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E-300

Características
Punt. usuarios: 4,42222222222222 puntos (las puntuaciones se han elaborado en base a la media de las votaciones efectuadas por los usuarios/as de QUESABESDE.COM)
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Sensor: CCD de 8,00 MP
Tam. sensor: 17,30 x 13,00mm
Máx. res.: 3264 x 2448 p.
Factor: 2,00x
Pantalla: TFT de 1,80 pulgadas
En dos palabras
La primera cámara del E-System para el público aficionado convence por su rendimiento altamente satisfactorio
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Análisis
miércoles, 15 de diciembre de 2004

La acertada apuesta de Olympus para el aficionado

Aunque en un primer momento el mercado SLR digital estuvo copado por cámaras profesionales -o con pretensiones profesionales-, el usuario amateur de este tipo de máquinas tiene hoy día su pequeño hueco. Olympus irrumpe ahora en este mercado con la segunda máquina de su sistema Cuatro Tercios, la E-300, dispuesta a poner en apuros a las consolidadas D70 y 300D de Nikon y Canon, respectivamente. No en vano, se presenta con 8 megapíxeles de resolución, un nuevo sistema de reflexión sin pentaprisma, el impecable mecanismo de limpieza del CCD de la casa y un buen arco de sensibilidades ISO.

Antes de tratar de desenmarañar los secretos que la E-300 oculta en sus tripas, es necesario situarla en el contexto pertinente. A pesar de su aspecto, es evidente que no puede catalogarse como una compacta: es una réflex digital en toda regla. Una réflex, sí, pero de naturaleza humilde.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

Con un precio confirmado de 1.000 euros, la E-300 planta cara a las dos máquinas réflex que copan las ventas hoy día en este sector, el de las SLR digitales de bajo presupuesto: la Canon EOS 300D y la Nikon D70 (la reciente Canon EOS 20D, otra popular réflex, flirtea en menor medida con este segmento). Por esta razón, hablamos de una cámara para aficionados; una cámara, para rematar la faena, que es la segunda de su especie, la del E-System o los Cuatro Tercios.

Un cuerpo que no deja indiferente

La E-300 no es precisamente la panacea en el campo de la ergonomía, aunque -seamos justos- debe reconocerse que no está mal diseñada. Como buena réflex que es, el centro de gravedad está desplazado a la derecha, donde se sitúa el alojamiento de la batería, compensado de este modo el peso del objetivo. Gracias a ello, el agarre con los objetivos de peso moderado, como el 14-45 mm de serie, es bastante cómodo.

Todos los mandos y botones están al alcance de alguno de los dedos, y puede accederse a todos ellos con comodidad y sin necesidad de adoptar posturas enrevesadas. Así, aun sin despegar el ojo del visor, los botones que podamos necesitar mientras disparamos son perfectamente accesibles, aunque tendremos que buscarlos a ciegas.

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Curiosamente, esta réflex sólo dispone de una rueda de selección. (Recordemos que lo habitual es tener una para las velocidades y otra para los diafragmas, como mínimo.) Así las cosas, es el dedo pulgar el que se lleva toda la carga de trabajo.

La pantalla, por su parte, es de 1,8 pulgadas y 134.000 puntos de resolución. Como en todas las SLR digitales, no puede usarse para encuadrar y su acción está limitada a ejercer de menú de opciones y display para la revisión de las tomas. No obstante, ofrece mucha información de las fotografías, incluido un histograma, y tiene una buena visibilidad bajo prácticamente todas las situaciones lumínicas.

La construcción de la E-300 parece sólida -aunque no, no hemos probado a arrojarla contra el suelo, a pesar de que alterna plástico con metal, sin una lógica aparente. Algunas zonas especialmente sensibles son de material plástico, y otras que no tienen por qué sufrir son metálicas. La carcasa cuenta, además, con un recubrimiento antideslizante en su asidero de agarre.

La montura, por su parte, es metálica y aparentemente robusta. Cuando colocamos el objetivo, comprobamos que no hay el más mínimo hueco que provoque holgura; como si de un reloj se tratase, lente y cuerpo se unen en un solo objeto sin que exista un mínimo tembleque.

Réflex, aunque desprovista de pentaprisma

La E-300, a diferencia de las SLR convencionales -de película o digitales-, no posee pentaprisma. La luz, en esta máquina, llega al visor óptico a través de un sistema especial de espejos denominado TTL Optical Porro (sic) Finder, compuesto por un espejo que bascula horizontalmente, en vez de hacerlo verticalmente.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

La ausencia de pentaprisma sólo se justifica en pro de un cuerpo más compacto. Según hemos podido comprobar, no hay ninguna diferencia con una SLR convencional en cuanto a calidad, nitidez o cualquier otro aspecto.

Todos los modos de exposición que necesitamos

En el capítulo de exposiciones, la E-300 sigue la estela de sus competidoras. La nueva benjamina "olímpica" cuenta, por supuesto, con un modo totalmente manual, otro programado y los típicos modos de prioridades. El dial de la cámara incluye también varios modos prefijados de exposición, un modo macro y otros preconfigurados para retrato, paisaje, velocidad y escenas nocturnas. Existen asimismo otras opciones, a las que podemos acceder mediante los menús de pantalla.

Los diafragmas están condicionados por la cristalería que montemos, desde luego, pero en velocidad la E-300 cubre un importante arco que va desde 1/4000 de segundo hasta el minuto, llegando a los 8 minutos en una suerte de modo B.

La E-300 cuenta, también, con la posibilidad de disparar pequeñas ráfagas, a razón de 2,5 fotogramas por segundo. Además, permite registrarlos tanto en JPEG como en TIFF o RAW, o en una combinación de este último formato con el primero.

Curiosa es, cabe decirlo, la forma de variar algunos parámetros en la E-300. Esta máquina no tiene display alguno, salvo la propia pantalla LCD. Por este motivo, es la pantalla la que hace las veces de display para indicarnos qué diafragma y velocidad de obturación tenemos seleccionados en cada momento. Obviamente, estos valores también aparecen reflejados en el visor réflex de la cámara, pero hay otros parámetros clave que sólo podremos conocerlos si tenemos el monitor encendido.

Ciertamente, cuesta un poco acostumbrarse al hecho de tener la pantalla encendida en todo momento, incluso cuando estamos encarando el visor, aunque puede desactivarse, si así se prefiere. En cualquier caso, las opciones, como decíamos antes, se modifican mediante una sencilla combinación de botón y rueda.

La pantalla muestra constantemente todas las variables de la máquina, desde la sensibilidad hasta el diafragma, pasando por los valores de contraste o saturación. Para cambiarlos, hay que pulsar un botón de selección -casi todas las funciones tienen su propio botón- y luego girar la rueda. Aunque el sistema es sencillo, resulta un poco incómodo el que se tenga que pulsar y girar para modificar el tiempo de exposición y el diafragma. Es poco práctico.

Complementos de última moda

Comentario aparte merece el sistema de limpieza ultrasónico del sensor de la E-300, el mismo que ya vimos en la E-1 y que sigue siendo sencillamente excepcional.

© Eduardo Parra, QUESABESDE.COM

Estas dos muestras realizadas con un fondo blanco ponen de manifiesto la eficacia del sistema de limpieza del sensor. En la primera, aparecen grandes motas de polvo; en la segunda, después de activar el sistema, éstas ya han desaparecido.

Para ponerlo a prueba, optamos por exponer al polvo durante un rato el CCD de la cámara. Las gigantescas motas acumuladas en su superficie, mucho mayores que las que quedarían adheridas con un uso convencional de la cámara, fueron erradicadas de un plumazo al activar el sistema de limpieza. "Chapeau" para Olympus, cuyo sistema de limpieza de CCD es un ejemplo a seguir para el resto de compañías.

La E-300 cuenta con una zapata para flash externo y un pequeño flash de tipo pop-up. Éste, además, hace las veces de asistente del autofoco, disparando una rápida su sucesión de destellos de corta duración al estilo estroboscopio.

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Es éste un modo de trabajo bastante deficiente. En primer lugar, porque incomoda a los sujetos fotografiados momentos antes de la captura; por otro lado, lo que es ayudar al autofoco, ayuda más bien poco.

Precisamente el sistema de autofoco era uno de los talones de Aquiles de la hermana mayor de la E-300, la E-1. Y el problema, desafortunadamente, convive todavía en la pequeña de la familia. Cierto es que en este modelo la velocidad es más rápida, como también es evidente que se trata de un producto claramente dirigido al público aficionado. Por ello, bien podemos sentenciar que, aunque el autofoco no es perfecto, rinde a un nivel bastante aceptable.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

El objetivo que trae de serie la E-300, un Zuiko de 14-45 mm diseñado expresamente para ella, rinde a gran nivel y se sitúa a la altura del acertadísimo 18-70 mm que puede adquirirse con la Nikon D70. Es cierto que no se trata de un objetivo superprofesional, estabilizado y ultrasónico, pero cumple con holgura su cometido de primera óptica, permitiéndonos obtener fotografías de calidad.

Hablemos de fotos

La E-300 es una cámara destinada a marcar diferencias, a pesar de que arrastra el handicap de llegar cuando sus competidoras están más que asentadas. Y eso se nota.

Empezando con buen pie, la nueva Olympus supera a los vigentes modelos de este nicho de mercado en resolución: equipa un CCD Cuatro Tercios de 8 megapíxeles efectivos. Gracias a él, es capaz de registrar instantáneas de hasta 3264 x 2448 puntos, con una calidad nada despreciable.

Sin embargo, aunque esos 8 millones de píxeles se dejan notar, a la E-300 le falta un puntito de nitidez. Que nadie lo malinterprete. No se trata de que las fotos estén mal, no. El único inconveniente es que, con tanto píxel, al ampliar las imágenes se pierde un poco de definición. Creemos, sinceramente, que la nitidez aumentada a +2 favorece el resultado final.

Por otro lado, los colores de las tomas, con unos tonos un tanto suaves, son bastante fieles a la realidad. En cualquier caso, las amplias posibilidades de modificar el contraste y la saturación permiten al fotógrafo modelar el resultado final para adaptarlo a su gusto.

Copyright © 2006 quesabesde.comCopyright © 2006 quesabesde.com

En lo referente a sensibilidades, la E-300 permite variar entre los 100 y los 1600 ISO. En este aspecto, reconozcámoslo, nos ponemos de pie, nos quitamos el sombrero y aplaudimos durante diez minutos. Los resultados a 1600 ISO son literalmente increíbles. Ruido hay, desde luego -¡hablamos de 1600 ISO!-, pero la cantidad es tan relativamente insignificante que la podemos pasar por alto.

Un gran bravo para Olympus, pues, en este aspecto. Los que en su día afirmamos que en un sensor tan pequeño (17,3 x 13 milímetros) no podrían embutirse tantos píxeles sin que el ruido aguara las imágenes capturadas con altas sensibilidades tendremos que retractarnos ante la E-300. Por si fuera poco, la cámara cuenta con un sistema de reducción de ruido del que podemos prescindir.

En el capítulo de las aberraciones, la E-300 también se lleva una ovación. Dejando de lado las geométricas, pues son cosa de la lente, las aberraciones cromáticas brillan por su aparente ausencia.

El balance de blancos, tratándose de una máquina para aficionados, es bastante efectivo. El modo automático brinda una fidelidad bastante elevada, y el prefijado, con un amplio abanico de matices, resulta también acertado. Eso sí, es una pena que la máquina no cuente con una escala de grados Kelvin.

El sistema de medición, por su parte, consta de las típicas modalidades: puntual, central y matricial, todas ellas bastante atinadas. De hecho, no hemos observado una sub o sobreexposición digna de mención.

Minucias que no son poca cosa

La E-300 se sirve de una batería recargable de ión de litio de 1500 mAh que Olympus incluye de serie. El consumo de la réflex es simplemente fantástico, concediendo una importante carga de trabajo con una sola recarga. Teniendo en cuenta que la pantalla permanece la mayor parte del tiempo encendida para modificar y ver los datos de exposición, Olympus se apunta, con éste, otro gol.

Desafortunadamente, la E-300 incorpora un anacrónico puerto USB 1.1 para la transferencia de fotografías al ordenador. Resulta incomprensible que, a estas alturas, no incorpore una conexión USB 2.0 o Firewire. Las tomas se almacenan en tarjetas de memoria CompactFlash de Tipo I y II. Tal como hiciera con la E-1, Olympus prescinde en la E-300 del soporte de almacenamiento xD-Picture Card, del que es el principal impulsor con Fujifilm.

Un paso en firme

La E-300 planta cara a las escasas cámaras de su segmento, y lo hace a sabiendas de sus posibilidades. Como hemos dicho ya a lo lago de este análisis, esta cámara llega con una desventaja, y es que sus rivales ya han demostrado todo lo que tenían que demostrar, e incluso esperan ya una sustituta.

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Ello no obstante, la E-300 no tiene nada que envidiarles, más bien al contrario. Pocas pueden presumir de su nivel de ruido a 1600 ISO, o de su fidelidad de color, o de su resolución. De seguir por este camino, los Cuatro Tercios van a seguir dando mucho que hablar.

* El análisis de la E-300 se ha realizado con el objetivo Zuiko 14-45 mm f2,8-3,5 Zoom (28-90 mm, en paso universal), accesorio estándar de la cámara.

TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra

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