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![]() Camedia C-160Características ![]() Punt. usuarios: Máx. res.: 2048 x 1536 p. Objetivo (35 mm): 33,0mm Zoom: 2,5x (digital) En dos palabras Es lo que aparenta: una sencilla compacta, indicada para los más neófitos, de prestaciones humildes y resultados suficientes Precios No hay precios disponibles Muestras ![]() ![]() ![]() Comprueba la calidad de las imágenes que captura la Olympus Camedia C-160 con nuestras 15 fotos de muestra, hechas con la cámara y sin retocar.Análisis
martes, 22 de junio de 2004 A prueba de torpesQuien haga fotos con la Camedia C-160 por vez primera puede llevarse la alegría de su vida o el soponcio del año. La pequeña compacta, que se sitúa en la oferta de gama baja de Olympus, apenas tiene opciones de trabajo -a pesar de sus 3 megapíxeles de resolución-, no dispone de zoom óptico y su flash es puramente testimonial. Muchas carencias, sí, pero una de ellas destaca en especial: la cámara pasa de su máxima resolución de 3 megapíxeles a otra de tan sólo 1 megapíxel, prescindiendo del eslabón medio de los 2 millones de puntos. Si eres el afortunado que ha tirado su primera foto a 3 megapíxeles, serás de los que se llevan la alegría. Si, por el contrario, eres de los que tiran a baja calidad para ahorrar memoria… entonces, prepárate para el susto. Aunque de plástico, la Camedia C-160 ofrece al publico lo que por su precio se espera de ella, o al menos externamente. El desembolso reducido está acorde con sus características técnicas y estéticas. Hemos de ser conscientes, por tanto, de que esta cámara es como es, y que no tiene más pretensiones. Y es que la C-160 se presenta como una compacta de gama baja, sin miramientos. Un frontal con tapa deslizante, un objetivo de focal fija, una pantalla de pésima calidad y un par de botones conforman, a grandes rasgos, la orografía de este humilde modelo de Olympus.El objetivo es de 33 milímetros en paso universal, con una abertura -por fortuna- de f2.8. Su calidad es buena, sobre todo para estar montado en un cuerpo de puro plástico, y tirando a altas resoluciones ofrece una nitidez más que aceptable, una buena reproducción tonal y una baja presencia de aberraciones. Como suele ser habitual en este tipo de cámaras, el zoom digital es puramente anecdótico. El visor directo complementa al objetivo con un buen tamaño y un error de paralaje bastante reducido. La pantalla, por su parte, es de 1,5 pulgadas, con un refresco bastante alejado de lo que podemos denominar "tiempo real", una fidelidad de color ciertamente cogida por los pelos, una definición pobre y -sobre todo- la molesta característica de quedarse congelada mientras la cámara calcula los parámetros de exposición y enfoca. Tan sólo hay que ver las imágenes de la propia máquina para darse cuenta de su escasez de botones y mandos. Esto, que podría entenderse como un acertado diseño en pro de la simplificación, es en realidad la cubierta del libro de las carencias. Mediante seis botones se eligen todas las funciones en un menú nefasto en su concepción. Se trata de las típicas funciones de cualquier máquina de gama baja: vídeo ilimitado pero sin sonido, escenas prefijadas (retrato, paisaje, foto nocturna y de grupo), enfoque macro (de hasta 20 centímetros), tipo de medición (puntual o matricial ESP, ambas de buen funcionamiento), compensación de la exposición (+ y - 2 EV), toma de fotografías para montajes panorámicos y, por último, fotos del tipo "2 en 1". Aunque todas estas funciones están acordes al perfil general de la cámara -son más que suficientes pero ninguna de ellas destaca especialmente-, cabe considerar positivamente la posibilidad de elegir entre varios modos prefijados de exposición. No obstante, y teniendo en cuenta el tipo de usuario al que va dirigida la C-160 -neófitos y primerizos-, no acabamos de entender la filosofía que sigue Olympus en las distintas modalidades de exposición escénica. Por ejemplo, el sentido común hace pensar que, si elegimos el modo específico para paisaje, la cámara seleccionará un balance de blancos adecuado -luz de día, probablemente- y suprimirá el uso del flash. Pero con la C-160 no sucede así, ya que permite al fotógrafo modificar u obviar estos dos parámetros. ¿Para qué le iba a servir a un principiante en la fotografía el balance de blancos de tungsteno o el flash de relleno en la toma de un paisaje? Una opción que tendría que ser puramente automática resulta exhibir en esta máquina innecesarias veleidades manuales. Me cambien la resolución, por favor Y hablando del balance de blancos, cabe decir que la C-160 incorpora varias opciones en este sentido: balance automático, luz de día, nublado, tungsteno y fluorescente. En este caso, poco hay que decir, salvo que el modo automático es especialmente bueno y que el resto de modos, aunque no funcionan tan bien, no están del todo mal. Las fotografías realizadas, se generan en base a un CCD de 3,2 megapíxeles, capaz de crear archivos de hasta 2048 x 1536 puntos. Trabajando a esta resolución, el sensor ofrece un buen rendimiento, bastante por encima de lo que sería de esperar para un modelo de gama baja. El problema aparece cuando no trabajamos al máximo de las posibilidades del sensor. La de 1024 x 768 píxeles es la segunda resolución que ofrece la máquina (¿dónde habrá escondido Olympus la de 1600 x 1200 píxeles?), y la tercera posibilidad de trabajo después de los dos niveles de compresión disponibles para la máxima resolución. Curiosamente, al trabajar con este nivel de resolución, es como si le hubieran cambiado el sensor a la máquina. Las imágenes así capturadas son tremendamente malas. No hay otro calificativo posible. Su calidad recuerda la de las primigenias máquinas digitales, esas que ni siguiera llevaban pantalla TFT. No hay nitidez, no hay colores, no hay nada bueno que decir. Simplemente, Olympus debería haber eliminado de un plumazo esa resolución y, en todo caso, haber incluido un tercer nivel de compresión para los 3,2 megapíxeles. La cámara habría salido ganando. La C-160 utiliza dos pilas del tipo AA, y Olympus incluye de serie un cargador y cuatro pilas recargables de 2100 mAh. Este "regalo", unido al bajo consumo de la máquina resulta en una autonomía especialmente remarcable. Las tomas, por otro lado, se almacenan en una tarjeta xD-Picture Card y se descargan al ordenador mediante un puerto USB. Esta conexión, junto a la de toma de corriente, están protegidas por una portezuela de plástico realmente difícil de abrir para las personas con pocas uñas. La Olympus C-160 es una cámara básica, apta para empezar y para aquellos que gustan de complicarse la vida lo mínimo posible. Sus limitadas opciones la hacen de fácil uso, excepto los modos prefijados de trabajo, y su consumo y equipamiento de serie la convierten en una máquina preparada para brindar muchas fotos. Poco precio y fotos decentes si tiramos a máxima resolución, claro. TEXTO Y FOTOS: Eduardo Parra |
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