinámicas -en este caso el Modo A o el visor réflex son la elección más lógica-, los datos de la E-330 en este campo son algo más modestos. Así, la nueva SLR dispone de una cadencia de disparo de 3 fotogramas por segundo, con un límite de 15 imágenes consecutivas en JPEG y de 4 en RAW o TIFF. Tampoco la puesta en marcha es fulminante, aunque en este caso el fin bien justifica los medios. Y es que al igual que todas sus compañeras de marca, la E-330 incorpora el conocido filtro ultrasónico SSWF, que a día de hoy sigue siendo el único remedio infalible para evitar que la suciedad alcance el sensor digital. Gama óptica La montura Cuatro Tercios de la E-330 abre a la cámara un amplísimo abanico de posibilidades a la hora de elegir óptica. De hecho, recientemente Olympus presentaba hasta media docena de posibles configuraciones y kits para ser vendidos con esta cámara. En este caso, hemos realizado la mayoría de pruebas para este análisis con una óptica Olympus Zuiko Digital 14-45 mm f3.5-5.6, una de las opciones más modestas y asequibles que propone la firma. Con unas focales equivalentes a 28-90 milímetros en paso universal, el objetivo ofrece unas prestaciones bastante ajustadas. Tanto como su precio. Así, y pese a la buena resistencia a las aberraciones cromáticas, los reflejos internos han aparecido con más frecuencia de la que nos habría gustado. El enfoque, por su parte, tiene un comportamiento aceptable con buenas condiciones de luz, auque su rendimiento empeora de forma considerable al enfrentarse a escenas más oscuras. Para terminar, el viñeteo que provoca el parasol que acompaña a la óptica cuando se selecciona la posición más angular tampoco es de recibo. Una inversión algo más generosa para aquellos que quieren exprimir las posibilidades de la E-330 sería, por tanto, un buen consejo para empezar. No obstante, hemos de reconocer que el hecho de haber podido probar la cámara con objetivos de la talla del Zuiko 150 mm f2 o el 7-14 mm f4 hacen que cualquier comparación con este 14-45 mm sea totalmente injusta. Un camino alternativo Olympus parece haberse planteado un doble reto con esta E-330, que supone una ágil estratagema no sólo tecnológicamente hablando, sino también a nivel de marketing. El examen de la innovación y la originalidad queda superado con matrícula de honor. No cabe ninguna duda a ese respecto. Pero la réflex más peculiar del E-System no puede conformarse con eso. Además de original, tiene que ser una cámara capaz de competir con el resto de réflex digitales de gama media y baja. En este punto, la batalla está muy reñida, puesto que la relación entre calidad y precio ha llegado en este segmento a unos niveles que parecen imposibles de superar. Aficionados acostumbrados a las cámaras compactas, usuarios fieles a Olympus, seguidores de la competencia y los más puristas posiblemente tengan opiniones muy diferentes sobre esta cámara. Lo que está claro es que a ninguno de ellos -firmas de la competencia incluidas- les resultará ajena. ¿Es mejor? ¿Es peor? Sencillamente, es diferente. TEXTO: Iker Morán FOTOS: Álvaro Méndez |
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